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ARCHIVO DE ARTÍCULOS PERIODÍSTICOS

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Santiago Roncagliolo
Los monstruos no lloran Los monstruos no lloran

Por Enrique Planas
Fuente: El Comercio, Lima 21/10/07

Dicen que jamás lloró. Aunque fuera un niño no querido, abandonado por su madre y rechazado por su novia a causa de su origen bastardo. Se consideraba la cuarta espada del comunismo mundial después de Marx, Lenin y Mao y no gustaba de las armas de fuego. Los policías que lo detuvieron lo describen como una persona respetuosa y amable y, sin embargo, es el responsable del mayor genocidio en la historia de nuestro país. "La cuarta espada" es el título del más reciente libro del escritor peruano Santiago Roncagliolo, quien buscó la historia humana de Abimael Guzmán, el líder de Sendero Luminoso, grupo maoísta cuyo enfrentamiento con las fuerzas del Estado en la década del ochenta arroja la dantesca cifra de 70.000 muertos.

"Si Abimael Guzmán fuera el personaje de una novela sería inverosímil. Es un personaje técnicamente imposible", afirma Roncagliolo, tras humanizar a un personaje consagrado como monstruo o demonio en el imaginario popular. "Siempre nuestras definiciones de Abimael Guzmán han sido psiquiátricas: 'loco', o 'monstruo' son palabras que te ahorran explicaciones. Yo creo que Guzmán no estaba nada loco. Es un mosaico muy complejo que se resiste a definiciones, --señala--. No quería vertir mis juicios sobre el personaje en el libro, sino construir su historia a partir de fuentes cercanas a él".

En España, el libro ha sido bien recibido. En el Perú, sin embargo, se han levantado voces que señalan que "La cuarta espada" es un ejercicio frívolo, que dice muy poco para los lectores locales, y que está escrito especialmente para el público foráneo, poco enterado de los crímenes del senderismo. En esta entrevista, el ganador del Premio Alfaguara por "Abril Rojo", se defiende de sus críticos y comparte sus reflexiones sobre la investigación y la escritura del libro.

Supongo que la infancia de Abimael habrá sido el territorio más difícil para investigar.
Fíjate que no. Cada territorio tenía dificultades especiales. El tema de la infancia tenía una fuente: su hermana. Ella publicó sus memorias en un libro que me remitió, autorizándome a utilizarlo como texto de no ficción. Fue muy difícil hallar a otros hermanos. Encontré a uno que vive en Arequipa, y cuyo testimonio era interesante contrastado con el de la hermana, pues él, como Abimael, era un hijo fuera del matrimonio. Fueron dos fuentes que me dieron una panorámica de esta extraña familia, llena de hijos oficiales y extraoficiales, que crecían en medio de un entorno muy intelectual. Abimael fue el primer caso de hijo natural que entró al colegio La Salle de Arequipa. Otra cosa muy chocante es la historia que cuenta su hermana acerca de una novia, cuya familia no quería que estuviera con él. Luego ingresó a la universidad de Arequipa, donde estudia dos carreras. El más peligroso coctel era tener a una persona con todo el odio de una clase marginada sumado a toda la formación de la clase alta. Hoy la mayor parte de sus hermanos no quiere hablar. Ninguno lo visita en la cárcel. Quieren olvidar que él forma parte de la familia.

Es interesante la ambigüedad de algunas de tus fuentes frente a Guzmán. No sabes si lo admiran o aborrecen...
Su hermano lo admira muchísimo, por ejemplo. Una de las fuentes que más respeto sentía por Guzmán era la misma policía. Los agentes de la Dincote consideran un gran reto intelectual entenderlo, investigarlo, aprender maoísmo. Y fue un reto que acometieron con éxito. Una vez que lo capturan, se vieron mutuamente con la dignidad del derrotado en el campo de honor.

La fascinación que se puede tener por Hannibal Lecter...
Algo así. Un tipo al que les ha constado un gran trabajo intelectual y cuya captura no es una demostración de fuerza sino de haber sido más inteligentes que él. Por eso, lo que te cuentan de él es que era una persona muy respetuosa y apacible. Sin embargo, muchos tenían versiones encontradas. Por ejemplo, la militante que me habló de la época en Ayacucho era amiga de Augusta La Torre (primera esposa de Guzmán) y aún siente un gran afecto por ella. Ella recuerda a Abimael como un tipo amable, con quien se llevaba bien. Sin embargo, a la vez lo culpaba del asesinato de Augusta. Y estas dos versiones en su cabeza no terminan de encontrar sentido para ella.

En "La cuarta espada" has incorporado a la investigación periodística tu perspectiva de autor, como un personaje más, al incluir tu biografía temprana...
Técnicamente, el cómo narrar esta historia fue uno de los temas que más problemas me dio. La decisión final vino del hecho de que muchas de las fuentes no se identificaron. Un agente de inteligencia me citó en el Tip Top a la medianoche, los senderistas me hablaban pero no querían que citara sus nombres, todo el mundo se cubre las espaldas para evitar mostrarse públicamente. Yo quería hacer una historia normal, una biografía en tercera persona, pero el problema radicaba en las fuentes. Incluso las propias declaraciones de Guzmán no tienen una referencia bibliográfica. Son treinta y nueve volúmenes en el archivo de la policía. ¿Cómo le dices al lector de dónde salió la cita? Lo único que podía hacer era dar una señal de honestidad y humildad: Vi esto, escuché esto, no daré una versión mía porque ni siquiera sé qué tan cierto es lo que me han dicho. Eso me obligaba a decir quién era la persona que filtraba todas esas declaraciones y versiones de la realidad. Por un lado, mi propia historia personal me servía para situar qué era lo que había estado pasando en el Perú desde los izquierdistas exiliados de los 70 hasta la despolitización de la universidad peruana en los 90 y por otro, me permitía la posición de un narrador honesto con sus orígenes. Curiosamente, meterme en la historia me permitió mantenerme fuera de ella.

Dices en un capítulo: "En 1975, Estados Unidos retiró sus ultimas tropas de Vietnam, Franco murió, Sendero Luminoso se planteó pasar a la clandestinidad y yo nací...". Para un periodista ortodoxo, defensor de la objetividad y de la invisibilidad del narrador para contar la historia, este párrafo sería una blasfemia...
Lo que pasa es que no hay manera de escaparte de esta historia, incluso si la cuentas en tercera persona y desde fuera. Pasa incluso con las palabras que usas. Cuando tu dices "terroristas" o "guerra" ya asumiste una posición. Los militares no creen que hayan matado gente. Ellos han realizado "ejecuciones extrajudiciales" . Los senderistas no creen que hayan asesinado personas, ellos han hecho "aniquilamientos selectivos". Las palabras que uses marcan tu posición. Cuando empecé, este reportaje era un encargo que me interesaba por razones puramente profesionales. Era algo que podía colocar en un gran periódico ("El País", España). Pero durante el trabajo el impacto emocional fue muy fuerte. Finalmente era mi historia, no era ajeno a ella. También me interesaba reflexionar un poco sobre cómo la prensa tampoco es inocente. Evidentemente creo en que hay parámetros de objetividad que hay que respetar. Pero tú eres un participante cuando cubres una noticia. La gente te habla según quién eres. Me interesaba plantear varias cosas del periodismo. Por ejemplo, cómo esa verdad periodística solo interesa a un periódico español si España tiene un problema similar, o cómo la gente te habla solo porque uno viene de un periódico extranjero. Todo eso me parecía interesante que formara parte del libro.

No solo evalúas el trabajo de prensa, sino a ti mismo como periodista, cuando, por ejemplo, comentas con cinismo que asumiste este reportaje por dinero...
En realidad no fue por dinero, el dinero es poco. Lo más importante era venderle la historia al editor del diario.

Ese párrafo en el prólogo es el que más ataques te ha generado entre los críticos.
Y también me parece que el resto del libro es la negación de eso...

En verdad, ese cinismo inicial se va transformando mientras profundizas en el tema...
Eliminé las partes personales al mínimo, pues imaginaba que eso podría ser lo peor entendido del libro. Pero durante la investigación yo también tuve una gran transformación. De hecho, si al principio yo era un tipo bastante cínico, que lo único que quería era sacar una buena historia, toda la investigación fue el encuentro de mi propia historia y de mis propias contradicciones. Los integrantes de Sendero Luminoso venían de las universidades, eran adoctrinados en el marxismo, y el marxismo es una lectura del mundo. Y en el Perú, un mundo tan desigual, es muy potente porque no solo te explica en qué mundo vives sino quién tiene la culpa y con quién tienes que acabar para cambiarlo. Y además tiene la estructura de una religión. Es un código de ética con un paraíso prometido.

A propósito, se te criticó una imagen utilizada para explicar la ideología y su valor místico: comparar al senderista con Luke Skywalker y su fe en la fuerza. ¿No crees que fue una comparación frívola?
Puede serlo para el Perú. Lo que pasa es que este libro se publica en muchos países. Mucha más gente conoce la "Guerra de las Galaxias" que a Abimael Guzmán. Y me interesaba ser muy explícito. Pero digamos, tampoco es una metáfora que vaya a defender a muerte. Si alguien cree que no debería hablar en esos términos, me disculpo. No me parece tan importante tampoco. En verdad, estoy esperando las críticas cuando la gente haya terminado el libro. No voy a matarme defendiéndome de críticas a un párrafo o a una metáfora.

Es curioso que, en la entrevista con Elena Iparraguirre con la que cierras el libro, ella critica tu novela "Abril rojo" con los mismos argumentos empleados por los críticos locales: que no te comprometes, que renuncias a profundizar en las causas de la guerra...
Hay quienes creen que la manera en que yo hablo, que tiene que ver con la cultura popular, con el periodismo o con el cine, no es la manera adecuada para hablar de estos temas. Curiosamente, lo que más me impacta es que a los protagonistas de esta historia nunca les pareció esto un problema.

La Cuarta Espada
Autor Santiago Roncagliolo / Editorial Debate/ Nacionalidad Peruana / Páginas 286
 

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