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ARCHIVO DE ARTÍCULOS PERIODÍSTICOS

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Vladimir Herrera
Sujetos poéticos en la poesía de Vladimir Herrera y Luis Pacho

Por Boris Espezúa Salmón
Fuente: Los Andes, Puno 4 nov 2010
http://www.losandes.com.pe/Cultural/20101104/42956.html

La poesía puneña siempre ha tenido momentos de innovación sin alejarse de su raigambre terrígena y de su proyección universal. Los poetas como los sostenía Huidobro han sido pequeños dioses que han iluminado el quehacer cultural desde su arrinconado lugar donde sus ánimas, como velas en un sepulcro, no han permitido que la oscuridad nos inunde. “Mate de Cedrón” de Vladimir Herrera, de reciente reedición, y “Horas de Sirena” de Luis Pacho vienen a confirmar que la poesía se da la mano sólo con el deslumbramiento entre el sueño y la vigilia donde transitamos en un Puno, porción del Perú, de una inacabable veta de asombros.

Los sujetos poéticos no son otra cosa que el enfoque del ser, como actor en el texto poético, en sus relaciones con la sociedad o la cultura que lo rodea. Es un análisis homocéntrico, inductivista, que parte de la particularidad a la universalidad para comprender las significaciones que los poetas quieren darle a sus textos poéticos. Estos sujetos poéticos son dinámicos en la medida que transitan diversos contextos, tiempos, se reinsertan en la historia, en el mito y en la cruda realidad cotidiana de nuestro país. Este trabajo se propone la verbalización de los sujetos como parte de la función que cumple la poesía de Vladimir Herrera y Luis Pacho en los poemarios mencionados.

Vladimir Herrera nació en 1950 en Lampa, dice él mismo en su comentario que “Mate de Cedrón” lo escribió desde los 17 años, saliendo a luz su primera edición en el año 1974, posteriormente ha publicado “Verano Inculto” en 1980, “Almanaque” en 1990, “Kiosko de Malaquita” en 1993 y “Poemas Incorregibles” en el 2000. Fue director de las Revistas Trafalgar Square y Celos. La editorial “Cascahuesos” y el Grupo Editorial “Hijos de la Lluvia” han hecho posible la reedición de “Mate de Cedrón” hace algunos meses en Arequipa, después de 35 años, en la introducción a la segunda edición Vladimir Herrera señala que Mate de Cedrón no se encuentra en su antología personal de “Poemas Incorregibles”. La edición tiene apreciaciones críticas de notas finales de José Gabriel Valdivia y de Helena Usandizaga, quienes concuerdan en los rasgos barrocos-coloquiales en la poesía de Herrera. Mate de Cedrón tiene el aliento del contexto del tiempo en que Hora Zero hacía bulla y planteaba una poesía entre contestataria y coloquial y extendía una apertura a la poesía de provincias tratando de romper con cierto canon poético imperante en Lima. Por ello es que el sujeto poético en “Mate de Cedrón” es abierto, diverso y polisémico. “No partí, No hice la guerra ni el amor. Mis ojos no fueron estos días yemas adoloridas, Ni siquiera la locura invadió mis sembríos, y no canté, ni escribí, ni leí. Algún momento moví la cola como un perro y fui feliz riéndome sin ocultarme. Pero no subí a las tribunas, ni trabajé, ni mantuve a mi mujer, ni tuve unos hijos; Sólo el canto de la fragua fue conmigo, el amor de peces muertos; y solamente yo permanecí desnudo ante la lluvia que muere tras los espejos; Y solamente yo Ebrio, sin haberme movido de esta tierra con flores que viste o arruma el frío, Y solamente yo”. En este poema que lleva el epígrafe de Jorge Amado: “Cada uno cuide de su entierro que imposibles no hay” el sujeto poético es autoreflexivo, casi confesional se refiere a un juego de relaciones, situándose en el espacio-temporal de su discurso en la praxis de su vivir cotidiano, con un tono desconsolador, irreverente, en el que el sujeto resume su existencia con un lirismo al borde de lo dramático, no sólo para construir su ser, sino para manejarlo en la vida diaria. El manejo del ser, en el concepto foucaultiano es un juego continuo entre la verdad, el poder y la acción del individuo. Existe en el poema de Herrera el elemento sociocultural donde se muestra la asimilación de una juventud desarticulada de la realidad que linda con cierta marginalidad, cuyo sujeto desde el interior justifica su dislocación con una sociedad, es a su modo y a la par de sus amigos horazerianos un crítico de una realidad cotidiana, de modo exacerbado, militante, iconoclasta que tiene que ver con la aparición de elementos enajenantes como la tecnología, la atomización y el individualismo, donde se cuestiona la “era del progreso o del bienestar”, este poema expresa la fragmentación del ser colectivo ante un mundo hostil y mecánico. En otro poema de Herrera leemos: “Yo miro de la puerta estos diez años de huida y resurrección, Hago el recuento de los muertos, soy más que nada el muerto del año dos, y cae agua sobre el vidrio opaco veloz amarillo del pasado, en el último coche de tren y su mirada de fresas reventadas en tierra de nadie estos diez años, rueda alegre son el zumo de mis ritmos”. En este verso el sujeto poético se traslada a la naturaleza, donde hace alusión a la memoria, al tema tan complejo y al mismo tiempo tan intenso como es la muerte, el sujeto poético habla de una década que lleva la carga de una memoria colectiva, haciendo alusión a la partida a través de la figura del tren, donde la música del paisaje pareciera emitir su quejido de vida plácida e inevitable. Es un viaje a su propio pasado, a su infancia seguramente en escenarios puneños, donde alude al Mate de Cedrón de una abuela, como se muestra en otro poema, que lo llena de plenitud, y donde deja el tono quejumbroso que evidencia cuando el sujeto habla desde una ciudad, incluso el otro escenario natural, le revive la parte de la espiritualidad donde finalmente se rinde el poeta en su desgarro metafísico y lirico. La poesía de Vladimir Herrera, como dice Helena Usandizaga, sigue fulgurando por su capacidad de abrir escenarios de la imaginación y la memoria, evoca la aventura y la reflexión y nos adentra con amor e ironía.

Luis Pacho nació en Laraqueri en 1969, casi 20 años después de Vladimir Herrera, ha publicado en el año 2004 “Geografía de la Distancia” y ha co-dirigido la revista “Pez de Oro” junto a Víctor Villegas Arias, ahora publica “Horas de Sirena” con el sello del Grupo Editorial Hijos de la Lluvia de reciente edición muy bien cuidada. En su primer libro, Pacho ya se mostraba un cuidado por las imágenes y el necesario encabalgamiento de los versos que lograban su efectividad de poemas de entre-visión de un manejo entre un fino lirismo y un coloquialismo impresionista. En esta oportunidad, Pacho se plantea recrear el mito de la sirena de Huaquina, que relata los amoríos de un joven andaluz y la hija de un Kuraka del lugar, decepcionada se lanza al lago y a veces sale del lago convertida en sirena, para encandilar a jóvenes y dormirlos a las orillas. Víctor Villegas en la contratapa del Libro hace la precisión que la sirena, no es de linaje colonial, sino andina pura y ciertamente en la línea de la mitogénesis altiplánica en una diosa. Leemos de la segunda parte del libro “Horas de encanto”: “A su lado, yo era una isla solitaria donde ella se detenía, como una gaviota pálida y lejana. Desde allí solía mirar un río sobrevolado de libélulas y algún ómnibus camino a la frontera. No sé qué voces poblarían su recuerdo en ese momento, la suave claridad del día agitaba su piel temprana, al tiempo que deshojaba los pliegues del alba en sus ojos. Lejos de envolverme entre sus enaguas, yo era el Lupaka legendario acechando en medio de la lluvia, un náufrago enloquecido buscando otro cuerpo donde cobijarse los siguientes días”. El ritmo suave de la oralidad andina es marcado por las cadencias de la noche y del día, casi borrada en la neblina del olvido, se ha borrado la estela del amor, pero no su reverderación que lo une al sujeto como lazo que perdura en el presente pretérito del sujeto-hablante, cuando el yo poético habla de “qué voces” se refiere a un lenguaje dialógico con la memoria, con el tiempo del Lupaka legendario que venía de la lluvia, cuyo pasado irrumpe en el texto y sacude la memoria, forjando un nexo sólido entre el dolor existencial y el recuerdo penoso. La búsqueda de los otros cuerpos es la búsqueda de uno mismo, la reconstrucción de su ser, como señala Octavio Paz, solo con el otro completamos el ser plenamente, aquí hay un sujeto presentado en el yo que funciona como eje colectivo con su centro sociocultural.

En el poema “Delia” Luis Pacho señala: “Con la última luz del crepúsculo, las luciérnagas olvidarán el instinto de la vigilia. Pese a los vestigios del invierno, despertarán felices y construirán nuestros sueños en forma de kantutas. Entonces las palabras olvidadas, hablarán de tu canto en la garúa y yo –desde siempre- un hilo más de tu lliclla colorida”. Es un reencuentro con la naturaleza de modo desbrozante, donde todo se abre en flor y el hablante construye un lienzo en movimiento con el pincel del amor, articulando el “somos” en nuestros sueños, en cuyo lazo hay la relación de individuo-comunidad, donde de nuevo el diálogo con la memoria y el sujeto poético habla por los hombres, en cuya voz esta la fragmentación de la comunidad, en enunciaciones truncadas, donde la palabras olvidadas revelan la función poética con la garúa, como un telón de fondo donde se derrumba las cosas y el sujeto se siente un hilo de una lliclla, que apenas lo sostiene de su amada. La mutabilidad del sujeto-poético en Pacho es un eje entre el individuo y una comunidad entre el amor y la naturaleza, como círculos que giran y filtran imágenes acezantes y violentas de belleza y paisaje.
En los poetas puneños mencionados, el sujeto poético tiene el sentido contestatario de la provincia, de la irreverencia, siendo parte de esa periferia de una cultura que encarnan con unción heroica, que viene del élan andino, de la búsqueda de consuelo, y que autoreflexionan al modo de una crónica acezante, describiendo su paso por varios mundos, con sus voces testimoniales heridas de urbe, de olvido y de inocultable naturaleza entre las venas hirvientes que se tranquilizan cuando el amor y el ande los cunde de ternura y sugieren relaciones móviles de un cosmos verbalizado desde el polen de una flor, hasta la constelación trasera de las estrellas. La poesía puneña gana una vez más, con poetas como los abordados que se anticipan a detener el derrumbamiento de la subjetividad en tiempos de globalización arrasante.

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