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Antonio Brack Egg
Los mineros son los chicos privilegiados Los mineros son los chicos privilegiados

Por
Fuente: La República

Hablar de ecología en el Perú es hablar de Antonio Brack Egg, oxapampino, descendiente de alemanes y austriacos, que en los setentas delimitó las más importantes reservas naturales del país. En la siguiente entrevista habla de dos temas fundamentales para nuestra economía y protección ambiental: la minería y el TLC.

La pequeña oficina en la que se realiza la entrevista parece quedar chica para albergar todo lo que Antonio Brack significa para el Perú. Entre su trabajo como asesor del PNUD y las grabaciones de su programa en Televisión Nacional, este ilustre ecólogo peruano analiza lo ocurrido en Cajamarca con el Cerro Quilish.

 

-En los pueblos a los que llegan las empresas mineras suelen dejar escuelas, caminos y postas médicas. ¿No tienen esos pueblos razones suficientes para apoyar la minería?
-En primer lugar, sabemos que ahora hay una minería mucho más ordenada y más limpia, pero el país está lleno de campos de relaves. La minería arrastra un problema de mala fama respecto de las poblaciones locales y esto es algo que se siente poco en las ciudades. Pero, en segundo lugar, la riqueza que genera la minería no siempre repercute en las poblaciones locales.

-¿Por ejemplo?
-Cerro de Pasco, un centro minero tradicional desde la colonia, que genera el 10 por ciento de las exportaciones mineras (500 millones de dólares anuales), es una ciudad sucia, mísera. No es responsabilidad de las empresas mineras, claro, sino de la gestión del Estado peruano que no sabe devolver a esas zonas al menos una parte importante de la riqueza generada.

-¿La desconfianza está aún justificada?
-Es algo que viene desde hace siglos y revertir la situación hacia una mayor confianza demanda todo un sistema de comunicación de sinceramiento y transparencia. Tomemos el caso de Yanacocha, que está en las cabeceras de Cajamarca con una concesión de 170 mil hectáreas. El Ministerio de Energía y Minas otorgó esa concesión sin evaluar qué es lo que hay allí. Y allí hay distritos, hay 17 mil personas, cementerios, tradiciones milenarias, agricultura que depende del agua. El problema es que la mentalidad centralista dice son campesinos pobres. Y punto.

-¿Qué significa Quilish para ellos?
-Si en el barrio de Lima en el que vivo de pronto se descubre que hay un yacimiento minero importante y vienen máquinas a perforar mi calle para ver qué cantidad de mineral hay, nosotros saltamos. ¿Cierto? Pero si es en Quilish, dicen esos campesinos pobres se oponen al desarrollo. Lo mismo ocurrió durante la época de Sendero Luminoso: mientras moría gente en Ayacucho, en Oxapampa, la indiferencia era total. Lima reaccionó cuando las bombas estallaron en la ciudad.

-Tal como lo dijo la Comisión de la Verdad...
-Así es. El otro asunto es que allí hay comunidades que tienen la posesión de la tierra; aunque vivan pobres, criando sus carneros. Entonces viene una empresa minera que les dice ahora yo voy a trabajar acá, váyanse. No sabemos si les pagan el justiprecio, ni quién lo evalúa. Entonces, naturalmente, la gente va formando en su interior un nudo de rencor y basta cualquier chispa para que todo se encienda como ocurrió ahora en Cajamarca.

-Finalmente, el gobierno mandó suspender las actividades y hay dos caminos: o espera a que las aguas se calmen y vuelve a lo mismo, o aprovecha para tratar de llegar a un acuerdo. ¿Qué va a ocurrir?
-Yo no soy profeta, pero lo que veo es que Yanacocha tiene 170 mil hectáreas de concesión minera y el Cerro Quilish tiene 2 mil 500. Es el 1,5%, pero esa gente ya se plantó. Ellos no van a dejar tocar el Quilish, y Yanacocha tendrá que buscar otra área de exploración en otro lugar donde haya otro pueblo. ¡Son diez mil años de ocupación humana! No sé qué cantidad de oro tengan otras áreas, pero sé que el Quilish tiene una muy importante reserva y naturalmente la empresa va a luchar hasta el final para poder explotarla.

-¿Cómo califica la historia de la minería en el país?
-Ha sido la actividad que ha tenido siempre el mayor apoyo, tanto en la época colonial como en la republicana. Se ha convertido en una forma prepotente de atropellar otros derechos. Si hay una empresa que quiere invertir en reforestación, porque en el futuro la madera va a faltar, no viene a Perú porque no tiene aquí los incentivos que sí tiene la minería, como el no pagar impuesto a la renta hasta que se recupere la inversión.

-Ellos dicen que eso tiene que ver con la naturaleza del negocio.
-¡Por qué! Yo siembro árboles para ver mi ganancia dentro de diez años y también puedo decir lo mismo. Lo que ocurre es que los mineros son los chicos privilegiados, los yupies del desarrollo nacional. La sostenibilidad de una empresa es como una mesa de cuatro patas: primero, tiene que ser rentable, segundo, tiene que ser responsable socialmente, tercero, tiene que cuidar el ambiente, y cuarto, debe ser ética y transparente. En Yanacocha hay cosas que denotan falta de transparencia.

-¿A qué se refiere?
-A que si surge alguien que señala problemas le gritan de todo. Al cura de Cajamarca, por ejemplo, le han dicho que se opone al desarrollo, que es un Patria Roja. ¡En una entrevista hace pocos días él reveló que sus padres son apristas! Además tiene un doctorado en resolución de conflictos. Este señor merece respeto.


Riqueza biológica

-Usted es experto en el tema de la biodiversidad. ¿Estamos protegiendo este interés en las negociaciones del Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos?

-Los Estados Unidos proponen que reconozcamos sus patentes sobre seres vivos, plantas y animales. Si el Perú firma eso, sin buscar ningún tipo de compensación, cualquier científico gringo viene, recoge una especie, se la lleva, le hace un par de cositas y lo registra con una patente a su nombre y tal vez llegue a saberse que esto viene del Perú.

-En biodiversidad, ¿qué países están por encima del Perú?
-En cantidad de recursos genéticos, ninguno. El tema para nosotros es muy delicado y más aún si se considera que en la Amazonía hay 42 grupos aborígenes, en la costa los descendientes de los moches, y en la sierra las comunidades quechuas y aimaras que conocen el uso de 4 mil 500 plantas nativas. Estados Unidos no quiere reconocer que hay derechos sobre esos conocimientos tradicionales. Y si un gringo va a una comunidad y pregunta a la gente para qué usa tal planta, y ellos le dicen que es para curar las úlceras estomacales, él se la lleva, la analiza, confirma que para eso sirve, lo patenta y se hace millonario. Y ellos quieren que Perú lo acepte.

-¿Qué es lo que ha contestado el Perú?
-Perú acepta eso, pero exige que se reconozca el país de origen y que ese ingreso sea legal: ustedes tienen la tecnología y el dinero, nosotros tenemos los recursos genéticos. Pongámonos de acuerdo.


Catorce áreas protegidas llevan su marca

-¿Cómo logró usted salir de la pobreza de Villa Rica y lograr un doctorado en Biología en Alemania?

-Gracias a mi sudor y a mi decisión. Alguna vez he sido tuberculoso porque éramos ocho hermanos y no había suficiente para que comamos todos. Yo usé zapatos por primera vez a los once años. La familia en ese tiempo no tenía nada y luego hizo fortuna con café de buena calidad. Y, bueno, en vez de comprar cerveza compraba libros.

-Pero usted estudió primero la carrera de Educación.
-El primer título que saqué fue el de profesor de secundaria en biología y química. A los 21 años escribí mi primer artículo científico sobre el oso de anteojos que hoy me causa risa. A los 25 años publiqué mi primer libro. Me fui becado a la Universidad de Roma, pero no me gustaron los estudios que allí seguía, así que me fui a Alemania. Trabajé de peluquero, distribuidor de periódicos, y en la universidad tuve un trabajo de cuatro horas. Con eso y mi trabajo en construcción civil durante los veranos, me pagué los estudios.

-¿Han cambiado mucho las cosas desde que retornó al Perú?
-Mucho. Cuando vine en 1973 había solo una ONG ambientalista, ahora hay como quinientas. Había dos Parques Nacionales, Cutervo y Tingo María. En 1980 cuando salí del ministerio teníamos millones de hectáreas de áreas protegidas. En ese tiempo yo hacía trabajo de campo y precisamente hice los estudios para delimitar la Reserva Nacional de Paracas, la Reserva Nacional de Lachay, el Parque Nacional Huascarán, la Reserva del Manu, la Reserva Nacional del Lago Titicaca. Fueron catorce áreas protegidas. Ese es uno de mis éxitos.
 

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