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John Murra
El legado de John Murra El legado de John Murra

Por
Fuente: El Comercio, Lima 03/11/06

Acabo de enterarme que el 16 de octubre pasado falleció, en Ithaca, Estados Unidos, el connotado antropólogo peruanista John Murra. En agosto había cumplido 90 años. Aunque nuestra relación estuvo teñida por algunos desencuentros, no puedo dejar de dar un testimonio de su persona por la gran deuda que mi formación, mis colegas y el Perú le tenemos por sus sabias enseñanzas y por haber abierto derroteros de enorme trascendencia para el conocimiento de la sociedad andina, tanto del pasado como del presente.

Su tierra natal fue Isak Lipschitz (Odessa, Ucrania). Muy niño, su familia se trasladó a Budapest (Rumanía), donde desarrollaría sus estudios escolares. En 1934 llega a Estados Unidos y se instala en Chicago, en la casa de un tío. Es en la universidad particular de esta ciudad donde sigue sus estudios superiores y se gradúa de doctor en 1956 con una tesis que, sin ser publicada, comenzó a ejercer una gran influencia. Se trata de "La organización económica del Estado Inca", sin la cual no hubiesen alcanzado relevancia los escritos de Alfred Métraux y Sally Falk Moore sobre el Imperio de los Incas.

Dos años después de estar instalado en Chicago, y habiendo obtenido un bachillerato en Sociología, interrumpe sus estudios para viajar a España a enrolarse en las Brigadas Internacionales como cabo de infantería. Dando rienda suelta a ciertas inclinaciones izquierdistas y democráticas, que nunca lo abandonarían, se mantendrá fiel a esta causa hasta finalizar la Guerra Civil Española. Seis meses antes de retornar a Estados Unidos, permaneció en un campo de refugiados convaleciendo de las heridas que sufrió por esta aventura, particularmente una en la pierna --como consecuencia de la explosión de una granada--, cuyos estragos no lo abandonarían jamás.

El mundo andino le abre sus puertas en 1942. La oportunidad se la brindó el antropólogo Donald Collier, a la sazón conservador del Museo Field de Chicago, quien lo nombró su asistente en un proyecto arqueológico que debería realizarse en Ecuador, bajo el auspicio del Institute of Andean Research.

Esta primera experiencia de trabajo de campo, si bien bajo los cauces de una disciplina que solo la aceptó como secundaria, le permitió escribir sus dos primeros artículos sobre aquella realidad andina que expurgó con tanta paciencia y creatividad a lo largo de su vida.

Definida totalmente su vocación por esta etapa histórica, quiso volver al Ecuador con apoyo del National Science Foundation. Desafortunadamente, sus simpatías republicanas en la Guerra Civil Española le impidieron acceder a la ciudadanía estadounidense, requisito indispensable para obtener aquel apoyo que tanto necesitaba. Solo en 1958, después de un juicio que lo favoreció en 1950, logró acceder a un pasaporte de este país del norte.

Premunido de su pasaporte estadounidense, lo estrena al poco tiempo viniendo al Perú para conocer el Cusco y proseguir luego a un congreso organizado por el Centro de Estudios Histórico-Militares, que tuvo por sede la ciudad de Lima. El año 1958 marcaría, pues, los inicios de una relación sostenida que mantendría con el Perú hasta su muerte. De esta época data su amistad con José María Arguedas y con otros estudiosos, como Óscar Núñez del Prado, María Rostworowski de Diez Canseco, José Matos Mar y varios más.

Poco a poco su fama se fue expandiendo. Mientras iniciaba mi formación en Historia en la Universidad Católica, allá por 1962, me llegaba a oídos la existencia de un ilustre antropólogo que estaba revolucionando los estudios sobre el pasado incaico. Mi afición por esta etapa de nuestra historia era desbordante y me hice el propósito de leer sus publicaciones y conocerlo en carne y hueso. A la mano solo contaba con su famoso ensayo sobre la función del tejido, que se había publicado en las actas de aquel congreso del año 1958. Al leerlo, quedé absolutamente deslumbrado. Por fin me encontraba con alguien que sobre un tema tan específico como los tejidos incas desbrozaba, con singular maestría, las peculiaridades de la organización social, económica y política de los incas. Ante las interrogantes que se formulaba, lejos quedaban las aproximaciones de todos aquellos que lo habían antecedido. Distantes quedaban todas aquellas interpretaciones ideologizadas sobre el socialismo incaico, o aquellas que respondían a visiones superficiales y etnocéntricas, ajenas a marcos conceptuales apropiados.

No pasó mucho tiempo sin que por fin le estrechara mi mano. Al notar mi entusiasmo no tardó en prestarme atención, aunque más tarde declinaría su interés al percatarse de que mis miras iban más por la esfera religiosa, cosmológica y no tanto por el de las estructuras económicas. No obstante, los consejos que me dio marcaron mi carrera profesional.

A él le debo, al igual que a muchos otros investigadores de la sociedad andina, haber descubierto un estilo de antropología más preocupado por destacar las diferencias y las continuidades estructurales que homogeneizar y detenerse meramente en los cambios sociales. Sus enseñanzas me alertaron sobre la precariedad de las teorías de la dominación y dependencia que por aquellos años estaban tan en boga. Con él aprendí la importancia que tenían las nociones de 'reciprocidad' y 'redistribución' para comprender no solo la economía prehispánica y de las comunidades campesinas modernas, sino el conjunto de los sistemas sociopolíticos. Por encima de todo aprendí que más allá de la antropología culturalista norteamericana, que campeaba en nuestras universidades, existía otra antropología que enfatizaba en la sociedad como un sistema de relaciones sociales y, por lo tanto, presentaba a la economía, política, religión, artes, etc., no ya como compartimientos estancos, sino entrelazados funcionalmente formando conjuntos significativos.

Murra no fue un académico de innumerables publicaciones. Más bien fue parco, pero cada una de ellas constituye un manantial de sugerencias que las harán imperecederas. A través de ellas, el conocimiento de nuestro país se ha expandido al mundo entero y nosotros nos hemos beneficiado de una aproximación más apropiada para romper nuestros esquemas centralistas y entender mejor aquella realidad que por desconocimiento se viene denominando "Perú profundo".

 

Más sobre John Murra, en una entrevista:

http://www.banrepcultural.org/blaavirtual/publicacionesbanrep/bolmuseo/1986/bol17/boc3.htm

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