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ARCHIVO DE ARTÍCULOS PERIODÍSTICOS

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Rocío Silva Santisteban
Entrevista a Rocío Silva Santisteban  Entrevista a Rocío Silva Santisteban

Por Alfredo Vanini
Fuente: Domingo, suplemento de La República, Lima 17/08/08
http://www.larepublica.com.pe/content/view/238379/

El último libro de Rocío Silva Santisteban, "El factor asco. Basurización simbólica y discursos autoritarios en el Perú contemporáneo", examina comportamientos y mentalidades retrógrados a través del análisis de un vladivideo, un programa de televisión de Laura Bozzo y dos testimonios entregados a la CVR. Aquí la autora expone algunas de las tesis de su ensayo y señala la herencia nefasta que arrastramos a raíz de estos hechos.


–Venía en un taxi a verte para esta entrevista y escuchaba la canción "Así son los hombres, son una basura". Una buena manera de empezar a conversar sobre tu tesis de la "basurización simbólica", ¿no?
–Esa cumbia tiene una historia: es una canción de Rocío Durcal y la letra original dice: "Así son los hombres, son todos iguales". Cuando la han traído acá, el productor cambia el coro e introduce la palabra "basura". Y se ha vuelto una especie de grito de guerra en los conciertos. Lo más alucinante de la canción es que hay un mensaje implícito: a pesar de que sea una basura, perdonamos al hombre porque te canta y te toca y te besa. Es la complacencia de la seducción.

–Mencionar esta cumbia parecería algo exagerado, pero es que tu libro es también una reflexión sobre los medios de comunicación. Y es relevante en la medida en que lo popular crea imaginarios que a su vez crean comportamientos y actitudes inter-sociales.
–Es un imaginario que además está de alguna manera dándole carnecita a esta idea según la cual se justifica que un hombre te pueda pegar una cachetada pero qué rico que te bese después. Es terrible. Pero lo terrible de la letra es que ese grito es algo más bien catártico, una manifestación de desahogo, porque luego, inmediatamente, todo sigue igual. La gente me decía: "Es una canción feminista". Yo pienso lo contrario. Para mí es una canción machista.

–Vayamos al libro: violencia política, Montesinos, Laura Bozzo. Nada es nuevo. Lo que es nuevo es la demostración de que las relaciones interpersonales de los peruanos están basadas, en gran medida, en la basurización del otro… Me costó leerlo a causa de su tono tan pesimista y los testimonios que incluyes.
–En verdad es un libro que cuesta trabajo leer. A mí me costó mucho escribirlo. Para seleccionar esos testimonios tuve que leer muchos otros. Seleccioné finalmente dos que son paradigmáticos y opuestos. El de Georgina Gamboa, que es un testimonio muy interesante porque a pesar de todo lo que le sucede, ella se recupera, se reorganiza gracias al mismo acto de testimoniar. Y es que para mí, el interés radicaba en cómo ella utiliza toda una serie de estrategias discursivas, cómo en el mismo texto ella pone su historia.
En el caso de "El Brujo", el testimonio del suboficial del ejército, es lo mismo: él lo está contando y organizando de una manera determinada. Ha sido real y horroroso: la tropa que viola el cadáver de esta mujer, y las palabras que justifican ese acto atroz. Es una situación sin duda espantosa, pero lo que me interesa es que esta persona sea capaz de poner estos hechos en un discurso.

–Detengámonos un segundo para pedirte que aclares al lector un concepto que utilizas mucho y que es clave en tu libro: la banalidad del mal, concepto debido a Hanna Arendt al estudiar a un nazi.
–Mal banal es ese que se comete de una manera casi estúpida. Lo que sugiere Hannah Arendt en su libro "Eichmann en Jerusalem" es que Eichmann es un tipo mediocre que obedecía órdenes y que pensaba que lo que estaba haciendo estaba bien. Pero dice que hay otra lógica interna en Eichmann que tiene que ver con ser agente de un daño por irresponsabilidad, por falta absoluta de conciencia de que lo que está haciendo es un acto inmoral.

–Laura Bozzo es resultado de acostumbrarnos a las fotos en portadas de diarios, de cuerpos despedazados durante los años de violencia política, y que hizo que nuestros compatriotas perdieran el asco. En los años noventa, ¿estábamos listos los peruanos insensibilizados para elevar a Laura Bozzo, reina de la basura, al pico más alto del rating?
–Ahora que lo mencionas, sí, definitivamente. Los medios de comunicación que cubrían las noticias también hicieron lo suyo para banalizar la capacidad de asco entre los peruanos. Amigos periodistas en esa época me lo decían: un muerto, dos muertos, ya no es noticia, necesitamos diez, veinte. Todo eso construye una especie de violencia visual y adormece la sensibilidad. Por lo tanto, para que reacciones ante una noticia, hacen faltan cosas que golpeen más tu sensibilidad: más dolor, más muertes.

–Otra de las cosas que planteas es que tras la pérdida del asco, viene lo que llamas "el brillo de la podredumbre", lo que convierte a tipos como Montesinos en el paradigma del gran pendejo admirado. ¿No será este "brillo de la podredumbre", la característica de nuestro pretendido capitalismo actual? ¿Empresarios pendejos e inmorales que impunemente amenazan meterles bala a los trabajadores?
–No sé. Yo no generalizaría tanto. Hay empresarios que invierten de manera consciente y que piensan en el país. Conocen las reglas del juego y las respetan. Pero hay desgraciadamente otro grupo de empresarios que son más bien rentistas, una especie de residuo de la "república aristocrática". Incluso aún aquellos llamados "emergentes", es decir, empresarios que han surgido desde abajo y que de pronto empiezan a explotar al que surge desde abajo como ellos.
Estamos en un proceso muy problemático en el Perú, estamos con un alto crecimiento, con súper ganancias para las mineras y con una élite que consume más. Pero al mismo tiempo, para evitar un ejemplo extremo, una profesora universitaria como yo no gana lo suficiente. Puedo pagar mis cuentas, claro, pero mis posibilidades de investigación son mínimas. ¿Por qué una recién egresada que trabaja en un banco gana cinco veces más que yo, que soy doctora? Porque lo intelectual y el trabajo educativo son la última rueda del coche. No puede ser que el país que se supone tiene un crecimiento económico y productivo increíble, tenga los peores resultados educativos de toda América Latina, tenga el último puesto en comprensión de lectura. Que la Biblioteca Nacional tenga el mismo presupuesto desde hace años. Si no tenemos a personas que puedan ser capaces de tener un pensamiento crítico, que comprendan lo que leen, y un pensamiento abstracto, ¡estamos fregados pues!

–En las tres visiones que analizas, aquella de Hugo Neira y la "moral del achorado", aquella de la "ética del mal criollo", de Gonzalo Portocarrero, y aquella del "goce del pendejo" de Juan Carlos Ubilluz, parecen tener un hilo común: la blandura moral, inherente y casi sustancial a la vida republicana peruana. ¿Cómo revertir esta blandura moral? ¿Con un súper Estado moral?
–No, de ninguna manera. El Estado, y menos en la situación actual, no es capaz de dar lecciones morales a nadie. Es verdad que tenemos una cultura autoritaria pero hay que salir de esa lógica perversa asumiendo la responsabilidad de uno mismo.

–Hacia las páginas finales de tu libro te preguntas qué sentimiento opuesto al asco puede permitir una cohesión grupal y una amplitud cultural que nos permita dialogar con nuestras alteridades radicales. Y concluyes: "No existe un solo sentimiento al cual apelar para evitar la ‘basurización simbólica’, se requiere de una actitud permanente de ética abierta al otro como lo plantea Levinas". Un poco abstracto ¿no?
–La manera de oponerse a la basurización es el ejercicio de un pensamiento crítico, una distancia reflexiva. ¿Te parece abstracto?

–Algo discursivo quizá. Entiendo qué quieres decir cuando aludes a Levinas, pero ¿no hay un sentimiento que podamos poner en práctica de manera precisa?
–Es que cuando yo me refiero a discursos, no me refiero solo a palabras sino a prácticas. Por ejemplo, lo que narra Georgina Gamboa al final es: bueno, yo tuve a mi hija. Y pasamos esto y lo otro, y ahora lo que necesito es un espacio en esta Nación para estas señoritas. Ese espacio debe ser digno, y no de compasión. Dice: no me interesa tu compasión ni tus valores cristianos, que son buenos pero que no sirven para construir nación.

–Pregunta final, Rocío: si yo te señalara, a partir de una reflexión tras la lectura de tu libro, tres fracasos decisivos para la persistencia de la "basurización simbólica", uno, fracaso del feminismo peruano, porque permitió que el feminismo sucio de Laura Bozzo calara más en los sectores populares; dos, fracaso relativo de la Comisión de la Verdad y la Reconciliación al asumir, un poco a la manera de la antigua izquierda, una mirada desde arriba, compasiva, vertical hacia "el otro"; y tres, fracaso en conjunto de la izquierda peruana, incapaz de recomponerse, ¿dirías que tengo razón?
–No, hay matices. Veamos: el tema del feminismo, sí, creo que es un tema duro y las mujeres feministas de este país tenemos que asumir ese fracaso. Creo que en un momento determinado el feminismo estuvo muy cercano del gran movimiento de mujeres que hubo en los años ochenta. Un ejemplo preciso: María Elena Moyano estuvo muy cercana a Gina Vargas, por hablar de dos personajes paradigmáticos de ambas vertientes. Pero sucede que a María Elena la mata Sendero Luminoso y no hay continuidad en esa relación feminismo-sectores populares. Y es terrible que la herencia de María Elena Moyano haya sido instrumentalizada por Fujimori a través de su hermana Martha. Hay que asumirlo con responsabilidad y entereza. Creo que los organismos del feminismo institucional peruano tienen una deuda con la población. Pero hay otro tipo de feminismo de las jóvenes que está surgiendo.

En el caso de la CVR, mira, es un fracaso relativo ya que recién tiene cinco años. El proceso de cambios es lento, gradual. Por lo menos uno de los éxitos es que haya un consejo de reparaciones y que este consejo esté clasificando gente. Hay, pues, resultados. Debo decir que lo importante para mí no es solo difundir el informe, sino difundir los testimonios. Hay un archivo que está en la esquina de Azángaro con Miró Quesada, que es el Archivo de la Memoria organizado en el local de la defensoría del Pueblo. Yo siento que en ese archivo hay 17 mil voces que están pugnando por hacerse escuchar.

Y en cuanto a la izquierda, es el tema que a mí más me duele. Yo fui personera de la izquierda en los años ochenta y mi corazón siempre está con ellos. Pero hay que reconocer: el fracaso es real. El gran descontento está siendo canalizado por otros medios, como el humalismo, que no es la izquierda. Pero igualmente siento que hay una renovación de ciertos espacios. Se están inventando, poco a poco, otros espacios de representación entre los movimientos sociales y el Estado.

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