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Rolena Adorno
Una conversación con Rolena Adorno Una conversación con Rolena Adorno

Por Enrique Hulerig
Fuente: El Dominical. Suplemento de El Comercio, Lima 11/11/07

La libre circulación de ideas y libros impresos en la Colonia enmarca, sin duda, el germen de nuestra construcción ciudadana. Desde la censura abierta a determinadas obras hasta las recomendaciones de los censores, la impresión de textos en la América Colonial tuvo muchos impedimentos. Conversamos sobre este tema habla Rolena Adorno, gran estudiosa de la literatura colonial hispanoamericana.

Desde que aparecieron sus primeros libros, la obra de Rolena Adorno, destacada profesora de la Universidad de Yale, es fundamental para entender la crónica de Indias, un espacio en el que literatura e historia unifican sus discursos y pueden coexistir legítimamente. Gracias a sus trabajos sobre Guaman Poma, Murúa o Cabeza de Vaca, los estudios culturales y la literatura colonial hispanoamericana han experimentado un enriquecimiento temático indudable. Estuvo en Lima entre el 29 y 31 de octubre, convocada por la Universidad Católica para ser nombrada profesora honoraria así como para dictar el curso "Textos, censura y circulación en la América de los Austrias". Una acogedora cafetería de un hotel sanisidrino fue el escenario propicio para esta charla.

¿La Inquisición fue el gran filtro para la circulación de libros en la Colonia?
-Ese es un lugar común con el que nos hemos criado. La Inquisición comienza a prohibir y expurgar solo libros publicados, a partir de 1570. En cambio, el control sobre manuscritos o libros por publicar era del Estado, que ya otorgaba permisos reales para imprimir desde la década de 1550. Después de publicado el libro venía la Inquisición, con sus listas de libros prohibidos por ser de tema herético o de otras culturas, en particular la árabe o la hebrea, y es que escribir sobre esos temas no era prohibido de antemano, sino castigado con posterioridad. El ejemplo más notable es el de fray Jerónimo Román, que publicó en 1575 en dos tomos Repúblicas del Mundo, una gran enciclopedia de culturas del mundo. No le interesaba el tema de la historia política sino el de las instituciones, es decir, gobierno, leyes, religión, fiestas, ritos. Su libro no fue prohibido, sino expurgado. Siempre se pensó que la censura estatal había actuado sobre el apartado "República de las Indias Occidentales", pero ocurrió lo contrario. Se censuró lo que tenía que ver con los ritos judíos, o lo relacionado con el matrimonio, las ceremonias de la muerte o, en las culturas antiguas, con ritos heréticos o indecentes. La censura no fue total porque el libro no se prohibió, y esta es la parte interesante: ¿Qué efecto tenía un edicto de la Inquisición después de haberse publicado el libro o qué efecto tenía el edicto estatal de la expurgación? ¿Cómo se pueden retirar libros que están en manos privadas o en colecciones reales? Eso no se puede hacer. He visto dos ejemplares de Repúblicas del Mundo de 1575; uno fue expurgado en 1589, cinco años después de la orden de expurgación, y el otro fue expurgado en 1612, décadas después de la orden. Estas demoras no quitaban la amenaza de la censura, pero sí mostraban que no era un sistema tan eficaz. Y así fue que Jerónimo Román, tras la expurgación de su obra, decide publicarla de nuevo en 1595, no solo incluyendo los pasajes tachados sino ampliándola: en vez de tener dos tomos tiene tres. Cabe señalar, por otro lado, que en ciertos círculos había maneras de suavizar el asunto, retirando pasajes con temas supuestamente peligrosos para el lector. El caso de Román es muy interesante para la circulación de ideas porque en 1575 y en 1595 la "República de las Indias Occidentales" es nada menos que una reescritura de la Apologética Historia Sumaria de Bartolomé de Las Casas. Es un caso curioso: Por un lado un libro expurgado mínimamente -muy pocos folios en dos tomos-, pero por otro, un vehículo para que siguiera circulando la Apologética, que Las Casas no logró publicar en vida. Tras cotejar ambos textos, se ve que la fuente más importante de Román es Las Casas.

¿Los censores del Estado tenían algún vínculo con la Inquisición?
-Ninguno, era una precensura del Estado, es decir, de los consejeros del rey, del consejo de Castilla. Pero hay un manuscrito que sufre en especial la censura, es el segundo manuscrito de Martín de Murúa, que obtuvo aprobación de la corte y antes logró la de los mercedarios en Madrid, con su cronista oficial, fray Alonso Remón. Remón, quien publicó la crónica de Bernal Díaz del Castillo en 1632, está activo entre los años 1620 y 1630. Hoy, el manuscrito Murúa reposa en el Museo Getty, en Los Angeles, con sus muchos pasajes tachados por la censura. ¿De qué temas trata? Hay una crítica de la conquista española. Allí, la visión lascasista -Murúa la tiene- se encuentra tachada en varias partes. Lo que no sabemos es si esta es una censura amistosa, es decir una censura hecha por fray Alonso Remón que le dice "mira, esto no va a superar la censura del Estado". Pero volvamos al libro publicado en 1575 y 1595 por Román. Allí hay una crítica durísima en contra de la conquista, siendo Las Casas su fuente. Eso la censura no lo ha tocado para nada. Ni los censores del Estado antes de su publicación ni tampoco los de la Inquisición. Volvamos a la Corte de Madrid: en el manuscrito de Murúa -años 1630-31- vemos estos pasajes tachados y, de nuevo, muy poco material en contraste con la extensión del libro, que sí recibe permiso oficial para su publicación. El propio rey, con esa firma famosísima "Yo, el rey", que es Felipe III, firma la licencia para imprimir la obra, y el manuscrito de Murúa llega al umbral del taller del impresor y no sabemos qué ocurrió allí, Lo que sí sabemos es que pasó todas las etapas de la precensura y no se sabe si hubo una repentina autocensura o una censura amistosa por parte de Remón o del Estado. El misterio es por qué no se publicó.

¿Los censores tachaban directamente los textos?
-Sí, borran con tinta los pasajes originales.

¿Y cómo se puede determinar la escritura original?
-Hay una pequeña diferencia de tono y, si no la hay, entonces se trata de una autocensura que anticipa la censura de los censores.

Estaba pensando en las escrituras superpuestas y en esta técnica de recuperación de palimpsestos de Gerard Genette. Usted tiene también textos dedicados a este tema, como Textos imborrables. También señala usted que en el texto de Román se puede leer la escritura tachada por los censores.
-Hoy, 400 años más tarde, sí. La tinta sobre una página impresa puede hacer dos cosas: si es una tinta muy gruesa puede borrar a través de la hoja y si es una tinta aplicada ligeramente, con el pasar del tiempo disminuye su color y se puede leer con más seguridad. A veces, hasta el día de hoy, hay textos tachados en libros impresos que sencillamente no se pueden leer.

¿En relación a la censura estatal, se buscaba tachar lo que significase una crítica a la conquista o también se criticaba el método de evangelización?
-En libros y manuscritos hay muy poca crítica sobre la evangelización. Precisamente en el manuscrito de Murúa encontramos algunos tachados en relación a ello, aunque no sabemos si procede del mismo autor, de otra persona a su lado o del censor. Estos temas tenían que ver más con la censura inquisitorial. En Román hay una anécdota deliciosa: hay un capítulo en la "República gentílica" (de Repúblicas del Mundo) sobre el origen de la obra cerámica y el uso de la rueda para hacer vasos. Está describiendo la fabricación de vasos en la antigüedad y de repente salta a describir los vasos de los frailes al presente en que él escribe y señala: "Describían los vasos antiguos como pequeñas naves", y añade, "yo no sé nada sobre eso pero puedo decir que nosotros los frailes usamos vasos de vino tan grandes que parece que nos vamos a echar a nadar". Y eso fue tachado por el censor.

La censura llegaba incluso al nivel de las bromas.
-Más bien al nivel de la conducta de los frailes, que eran grandes bebedores.

¿Buscaban estandarizar la sociedad?
-Creo que era para proteger la imagen de los frailes virtuosos, de los santos varones de las órdenes religiosas.

¿Y los censores del Estado pasaban por alto la crítica a la Iglesia?
-No les hubiera molestado tal cosa. Sería tal vez una anécdota jocosa, pero no iba a perjudicar la imagen de la Iglesia. Esa no era su preocupación, aparte de otras críticas más profundas a la Iglesia que, por supuesto, sí hubieran censurado. Recuerda que estamos en la época de Felipe II, que convirtió a la Inquisición en un arma política, aunque no dirigida a la censura de libros sino a castigos de otros tipos.

Conductas heréticas.
-Sí. En realidad muy pocas personas padecieron encarcelamiento por haber escrito un libro expurgado o censurado. Los únicos casos que puedo mencionar son el del mismo Juan de Mariana, inventor del índice de expurgación, que por críticas que hizo al Estado sobre aspectos muy particulares, fue encarcelado por Felipe II. Sabemos también del encarcelamiento de fray Luis de León por la cuestión de la Vulgata, pero son casos excepcionales y espectaculares, porque eran algo más que simples autores.

Eran grandes personajes.
-Sí. Entre estos grandes personajes en algún momento alguien trató de denunciar a Bartolomé de Las Casas ante la Inquisición pero no tuvo éxito. Pero la resonancia de la crítica que hizo Mariana del Estado fue muy grave y también la cuestión de la Biblia de fray Luis de León, y eso tuvo repercusiones. Por eso ellos fueron contenidos por la Inquisición con el encarcelamiento.

GUAMAN POMA Y CABEZA DE VACA

Hay un personaje que a usted le es muy conocido: Guaman Poma. A pesar de que la Nueva Coronica es un libro finalizado, da la impresión de ir gestándose, "caminando el autor". ¿Es una suerte de work in progress meditado? Además, hacia el final el texto cambia de actitud.
-Es una obra en su versión final, pero hecha sobre la marcha, porque habla sobre otros escritos anteriores y, además, por la letra, por la uniformidad de todo el manuscrito en sus 1.200 páginas, esta es una versión final elaborada, haciendo ciertos cambios sobre la marcha, agregando el famosísimo capitulo Camina el autor, pero desde su principio se ve que es una versión final. Sí estoy de acuerdo en el hecho de que se hace sobre la marcha, de él, incluso dentro de esta versión final. Vemos, sobre todo con el último capítulo, la revelación de lo que es llegar a la ciudad de Lima y allí ver que todo parece ser de una desesperación completa y final. Cuando llega a Lima con su manuscrito y escribe Camina el autor ya es el post Nueva Coronica y Buen gobierno, eso sí.

Poma tiene como lector ideal al rey pero piensa en un público.
-Sí, porque le pide al rey dos veces que imprima su libro. Cada uno de los capítulos termina con un prólogo: a los encomenderos, a los sacerdotes, a los mineros, a los indios, a la nobleza indígena, a cada grupo social, y al final de cada capítulo presenta una serie de recomendaciones para tal o cual grupo. Por eso, insisto siempre, que sí quería mandar imprimir su obra, que podía servir, como él dice, como guía para toda la sociedad, para orientar la buena gobernación, más allá del rey, de cada uno de los grupos e instituciones implicados en el virreinato.

En sus conferencias hubo otro tema: Alvar Núñez Cabeza de Vaca, presente en las lecturas de Garcilaso y Las Casas. Siempre se ha hablado de las lecturas de Garcilaso, pero de la influencia de Cabeza de Vaca se ha hablado poco.
-Así es. La relación de Cabeza de Vaca se publicó en 1542 y en 1555, y a partir de esa segunda edición usamos el título Naufragios. Era una de las pocas obras sobre las Indias que circulaba en los años 1540-50. Se trata del fracaso de una expedición a la Gran Florida española, es decir, al norte de la Nueva España, un área desconocida. No se trataba de la actual Florida, no. Era un territorio más vasto. Su expedición fracasó, pero es un relato que contiene cosas inauditas sobre pueblos americanos y, sobre todo, lo de las supuestas curaciones realizadas por Cabeza de Vaca y sus tres compañeros en los 7 a 8 años que pasaron entre grupos indígenas en Norteamérica. Junto con eso Cabeza de Vaca presenta, sin nada de ambigüedad, su teoría de que la única forma de llegar a la evangelización de esa gente es por modos pacíficos, sin armas. Bartolomé de las Casas lee este postulado en la edición de 1542 y cita, por nombre, a Cabeza de Vaca, en su Apologética historia sumaria, a raíz del argumento de que la evangelización tiene que ser pacífica. Dice Cabeza de Vaca que en dos mil leguas por mar y diez meses de viaje por tierra, jamás vieron ningún sacrificio humano, tampoco idolatría. Eso es lo que toma Las Casas, citándolo textualmente. Un par de décadas más tarde llegamos a 1580 y Garcilaso está por escribir su Historia de la Florida acerca de la expedición de Hernando de Soto, también fracasada, y cita textualmente los Naufragios de Cabeza de Vaca a través de la segunda edición de 1555 y lo menciona y lo cita por nombre. También Garcilaso tiene entre sus argumentos la bondad del carácter de las gentes de la Gran Florida y, por consiguiente, para él es importantísimo pintar un cuadro similar al que hará luego de los incas, con caciques floridianos que daban la bienvenida a la expedición de De Soto y mostraban que estaban listos para recibir el evangelio cristiano.

¿Cuál es el origen de Cabeza de Vaca?
-Es andaluz, de una familia cuyo apellido se remonta a la reconquista de Córdoba, en 1236. Allí había dos caballeros de apellido Cabeza de Vaca. Su ascendencia se puede llevar para atrás unos tres siglos. Él, de herencia, debe haber sido gran guerrero y caballero cristiano. Pero en vez de reconquistar tierras españolas fue a América a pacificar naturales.

Para tener tantos blasones fue generoso con la cultura amerindia
-Sí, pero fue por el hecho de haber vivido entre ellos más de seis años. Esa es la clave, la convivencia, conquistador sin armas, vivía según las costumbres de los grupos con los cuales estaba. Hay que imaginar una persona que está sola, que no sabe si va a ver jamás a otro español, solo le queda adaptarse a la vida indígena. Dice que sirvió como mercader entre grupos que habitaban en la costa oriental de Texas para los productos de la costa con el interior. Cuatro años después se reúne, como un milagro, con los otros tres que habían sobrevivido de los 250 hombres que llegaron inicialmente a la costa de Texas.

Ha sido uno de los primeros etnógrafos.
-Por eso Las Casas lo tomó como fuente para hablar de las costumbres de los pueblos. Las Casas fue uno de los primeros y mejores lectores de Cabeza de Vaca, porque supo distinguir entre los grupos que habitaban al lado de la costa y los que habitaban interiormente. No iban a pasar europeos por allí durante 150 años.

La clave hallada por Cabeza de Vaca tiene vigencia: solo la convivencia puede ofrecer una perspectiva real de las naciones.
-Exacto. Y de su dignidad humana, a pesar de las costumbres, de cómo se visten, sobre qué duermen, qué techo tienen. Naufragios ha sido asumido por muchas generaciones y es curioso que, entre las crónicas, Cabeza de Vaca sea casi la única que siempre se está publicando en España, Latinoamérica y Estados Unidos.

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