N° 16, Octubre de 2005

BATMAN: AÑO DOS 

LOS PRINCIPIOS DEL HOMBRE MURCIÉLAGO EN JUEGO


Por Juan Carlos Díaz Sánchez

Para celebrar nuestro segundo aniversario ¿qué tal si echamos un vistazo al segundo año de vida de uno de los personajes de cómic más emblemáticos del medio? Puede que encontremos ciertos paralelismos entre el Boletín y esa historia…

La saga "Año Dos" se desarrolló en Detective Comics #575-578 USA (1987).
Fue escrita por Mike W. Barr y dibujada por Alan Davis (#575) y un por entonces desconocido Todd McFarlane (#576-578). Además contó con la inestimable ayuda en las tintas de Paul Neary y Alfredo Alcalá. 

Esta historia fue un intento fallido, tanto comercial como artísticamente, de emular el éxito de Batman: Año Uno. Pese a todo, tiene suficientes elementos interesantes para el paralelismo que este artículo intenta crear.

Esa saga narra el conflicto interno de Batman al enfrentarse a Joe Chill, el supuesto asesino de sus padres, donde y tras muchas dudas, incluso de su propia condición heroica, Batman decide finalmente no matar a Chill en venganza, y así mantenerse fiel a sus principios de justicia con honor. 

Y es que, como dijo el fantástico guionista Mark Waid: "Los verdaderos superhéroes nunca matan". 

Esta actitud confronta en la historia, en cambio, con la del justiciero El Segador, que al estilo Punisher, no duda en utilizar métodos brutales y sanguinarios para impartir su ley. 

Estos comics y los planteamientos que conllevan, son clara muestra (salvando las inmensas distancias) de que para ciertas personas o publicaciones, ciertos principios y cierta integridad, sean en el ámbito que sean, son importantes. Pese a que haya gente que por intereses particulares, o simplemente diferentes puntos de vista, no los compartan. 

JCS


Aracnoticias


Mientras Kirsten Dunst confirmaba a Zap2it que los villanos de la película 3 serían Venom (Topher Grace) y Sandman (Thomas Haden Church) ¿Será cierto? Lo cierto es que en el Perú (y en otros países de América del Sur) es imposible conseguir la edición especial en DVD de la serie animada de Spidey de los años sesenta. Parece que el araña, a pesar de su éxito comercial en el cine, no termina de convencer a las distribuidoras de DVD locales. Ya es hora de aceptar que en estos tiempos todo lo que concierne a Spidey se vuelve oro. ¡Que traigan los DVD!

Responsables de la edición:

Director: Enrique Cáceres 
Editor: Javier García 
Corrector de estilo y redactor: Julio Benavides
Colaboradores:
Humberto Costa
Roberto Lagos
Carlos Crisóstomo
Andrés Indaburu
Correos: 

bibliotecariomerodeador@yahoo.com
Ecaceres16@yahoo.com


Saludos de aniversario: (Andrés Edery)

 

 

Tira Línea 0 y 1

La publicación Tira Línea que cuenta con el auspicio de la Universidad Católica del Perú, ofrece un excelente acabado. Es grato leer los artículos dedicados a la historieta, todos muy valiosos, que demuestran que cuando los académicos se dedican a hablar del cómic lo hacen muy bien. Especialmente destacable es el artículo del editor, James Dettleff , en el número 0. Es una muestra más del problema que tenemos en el país con aquellos dibujantes que creen que por saber dibujar ya son historietistas. Como dice el editor de Tira Línea, una historieta es mucho más que un pretexto para mostrar dibujos.
El punto bajo de la publicación son las historietas que presenta. Y no porque las historietas publicadas, producto de un concurso en la Católica, sean desastrosas como la mayoría de las publicaciones independientes. No, en este caso hablamos de historietas que privilegian la narrativa y el argumento frente al dibujo. Son historietas agradables de leer. El problema es que pese a su buen esfuerzo no son realmente buenas historietas. En todo caso se trata de esfuerzos muy dignos y que merecen seguirse. A destacar especialmente la divertida Olimpia, un buen ejemplo de argumento y narración que gusta más que aquellas historietas caprichosas hechas para mostrar el oficio de un dibujante. Historietistas a tus argumentos, dibujantes a tus lápices. C. C.

Línea Negra

Sorprendente entrega del grupo Línea Negra. Parece que ya están encontrando el rumbo y nos ofrecen historietas interesantes en los que el arte narrativo parece aflorar. La primera historia es la mejor de lejos. El argumento de "la clonación de los Incas", de Juan Semino, es interesante y está acompañado de un dibujo que ya parece profesional. Lo malo es que parece que el autor a veces quiere olvidar la historia y dedicarse a dibujar sin ton ni son. Esperemos no cometa ese error. La otras historias también se dejan leer sin mayores pretensiones, pero sin grandes baches tampoco. Falta mejorar el dibujo en algunas de ellas y afilar más la narración en las mejores. 
Un buen avance en la publicación.

Al parecer la publicación Línea negra se convierte en una posibilidad de escape creativo para algunos autores empantanados en publicaciones controvertidas de mínima calidad narrativa en materia de historieta y humor. El mercado es tirano, pero mientras existan dibujantes que se presten a dibujar lo que sea por dinero, esos productos no desaparecerán. Los dibujantes de Línea negra demuestran que quieren hacer cosas buenas y convertirse en historietistas, pero les falta sacudirse de esa otra actividad mercenaria. G.G.

Editorial

Del lado de los lectores

Es muy difícil opinar sinceramente sobre una historieta. Pero es necesario. Uno se gana enemigos, la incomprensión general y la terrible acusación de terrorista de los jóvenes valores. Los enconos crecen y la malicia aparece en los que se oponen a la crítica de sus trabajos. Sin embargo, algo nos alienta.
Pensamos en aquellos buenos aficionados al cómic que fueran vilmente engañados por alguna "reseña" favorable en algún medio de comunicación a favor de un nuevo valor. ¿Cuántos compraron historietas engañados por críticas favorables? Todos los que hemos pasado por esa experiencia nos hemos preguntado si el supuesto crítico alguna vez leyó la historieta que tan favorablemente aplaude. Luego, claro, nos dicen que la opinión favorable fue para apoyar al joven talento creativo. PERO QUIEN APOYA A LOS LECTORES. ¿Qué se los coma el tigre? En cuanto a los autores creemos que más los ayuda una crítica sincera a unos halagos falsos de amigos que no quieren enemistarse por opiniones sinceras.
Estos dos años hemos pretendido estar del lado de los lectores. Quizás en algunas ocasiones no medimos el tono de la crítica, pero siempre ofrecimos nuestras páginas para respuestas de los autores a nuestras críticas. Intentamos ser muy plurales en nuestro boletín. La recompensa, finalmente, la encontramos en aquel aficionado al cómic que nos agradece haber dicho la verdad de nuestras opiniones en un medio a veces tan hipócrita. Seguiremos avanzando.

Saludos de aniversario: Karry

  Saludos de aniversario: Christos

Noveno Arte
Es bueno comprobar que Arequipa se está convirtiendo en la Meca de la historieta peruana. La REVISTA Noveno Arte, aparece para confirmar el importante auge de la historieta sureña con sus revistas de impecable edición.
La publicación en cuestión, dirigida por Arturo Flores, sigue la senda empeñosa de los historietistas arequipeños. En este caso se nos presenta una revista con comics de diverso tipo (algunos con influencia manga, otros con argumentos folklóricos en la línea "progre" de los años 70, etc.). Los resultados son desiguales. La mayor parte es olvidable, otros caen en el ridículo por la falta de ideas como la historia "todo por el manga" (si no tenían ideas para terminar una historia, ¿era necesario recurrir al insufrible tópico del negro maricón?); pero hay, finalmente, trabajos destacables. Entre ellos se ubica "El árbol de la Lupuna", una muy digna historieta de Eliana García Ambor que recrea una leyenda de la selva peruana. Tendremos que seguirle la pista a la autora. Un volumen que muestra autores en proceso de aprendizaje, pero que procura mantener el buen nivel alcanzado por otras publicaciones arequipeñas. C.C.

APOLOGIA DEL COMIC (O ACERCA DE CÓMO LOS COMICS IRRUMPIERON EN MI VIDA PARA QUEDARSE) 
Por Andrés Indaburu

Yo tenía siete años y era feliz. Corría el año 1982, España albergaba el mundial de fútbol y como muchas familias bolivianas de entonces, vivíamos exiliados en México. Coyoacán era para mí una madre de muchos colores, bordada de calaveras de azúcar y grabados de Posada. Fue ahí donde me enganché a las historietas de Kalimán. En esta enorme colección de revistas de portadas multicolores y dibujos en sepia, Kalimán, un musculoso fakir de punta en blanco, mezcla de Valentino, Charles Atlas y el Mago Chandú, salvaba a incontables y guapísimas hijas de bondadosos científicos seniles, de las garras de vampiros, monstruos y villanos variopintos. Además, cada domingo seguía sus andanzas por la radio, ya que también se emitía en formato radionovela. También leía Arandú, el príncipe de la selva, Santo, el enmascarado de plata, y a escondidas, en el salón de belleza donde mi madre empezó a teñirse las primeras canas, las escandalosas fotonovelas "Valle de Lágrimas" "Sucesos verídicos" o "Comadres de barrio".

En ese entonces, leer historietas se consideraba algo vulgar. Era una costumbre de las clases trabajadoras que leían historietas en el autobús, peregrinaban al estadio con una radio a transistores a cuestas para seguir el partido y dos sandwiches de jamón envueltos en periódico e iban al cine a ver películas de kung fu. Por esa razón, en casa se hizo lo posible por que dejase de leer a Kalimán y Arandú y leyese a Emilio Salgari y a Julio Verne, a lo que me dediqué con placer, sin dejar por ello de leer y releer mis viejos y estropeados cómics mexicanos.

Dos años más tarde, de vuelta en Bolivia, un fuerte resfrío me obligó a guardar cama durante dos semanas. A mi padre se le ocurrió que una revista de historietas me ayudaría a pasar el rato, y me compró un fascículo de la revista Dartagnan antes de irse a la oficina. Los guiones de Robin Wood irrumpieron en mi vida como un huracán. Me leí una y otra vez "El Cosaco", "Aquí la legión", "Savarese", "Dago", "Dax", y me enamoré para siempre del olor a pulpa de papel, de los colores sucios y de la poesía épica disfrazada de pasatiempo. Cuando descubrí que en mi barrio todavía existían revisterías donde por dos o tres pesos podías cambiar una revista por otra, entré en contacto con otras publicaciones como El Tony, Fantasia o Nippur Mágnum

Durante tres o cuatro magníficos años, a la luz de la lámpara de mi mesa de noche, viví la triste y agitada vida de El Cosaco, caminé junto a Nippur de Lagash por reinos desconocidos, acompañé a Savarese desde Sicilia hasta Nueva York y compartí noches de mate y melancolía con el Cabo Savino. Un aciago día, la última revistería cerró sus puertas, y no pude seguir robándole el sueño a las noches para poblarlas de otros sueños mejores.

Tenía dieciséis años cuando vi la luz. Yo era el típico adolescente vestido de punta en negro cuya habitación era un templo dedicado a los Cure. Mi padre había sacado una beca de doctorado en Massachussets, donde fuimos a vivir, y conocí de cerca la temible enseñanza secundaria Norteamericana y su feroz sistema de castas, en cuyo laberinto de corredores y casilleros, los descolocados éramos acosados o ignorados, dos extremos igualmente insufribles para cualquier adolescente. Un día, la sombra esmirriada que constituía mi triste figura entró en una tienda de cómics en Harvard Square y pensó que había muerto y despertado en el paraíso. Los olores y colores eran totalmente distintos a todo lo que había yo conocido en Latinoamérica. Las historias eran robustas, fuertes y agresivas, desprovistas de moralejas o dulzonerías criollas. Estos comics eran mejores que cualquier cosa que yo hubiera visto hasta entonces. No eran capítulos mensuales donde el bueno siempre ganaba, y un golpe en la cabeza desmaya pero no despeina. La tristeza y el horror de Enemy Ace me hicieron saltar las lágrimas. Los fotomontajes de Dave Mckean me pusieron la piel de gallina. El erotismo de Ironwood me hizo hervir las hormonas a tal punto que solo me atreví a pasar un par de páginas apresuradamente, y aún hoy en día esas viñetas siguen fornicando en mi mente con el mismo vigor adolescente de antaño. Regresé a casa en estado de trance, y si no compré ninguna de aquellas joyas, se debió al miedo de que quizás no fuesen reales, y a la sospecha de haber entrado por equivocación en el teatro mágico del lobo estepario, dónde sólo podían entrar locos como yo.

Han pasado catorce años desde que salí de esa tienda de comics con la mirada perdida y la nieve crujiendo bajo las Doc Martens, y hasta el día de hoy, mi adoración por el cómic, y especialmente por la novela gráfica no sólo se ha mantenido sino que se ha incrementado. Sencillamente no hay nada que me guste más en el mundo que el terminar una novela gráfica y sentir en mis mejillas el rastro seco de dos lágrimas cuarteándose al paso de una sonrisa de satisfacción. He leído y disfrutado de los comics en tres continentes con igual pasión e intensidad. Puedo decir sin lugar a dudas que donde mas a gusto me siento es en un ambiente con gente a la que le gustan los comics, si bien no soy un coleccionista obsesivo, ni respondo al estereotipo freak de los personajes de Daniel Clowes .

Con el correr del tiempo, he sido lector habitual de Mad, Heavy Metal, Sandman, Hellblazer, El Víbora, Fluide Glacial, la Espada Salvaje de Conan, Usagi Yojimbo, Corto Maltes, Koenig, Tardi , Tezuka, e inclusoSuehiro Maruo, (aunque suele ponerme los pelos de punta y dejarme extrañamente turbado e inquieto), y nunca tengo suficiente. Siempre siento la imperiosa necesidad de conocer nuevos autores, leer nuevas historias, y sueño día y noche con publicar las mías algún día, lo cual estoy seguro de que haré y muy pronto.

Por todo lo arriba expuesto, no comparto de ningún modo el pesimismo que parece haberse instalado entre todos los interesados por el arte secuencial. Existe una razón por la que los antiguos héroes de papel están dando el salto al celuloide, y es porque las generaciones que crecieron con ellos finalmente tienen la oportunidad de rendirles el homenaje debido, (aunque en ciertos casos podrían haberse ahorrado el esfuerzo). Y también sé que existe una razón por la que tantos hombres y mujeres llegamos a casa cada día con los ojos en carne viva del trabajo, y nos pasamos horas dibujando sobre la mesa de la cocina. Es cierto que el cómic parece vivir días malos (obligada cantilena de todos los artistas, editores y aficionados al teveo), sin embargo la universal atracción hacia el cómic, y el impulso casi instintivo de narrar utilizando imágenes subsiste en millones de personas. El cómic no está muriendo porque el cómic nunca morirá. Quizás simplemente esté cambiando, pero eso es ley de vida. Además si el cómic me ha dado tanto durante todos estos años, el que yo haya decidido dedicarle mi vida constituye mucho más que un sueño o un capricho. Yo prefiero llamarlo simplemente justicia retributiva. 

El segundo aniversario del Boletín
Por Rómulo Valenzuela

Hace dos años, me dieron el primer ejemplar del Boletín de la Literatura de la Imagen, el primer artículo que leí fue el referente a los Ultimates de Mark Millar y Bryan Hitch, que describe al comic como cinematográfico, por lo general siempre voy a leer primero cualquier articulo referente a los Vengadores porque es el comic que más me agrada, incluso una versión alternativa como los Ultimates. El artículo en cuestión me agradó. Luego, revisando el resto del boletín y su número siguiente me di cuenta de que trataba de ser crítico dentro de un campo tan limitado como el de las historietas y fanzines /comics/historietas locales. En eso creo esta el mérito del Boletín, aparte de seguir saliendo. Lo que de por sí también es curiosamente notable es que alguien se tome un tiempo para revisar un trabajo ajeno, de muy baja distribución y exposición sin ningún beneficio a la vista (específicamente hablando de los nacionales). El estilo y la forma que han tratado de mantener a lo largo del año, tal vez se ha visto desvirtuado por las limitaciones dentro de las pocas publicaciones aparecidas y algunas críticas ya repetitivas. Puedo discrepar con ellos desde el cambio de nombre y logo actual por el de el Globo (Prefiero diez veces el del Boletín de la Literatura de la Imagen por muy largo que sea), hasta en algunos de los artículos, básicamente en donde se limitan a señalar las fallas dentro de tal o cual publicación, pero sin darnos un punto de vista comparativo dentro de una realidad al menos parecida a lo que se vive por estos lares, o al menos una manera o modo distinto de realizarlo, finalizarlo o visualizarlo (en referencia a algunas historias dentro de los fanzines), también me hacen notar (y extraña siendo gente de la de Lima) que parecen dar importancia al valor económico ó remunerativo de las publicaciones (cuando se sabe que el publicar comic nacional es mayormente quedar en tablas). Me quedo con esos dos primeros boletines y recojo frases como: "Un fenómeno evidente en las historias manga que no puede ser ignorado, la homosexualidad explícita de sus principales personajes"(Gino Gibran), "Chingolo, a fines de los 70`s, se caracterizó desde sus primeros números por la abierta crítica social y la glorificación de la pandilla, tan diferente en ese tiempo a los actuales pandilleros", "Ultimates es un comic que entrega calidad argumental y gráfica y eso es mucho decir en una industria que vive de las ventas y no del arte" (Enrique Cáceres), "Conan el barbaro", un hito de la historieta de Marvel Comics en los 70`s, es un buen ejemplo de maestría en la calidad de los guiones y la profusión en el trazo" (Javier García). Como se suele decir, todo tiempo pasado fue mejor ¿Qué sé yo? Soy solo un lector de comics.

EL BATIBORRILLO DEL COMIC

Terry y los piratas en español 
Humberto Costa

Acaba de llegarme un ejemplar extra de la nueva colección de clásicos de Editorial Planeta (España) "Terry y los Piratas". Lo ideal hubiese sido publicar las tiras en blanco y negro las tiras y las dominicales a color. Pero por lo pronto, vamos a tener acceso en español a una obra maestra. Desde la aparición de las letras de título, hechas por Noel Sickles, esta saga del famoso Milton Caniff, cambia de estilo gráfico. Se aprecian fuertes contrastes de iluminación por la mitad del tomo.
La influencia en los dibujos de Sickles fue tal, que produjo en Caniff un estilo nuevo que sería seguido en el resto de mundo por artistas de la talla de Hugo Pratt, Lee Elias, Alex Toth, Angel Alberto Fernandez, Frank Robbins y Jerry S. Marsh, por mencionar solo algunos famosos.
La formar de narrar de Caniff modificó también a la historieta. Según el especialista Mario Lucioni, alteró la elipsis narrativa. Así, por ejemplo, no fueron siempre representados los momentos máximos de una pelea. En lugar de graficar el desenlace, se veía a dos personas conversando al siguiente día sobre lo acontecido. Este mayor esfuerzo del lector, hacía que resultase más involucrado con la historia. (tomado del blog Batiborrillo del cómic y el cine).

batiborrillocomic@hotmail.com


All Star Batman & Robin
La saga de los dibujitos


La nueva saga de Batman, con Frank Miller en el guión y Jim Lee en los dibujos, pretende repetir el éxito comercial de la anterior saga Hush. Es obvio que lo pueden repetir.

La saga es un producto finamente acabado de un gigante editorial llamado DC comics. No es un cómic malo, pero sufre de viejas taras. Tal vez los mayores reproches no se los debamos a la editorial. Por el contrario los responsables directos de sus debilidades son esos nefastos fanáticos que solo buscan una sucesión de "dibujitos" y No una narración gráfica bien contada. Cuanto daño le hacen a la historieta los fans de los dibujantes. En el caso de Batman & Robin la editorial cede a la tentación de agradarlos.
Algunas páginas son un claro ejemplo del exceso de dibujos por sobre el guión: ejemplo uno, la inútil exhibición del cuerpo de Vicky Vale sin que aporte nada a la historia; ejemplo dos, las magníficas ilustraciones del Batimovil (en tres ángulos distintos) que no aportan nada a la narrativa de la historia. ¿Para qué? Para satisfacer a los fans de los dibujitos.
Sin embargo, la historia está bien. Frank Miller es un guionista de oficio que sabe contar bien una historia, aunque no llegue al buen momento alcanzado en sus mejores obras. Jim Lee es un excelente dibujante que haría bien en frenar sus páginas completas en beneficio de la historia.
Igual se trata de una historia muy recomendable que explora las razones que tuvieron Batman y Robin para convertirse en socios. El lado humano de los personajes va ganando terreno en la historia, gracias al interés de los autores en mostrar los diálogos que los van definiendo en sus distintas personalidades. En esta ocasión estamos lejos de las peleas superheroicas tipo Batman - Superman y le dan más importancia a las motivaciones de los personajes. E.C.


Puedes encontrar las ediciones pasadas del Boletín en el link
http://www.librosperuanos.com/html/rincon_de_la_historieta.htm

Comentarios o sugerencias al mail: bibliotecariomerodeador@yahoo.com

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