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ARCHIVO DE ARTÍCULOS PERIODÍSTICOS

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José Antonio Mazzotti
Los flujos poéticos y críticos de Jose Antonio Mazzotti Los flujos poéticos y críticos de Jose Antonio Mazzotti

Por Bethoven Medina Sánchez
Fuente: Bethoven Medina, Febrero 2011

José Antonio Mazzotti (poeta, Lima, 1961). En 1980 ganó el Premio en los Juegos Florales Universitarios "Túpac Amaru" de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Miembro destacado de la llamada "generación poética del 80" (junto con poetas como Eduardo Chirinos, Raúl Mendizábal, Roger Santiváñez, Bethoven Medina, entre otros). En 1988 viaja a los Estados Unidos para una Maestría en literatura latinoamericana en la Universidad de Pittsburgh. Luego continúa estudios de doctorado en la Universidad de Princeton. Desarrolla investigaciones sobre poesía latinoamericana contemporánea. Profesor en las universidades de Temple, Amherst, MIT, Sevilla y Harvard. Ha publicado la colecciones de poesía El libro de las auroras boreales (Filadelfia, 1995), Señora de la noche (México, 1998), El zorro y la luna: antología poética 1981-1999 (Lima, 1999), Sakra Boccata (México, 2006; Lima, 2007) y Las flores del Mall (2009). 
 
Actualmente es catedrático de literatura latinoamericana y director del Departamento de Lenguas Románicas en la Universidad de Tufts, en Boston. Entre sus obras críticas destacan Coros mestizos del Inca Garcilaso: resonancias andinas (1996), Poéticas del flujo: migración y violencia verbales en el Perú de los 80 (2002), Incan Insights: El Inca Garcilaso's Hints to Andean Readers (2008), las ediciones y co-ediciones Asedios a la heterogeneidad cultural: libro de homenaje a Antonio Cornejo Polar (1996), Agencias criollas: la ambigüedad "colonial" en las letras hispanoamericanas (2000), Edición e interpretación de textos andinos (2000), The Other Latinos: Central and South Americans in the United States (2007), y Creole Subjects in the Colonial Americas: Empires, Texts, Identities (2009). Hace meses estuvo en Trujillo de paso a Cajamarca en donde brindó un Recital Poético, junto a Raúl Mendizábal.
 
Estimado José Antonio, ¿qué respondes ante la frase de Holderlin: “Para qué poesía en tiempos de miseria"?
- La poesía es parte integral de la sensibilidad humana, y puede servir para canalizar tanto la felicidad de la vida como la tristeza y el dolor que produce la miseria (“esa enemiga de la felicidad”, como decía Galdós).
 
¿Por qué? 
- Porque sin poesía, habría más miseria todavía, sobre todo de la espiritual, quiero decir. Recuerda lo que cantaba Lucho Hernández: “poesía es evitar el dolor”.
 
En la poesía se manejan los mismos criterios estéticos o valorativos desde hace décadas. En esta perspectiva crees que lo surgido en la década del sesenta (la influencia anglosajona, la poesía conversacional) tuvo preponderancia en la promoción del ochenta? 
- En realidad tuvo más preponderancia en la promoción del setenta, hasta el punto que ya somos varios poetas y críticos los que estamos convencidos de que el sesenta y el setenta forman una sola generación, la del 68, y no dos, como pretenden hacernos creer algunos ansiosos del setenta. Para eso hay que ver mi artículo “Los dos núcleos de la poesía peruana en la segunda mitad del siglo XX”, publicado en la revista La página vol. XIX, n. 1-2 (Santa Cruz de Tenerife, 2007), pp. 87-94. En cuanto al ochenta, si bien son visibles algunos rasgos del conversacionalismo, lo que se observa es un cambio dialéctico en la concepción del sujeto poético, que se dispersa, se descentra, y pierde confianza en la linealidad progresiva del devenir histórico en el que se ampararon muchos del 68. El ochenta implica una dispersión de líneas poéticas que desafían los paternalismos del lenguaje como vehículo comunicativo y agente de cambio. Explico todo esto en gran detalle en mi libro Poéticas del flujo: migración y violencia verbales en el Perú de los 80, aparecido en Lima el 2002.
 
¿Y que diferencias hay con la década del setenta y los noventa? 
- El noventa desarrolla esta dispersión que se hace visible en los ochenta, aunque, por confusión y quizá por chulillería innata, algunos del 90 y el 2000 reivindiquen el setenta como su paradigma poético.
 
Sabemos de tu participación en congresos hispanoamericanos de literatura y sociedad, en diferentes países. ¿Crees que está vigente el “compromiso del poeta con su sociedad”? 
- No veo una relación directa entre esos congresos y el compromiso al que aludes. Se trata de reuniones académicas y profesionales cuya aplicación es, en todo caso, de largo y remoto alcance. Si hay compromiso, eso se da de manera individual, al margen de la academia. Lo que sí puedo decirte es que yo pertenezco a un sector intelectual formado en y desde la conciencia de la importancia del contexto en la producción literaria y discursiva en general. De ninguna manera me considero un poeta ni un intelectual formalista o escapista, aunque mi compromiso primeramente está con el lenguaje y con la poesía.
 
En el lenguaje poético se ha superado la dicotomía entre poesía social y poesía pura, sin embargo nos parece que no ha sucedido lo mismo con la exigencia de una “ética” que debía tener todo poeta, frente a los problemas del mundo o por lo menos de su mundo, ¿qué opinas?
- Esta pregunta alude al mismo compromiso social de la anterior. Yo pienso que esa “ética que debía tener todo poeta” debe darse de manera natural, como parte de la propia sensibilidad poética, no como una exigencia ideológica o un sermonario que haya que aprender para salvar el alma. El que es poeta de veras va a asumir esa ética sea a través de su participación directa en las luchas sociales o de su compromiso con el lenguaje, que, después de todo, sirve para el desarrollo de las identidades colectivas en tanto que afirma un quehacer humano y lo lleva a su más alto nivel de desarrollo. O, en el mejor de los casos (pensemos en Vallejo) el poeta asumirá ambos compromisos de manera plena. Lo que sí es clarísimo para mí es que el compromiso social por sí mismo no hace poeta a nadie. A lo sumo, buen propagandista.
 
Para la mayoría de lectores de la poesía moderna en el Perú, José María Eguren (1874-1942) y César Vallejo (1892-1938) son antagónicos. Al primero se le considera el padre de la poesía pura y al segundo, la fuente de la poesía humana. De ahí, hasta nuestros días, ¿cómo analizas a la poesía peruana?
- Me temo que esta pregunta es demasiado ambiciosa. Requeriría todo un tratado de cientos de páginas para poder abarcar “la poesía peruana” del siglo XX con el rigor que se merece. Además, ¿dónde queda la producción oral y en lenguas indígenas? Es tan poesía como la letrada. Lo que sí puedo decirte es que los conceptos a los que aludes sobre Eguren y Vallejo me parecen relativos. Ya se ha estudiado, por ejemplo, el grado de crítica social a la fanfarria de los carnavales barranquinos presente de manera velada en la obra simbolista de Eguren. Por otro lado, tienes textos de verdadera angustia y desesperanza en Poemas en prosa y otros de experimentación claramente cerebral en Trilce. La clasificación de esa “mayoría de lectores” me parece que reduce a ambos poetas a dos moldes que no les hacen justicia. Además, ¿desde cuándo la mayoría debe de tener la razón, sobre todo cuando hablamos de un lenguaje tan especializado y complejo como el de la poesía?
 
¿Crees que tenemos textos de poetas peruanos que dentro de la lengua española han ampliado las fronteras del idioma? 
- Sin duda. Los tres primeros nombres que se me vienen a la mente son los de César Vallejo, José María Arguedas (el de Kakatay, obviamente) y Carlos Germán Belli.
 
De la vastísima producción poética peruana de los últimos años, desde tu óptica de docente universitario en los Estados Unidos, ¿cómo analizas los textos en relación con la reciente poesía hispanoamericana?
- Habría que delimitar lo que se entiende por “producción poética peruana de los últimos años”. ¿Estamos hablando de la poesía del ochenta en adelante? ¿De la del siglo XXI? Si es lo primero, hay algunos autores que ya están siendo estudiados, sobre todo desde la valoración de la línea de poesía que se ha venido a llamar “neobarroca”, que cuestiona el tipo de lenguaje heredado del conversacionalismo y retuerce la sintaxis y la referencialidad de los poemas, negando el carácter supuestamente comunicativo del poema. Tal ocurre con la tesis doctoral de la poeta uruguaya Silvia Guerra, en la Universidad de Brown. Asimismo, se ha venido estudiando de manera sistemática y seria la relación entre violencia política y poesía letrada, como en la tesis doctoral de Paolo de Lima en la Universidad de Ottawa. Hay además otras líneas importantes también estudiadas, como la de las mujeres, que en varios países han aflorado de manera numerosa, aunque hay que distinguir matices y personalidades distintas dentro de ese enorme grupo, donde también hay mucha agenda y espíritu de legión. Y, por supuesto, hay voces individuales, que aportan su propia complejidad y renuevan la herencia del 68. Bastaría ver la reciente antología Cuerpo plural a cargo del crítico venezolano Gustavo Guerrero. No olvidemos tampoco que con la flexibilización de las fronteras disciplinarias y la entrada democrática de discursos no canónicos en el radio de análisis de la óptica académica, la poesía en lenguas nativas adquiere cada vez mayor importancia y se entiende como un corpus de inmensa riqueza verbal y cultural. Para el caso de la poesía quechua actual, hay que revisar los importantes trabajos de Julio Noriega y Martín Lienhard.
 
Raúl Zurita, ha escrito que “la poesía peruana es de una enorme variedad y vitalidad, y los mejores poetas peruanos tienen siempre algo de pioneros, abren zonas nuevas, desconocidas, de la lengua y de la experiencia humana. Eso fue Vallejo, Eielson, eso es el gran Antonio Cisneros, Enrique Verástegui, Roger Santiváñez, Carmen Ollé, Domingo de Ramos, Maurizio Medo, Miguel Ildefonso, y sigue”. ¿Qué opinas al respecto?
- Que tiene razón, aunque yo quitaría algunos nombres y pondría otros.
 
¿La crítica norteamericana e hispanoamericana, ¿cómo ve la a la poesía peruana actual?
- No se puede hablar de crítica norteamericana e hispanoamericana a secas. Habría que referirse a académicos específicos que tienen un interés particular en determinados poetas peruanos, aunque no hay muchos. Por lo demás, el corpus peruano actual es tan desconocido como el venezolano o el argentino.
 
¿Y debido a qué?
- A que la crítica académica tiene un tiempo de asimilación y producción de largo alcance y que escapa al ritmo inmediatista del periodismo. Por un lado, eso es mejor, pues no hay mejor criba que el tiempo y el estudio detenido. Por el otro, crea una enorme frustración en los poetas que quisieran verse consagrados rápidamente. Al final, a los poetas nada de esto debería importarles tanto y deberían concentrarse en escribir bien, no en autobombos tipo Hora Zero o en pasarles la mano a los críticos académicos, como si éstos tuvieran la última palabra. Pero será sólo la calidad de la escritura y no la publicidad lo que en última instancia les puede garantizar cierto pasaje a una consagración en los círculos especializados, si tanto la desean.
 
En cuanto a tu poesía, observamos que viene en constante renovación, así tenemos que en Sakra Boccata (México, 2006) se observa la creación de una multidimensionalidad no común. Asimismo destaca el eje temático del amor, demostrándonos que la poesía también es el lenguaje en sí, entre escenarios reales y lenguaje de códigos del habla cotidiana y que incorporas fusionando lo sagrado con una ortografía disidente, la cual es usada a ultranza por los actuales lectores sudamericanos, ¿qué otros proyectos vienes trabajando?
- Agradezco esas palabras sobre Sakra Boccata, que sin duda es un libro que marca un rumbo distinto en mi poesía, aunque hay que reconocer que el tema erótico y la conformación barroca o neobarroca de mis textos tiene antecedentes notables desde mi primer libro (por el juego con el metalenguaje y la autorreferencialidad de la poesía). Luego he seguido en esta veta en la última sección de mi libro Las flores del Mall (2009) y actualmente tengo dos libros en proceso donde exploro la comunicación con la naturaleza a través de un lenguaje que subvierte la sintaxis y la lógica de la metáfora tradicional. Mejor será esperar a que los termine para que se expliquen solos.
 
¿Y en la crítica cómo se desarrollan tus proyectos?
- Pues, muy bien. Sigo investigando sobre las formaciones criollas tempranas en el virreinato peruano y sobre lenguas en peligro de desaparición. A eso hay que añadir proyectos más cortos, como artículos sobre poesía y ediciones de textos coloniales. Hay producción para rato, le duela a quien le duela.
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