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Ricardo Melgar Bao y el campo intelectual latinoamericano

Por Osmar Gonzales
Fuente: Librosperuanos.com
Noviembre, 2021

La amistad siempre vive en estado de arte; es una expresión moral y estética; es un mensaje del conocimiento constante que nos hace amar la vida.
José María Eguren
 
 
La partida de Ricardo Melgar Bao, ocurrida el 10 de agosto de 2020, dejó una gran tristeza en quienes lo conocimos y mantuvimos amistad con él, un profundo vacío en las ciencias sociales latinoamericanas, así como también una agenda pendiente.
 
Las preocupaciones intelectuales
Pocos académicos contribuyeron tanto a conformar un campo intelectual latinoamericano como lo hizo Ricardo desde las diversas áreas en las que ejerció su oficio de antropólogo, a saber: la cátedra, la publicación de libros y de artículos en revistas, estudios aparecidos en múltiples compilaciones, una amplia obra impresa, la animación cultural y el debate de ideas, entre otras. Pero siendo más precisos y justos, desde la antropología Ricardo supo dialogar con la historia y la sociología. Era un científico social en términos amplios, inquieto por integrar más conocimientos de diversas disciplinas en sus investigaciones. Promovió la interdisciplinariedad, sus textos son la mejor prueba de ello. Complementariamente, Ricardo siempre se identificó con la izquierda, pero sin pertenecer militantemente a partido alguno. Por ello, todos sus escritos deben ser interpretados desde dicha doble condición: de científico social y de izquierda.
 
Considero que fueron dos las grandes áreas de investigación que marcan la prolífica obra de Ricardo. Por un lado, el movimiento obrero y el sindicalismo latinoamericano y, por otro lado, la conformación de redes intelectuales entre nuestros países. A estas dos áreas, Ricardo sumaría otras preocupaciones e intereses como el anarquismo, el zapatismo, el estudio de las correspondencias de intelectuales, el humor, la prensa, la identidad cultural, la modernidad alternativa… Habrá tiempo más adelante para analizar su obra de modo integral y señalar con mayor precisión los descubrimientos, aportes y pistas nuevas de investigación que nos legó. En estas líneas solo pretendo ofrecer una visión general, si acaso parcial, del voluminoso trabajo intelectual que nos ha heredado.
 
Con respecto al estudio del movimiento obrero es evidente que fue una de las preocupaciones centrales que ocupó gran parte de la bitácora investigativa de los inicios de la vida intelectual de Ricardo. Ahí están como muestra sus libros Burguesía y proletariado en el Perú. 1820-1910, Sindicalismo y milenarismo en la Región andina del Perú (1920-1911), El movimiento obrero latinoamericano. Historia de una clase subalterna (en 2 volúmenes).
 
El campo intelectual latinoamericano
Siendo importante lo mencionado, deseo subrayar especialmente los aportes de Ricardo a la investigación de aquellas redes intelectuales latinoamericanas que se constituyeron a partir de la dolorosa experiencia del exilio, producto de gobiernos decididamente reaccionarios (civiles o militares) y sin ningún aprecio por la importancia que tiene la cultura en la conformación de las sociedades. No es poca cosa el hecho que Ricardo vivió varias décadas en México, pero siempre manteniendo contacto con el Perú (era un transterrado pero no un desarraigado) y lo visitaba frecuentemente, no solo como ciudadano sino, sobre todo, como autor para participar en diferentes reuniones académicas (sean seminarios, presentaciones de libros, conferencias) o simplemente para animar el contacto entre diferentes generaciones y entre diversas nacionalidades.
 
Ricardo siempre tuvo consciencia de la necesidad e importancia de constituir un campo intelectual latinoamericano. En los términos utilizados por el Comité Editorial de Cuadernos de Historia (2020), Ricardo desplegó su labor intelectual “… desde una perspectiva transnacional. Un centenar de artículos y cerca de veinte libros (algunos en coautoría, la mayoría de autoría exclusiva) dan cuenta de su gran aporte intelectual”. Por otra parte, los Editores de Antropología Americana (2020) señalarían: “Los últimos años de vida, Ricardo Melgar se dedicó también a la publicación de la Pacarina del Sur. Revista de pensamiento crítico latinoamericano. Decía que ‘sin duda, soy hechura de muchas relaciones intelectuales transfronterizas’”. Con total razón, el doctor César Delgado (2020) lo definió como “… un latinoamericanista que piensa las relaciones humanas a partir de las dos civilizaciones, la del Tahuantinsuyo y la Azteca”. Indudablemente, su muerte ha dejado “… un enorme vacío en la vida cultural de todos los países latinoamericanos” (Tarcus, 2020a), “… donde, abriendo caminos, fue dejando su huella” (Tarcus, 2020b).
 
Considero que dicha perspectiva latinoamericanista es la sustancial en toda la obra de Ricardo Melgar, pero deseo enfocarme en el tema del campo cultural que contribuyó a constituir desde diferentes espacios y estrategias intelectuales.
 
Exilio, redes intelectuales y publicaciones
La revista virtual, Pacarina del Sur, era la plataforma editorial que Ricardo utilizó para fomentar el diálogo latinoamericano, proyecto compartido con el profesor en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos y también peruano, Alberto Villagómez Páucar. En las palabras de presentación de esta revista (“Brújula y Bitácora”) dicen los directores: “Pacarina del Sur expresará una corriente de pensamiento crítico, cribada entre la antropología y la historia, sobre diversos temas culturales, ideológicos, políticos y religiosos de Nuestra América” (2021). Los aportes ahí presentes son sustanciales y todo investigador preocupado por la realidad latinoamericana debe revisar sus números. Es un proyecto que cumplió y cumple plenamente el objetivo integrador de Ricardo, quien, además, dedicó varios títulos a esta perspectiva.
 
Dentro de ese sentido latinoamericanista, son relevantes los trabajos de Ricardo titulados: Redes e imaginario del exilio latinoamericano en México. 1934-1940 (2003), Vivir el exilio en la Ciudad, 1928. V.R. Haya de la Torre y J.A. Mella (2011) y Esteban Pavletich. Estaciones del exilio y Revolución Mexicana, 1925-1930 (compilado con su gran colaboradora y amiga, Perla Jaimes Navarro) (2019). En conjunto, se trata de reflexiones ‒basadas en abundante información‒ que siguen la pista de los exiliados latinoamericanos (especialmente peruanos) y de las interacciones que establecieron entre ellos, una red caracterizada por “… la comunicación reiterada que existe entre pares, horizontal o jerarquizada, la cual propicia compromisos, intercambios epistolares y de bienes, así como viajes, encuentros y prácticas concertadas” (Melgar Bao, 2018: 16). Si tomamos atención a estas palabras, es lo mismo que Ricardo haría como intelectual peruano viviendo en México. Simultáneamente, reflexionó sobre la rebeldía revolucionaria de los exiliados ante la situación social de injusticia característica de nuestros países. Dentro de ese afán, reconstruye los pasos que toman estos intelectuales exiliados revolucionarios para dar forma a diferentes organizaciones políticas, y se introduce en el debate ‒amplísimo y profundo‒ que estos sujetos de ideas y de acción produjeron en términos ideológicos, muchas veces con gran imaginación creadora.
 
También es de destacar que el aprismo inicial está presente constantemente en los mencionados trabajos de Ricardo, pues el APRA combativa y revolucionaria, marxista o no, congregó a un buen número de exiliados. Asimismo, los comunistas ‒afiliados a la Comintern o no‒ también buscaban establecer sus propias bases latino o indoamericanas. En el fondo, se trataba de una lucha por el poder desde y entre la izquierda, así como de la disputa por ganar la conducción del movimiento obrero revolucionario latinoamericano.
 
Un libro relevante en este marco es su Vivir el exilio en la Ciudad, 1928. V.R. Haya de la Torre y J.A. Mella, de 2013. Dos revolucionarios, uno peruano y aprista, y otro, cubano y comunista; una condición compartida, la del exilio; y un espacio geográfico específico, Ciudad de México. Es texto es la exposición de los conflictos entre apristas y comunistas a partir de dos personalidades centrales en los años 20 en América Latina, es decir, cuando se estaba definiendo los límites ‒y también las barreras‒ en el campo de la propia izquierda que entendía que la revolución nacional era parte integrante de la revolución continental. Por otro lado, no es casual que el escenario sea la capital de México, no solo por su relevancia en la confluencia de exiliados políticos de todos los países de la región, sino también por el significado sentimental que tenía para Ricardo, que llegó a esa ciudad en 1977 con 31 años de edad. Tomemos nota del siguiente dato: Ricardo vivió en México 43 de sus 74 años, más de la mitad de su vida.
 
A la manera de otros emigrantes que por distintas razones (políticas, laborales, personales) deben salir de sus respectivos países, Ricardo vivió el desgarramiento que le ocasionó el hecho de haber salido de su país, y la angustia que le significó la necesidad inevitable de habituarse a vivir en tierra ajena, lo que lograría plenamente. Así, dos identidades convivían en su fuero interior pero en un proceso permanente de armonización. Nunca dejó de ser peruano, y a esa raíz sumó su amor y gratitud por México. Fue un proceso incesante de acoplamiento que iría modelando la convicción transnacional, cosmopolita e integrador en Ricardo, lo que traduciría en su obra. Importante influencia en este aspecto tiene el hecho de haber ejercido la dirección del Colegio de Estudios Latinoamericanos y del Departamento de Estudios Latinoamericanos de la UNAM en los años 90, cargos que le proveyeron de una ubicación especial para observar la realidad latinoamericana.
 
Redes intelectuales latinoamericanas: creación heroica
Así como Ricardo se propuso explicar y analizar las redes de intelectuales, también buscó crearlas. En efecto, su trabajo académico estuvo íntimamente ligado al ejercicio de constituir esas redes. Fue un animador cultural e intelectual perseverante, acercando a investigadores de diferentes países, sea en seminarios, coloquios, clases universitarias, publicaciones periódicas, libros y también la revista digital (lo que nos demuestra la capacidad de adaptación a las nuevas tecnologías que tenía Ricardo). Como viajero persistente que era, entabló relaciones personales con todos aquellos que participaban de sus inquietudes intelectuales. Nuestro buen amigo acercó la reflexión con la práctica, y ha dejado semillas al respecto.
 
Ricardo, como convencido intelectual de izquierda que nunca ocultó ser, buscó desentrañar las causas, formas e implicancias de las redes que los exiliados de izquierda fueron conformando en nuestros países (una forma quizás de comprenderse a sí mismo y de plantearse una misión personal). Su tema de investigación fue al mismo tiempo su pasión. Siempre trató de auscultar las bases de una identidad de izquierda latinoamericana, y para ello escarbó con perseverancia en archivos públicos y particulares documentación inédita que al mismo tiempo que servía para comprender el pasado nos daba luces para interrogarnos en el presente. Asimismo, nos indica la profunda devoción que Ricardo tenía hacia la cultura escrita, a la que enriqueció con sus hallazgos. Ricardo no solo fue un trotamundos, también sería, si cabe el término, un “trota-archivos”.
 
Como no podía ser de otra manera, la figura y la obra de José Carlos Mariátegui fue uno sus temas predilectos; le dedicó varios artículos y libros, como: Mariátegui, Indoamérica y las crisis de Occidente, de 1995, Mariátegui entre la memoria y el futuro de América Latina de 2000 (junto a Liliana Weinberg), José Carlos Mariátegui. Escritos: 1928, de 2008 (con Francisco Amezcua) y José Carlos Mariátegui. Originales e inéditos. 1928, 2018 (editado con Manuel Pásara).
 
A pesar de vivir más cuatro décadas en México, país que lo acogió con cariño y respeto, Ricardo no dejó de pensar y escribir sobre el Perú. Este título nos dice mucho: El Perú contemporáneo. El espejo de las identidades, de 1995, elaborado con la colaboración de María Teresa Bosque Lastra. Es más, considero que nuestro país fue su mirador vital desde el cual entendía la realidad latinoamericana.
 
Con México, Ricardo siempre fue agradecido y retribuyó su recepción y hospitalidad con la formación de nuevas generaciones de investigadores y con la animación permanente de diálogos académicos con estudiantes y profesionales portadores de diversas experiencias que enriquecieron el ambiente de intercambio intelectual en dicho país. Por ello fue reconocido con numerosas distinciones.
 
Si me permiten, unas notas personales
Conocí a Ricardo en México precisamente, fue a mediados de los años 90 cuando él estaba dedicado a estudiar y escribir sobre el novelista peruano José María Arguedas, y yo cursaba el doctorado en ciencia social en El Colegio de México. Desde un inicio me fue fácil llevarme bien con él. Conversamos sobre los temas que nos acercaban: la izquierda, los intelectuales y las ideas. Fue generoso conmigo, como lo era con todos, y en los años siguientes Ricardo me vincularía con grupos de estudio, instituciones y personajes no solo de México (como la revista Memoria de Cemos), sino también de Argentina (Cedinci y su revista Políticas de la Memoria).
 
Luego de mi regreso a Lima, a inicios del presente siglo, mantuvimos nuestro diálogo a la distancia y sobre todo cuando visitaba a nuestro país. En mi condición de subdirector de la Biblioteca Nacional del Perú o de director de la Casa Museo José Carlos Mariátegui lo apoyé en sus búsquedas ‒cómo no‒ de información para las investigaciones que estaba preparando. Pero sobre todo, nuevamente, conversamos, aunque debo ser sincero en confesar que sobre todo lo escuchaba, pues quería aprovechar todo el caudal de conocimiento que siempre portaba y que transmitía con generosidad, sin ningún reparo. Además de una forma atractiva de dialogar tenía una memoria que sorprendía por lo exacta.
 
Siempre inquieto, en algún momento del año 2012, Ricardo me propuso un proyecto. Nuestras indagaciones intelectuales nos habían llevado, a cada uno independientemente, a acopiar valiosos documentos del aprismo de los primeros años (fines de la década de 1920 e inicios de los años 30), cartas inéditas y especialmente documentos de la naciente organización política. Cierta vez que nos encontramos en Buenos Aires, en donde yo cumplía funciones de agregado cultural del Perú, Ricardo me planteó que en vez de hacer trabajos paralelos e individuales juntáramos nuestros papeles y hallazgos y diéramos forma a un solo libro. Inmediatamente acepté. Obviamente, era lo más adecuado.
 
Proyecto interesante, pero al mismo tiempo fue algo extraño para mí, y creo que también para Ricardo. ¿Cómo dos izquierdistas como Ricardo y yo íbamos a escribir un libro sobre el APRA y Víctor Raúl Haya de la Torre, nuestros adversarios de siempre? Cuando conversamos al respecto, nos reíamos imaginando cómo lo recibirían los propios apristas, parte de ellos amigos nuestros también, pero eso nos daba más gusto, deseábamos establecer un diálogo con los “compañeros” (como se denominan los apristas), pero para eso debíamos ser cuidadosos con la forma de exponer nuestras ideas, sin prejuicios ni ideas preconcebidas. Trataríamos de pintar el escenario, las circunstancias y al personaje central, el propio Haya de la Torre, con la mayor ecuanimidad posible, de domesticar nuestras pasiones políticas, no queríamos darles ninguna excusa para desacreditar nuestro trabajo.
 
Fue todo un reto escribir el texto, aunque teníamos alguna experiencia colaborativa pero de otra manera. En el año 2010, Ricardo (en coautoría con María Esther Montanaro Mena), publicó Víctor Raúl Haya de la Torre a Carlos Pellicer. Cartas Indoamericanas, libro que comenté con cierto detenimiento en su momento, y que al parecer le agradó. Así que no era totalmente extraño abordar la figura de Haya de la Torre y el partido político que él fundó, además que nos dábamos cuenta que podíamos articular nuestros puntos de vista.
 
Con dicho antecedente y la mejor predisposición académica, nos propusimos ser lo más objetivos posible en nuestra investigación, sin adjetivos ni descalificaciones, simplemente buscando comprender. En adelante, intercambiaríamos por medio de sendos correos electrónicos nuestros avances, compartiríamos ideas e iríamos afinando el análisis. Fue así que finalmente, en 2014, nuestro trabajo vio la luz bajo el nombre de Víctor Raúl Haya de la Torre. Giros discursivos y contiendas políticas. Textos inéditos, con el sello editorial del Centro Cultural de la Cooperación de Buenos Aires. Confieso que quedamos satisfechos con el resultado. A los que conocieron a Ricardo les resultará obvio que el título fue de su cosecha.
 
Esperábamos ‒sin muchas esperanzas en verdad‒ las reacciones de los militantes apristas peruanos: la respuesta fue un silencio casi absoluto. Alguna que otra excepción por allí, aludiendo a alguna de las cartas recuperadas, pero no más que eso. Entendimos que tal “no-reacción” es usual y sintomática de nuestra incapacidad para dialogar entre diferentes, y más aun en los terrenos de la ideología y la política. Incluso, un importante analista aprista escribió, sin tener el libro todavía en sus manos, que seguramente los autores recaerían en el lugar común de criticar a Haya de la Torre por su viraje hacia la derecha (lo que el comentarista consideraba un error de interpretación), cosa que no hicimos ni lo pensamos siquiera Ricardo y yo. Lamentablemente, bajo esas condiciones es muy difícil conformar un espacio de diálogo y de discusión de ideas. Antes que confrontar argumentos, muchos prefieren el silencio. Ricardo lo sabía, pero guardaba la expectativa de que el tiempo contribuyera a colocar nuestro libro en un lugar que le permitiera estimular el intercambio de ideas. Veremos si será así.
 
La aventura de Pacarina del Sur
Por otro lado, cuando en 2009 Ricardo ‒que siempre buscaba nuevos retos que asumir‒ fundó con Alberto Villagómez Páucar la revista digital Pacarina del Sur abrió a muchos estudiosos ‒consolidados y emergentes, de toda América Latina‒, la posibilidad de colaborar con sus investigaciones y aportes, enriqueciendo la visión latinoamericana de sus intelectuales.
 
Es indudable que la revisión de las diferentes entregas de Pacarina permitirá descubrir un venero enorme de información para los estudiosos, así como una base riquísima para la consolidación de ese campo intelectual latinoamericano al que consecuentemente Ricardo buscó dar forma. En ese sentido, Ricardo siempre mostraría una gran disposición a adecuarse a los tiempos y aprovechar los avances tecnológicos para difundir ideas. Un espíritu juvenil y de permanente búsqueda lo caracterizaban; este es un aspecto de la personalidad de mi buen amigo que quiero remarcar.
 
Ricardo Melgar: una forma de ser y de recordarlo
En cuanto a su forma de ser, los que conocimos a Ricardo podemos dar testimonio de su carácter amable, de su generosidad personal y académica, de su seriedad como investigador, de su paciencia ante cualquier desavenencia, así como de su inagotable conversación que traía siempre novedades de información y de perspectivas de análisis. Por todas estas características, a Ricardo no solo lo admirábamos, sobre todo lo queríamos.
 
Ricardo amaba la vida, se aferró a ella con todas sus fuerzas y soportó años de padecimientos ocasionados por el cáncer, al que vencía y volvía a vencer cuando este amenazaba rebrotar. ¡Qué admirable ejemplo de perseverancia y de lucha por vivir! Su esposa e hijos convivieron cotidianamente con su esfuerzo por mantenerse en pie. Y cuando estábamos seguros de que lo tendríamos muchos años más entre nosotros, el Covid-19 nos lo arrebató de un momento a otro.
 
Es extraño, pero Ricardo también recibió condecoraciones y reconocimientos en nuestro propio país. Y digo extraño porque el Perú es usualmente ingrato con sus intelectuales y más aun si han vivido en el extranjero largo tiempo. Como si el vivir lejos del país significara necesariamente que el personaje, en este caso el intelectual Ricardo Melgar, debe perder su identidad. Imagino el orgullo que sentiría Ricardo con esos reconocimientos y medallas, con el afecto que todos le manifestaban, pues bien merecidos los tenía.
 
Ahora nos será difícil encontrar ese punto de encuentro y de confluencia que representaba Ricardo. Al inicio dije que nos dejaba como reto una agenda pendiente, esa es la de continuar su esfuerzo por comprender las bases de la constitución del campo intelectual (y también político) latinoamericano. Lo malo es que Ricardo ya no estará para hacerle las consultas, para participarle nuestras dudas, para intercambiar ideas. Como consuelo, tenemos a la mano su amplia obra, a la que siempre podremos acudir para sortear cualquier dificultad a la hora de elaborar nuestras propias investigaciones, sea para encontrar el dato exacto, la inspiración para alguna idea, o para ejercer el placer de la lectura, que será otra manera de seguir dialogando con él.
 
Ricardo se ha marchado, no me queda más que despedirme de él con el corazón entristecido. Adiós amigo, siempre te tendré presente, espero que desde donde estés te acuerdes de mí de tarde en tarde.
 
 
Bibliografía
 
Brújula y Bitácora (2021). Pacarina del Sur. http://pacarinadelsur.com/brujula-y-bitacora
 
Comité Editorial (2020). In Memoriam: Ricardo Melgar Bao (1946-2020). Cuadernos de Historia núm. 53, Santiago.
 
Delgado, César (2020). Ricardo Melgar Bao, antropólogo e historiador peruano, fue homenajeado por la UNE. Nota de Prensa N° 043-2020-OII-UNE. Lima: Universidad Nacional de Educación. https://www.une.edu.pe/uneweb/ricardo-melgar-bao-antropologo-e-historiador-peruano-fue-homenajeado-por-la-une/
 
Editores (2020). In Memoriam: Ricardo Melgar Bao, 1946-2020. Antropología Americana vol. 5, núm. 10. https://revistasipgh.org/index.php/anam/article/view/913/1257
 
Melgar Bao, Ricardo (2018). Redes e imaginario del exilio en México y América Latina: 1934-1940. México: Centro de Investigaciones sobre América Latina y el Caribe, Universidad Nacional Autónoma de México.
 
Tarcus, Horacio (2020a). Un réquiem laico para Ricardo Melgar Bao. In memoriam. México: Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH). Martes, 11 de agosto. https://www.inah.gob.mx/prensa/in-memoriam/9334-un-requiem-laico-para-ricardo-melgar-bao-in-memoriam
-----(2020b). Recordado Melgar. Políticas de la Memoria núm. 20, Buenos Aires.
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