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ARCHIVO DE ARTÍCULOS PERIODÍSTICOS

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Tomás G. Escajadillo
"Creo que la crítica literaria mancilla a la poesía"

Por Gonzalo Pajares Cruzado
Fuente: Peru21, Lima 04/03/08

Tomás G. Escajadillo (1939) es uno de los más importantes estudiosos de nuestra narrativa. Destacan, sobre todo, sus análisis críticos sobre la obra de José Diez-Canseco (el autor de Duque), de Enrique López Albújar (sobre quien ha escrito La narrativa de López Albújar, Editorial de la URP), de Ciro Alegría (sobre el autor de La serpiente de oro ha publicado Para leer a Ciro Alegría, Amaru Editores) y de José Carlos Mariátegui (en 2008 se cumplirán 80 años de la publicación de 7 ensayos de interpretación de la realidad peruana).

¿Por que debemos rescatar a José Diez-Canseco y, sobre todo, leerlo?
En primer lugar, estoy muy unido a la figura de Diez-Canseco, a pesar de notorias diferencias ideológicas, porque mi tesis de bachillerato, de 1966, fue sobre su obra narrativa. Además, hace poco corroboré, en una investigación que hice en la Biblioteca Nacional de Chile, que entre 1930 y 1940 es el escritor peruano más conocido en Chile, Argentina y Ecuador. La crítica chilena publicó artículos y ensayos muy elogiosos sobre su obra. Lo mismo pasó con la prensa argentina, que hizo muchas referencias a su obra. No olvidemos que Duque (1934 y 1937) inauguró la Biblioteca América de la editorial Ercilla, que era, por entonces, la más importante del continente. En 1930, Diez-Canseco publicó las dos 'estampas' iniciales, que son unas novelas cortas: El gaviota y El kilómetro 83, que significan una revolución en la narrativa peruana. Similar efecto tuvo la publicación de Susy, una 'nouvelle' de Diez-Canseco que aborda el mundo infantil de la clase alta barranquina, un espacio distinto al de sus Estampas mulatas, que muestra el rostro de los seres pobres de la urbe.

¿Qué hizo que les perdiéramos el rastro a sus textos?
Sus obras sucumben, primero, al vendaval originado, en 1941, por El mundo es ancho y ajeno y, en menor grado, por Yawar fiesta (1941).

¿Qué tan auténtico, real o verosímil es el mundo retratado por Diez-Canseco en las Estampas mulatas?
El narrador provenía de una rama familiar que estaba en decadencia. Él quería vivir a lo grande con un sueldo de periodista. Sin embargo, tenía prosapia y la rescata en sus textos. También conoció el mundo pobre y urbano porque, cuando terminaba su trabajo, iba de jarana. Era un bohemio que se relacionaba con gente del Callao, del Rímac, de La Victoria, de Barrios Altos. Diez-Canseco ha sabido retratar, como nadie, la jocosa manera de sobrevivir de la gente pobre de la Lima de los años 30 y 40.

¿Duque es un antecedente literario del trabajo de Bryce?
No. Me consta, porque soy muy amigo de Bryce, que él no leyó Duque antes de escribir Un mundo para Julius. Es célebre la frase que dijo cuando vino al Perú, apenas publicada su novela: "Solo reconozco la influencia en mi trabajo de Duque... el problema es que no la he leído".

Pero sus trabajos describen el mismo mundo, el de la clase alta limeña.
Eso lo he señalado en las dos recopilaciones que he preparado sobre la obra de Diez-Canseco y en numerosos textos críticos. Sus coincidencias, como diría Cortázar, son 'mágicas' porque no hay dos novelas que usen los salones del Country Club, la tendencia al uso de galicismos y anglicismos.

Se dice que el Perú es un país de poetas. ¿Cómo nace su interés por estudiar su narrativa y no su poesía?
Pasé mi juventud rodeado de poetas: Arturo Corcuera, Javier Heraud, Marco Martos, Antonio Cisneros y muchos otros. Tomé la decisión de no mancillar a la poesía con la crítica literaria -que es un especie de disección y autopsia- y mantener la inocencia del lector común. Por ello, todos mis trabajos son sobre narrativa, salvo algunas antologías poéticas. Entre ellas, una de Chocano, cuya vida es novelesca.

¿Dónde radica la riqueza del trabajo de López Albújar?
Como señala María Pegui: "Por primera vez, con Cuentos andinos se capta algunos escorzos del alma del ande". Y, como dijo Ciro Alegría: "Por primera vez, en nuestra literatura, se muestran indios de carne y hueso". Entonces, la dureza de los Cuentos andinos presenta, por primera vez, a un indio rebelde y aguerrido, distinto al que quiere vender Ventura García Calderón, quien dijo que este pertenecía "a una raza inerme que vivirá siempre con la cerviz agachada".

Se acusa a López Albújar de haber presentado al indio como bárbaro.
Esa es una falsa letanía que venimos escuchando por más de 70 años. Yo recomendaría que leamos con mayor atención la obra de López Albújar.

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