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ARCHIVO DE ARTÍCULOS PERIODÍSTICOS

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Edgar O'Hara
Queremos tanto a Hernández Queremos tanto a Hernández

Por Carlos M. Sotomayor
Fuente: Correo, Lima 30/10/07

La poesía de Luis Hernández era, hasta hace poco, de difícil acceso. Vox horrísona y Esa impecable soledad, los dos libros que recogían sus poemas, se volvieron en poco tiempo piezas de colección. Por suerte acaba de aparecer, gracias al loable esfuerzo de la editorial Mesa Redonda, La soñada coherencia, una antología de su poesía preparada por Edgar O’Hara.

Correo: La soñada coherencia llena de alguna manera un vacío editorial en la medida de que desde hace buen tiempo la poesía de Hernández es inubicable.
Edgar O’Hara: Diría que este libro llena un vacío respecto de la poesía más intensa de Hernández: la obra lírica. Pero se trata de un vacío pequeño, pues La soñada coherencia es el primer paso para una edición mayor (este es mi deseo), planteada en tres volúmenes y justificada desde el punto de vista de recurrir a las fuentes originales y no, como tuve que hacer en 1995 con Trazos de los dedos silenciosos, a la obra ya impresa.

C: ¿Por qué crees que Hernández ha logrado tener una gran legión de lectores sobre todo entre los jóvenes?
EO: Creo que el atractivo de Hernández se basa específicamente en la calidad de su obra, en la que por más desarticulado que pueda parecer un poema ofrecerá siempre un detalle único, un giro singular, una frase inolvidable. Ahora bien, creo que hay una zona de la obra de Hernández que pertenece más a lo que podemos llamar el testimonio (como la droga, las clínicas, la chispa verbal, el desvarío voluntario), y esa zona a veces ha sido confundida con la poesía. Tengo para mí que Hernández no las confundía ni de vainas (y para el caso, sus tres libros éditos confirman la seriedad de su palabra lírica, su hermetismo), pero en sus cuadernos acogió todo como si se trataran –los cuadernos, digo– de partes de su propia persona simbólica. Cada quien tendrá su “visión” de la poética hernandiana; la mía pasa por la edición de sus cuadernos, la poda selectiva, la elección entre distintas versiones.

C: Este libro presenta, además, algunos poemas inéditos de Hernández.
EO: Claro, porque desde la publicación de la segunda edición de Vox horrísona (1983) han surgido más cuadernos. Esta fue la razón que motivó el trabajo de formar un archivo que preservara esta poesía. Así nació en 1999 el Archivo Luis Hernández de la Universidad de Washington (Seattle).

C: El poeta Sologuren destacaba su oído “excepcionalmente dotado para las imanaciones sonoras”. ¿Qué otras cualidades ostenta la poética de Hernández?
EO: En primer lugar, la constatación del “oído” de Hernández. proviene del talento poético del mismo, al que se le suma su conocimiento y pasión por las lenguas. Pero las “imanaciones sonoras” que decía Javier Sologuren se dan también respecto de una voz “horrísona”, que choca. Este balance entre la oralidad desenfrenada de la noche limeña, digamos, o la jerga de la esquina, al lado de la pureza del verbo (para tocar el charango erudito que habita el fondo de esta poesía), es logrado por el poeta con una facilidad que asombra. Y esta facilidad es peligrosa (no lo fue para Hernández, que sentía y actuaba verbalmente desde cimientos sólidos) si uno cree que lo que en Hernández se ve fácil responde a la simple espontaneidad. Digámoslo así: Hernández podía darse el lujo de ser espontáneo. Basta con citar su formación musical. Esto no se adquiere de la noche a la mañana. Cuesta, pues. Igual con sus lecturas, sus citas, sus pasiones.

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