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ARCHIVO DE ARTÍCULOS PERIODÍSTICOS

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José Luis Poma Cerna
Sombras y luces del amor y del tiempo:
la respetable contemplación del poeta


Por Ricardo Ayllón
Fuente: Librosperuanos.com
Agosto, 2019

I
 
No es difícil percibir que la poesía en José Luis Poma Cerna se manifiesta de modo natural, que el suyo es un oficio auténtico, íntimo, frecuente y muy humano. El poeta no parece tener medida, sus temas, reflexiones y alcances son diversos; y pese a que su estilo es llano, sus contenidos a veces espontáneos y sus imágenes claras, la profundidad de su tratamiento es admirable.
 
Esta profundidad, en su caso, quizá sea consecuencia de la experiencia, de los años vividos, experiencia visible también, por supuesto, en el hábil manejo de los textos. En poesía no es fácil alcanzar sencillez y contundencia al mismo tiempo. A esto se llega con talento, mucha lectura, manejo del instinto y ejercicio constante.
 
En Sombras y luces del amor y del tiempo estas ideas son perfectamente observables si atendemos el discurrir casi natural de los libros que lo componen (DESTELLOS Y ESQUIRLAS, ALBORADAS Y ATARDECERES, VIBRACIONES INTEMPORALES y ¿QUIÉN TOCA A MI PUERTA?). En estos viven principalmente elementos cotidianos, como la familia, los amigos y el lugar de nacimiento; y respiran, en tal contexto, los grandes temas del hombre, como el amor, la vida, la muerte, el paso del tiempo, Dios y otros tópicos lindantes.
 
II
 
Pese a que la mayoría de sus poemas son breves, el poeta traspira una expresión sosegada, una reflexión detenida e imágenes sin artificios ni fatuidades, como si brotaran de un espacio de soledad y contemplación, de un largo y respetable silencio; es que gran parte de su decir está llena de enseñanzas y conclusiones que arriban casi por inercia, y si no al final de los poemas, sí en el contexto de estos o en el corolario de la anécdota que sirve para la moraleja resultante.
 
De lo dicho, en DESTELLOS Y ESQUIRLAS, el primer libro, resulta paradigmático el acápite “Proverbiales”. He aquí la brevedad y la sentencia como bandera de un estilo. Leamos “Geometría”: 
 
Un poema es 
—si sencillo—, 
un pedazo de vida; 
—si labrado—, 
una mitad de vida; 
—si logrado—, 
toda una vida. 
 
Como vemos, el contenido del poema no es otra cosa que la consumación de una tarea, la del quehacer lírico, pero planteado como el solemne axioma de quien conoce bien lo que ha hecho a lo largo de su vida. 
 
En estos proverbios hay lugar también para la anécdota, casi el microcuento, que no escapa sin embargo a la característica aforística, tal como nos muestra “Cualidad”: 
 
La bisabuelita decía: 
“El ocioso y el mezquino
hacen dos veces el camino”.
 
Tenía razón. 
 
Ni lo improvisado 
ni lo barato 
ni lo precario, 
son firmes 
ni valiosos 
ni perdurables. 
 
Si esperas algo bueno, 
hazlo con esmero. 
 
Y en este carácter casi narrativo hay espacio inclusive para lo festivo, como en “Por algo será”: 
 
Alborozado llegó el joven: 
“Mamá, la ecografía dice 
que serás abuela”. 
 
La anciana, serena y parca, respondió: 
“Hijo de mi hija es mi nieto; 
hijo de mi hijo, Dios lo sabe”. 
 
Tal característica narrativa se percibe mejor, definitivamente, cuando el objetivo principal del poeta abarca el anecdotario familiar y poblano. Entran aquí como acertados elementos de soporte: la memoria, los nombres sonoros, el paisaje, las imágenes ocurrentes. En DESTELLOS Y ESQUIRLAS son ejemplo de lo dicho, principalmente, poemas que parten del acápite “Nativos y originarios”, como “La risa”, “Picardía impía”, “Retazos”, “Reclamos”, “Diálogo con Sofía”, “Sabiduría”, “La peste y el conjuro”, “Tiempos”, entre otros.  Y conforme se avanza en la lectura del resto de libros, hallamos inclusive el apoyo del diálogo (con el respectivo uso de guiones), lo que configura mejor la narratividad de los poemas, como en “El sobresalto”, del libro ALBORADAS Y ATARDECERES: 
 
Al escribir la dieta, 
como un mediodía, se abrió tu sonrisa. 
 
—¿Qué voy a comer, entonces? —protesté. 
 
Nerviosa dijiste: 
—También los pobres pueden comer rico. 
Y yo repuse:
—Si yo tuviera diez años menos 
 y tú fueras soltera, 
otra fuera la cosa. 
 
Hiciste garabatos en el recetario 
y el rubor de tu rostro 
y el temblor de tus manos 
no te dejaron seguir. 
 
—Gracias, licenciada —te dije, 
y a mis espaldas sonó la puerta. 
 
Asimismo, en la sabrosa historia “Los de antes” del libro VIBRACIONES INTEMPORALES. Atendamos un breve fragmento de éste: “ —¡Salud! —dijo Leonidas./—¡Salud! —respondió Hermites./ —¡Qué trago tan atroz! —agregó el primero./ —Perdona, Leonidas —respondió Hermites,/ con una voz gangosa./ —A mí me han gustado siempre,/ entre los tragos, el más fuerte;/ entre las mujeres, la más hermosa./ ¡Esa es mi debilidad!”. Asimismo, del mismo libro, el poema “Sobremesa”, o “El sombrero” de ¿QUIÉN TOCA A MI PUERTA?
 
Hacemos hincapié en el carácter narrativo de algunos poemas porque sentimos que en estos el autor desborda fluidez e ingenio. La cuota anecdótica en varios de los textos diversifica y maleabiliza la errada idea de circunspección o solemnidad que se tiene a veces de la poesía. En las manos de Poma Cerna, en cambio, hay giros sugestivos en el orden de los textos. Es imposible saber cómo eligió disponer de sus poemas, pero, sea como fuere, el montaje, la puesta en escena, resulta un acierto en la medida en que entremezcla contendidos, estilos y técnica, de tal forma que la lectura se sostiene, no decae; a lo largo de todo el libro puede saltar de las cavilaciones amorosas a un homenaje al padre, de una ocurrencia familiar a conceptos abstractos de justicia, verdad y belleza, o de un arte poética al tributo a la patria chica, como en el sugerente poema “Pertenencia” (tal vez una recreación del poema “El Perú”, de Marco Martos).
 
Pero también pasar de un texto gozoso a uno reflexivo, de uno extenso a alguno brevísimo, de uno rimado a otro de verso libre. Poma Cerna aborda sus temas, definitivamente, según su estado de ánimo y la libertad con que llegan a su estro, o de acuerdo a como aquellos lo abordan, porque esa es de algún modo la artesanía lírica: el arbitrario, repentino e inevitable asalto de los temas al corazón, la mente y las manos del creador, obligándolo a existir en la forma (¿desesperada?) es que este pueda plasmarlos en ese momento.
 
III
 
Sorprende el conocer la trayectoria, la buena lista de libros entregados por el autor pese a haber empezado a publicar tarde. Esto corrobora lo dicho, pues hay un ejercicio de años y una vocación paciente y terca en la que el poeta se reconoce: “…seguiré escribiendo/ —sin apuro ni pausa—,/ las agonías y atardeceres,/ mías/ y las de ustedes.// Para eso nací,/ para eso vine,/ para eso vivo.// Un inexplicable sino/ unció mi vida…” (“Constatación”, en ALBORADA Y ATARDECERES). Pero también la perspicacia de saber cuáles son las recompensas, desventuras, riesgos y satisfacciones del quehacer lírico, tal como lo muestran estas líneas de “Consejos”, uno de los poemas más emocionantes del volumen DESTELLOS Y ESQUIRLAS: “La poesía es creación solitaria,/ y como el agua:/ se filtra, / humedece,/ busca su nivel,/ fecunda,/ y también como la luz:/ alumbra.// Aunque relegada al principio,/ alguien la descubrirá:/ un artesano,/ un estudiante,/ un intelectual,/ y entonces,/ te buscarán, si ya no es tarde.// Y tendrás nombre propio.// Y, si así no fuera,/ tendrás el alma limpia/ y, con seguridad, un lugar en el tiempo.// ¿Qué más puedes esperar,/ humilde mortal?”.
 
Por estas razones, se trata de un quehacer que se plasma con honestidad, modestia y de manera consciente, siguiendo los dictados de un instinto y de una voz interna que traduce en todo momento su representación del mundo y de la vida, aunque su plasmación no sea precisamente sencilla, pues “es tarea dura”: 
 
Mi poesía es simple y clara; 
los que la leen, seguramente, dirán: 
yo puedo haber escrito esos versos, 
tocan temas comunes. 
 
Mas la poesía es tarea dura. 
 
Hay que auscultar las simas 
y fibras del hombre: 
escarbarlas, 
extraerlas, 
limpiarlas, 
tallarlas, 
pulirlas 
y convertirlas en versos que trasunten 
el mensaje eterno del alma. 
 
(“El huevo de Colón”, en DESTELLOS Y ESQUIRLAS). 
 
Sombras y luces del amor y del tiempo corrobora la paciencia de quien no solo ha atesorado su palabra y pensamiento para soltarlos de a pocos como una pedrería secreta, sino también de quien esperó publicar cuando lo creyó conveniente, sustentando sus libros en la consolidación que otorga la madurez. He aquí el trazo firme, la idea indeleble, el sentimiento indubitable, la razón segura. Y los años, aquellos que no solamente avivan la memoria, sino que otorgan la filigrana en la expresión, el soporte de la moraleja, el silencio de la contemplación, esa que, desde los ojos de un poeta de raza, hay que respetar pensando en el juglar que trae entre sus pertenencias los zapatos del peregrino y la sabiduría del profeta. 
 
IV
 
La trayectoria vital de Poma Cerna, transparentada en este como en sus anteriores libros, nos remite al sujeto migrante trasladado de la lejana localidad provinciana a la gran urbe, una experiencia vivida en familia, en amistad, en comunidad, en sociedad, hecho que nos permite observar en la persona de este creador un modelo a escala de la propia historia (pasada y actual) del país. Pero si tenemos en cuenta que su particular experiencia trae el añadido de la observación, meditación, iluminación y permanente conversación con su mundo interior, podemos decir que se trata de un hombre a quien es posible aproximarse con la seguridad de quien nos dará, desde su poesía, buenas pautas de vida. Despleguemos pues las siguientes páginas con el silencio y respeto que merece este druida, quien nos lega sustancia vital desde su palabra, desde su propia vida.
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