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Grupo Editorial Mesa Redonda tiene un nuevo reto: publicar a autores del interior del Perú
Grupo Editorial Mesa Redonda tiene un nuevo reto: publicar a autores del interior del Perú

Entrevista a Juan Miguel Marthans B.
Por Virginia Vilchez
Lima, agosto de 2009

Para Juan Miguel Marthans, los inicios de Mesa Redonda fueron muy difíciles pero fueron todo un reto. En pocos años, de 2004 a la fecha, su socia, Sandra López, y él, han logrado consolidar una editorial y ahora tienen en mira la publicación de obras de escritores del interior del Perú. “¿Por qué centralizar en Lima todo?”, se pregunta mientras madura esa idea, para lo cual —nos cuenta— está pensando abrir un nuevo sello. También tiene, entre sus proyectos, funcionar como distribuidora y satisfacer la necesidad de muchas editoriales pequeñas a las que se les complica mucho esta labor.

Cuéntanos los inicios de Mesa Redonda y el por qué
Mesa Redonda comenzó el 2004 con la publicación de una revista cultural. Eran conversaciones espontáneas entre tres o cuatro personas sobre un tema específico. Por eso le pusimos el nombre de Mesa Redonda. Sacábamos cinco mil ejemplares y la distribuíamos gratuitamente en cafés, restaurantes, galerías de arte y algunas librerías. Era financiada enteramente con publicidad, publicidad tradicional, que nos permitió manejar una revista sin contar con un capital inicial fuerte. Sandra [López] y yo comenzamos con un capital mínimo de unos trescientos dólares, haciendo algunas “jugadas” para poder cubrir el costo de impresión. Al cuarto número recién empezamos a ver cifras celestes, ya era una revista que estaba íntegramente financiada con anuncios, gracias también a la participación de personas importantes en el ambiente cultural, como Jorge Eslava, Pepe Güich, Fernando de Szyszlo, Celso Garrido Lecca, Alonso Cueto, Antonio Cisneros. Dejábamos en el Centro Cultural de la Católica doscientos ejemplares y en tres días ya no había nada y se movía bien por más que había gente que decía que no la conocía. Con Sandra habíamos quedado en que la revista saldría cada dos meses, pero salía cada tres, cuatro meses, cuando terminábamos de reunir el dinero con los anunciantes. Fue con esta revista que empezamos a tener contacto con gente del ambiente cultural y ellos empezaron a preguntar si teníamos un proyecto editorial a futuro. Una de las primeras personas que nos propuso editar fue Pepe Güich con El mascarón de proa. Mientras hacía el trabajo de edición, veíamos muy complicado el lanzarnos con un solo título y sin un capital. Eduardo Lores nos dijo que tenía un poemario terminado y fue lo primero que publicamos, y le fue bien. Ese libro lo presentamos en Cajamarca en el festival de “El Patio Azul”, debe haber sido a finales del 2005 y de allí empezaron otras propuestas de gente que quería publicar libros y que se ponían en contacto con nosotros. Y así fue que con Sandra empezamos a publicar, trabajando en mi casa, desde las nueve de la mañana hasta que se acabara el trabajo.

¿Ustedes hacían de todo?
De todo. Trabajábamos con una computadora que era una Pentium 3 de 500 MHz, que no jalaba. Algunos libros los teníamos que trabajar en una cabina de Internet. El proceso era de lo más rudimentario y así diagramábamos la revista y los libros. Tuve que aprender a diagramar sin conocer nada de diagramación y sin profesor, o sea me amanecía aprendiendo a diagramar solo frente a la computadora. En aquel entonces no teníamos plata como para pagar a un diseñador o alguien que haga el maquetado del libro. Y fue creciendo la editorial.
Fue importante para nosotros publicar el libro Hotel Lima porque nos dio una perspectiva muchísimo más dirigida al mercado literario netamente, porque Ildefonso no es un desconocido, es un escritor con prestigio, es querido, y se mueve dentro de un circuito bastante amplio.

¿Cómo encajaron en este trabajo Sandra y tú?
Antes de ingresar a la universidad, pensaba estudiar Literatura, pero a los 17 años como que me veía con un futuro gris, económicamente hablando, así que decidí estudiar Administración de Empresas. Sandra, que viene de estudiar Economía y siempre ha estado preocupada por los libros, es una persona bastante sociable que llenaba el vacío que yo tengo en ese aspecto. Yo no soy una persona muy habladora, o conversadora; pero Sandra, sí. Entonces, nos complementamos bien y se da una sinergia genial, lo nos permitió crecer hasta que en la sala y el comedor de mi casa ya no entrábamos. Así que nos fuimos a una oficina que era pequeñísima, en donde parecíamos dentro de un campamento hippie; ahí trabajábamos y ahí cocinábamos. No había tanta plata como para comer afuera. De allí nos mudamos a una oficina más grande donde pudiera entrar más gente, siempre viendo que cada ingreso que teníamos se destine a la editorial. Empezamos a trabajar lo que era el sello de Proyectos Especiales, que eran libros a pedido. Si alguien nos contactaba para hacer un libro, ese ingreso era destinado a comprar impresoras, a renovar las computadoras, a aumentar personal. Siempre hemos tenido eso en mente: Tener un espacio más cómodo para atender a las personas.

¿Cuántos sellos han llegado a crear?
Tenemos tres sellos: Mesa Redonda, Calcomanía y Proyectos Especiales. Mesa Redonda tiene una serie de poesía, que se llama Taquicardia; una serie de Narrativa, para cuento y novela; una serie de No ficción; de ensayo; y una nueva que se llama Perspectivas, que son libros de desarrollo personal, los que tienen una demanda bastante alta; más que la “literatura” en sí. Calcomanía es un sello destinado a publicar nuevas propuestas editoriales, gente joven o gente que nunca antes ha publicado, situación que es riesgosa en cuanto a inversión por parte de la editorial, pero igual hemos querido dar un espacio a eso: nos parece importante. Dentro de este sello el autor financia no el integro de la edición, sino lo que es el costo de impresión nada más. Nosotros asumimos lo que es el costo de edición, corrección de estilo, diseño, maquetación, distribución, todas esas cosas y de las ventas vamos a medias. Proyectos Especiales es un sello en el cual nosotros no hacemos una evaluación del contenido. Son libros a pedido; la gente nos contrata para hacer ciertos libros, con los parámetros y el formato que ellos requieran. El autor tiene muchísima mayor decisión sobre el libro, más que la editorial. Nosotros hacemos una especie de asesoría editorial y cumplimos con el trabajo.

O sea, para Mesa Redonda y Calcomanía, ustedes sí evalúan los trabajos que les presentan ¿Hay casos en que no han aceptado publicarlo?
Si, hay casos. Calcomanía es para gente joven. Para aquellos que publican su primer libro, personas que no llegan a los 30 años. Creemos que son propuestas interesantes pero como negocio no son rentables. Entonces nosotros buscamos esa especie de sociedad para que el libro vea la luz. En cuanto a Mesa Redonda buscamos balancear y siempre buscamos inyectarle sangre joven, jóvenes que tengan las cosas claras de lo que quieren en su propuesta editorial y asumir nuevos retos.

De acuerdo a tu experiencia de todos estos años, ¿cuál es la mayor dificultad para un editor acá en Perú?
La mayor dificultad está en vender los libros, que la gente asuma que comprar y leer un libro es un placer y también un reto. La gente no busca descubrir autores nuevos. Por lo general, los libros que van a adquirir son títulos recomendados.

¿Dirías que en el Perú se lee poco?
En el Perú sí se lee, y bastante. El problema es que la gente que lee es poca y es la misma. El grueso de la población no está acostumbrada a leer y a adquirir libros. Pero hay gente que lee y devora libros y esa gente está al tanto de lo que se publica. Son gente que esté dentro del ambiente cultural, literario, pero el público en general es muy ajeno a eso y hace caso a otro tipo de incentivos para poder decidir la compra de un libro.

¿Que tiraje tienen?
Nosotros estamos tirando quinientos y mil. Quinientos por una cuestión de almacenaje. Tirar menos de quinientos es absurdo porque encarece demasiado el costo unitario del libro.

¿Cuántos títulos tiene el catálogo de Mesa Redonda?
Debemos tener cerca de setenta u ochenta libros dentro de los tres sellos.

¿Algún bestseller?
El bestseller que tenemos es Luis Hernández, La soñada coherencia, que es un libro que en seis meses se agotó. Vamos a sacar cien ejemplares más que están para encuadernar. La gente sigue pidiendo pero el libro ya no se encuentra.

¿Por qué no lo reeditan?
Estamos pensando tirar mil más, pero hay que conversar siempre con las personas que se encargaron del texto. El trabajo lo hizo Edgar O’Hara. Entonces tenemos que conversar con él y ver cómo se puede hacer una segunda edición. Me gustaría que sea una segunda edición pero una edición que aporte algo más, que se diferencie en algo de la primera.

¿En cuánto tiempo se agota un tiraje de mil?
Depende, el libro de Hernández se agotó en seis meses. Con Javier Heraud también nos fue muy bien. Tiramos mil y se han vendido 600 ó 700 libros. Un libro de ensayos que publicamos, que se llama Conversiones culturales en el Perú, también tuvo buena acogida. En cuanto al ensayo hay un público determinado que tiene que consumirlo obligatoriamente.

¿Cómo hacen la distribución? ¿Por dónde canalizan los libros?
A través de librerías y supermercados. Hemos entrado a Wong y Metro

¿Cómo les va en los supermercados?
Es una experiencia diferente. Se vende, pero el público que consume libros en los supermercados es completamente diferente a la gente que va a librerías. La verdad es una experiencia nueva para nosotros; estamos tratando de adecuarnos. Por otro lado, también es que estas empresas no te aceptan toda tu producción. Por ejemplo, te dicen “poesía no va”. Obviamente no lo venden. En supermercados se vende crónicas, autoayuda, narrativa... Eso sí está funcionando bien en supermercados: Gente que va, ve los libros y se anima a comprarlo. No sé con qué fin; de repente obsequio, pero están saliendo. Son casi treinta puntos de venta más que tenemos.

¿Y la difusión, promoción?
La hacemos nosotros dentro de lo posible. No es que tengamos un área especializada en prensa. Todos lo libros los mandamos a la prensa y vamos peleando por los pocos espacios, que ya están asignados hace mucho tiempo. Es un poco complicado el tema de prensa. Buscamos abrir por otro lado, de repente televisión, agendas y otros canales. Se cree que el único espacio para difundir el libro es prensa escrita, pero hay otros canales. Nos ha funcionado bien mandar a la televisión. La gente dice: este libro salió en tal programa, y se animan a comprar. Le da cierta seguridad al comprador ver el título en medios de difusión mucho más amplios y que sienten más próximos a ellos mismos.

¿La comercialización se hace también en el interior?
En Lima solamente, pero repercute en provincias, porque hay librerías que tienen locales en provincias. Pongamos el ejemplo de Zeta Bookstore, que tiene en Chiclayo, Piura, Arequipa, Cajamarca, Ica, etc. Tienen varios puntos y mandan los libros para allá. Crisol ha abierto en Piura, Trujillo. Entonces tratamos de llegar por ese lado, pero librerías pequeñas del interior, no; es complicado. A veces trabajamos con una librería de Arequipa, El Lector, pero ellos adquieren los ejemplares y nosotros se los mandamos. La idea sería ver qué librerías están abriendo en provincias, pero son espacios muy pequeños.

¿Y las ferias?
Nosotros estamos participando en ferias desde la Internacional del año pasado. Entramos en el colectivo de ALPE. Fue nuestra primera experiencia en feria y nos fue bastante bien, haciendo el balance y el comparativo de lo que representaban las otras ventas. Los títulos que tenemos fueron bien aceptados y eso que los precios que nosotros fijamos no son tan económicos como otros ya que la estructura de costos seguramente es diferente y considera otras cosas. Pero nos fue bien y por eso nos animamos para ir a la Ricardo Palma con stand propio y también nos fue bastante bien y también a la feria de Trujillo. Ahí cubrimos nuestros costos y como experiencia fue bacán, como presencia también. Creo que en una feria se busca sobre todo presencia más que ventas.

¿La de Trujillo es la única del interior en la que han participado?
Si, creo que es la que tiene mayor relevancia y mayor organización en cuanto a prensa, difusión y tradición. Es una feria que suena bastante, que genera expectativas en la gente de Trujillo y de Lima, que está atenta a lo que se presenta, a las novedades. Otras ferias del interior me parece que no están manejando eso y quedan reducidas a lo local; entonces son ferias muy focalizadas y eso genera más riesgo como para invertir económica y logísticamente. Trujillo sí busca descentralizarse de cierta manera, por más que sea una feria local.

¿Cuán difícil es la distribución para el editor?
La distribución creo que es fácil; el problema es la venta. Nosotros tenemos cómo hacer la distribución. Si fuese una realidad como México o como Argentina, sería muchísimo más complicado. En nuestro caso, hay un persona que se encarga de eso, considerando que son unas veinticinco librerías y unos treinta supermercados, son más de cincuenta puntos de venta. En tres, cuatro días queda terminado el trabajo de distribución. Habría que buscar un distribuidor si el crecimiento de librerías o el crecimiento editorial son parejos, como que uno se va adecuando al otro. O sea, mientras más librerías haya, nosotros vamos a ver la forma de poder satisfacerlas y vamos creciendo juntos.

¿El hecho de que hayas tenido que aprender sobre la marcha se debe a que no hay una escuela?
Bueno, hemos tenido que leer todos los manuales (risas), esa colección “Libros sobre libros” que edita el FCE, que es buenísima, en sí es un trabajo arduo, que consiste en buscar la información, estar actualizado en lo que son blogs especializados, paginas web, estar siempre leyendo qué cosas salen y fijarse en los detalles del libro. Quien no es un aficionado del libro, pues difícil se va ha dar cuenta de ciertos detalles en las publicaciones. Imagino que una persona que no le guste y quiera ser editor porque se le ocurrió la idea de serlo y no le apasionan los libros, no sé, no lo veo; porque es diferente que te apasione la literatura a que te apasionen los libros, son dos cosas diferentes. Mucha gente que se dedica al trabajo de edición es gente que ha estudiado literatura y bacán, pero hay que ver también que el trabajo de editor es un negocio. En realidad es como vender caramelos, o vender carros o vender sándwiches. Es un negocio.

Tú estudiaste administración y Sandra economía, en ese sentido tienen una ventaja sobre los otros editores ya que ello les permite tener una visión empresarial.
Esa visión empresarial es importante, pero también el conocimiento del mundo del libro. A mí me apasionó el libro desde chiquito. Desde que tuve uso de razón siempre he estado con libros por todos lados. Mi papá, que era militar, me llevaba a Studium del Bazar del Ejército y me preguntaba: ¿qué cosa quieres comprar? Elige qué libros quieres. Y empezaba a elegir libros de dinosaurios, naves espaciales… ya después descubrí la literatura, pero siempre me fijaba en los detalles. ¿Por qué este libro es bonito y este no? ¿Por qué esta edición es diferente a la otra? Algo que con el tiempo tuve que aprenderlo sobre la marcha. Nosotros, cuando empezamos a recibir las propuestas para editar libros, tenía la noción, pero tenía que empezar a investigar algunas cosas que ignoraba y empezaba a pedir consejos, conversar con personas que tenían experiencia en esto. Quien nos ayudó bastante fue Carlos Maza, quien ahora está en SM. Nos mostró un panorama más desde dentro de lo que es el mundo editorial. También nos ayudó Jorge Eslava que tenía Colmillo Blanco y colaboraba con la revista Mesa Redonda. También Antonio Gálvez Ronceros que creo es el mejor corrector de estilo que hay en el Perú. Una persona a la que siempre visitábamos en su casa y conversábamos sobre libros, no solo sobre literatura, sino sobre libros en general. Todo eso fue llenando un vacío que a veces no lo cubre la universidad. Yo estudié administración y no llevé jamás un curso de Humanidades dentro de la currícula obligatoria. Los cursos de Humanidades eran electivos. Yo me metía a todo pero no había un curso de Marketing Cultural o Gestión Cultural.

Muchos escritores del extranjero están editando con los editores jóvenes, ¿por qué?
Hace poco trabajamos con Christoph Keller que es un periodista que vivió en el Perú mucho tiempo, un suizo que escribió un libro, Alamor tres días, acerca del Perú, de los últimos días del primer gobierno de Belaunde, mezclado con una historia de amor, bien ensamblada, de repente un poco arriesgado en cuanto a la estructura narrativa, que ha tenido buenos comentarios. Ese libro fue publicado en Suiza, pero el quiso hacer una edición acá, porque tenía cierta proximidad hacia el Perú. Como propuesta editorial era interesante, además que el libro vino con el apoyo de una institución. Después con Daniel Salleron también trabajamos El sabor de la pimienta. Es un libro que ha tenido ventas muy buenas por más que el no esté acá. Es una novela autobiográfica, que comienza en Francia durante su infancia, pero que hacia la mitad se desarrolla en Perú. Él fue quien introdujo el cultivo de la pimienta en Tingo María, trayéndolo del Brasil de contrabando. Una novela bastante buena, escrita por un hombre de letras que plasmó perfectamente lo que quería. Pensamos reeditarlo en una nueva serie de bolsillo que venimos trabajando. Entonces, sí hay gente que siente cierta afinidad por publicar acá y en cuanto a ediciones de autor digamos mucha gente de afuera quiere publicar acá porque los costos son más económicos.

¿Es más barato editar en Perú?
No es que sea más barato acá, sino que es más caro allá (risas). Hemos publicado el poemario de una argentina, Silvana Leunda, Amor underground, que quiso publicar acá porque siempre se sintió muy atraída por la poesía nacional, porque sus referentes literarios son más peruanos que argentinos y porque las ediciones que se están trabajando en Argentina para poesía no la satisfacían por ser un tanto descuidadas. Por la experiencia de sus amistades que habían publicado allá, decidió trabajar acá y el libro quedó genial. Es un buen poemario.

En el caso de Silvana Leunda, tú los has editado, pero sus libros se van para Argentina
Una parte se va para allá. A nosotros nos interesa eso porque mostramos el sello hacia fuera. Uno tiene que evaluar qué tanto te conviene publicar. Hay libros que de repente no son rentables pero sí te da cierta presencia en nombre, te levanta el sello. Hay otros libros que son hits, comercialmente hablando, que de repente no te da prestigio pero que da caja, que es lo que también necesitamos para poder mover otros títulos. O sea, hay que pensar en que el catálogo editorial es muy diferente de la biblioteca de mi casa. No se trata de publicar lo que a mi me gusta, sino ver la capacidad de comercialización y el reforzamiento del sello.

¿A qué se debe la dificultad que tienen las editoriales para organizarse?
Lo que yo veo es una cuestión de expectativas diferentes de cada sello. Pongamos, en Mesa Redonda somos ocho personas que trabajamos desde las nueve de la mañana hasta las seis de la tarde, haciendo las horas extras de rigor si es que hay un flujo de trabajo alto; pero hay otras editoriales que son unipersonales, y esas personas tienen trabajos alternativos. Entonces su editorial pasa siempre a otro plano, sus expectativas son diferentes, sus intensiones son diferentes. Nosotros cuando pensamos en editorial estamos pensando, aparte de las propuestas que tenemos, en cuestiones de gastos y de posibilidades de generar ingresos. Hacemos bastante trabajo a pedido y muchos trabajos para empresas. Entonces nosotros tenemos que trabajar todos los días de manera constante para poder cubrir los sueldos de la gente que trabaja allí y pagar el alquiler del local, los servicios con que contamos, etc. Yo no sé qué tanto podría crecer Mesa Redonda si es que tuviésemos un trabajo alternativo. La editorial no me da tiempo para nada. Es un trabajo completo, creo que por allí va. A veces es más fácil proyectarse uno mismo que proyectar un conjunto. Para mí es más fácil buscar asociarme con una editorial fuera para, de repente, qué se yo… yo distribuyo acá, el distribuye allá y así llegar al mercado externo, que buscar una asociación, una unión en que todos estemos en perfecta sintonía para que todos empujemos el carro para el mismo lado, eso me parece más complicado ya que las expectativas son completamente diferentes.

¿Cuán cierto es que para algunos de los nuevos editores editar es un hobby y no les interesa la venta?
Así no funciona. Editar es un trabajo bastante particular porque la persona que te da su libro para que lo publiques, no es que te dé una tela para que le hagas un vestido. Tiene bastantes expectativas en eso y tratamos de satisfacerlos. Uno es editor no de nueve a seis. Uno es editor hasta cuando duerme, hasta las tres de la mañana cuando estás leyendo, porque estás trabajando, porque tienes que actualizarte. Si estás en el taxi leyendo, te estás actualizando igual, si estás viendo un programa, lo mismo. Depende cómo tú estás consumiendo la información. Si te vas al cine, igual; es un trabajo constante de 24 horas al día. A veces falta eso, no es solo publicar el libro. El hecho de publicar el libro es solo el comienzo. A veces sacas un libro y no te va bien y hay que ver cómo rescatar a futuro tu trabajo.

¿Cuales son los proyectos a futuro?
Queremos abrir un sello para difundir obras del interior, propuestas del interior. Tenemos un libro que estamos evaluando para ver si empezamos con ese, que son historias de la selva, no tradición oral, sino más actuales. Vamos a ver si dentro de este sello se puede difundir acá en Lima lo que son trabajos del interior. ¿Por qué centralizar en Lima la producción editorial? Es necesario buscar también en el interior y hacerlos que repercutan en Lima y mostrar el trabajo que hay dentro, porque muchos escritores del interior del país publican libros que acá no llegan. Entonces es una publicación de autoconsumo para esa zona y las mismas editoriales no sabemos cómo puede funcionar o qué puede ser. Creo que se pueden hacer cosas interesantes. Al parecer el noventa por ciento de la producción es de gente de Lima.
Después de eso pensamos funcionar como distribuidora. Nos han comunicado muchas editoriales pequeñas que se les complica mucho la distribución, entonces brindarles ese servicio, y seguir con los libros a pedido que es interesante, poco romántico pero interesante, aunque no es una relación escritor–editor. Y también darle más punche a Calcomanía que ha empezado bien.

Nos dices que cada vez es menor el espacio en los medios, ¿qué hacer ante eso?
Una alternativa que queremos retomar es la revista Mesa Redonda para tratar de llenar el vacío de la poca difusión. Difundir nuestro trabajo y de otras editoriales y otras propuestas culturales y de repente otros proyectos de publicaciones periódicas, quizás una revista de libros ahora que el mercado está creciendo.

Para terminar, ¿cuál es el rol del Estado?
Ah, el Estado. Esa es otra historia. El Estado te manda un correo pidiendo donación de libros (risas). Genial, ¿cómo pedir donación si tiene plata? Debería comprar libros en vez de pedir donación. Encima que ni siquiera nos tratan bien con las leyes que dan.

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