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ARCHIVO DE ARTÍCULOS PERIODÍSTICOS

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José Luis Ayala Olazával
Fernandito Túpac Amaru<br> La historia olvidada del niño mártir Fernandito Túpac Amaru
La historia olvidada del niño mártir


Por Edgar Montiel
Fuente: Diciembre 2011

Exmo señor:

La innata bondad de V.E. le hará comprender mi mucha indigencia y que por eso é recibido los Santos Sacramentos.

Hace años se me niega la pensión por Real orden menos se me deja trabajar en oficina para lo que fui preparado. É recurrido a la Tesorería Mayor y no existe equidad en su criterio y menos se me atiende a las varias reclamaciones. Con la salud quebrantada á causa de un injusto cautiverio sufrido desde los 13 años suplico humilde ordene se cumplan las leyes en España. Sin recursos para alimentos y baños medicinales es imposible subsistir además con una vejez prematura. A causa de muchas deudas acumuladas soy perseguido y demandado por acreedores. Dios Todopoderoso sabe como pude soportar estoico 17 años enterrado vivo en diversas mazmorras solo por el delito de haber nacido inocente y libre para después ser convertido en este reino en una sombra que duele.

Madrid 2 de diciembre de 1798

B.L.P.de V. E. su más

Humilde y rendido criado.

Fernando Túpac Amaru Bastidas



¿Quién se acuerda hoy de Fernandito Túpac Amaru?1 , el niño que ese infausto 18 de mayo de 1781 fue obligado a presenciar la atroz ejecución de sus padres José Gabriel y Micaela, y de su hermano Hipólito. Un ceremonial de extrema crueldad que martilló su memoria el resto de sus días. Esa mañana el niño lanzó un grito que se escuchó en toda América. Los poetas jóvenes dicen que, en la Plaza de Armas del Cusco, al amanecer, se escuchan aún los ecos de ese bramido.

Tras el sacrificio de sus padres, Fernandito fue condenado al destierro en una prisión de África. Pasados tres años, en 1784 se procedió a su expulsión del Perú, junto a su abuelos,  tías, tíos, su hermano Mariano, primos, es decir todas las ramas de la familia Túpac Amaru /Bastidas. Caminaron setenta días del Cusco a Lima para ser encerrados en el Castillo Real Felipe, del Callao, y meses después embarcados en un navío repleto de oro y plata con destino a Cádiz.

Mientras toda la familia de los Túpac Amaru eran desterrados del Reino del Perú, en la cárcel de Lima  quedaban recluidos los hombres comprometidos con la rebelión en la capital. Dos de ellos – el clérigo Vicente Centeno y el negociante Miguel Montiel – murieron al año siguiente víctimas del ensañamiento con que fueron tratados.

La vida atormentada del menor de los Túpac Amaru  fue un verdadero calvario. Sólo una pluma avisada como la de José Luis Ayala puede contarnos esta odisea. Con muchas tribulaciones en el viaje, llegaron a Río de Janeiro, allí repararon el barco para atravesar el Atlántico, y ya frente a las costas de Portugal, en Peniche, la nave naufragó al entrar al ojo de una tormenta.

No sabía nadar, pero gracias a la ayuda de uno de los jóvenes oficiales el muchacho se salvó. Al llegar a tierra, una astucia hace que  no lo tomen prisionero, al decir a las autoridades que él había sido “ayudante de un oficial ahogado”. Deambula en las costas de Peniche, al final decide entregarse a las autoridades españolas, pensando que por este gesto lo iban a librar de los castigos y las penas, que luego sufrió.

Así continúa este viacrucis de Fernandito Túpac Amaru, llegando con sus quince años a Cádiz. Encadenado, echado a las mazmorras de San Sebastián y luego a la de Santa Catalina, una prisión lúgubre y húmeda en la punta de una casi-isla de esta ciudad. En ese confinamiento sobrevive a los asaltos de su memoria. Gracias a la mediación de un sacerdote, al cumplir los 17 años le escribe al Rey Carlos III pidiéndole su liberación, expone que su único delito era el haber nacido en la familia de los Túpac Amaru y que eso en sí mismo no era un pecado pues nadie escoge en qué familia nacer. Tiempo después es trasladado para estudiar en  las escuelas Pías de Getafe y de Lavapiés, no muy lejos de Madrid.

Este cautiverio y agonía sin fin, libro/memoria que nos honramos en prologar, está construido a partir de información verídica, - mensajes, notas, facturas, cartas, recibos, reclamos etc. -  escritos por el propio Fernando Túpac Amaru, que obran hoy en los registros españoles, en particular en el Archivo General de Indias. En Getafe, apunta el autor, el adolescente  lleva una vida martirizada, aislado, mal comido, mal dormido, llegó a odiar las noches porque al buscar el sueño se precipitaban en su memoria ese festín de crueldad en el cuerpo de sus padres, recuerdos que golpeaban sus sienes, se repetían una y otra vez en la oscuridad, volviéndose una pesadilla interminable, agónica.

Olvidado por la historiografía, perdido entre la maraña de la gesta Tupacamarista, el libro del Amauta José Luis Ayala pone ante nosotros el dolor de este niño peruano. El dolor de un niño es siempre una interpelación. La historia de la humanidad no registra castigo semejante contra un infante, como este de obligarlo a ser testigo de la atroz ejecución de su propia familia: Fernandito tuvo que presenciar el odioso cumplimiento de ese feroz Protocolo Borbónico, establecido para crímenes considerados de Lesa Majestad, que estableció descuartizar con cuatro caballos a José Gabriel, ajusticiar a Micaela en el garrote, y a su hermano mayor en la horca.

Este recuerdo lo persiguió implacable por todas partes y todo momento y acabó con su propia  vida. Esta existencia extremadamente ardua y compleja aparece clara en la prosa de José Luis Ayala: reconstruye en detalle la vida cotidiana de Fernando, rescata del olvido su interés por el estudio, por el dibujo, hurga en los documentos más diversos, repasa – sin ánimo metafórico - los lugares en Cádiz, en Getafe, en Madrid, incursiona en las cárceles de San Sebastián y de Santa Catalina, para impregnarse de los espacios y ambientes donde discurrió la vida de su personaje.

Se trata de un libro dedicado a las nuevas generaciones, para que los niños y jóvenes del Perú y América, sepan lo que ha costado la Libertad y la Independencia. Como estos ideales movilizaron a los pueblos: José Gabriel Condorcanqui encabezando la primera gran rebelión “separatista” que remeció el Virreinato del Perú, de la Plata, la Capitanía de Quito y el resto de América. Movimiento que se produce en el mismo momento en que en Norteamérica las 13 colonias luchaban por su Independencia, causa que contara con el apoyo financiero y la participación de 3 mil soldados “latino-americanos”. 2

El proceso de Independencia fue para Fernandito un aliciente para su vida, una esperanza, y  lo prosiguió con sus lecturas y sus estudios en las Escuelas Pías, de Getafe. Allí se esforzó por formarse con esmero, aprendiendo gramática, retórica, latín, filosofía, matemáticas y dibujo.  En razón de un aprendizaje de las artes de gobierno, pidió ejercer un trabajo como administrador en Madrid, pero nunca se le permitió. Los celadores temían que en este joven se acendraran las nuevas ideas de la Ilustración y sabían que estaba al tanto de los sucesos que ocurrían en París en ese año decisivo de 1789. Seguía de cerca la Revolución Francesa y los conceptos del derecho natural, de igualdad de los Hombres, y de auto determinación de los pueblos, estas ideas eran alimentos para su vida. Los independentistas que actuaban en América y en Europa sabían de su existencia, supieron que había estado recluido en Cádiz y luego en Getafe, y que era el último de los Túpac Amaru, que pertenecía al linaje de los Incas. Por eso hombres como Francisco de Miranda hablaban de restablecer una monarquía indiana, y Juan Pablo Viscardo y Guzmán informó a la corte inglesa de la rebelión de Tupac Amarú, tal vez pensando en algún momento recurrir a un Príncipe Inca para legitimar un movimiento de independencia. Es probable también que los jóvenes oficiales que estuvieron en Cádiz, como Bernardo O´Higgins, José de San Martin y Carlos Alvear, conocían la historia del joven Túpac Amaru.

Fernando Túpac Amaru murió en agosto de 1799 a los treinta y un años,  19 años después de la rebelión Túpacamarista y a una década posterior a la Revolución Francesa. Al morir sabía que en Ceuta estaba detenido su tío Juan Bautista Túpac Amaru, quien quince años después regresó vía Buenos Aires y se convertió en uno de los referentes del proceso de independencia de las Provincias Unidas del Sur. En sus Memorias Juan Bautista habla con cariño de su sobrino, de su encarcelamiento en el Cusco, su destierro a España y de los estudios que allí realizó.

Sólo una escritura que asimila recursos de la novela y la crónica ha podido plasmar este retrato viviente de Fernando Túpac Amaru. Presentado como una ficción, se basa sin embargo en documentos reales. El autor se ha preocupado por insertar estos documentos al principio de cada capítulo, en cursiva y en negrita; son transcripciones de los escritos de y sobre Fernando que ahora están en los Archivos de España.

Así, los documentos históricos sirven para impulsar el despegue narrativo del autor, proceso que José Luis llama la “Cronivela”, género hibrido que viaja entre la crónica -relato de la realidad- y la novela -constructo ficcional.  Pueda que con este tipo de recursos sea posible acceder a la vida íntima de ese niño, adolecente y joven adulto, que permite revelar esa larga noche de todos los días, acercarse a su dolor más profundo, asomarse a sus angustias, sentir los sufrimientos del destierro y tratar de entender los delirios de sus últimos años, cuando se instala en una “profunda depresión y tristeza”, como certificó el médico a su muerte.

Sus últimos días fueron seguramente muy difíciles, rumiaba su pasado, recordaba su niñez en Pampamarca, en Tinta, en Checacupe, evocaba sus juegos infantiles con sus hermanos Mariano e Hipólito, soñaba que debía tener familia, una mujer, una novia y haber tenido hijos. José Luis señala que a Fernando le hicieron una castración para que no tuviera descendientes. Todo este universo sale a la luz gracias a un libro que nos conmueve y nos interroga, tanto la historia del niño mártir como sus ilusiones sobre la Independencia, lo que resulta un mensaje esperanzado al porvenir.

A pesar que en los años recientes se produce en el continente una movilización en torno al Bicentenario de la Independencia, que invita a pensar sus lecciones ante los desafíos de la nueva era global, en el Perú no hemos constituido una plataforma institucional para reflexionar sobre este proceso inconcluso, ver sus alcances y limitaciones - el lastre de las acuerdos incumplidos que marcan hasta hoy al Estado y la República -, con el débil argumento que esa “celebración” se hará en el 2021. Con esta flagrante ausencia de Política de la Memoria se deja en el olvido todas esas luchas primeras por la Independencia que se iniciaron en el Perú a principios del Siglo XVIII y que tuvieron su momento estelar en la magna rebelión de Túpac Amaru en 1780. Esta absurda opción del gobierno –no reparada hasta hoy por el Presidente Ollanta Humala-  dejaría esa magna movilización andina en todo el Siglo XVIII y principios del XIX artificialmente fuera de la acción continental que se da hoy en día por el Bicentenario de la Independencia. Esta auto-marginación del Estado constituye una discriminación  al derecho a la memoria hacia los pueblos andinos que lideraron esa rebelión.

Esperamos el momento de los grandes cambios, cuando la gobernanza del Presente no esté de  espaldas a la Historia, entonces junto a la gestión sostenible de los recursos naturales y la recuperación de piezas arqueológicas –como las de Machu Picchu-  se repatriarán también los documentos históricos peruanos dispersos por el mundo – ¿cuándo veremos los originales de ese testimonio excepcional que es la Crónica de Guaman Poma o los escritos completos de Juan Pablo Viscardo y Guzmán? Sin duda la restitución mayor sería el retorno de los restos olvidados del joven Fernando Túpac Amaru, a quién la Nación en pleno deberá recibir con los Honores de Jefe de Estado, como correspondería a la dignidad del último de los Túpac Amaru, póstumo descendiente de los dignatarios Incas.

(Edgar Montiel / diciembre 2011)    

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1 Aparece muy poco mencionado en la historiografía. Nuestro libro Gobernar es Saber. Formar hombres y mujeres de Estado para la Nación.  (FCE, 2005) fue dedicado a él.
2 Thomas E. Chávez. España y la Independencia de Estados Unidos. Taurus, Madrid 2006, 425 p. 

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