N° 5, noviembre 2004

Oscar Y Luchín
Una clase media sin filo
/ Por Gino Gibrán

Luego de leer las primeras entregas de "Oscar y Luchín" de Andrés Edery, pensamos que estábamos frente a un autor con talento que iba a desarrollar un rico universo creativo. Edery ha demostrado talento, pero nos hemos desencantado un poco de su propuesta. Tal vez el motivo de este desencanto sea el sector social que retrata el autor. En un inicio pensamos que los personajes, Luchín, Oscar, Laurita y Billgueits, habitaban Lima Industrial o tal vez San Miguel; pero en una viñeta del mes de setiembre del 2004, nos enteramos que los personajes eran del distrito de Surco. La procedencia de los personajes es decisiva para entender el rumbo que ha seguido el autor en sus últimas viñetas: la compañera de trabajo de Oscar renuncia e ingresa a trabajar Nicole, una chica rubia adinerada, Oscar se dedica a "filosofar" sobre la influencia del clima limeño en su carácter y Luchín se enamora candorosamente de Nicole. Por otro lado se empieza a desarrollar el personaje del Papá de Oscar, mostrándolo como un viejo libidinoso. La obra, de esta manera, pierde el filo que se esperaba de ella, considerando que era un homenaje al clásico argentino, Mafalda. Esto es explicable ya que retrata una clase media frívola, reaccionaria cuyo mayor anhelo es pertenecer a la clase alta limeña. Que bien le hubiera hecho a la tira que sus personajes fueran de la tradicional clase media deprimida de Jesús María, San Miguel, Bellavista, etc. Y es que la clase media de Surco no es crítica, no reflexiona mucho sobre el entorno social en el que vive y no muestra mayores quejas al orden establecido. Algo que sí hacía Mafalda (aquí en el Perú, este entrañable personaje hubiera tenido que vivir en Lince o Magdalena). Lástima la elección del autor que a pesar de todo demuestra oficio, pero el grupo social que desea retratar no da para mayores cosas. Quizás la próxima vez, la elección de Edery sea más afortunada y nos regale mejores personajes. 

* Una elección genial hubiera sido la nueva clase media del cono norte, pero no es el entorno del autor.



Chesu
Triste éxito comercial
/ Por Gino Gibrán

Nuevamente nos encontramos con el inefable semanario Chesu, esta vez en su edición 154. Los temas coyunturales son tratados con el humor grueso característico de esta publicación y se sigue manteniendo la página de colaboraciones de los lectores, quizás el único mérito de la revista. El éxito comercial de este semanario, dirigido principalmente a un público oligofrénico y con profundas perturbaciones sexuales, es una muestra de la pobre iniciativa y creatividad de autores serios que no pueden publicar en el mercado. ¿Es acaso tan difícil pensar en editar un semanario de historietas con las primeras páginas dirigidas a un público oligofrénico (que garantizaría las ventas) y otras páginas dedicadas a una obra más consistente e inteligente? Esperamos que aparezca esa iniciativa, mientras soñamos con un salto evolutivo del único personaje con un coherente mundo ficticio que no traiciona la propuesta de Chesu, El Trolo, 



Clásicos: Luchín Gonzáles
Una propuesta demasiado aleccionadora
/ Por Gino Gibrán y Javier García

Luchín Gonzáles, homenaje del célebre historietista peruano Juan Acevedo a Tintín, es un personaje clásico de la historieta peruana de fines de la década del ochenta y principios de los noventa. La historia de unos escolares adolescentes, liderados por el mesurado Luchín Gonzáles, que enfrentan varias de las principales taras del país: racismo, violencia, machismo y otras, tuvo la originalidad de tocar temas desde una perspectiva inusual. Se retrataba el punto de visto de las clases sociales económicamente deprimidas, algo exótico en la oferta de los medios de comunicación peruanos de las décadas citadas. El problema de la publicación, financiada por la ONG CEAPAZ, era su carácter aleccionador, se dejaba de explotar una trama prometedora por dedicarse a pontificar sobre un mensaje políticamente correcto. Lamentablemente, ese es el problema de los buenos historietistas peruanos políticamente comprometidos, prefieren sacrificar su universo ficcional para dedicarse a promover sus ideas sociales y políticas; y estas, a pesar de ser generosas, malogran la dramaturgia de las historietas.
Las páginas de Luchín Gonzáles reflejan, sin embargo, un momento especial de la evolución de la historieta peruana. Cuando las ONG'S se apropiaron de los cómics y los convirtieron en su estandarte. Bien por la financiación de la obra de importantes autores y mal por la creatividad. En todo caso queda como un ejemplo para que las nuevas generaciones de historietistas no caigan en la trampa de las buenas intenciones de las ONG'S.
Bueno sería que las ONG'S apoyen el trabajo de los historietistas sin condicionarlos a difundir mensajes aleccionadores y ejemplarizantes. Especialmente cuando el autor no encuentra el equilibrio entre su propuesta artística y las buenas intenciones de la entidad que los financia.
Ejemplo de estos defectos es que el personaje de Luchogordo sea el mejor construído de la obra. Esto porque es el personaje "malo" que pretende reflejar los complejos peruanos y curiosamente es el único que luce fresco y creíble. Los demás parecen carteles de buenas intenciones y poco más. Lamentablemente Luchín no estuvo nunca a la altura de su modelo Tintín.



Kerry
Un autor con universo ficcional propio /
Por Gino Gibrán y Enrique Cáceres

Autor de historietas del diario OJO poco celebrado en los círculos intelectuales del cómic pese a su imaginativa serie de los choferes de combis. El autor demuestra su oficio al construir los personajes del chofer y el cobrador de combi dotándolos de una personalidad estereotipada que coincide con el imaginario popular. Las aventuras de estos anti-héroes en su diario quehacer por las calles de Lima sirven para criticar el comportamiento social de los limeños, desde los mañosos que suben a frotarse en los micros hasta los policías corruptos que cobran coimas. Es cierto que a Kerry le falta algo de humor espontáneo para redondear sus tiras, pero demuestra oficio en construir su propuesta dramática. Tal vez le iría mejor con una novela gráfica de largo aliento, tipo Astérix, que le permita ignorar la premura del chiste corto que tanto exige una publicación diaria en un periódico. 



¿Dónde comprar historietas?
El Virrey
Pésima oferta de historietas para el público peruano. Y no lo digo por la oferta de cómics (muy pobre para una librería tan grande), ya que ofrece Spirit de Eisner, Drunna de Serpieri, Corto Maltés de Hugo Pratt y algo del catálogo DC de NORMA. Lo malo de la librería es cómo te ofrece su material de cómics. En la parte superior de un estante de la trastienda, lugar muy incómodo para buscar historietas ya que aparte de lo estrecho de la repisa de madera en la que uno debe pararse, hay que ser acróbata para poder inclinarse hasta el piso para revisar las ediciones ofertadas. Preguntar a los libreros que trabajan en la librería por autores de cómics es una pérdida de tiempo, no tienen idea del tema. Fatal.


Park Cómics
Simpática oferta de cómics estadounidenses, especialmente de superhéroes de la Marvel y DC. La tienda es muy pequeña y pretende impactar al cazador de cómics mediante el derroche de historietas colgadas en las paredes. La precariedad del ambiente, sin embargo, permite encontrar vendedores que conocen de la oferta del cómic de los Estados Unidos. Tengo entendido que los dueños de la tienda son coleccionistas empedernidos de los superhéroes. Lo malo, la oferta única de historietas yanquis de superhéroes y la presencia de fans de cómics heroicos que llegan con comentarios del tipo "que bacán el dibujo del traje de Thor, para mí es mejor que el de Superman". Para salir corriendo.


Sugerencias
Con motivo de la reciente edición del precario WIFLAS, extraña publicación de historietas que pretende parodiar el cine fantástico ofertado por la industria estadounidense, la dirección del Boletín inicia esta nueva sección destinada a intercambiar opiniones e iniciativas sobre la producción de historietas locales.
Wiflas: Sería interesante que los autores de Wiflas tomaran la trama del cuento Enoch Soames y la adaptaran a un cómic. Ellos podrían ser el alter ego de Enoch y los ilustres directores de este boletín el alter ego del amigo compasivo que escribe la historia del obsesionado Enoch. En cuanto al diablo, podrían utilizar a cualquier figura de los mass media. La trama del cuento es propicia para el talento de los señores de Wiflas y estamos seguros sería un acierto digno de la revista que pretenden emular: MAD.
Chesu: Los responsables del semanario de historietas del país más comercial del país, y también el de menor calidad, tienen la oportunidad envidiable de dedicarle más páginas a su personaje emblemático el Trolo. Este personaje debería convertirse en el Condorito de los autores y la punta de lanza para construir un universo ficcional más elaborado. Probar dejar el humor fronterizo sería encomiable. 

Responsables de la edición: Gino Gibrán, poeta; Víctor Espinoza, publicista, Javier García, Comunicador social, Enrique Cáceres, Comunicador social, Manolo Díaz, publicista.

Comentarios o sugerencias al mail: bibliotecariomerodeador@yahoo.com

 

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