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Mesa Redonda
Mesa Redonda

Entrevista Sandra López
Por Antonio Orjeda
El Comercio, Lima 10/04/07
 
"Yo me he quedado sin casa", sonríe la mamá de Juan Miguel Marthans, el socio de Sandra López. En la que era su sala, en lo que fue su comedor, hay libros. En cajas, sueltos, los libros que ella y él editan lo han invadido todo; y la señora, feliz. Es la mejor testigo del progreso de estos veinteañeros metidos en un rubro en el que varios 'grandes' han naufragado.

Juan Miguel y Sandra empezaron de cero. Ella tenía una idea, él la redondeó. "Mesa Redonda", bautizaron a su revista. Eso fue en el 2004, hoy acaban de publicar el sexto libro de su editorial. Tienen 11 más en lista y, en un par de días, premiarán a los ganadores del concurso de cuentos que lanzaron el año pasado. En el 2004 Sandra puso en marcha un sueño. Hoy no hay quien le pise el freno.

Ha creado un sello editorial en un país donde abunda la piratería. ¿No es absurdo?
No. Siempre me gustó la cultura, siempre me gustó leer libros: desde que tenía 9 años. Para mí, esto era un reto: siempre tuve la idea de hacerlo. No siento que la piratería sea un riesgo, hay que saberla manejar: hay que saber manejar los costos para así favorecer al lector.

Usted le propuso a su hoy socio hacer un periódico cultural, él le planteó más bien hacer una revista. Le gustó tanto la idea, que 10 días después usted renunció a su trabajo para entregarse a esta aventura. ¿No fue eso más absurdo todavía?
No, porque --la verdad-- no me gustaba mi trabajo (ríe). Te repito: siempre tuve el reto de hacer esto; si no era con Juan Manuel, en algún momento igual lo iba a hacer. Sola o acompañada, yo lo iba a hacer.

¿Por qué creía en esto?
Porque yo tengo la idea de que el Perú tiene posibilidades inmensas para abrir un mercado cultural muuuy importante. Así como Shakira es Pepsi, yo quiero que en algún momento Miguel Idelfonso, mi escritor estrella de "Hotel Lima" (2007), represente a una marca de prestigio. Quiero hacer lo mismo que hace un agente literario: poner a mi escritor en todos lados. ¿Para qué? Para hacer de la cultura algo rentable. Yo quiero que eso pase en el país, por eso hice la revista "Mesa Redonda".

Su visión debe haber enfrentado varios prejuicios.
No sabes a todo lo que me he enfrentado, ¡es que yo quiero cortar todo de raíz! Saqué el primer número y me decían: "¿Revista cultural? ¿De qué religión eres, mamita?". No aceptaban la revista cuando iba en busca de publicidad. "Nosotros no regalamos dinero", me decían. "Señor, ¡le estoy vendiendo avisos!", explicábamos. "Yo anuncio en Somos, en El Comercio; no en revistas culturales. Eso no da, mamita".

Estudió Economía, lo suyo no era la literatura. ¿Qué la metió en esto?
Mi situación económica. Se puso complicada, pero cuando eso pasa y uno cree en sus sueños, pues ¡te amarras a ellos! Crees en ti y crees que el mundo es tuyo, y te lanzas, pues.

El suyo no era el caso de la niña rica a la que los papás le ponen el billete para que se lance a su aventura.
Uy, la verdad es que de repente esto no estaría donde está de no ser por la situación económica tan apretada por la que pasé. Estaba tan ajustada... Donde trabajaba ganaba 600 soles; la empresa no era mía, entonces dije: "Ah, no, ¡yo quiero hacer algo mío!".

Me lancé con la revista, me pagaron mis dos sueldos y con esos 1.200 soles puse algo en mi casa y con el resto me abracé a mi sueño ¡y le di con todo! Busqué publicidad durante octubre, noviembre, y nada; diciembre, enero... ya estábamos al borde del colapso y Zeta Bookstore me llamó para poner un aviso de 100 dólares. Estaba tan emocionada que lloré hasta el cansancio... Yo he gastado suela, ¡mis zapatos me duraban dos meses! Así pasaron los dos primeros años: hasta el cuarto número, mi revista estuvo en rojo. Pero, poco a poco... Yo quería que mi revista se distribuyera en librerías, restaurantes, cafés y centros empresariales, y qué resulta: en el primer número hubo un texto sobre Víctor Humareda, y León Alalú, el dueño de Café Café, me mandó llamar: quería saber quién lo había escrito. Yo fui. "Yo he sido amigo de Víctor Humareda, quiero apoyarte, ¿cuánto cuesta un aviso?". Y llegaron otros 100 dólares.

En "Mesa Redonda" han escrito Jorge Villacorta, Fernando de Szyszlo...
Jorge Piqueras, Alonso Cueto...

Tal como ocurrió con los anunciantes, a los reconocidos colaboradores que ahora tiene también les debió demostrar que su revista era de calidad. ¿Cómo lo logró?
Poquito a poco, con mucho apoyo. El padrino de la revista es José Güich, el autor de "Mascarón de proa" (2006), que también trabajó en "Caretas", y nos dio el teléfono de su amigo Jorge Eslava ("Navajas en el paladar", 1995), quien a su vez nos comenzó a datear de otros amigos literatos. Con Fernando de Szyszlo fue que aproveché la oportunidad: mi amigo Carlos Maza, del Fondo de Cultura Económica, me dijo que le iba a organizar un homenaje en la Feria del Libro, y al toque pensé: tiene que participar (en "Mesa Redonda"). Me lo presentó. Me dijo que le dejara la revista para evaluarla. Yo quería que participara en un conversatorio sobre pintura, pero me planteó hacerlo sobre el poco apoyo cultural que ha habido en el Perú durante los últimos 50 años. ¡Me pareció formidable! Él me sugirió a Alonso Cueto y a Celso Garrido Lecca, y salió precioso. ¡La revista salió bien bonita! A partir de ahí, todo el mundo la comenzó a tomar en cuenta.

Nada de esto ha sido gratuito: nadie la apoyó por tratarse de una jovencita impetuosa, sino porque usted ofrecía un producto de calidad.
¡Claro! Fernando de Szyszlo evaluó la revista y se dio cuenta de que era editada de una manera inteligente, audaz, nada amarillista. Y me dijo: "Ya, yo participo".

¿No le han preguntado qué hace una chibola metida en esto?
Muchas veces. Además, en el mundo cultural la mayoría son hombres, y todos... todos quieren salir contigo (ríe)...

Tres años después, la revista creció: hoy es un sello editorial. Aquí, donde cunde la piratería, vuelvo a mi pregunta inicial: ¿no es absurdo?
No. El Perú ha tenido un crecimiento económico sostenido desde hace 36 meses: si el Perú estuviese mal económicamente, ni yo ni nadie hubiera podido hacer cosas, ¡yo sí creo en el Perú! Absolutamente. Cuántas veces mi papá, mi mamá, me han dicho: "¡Vente acá!". Yo siempre les he dicho: "Yo no he nacido para preparar hamburguesas".

¿Dónde están ellos?
En Miami. "Vente", me dicen. Me he peleado con ellos millones de veces. Me han dicho que estoy loca, influenciada (ríe)... Siempre les he dicho no, yo creo en el Perú; y es verdad: adoro el Perú. A mí me han dicho que soy una patriota, porque bien pude haber publicado el segundo número ¡y ya!

Con eso ya habría cumplido.
Sí: ya cumplí con mi sueño, ahora chau. Pero no.

Vale la pena ser romántico.
Ni siquiera romántico, simplemente meterte en la cabeza: ¡Esto es lo que quiero! Mi papá me decía: "El mundo es tuyo, ¿para qué lado quieres que gire?". Eso depende de ti.

¿Qué dice él ahora?
Está feliz. Claro, porque ahora las cosas están funcionando, ¡qué bacán! ¿Pero y cuando gastaba zapatos, cuando andaba 'misia'?

¿Qué ha sido lo más bravo?
El tercer número. Porque para el primero hasta te prestan, para el segundo, igual; ¡pero para el tercero ya no había a quién pedirle plata! La imprenta con la que habíamos acordado que trabajaríamos a crédito nos dijo: "Me han pedido un millón de afiches, mi máquina va a estar ocupada". Yo tenía anunciantes. Les dije: "¿Y ahora qué hago?". "No sé", respondieron. Ese día lloré, pero me fui a una imprenta del Centro de Lima y, a cambio de papel, ¡logré que imprimiera mi revista! Yo conseguía papel a crédito. Yo, por esto, ¡casi he vendido hasta mi corazón! Así salió el tercer número... ¿Te das cuenta de todo lo que haces en momentos así?

¡Qué tal punche!
No tienes plata y no tienes de dónde sacar, pero yo me ponía la soga al cuello, ¡igual que Juan Miguel!

Y así hay gente que dice que aquí no se puede salir adelante.
¡Mentira! ¡El Perú tiene cosas buenas! Yo no he descubierto la naranja, aquí hay un montón de cosas por hacer, ¡sino que la gente es floja!

¿Qué fue de sus zapatos de suelas gastadas?
A veces los uso, ¡son bien cómodos! (ríe)...

La ficha
Nombre: Sandra Janet López Vallejos.
Colegio: La Reparación.
Estudios: "Me quedé en el quinto ciclo de Economía en 'la Richi' por motivos económicos: mis papás se separaron de manera muy abrupta, los bienes que tenían comenzaron a malgastarse y, como se dice, me quedé 'aguja'".
Edad: 26 años.
Cargo: Productora general de Editora Mesa Redonda.

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