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ARCHIVO DE ARTÍCULOS PERIODÍSTICOS

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Libros e imprenta en el Perú colonial:
Doctrina Cristiana y Catecismo para instrucción de los indios


Por Isabel Cristina López Eguren
Fuente: Librosperuanos.com
Agosto, 2019

Muchos especialistas y académicos coinciden en que uno de los más importantes inventos de la humanidad, sino el más trascendental, es sin duda la imprenta. Aunque en el siglo XI, en China, ya se utilizaban impresiones en papel de arroz, técnica que posteriormente se definiría en xilografías y sus diversas variantes. 
 
La imprenta de tipos móviles fue creada por Johannes Gutenberg en la ciudad de Maguncia, Sacro Imperio Romano Germánico, a mediados del siglo XV. Este hecho permitió la rápida difusión del libro, la palabra escrita y la propagación del pensamiento y las ideas a escala universal.
 
En el presente trabajo analizo la Doctrina Christiana y Catecismo para instrucción de los indios, como primer documento impreso en el Perú, realizado por el migrante italiano Antonio Ricardo, para llevar a cabo la conversión de los naturales; por ello, “[l]as órdenes religiosas jugaron papel esencial en la llamada conquista espiritual del Nuevo Mundo. En pocos años, franciscanos, dominicos, agustinos, mercedarios y jesuitas se expandieron por aquellos territorios en apoyo de la conquista, conversión y doctrina de los indios”.1  Para ello me sirvo en, primer lugar, del contexto histórico y social de la Lima de fines del siglo XVI.
 
Doy a conocer algunos datos. Al final del gobierno del virrey Francisco de Toledo (1569-1581) -quien implementó grandes cambios en el virreinato y duras medidas gubernamentales en el ámbito económico, político y social peruano- introdujo el ordenamiento de los indios en reducciones para lograr su conversión al cristianismo. Toledo, en sus propias palabras, dice:
 
‘Para aprender a ser cristianos tienen primero [los indios] necesidad de saber ser hombres y que les introduzca el gobierno y modo de vivir político y razonable’. En suma, la civilización, es decir, la aculturación a las formas españolas, era necesaria antes de que se pudiese iniciar siquiera la tarea de la conversión.2
 
Asimismo, Toledo evidenció un gran interés por el desarrollo de la imprenta.  Guibovich menciona que el virrey “solicitó la preparación de un catecismo que se tradujese en lengua quechua, pero creía que debía ser enviado a España o México para ser impreso, dada la prohibición de imprimir libros en el Perú”.3  No obstante, solo fue tres años después, durante el gobierno interino del presidente de la Real Audiencia de Lima, Cristóbal Ramírez de Cartagena, cuando apareció por primera vez la publicación de la Doctrina Christiana. 
 
En segundo lugar, esbozaré algunas ideas que nos permitan destacar la importancia y valor documental de este primer impreso peruano, en el contexto de los cambios profundos producidos en la iglesia colonial gracias al Real Patronato y las reformas tridentinas que desde 1574 fueron aceptadas por la Corona, dividiendo a un clero regular indiano y misional que hasta ese momento había llevado a cabo la evangelización, y otro en el cual predominaba el clero secular. Los frailes quedaron reducidos a su doctrina y a sus conventos y los clérigos seculares ejercerían mayor disciplina bajo la autoridad de los obispos. 
 
Es en este estado de cosas que la iglesia debía concentrarse en la reevangelización de los indios, dado que era imperativo borrar la primera evangelización que había privilegiado que los naturales adoptasen modos de vida, prácticas y formas que los hiciesen cristianos, logrando así que elementos idolátricos y paganos cristianizados apareciesen en los ritos religiosos. Se debía reemplazar la primera catequesis por la introducción del conocimiento de las enseñanzas del cristianismo como requisito previo para que el indio sea librado de todos sus pecados a través del bautismo y convertido a la religión hispana.
 
EL COMERCIO DE LIBROS
 
Los conflictos religiosos en Europa, la crisis política en el virreinato peruano y el protestantismo fueron algunas de las razones por las cuales se desarrolló en Francia y Escocia un gran comercio de libros, lo que “había convertido la ciudad de Ginebra en un gigantesco taller de propaganda escrita”.4
 
Es por ello que la Corona española consideraba que sería una amenaza a las colonias en América la incursión de las ideas protestantes y se opuso al proselitismo de las iglesias evangélicas. En el Perú existía un pensamiento crítico hacia el régimen colonial, razón por la cual los abusos cometidos contra los indios, la encomienda, el tributo y la organización administrativa eran motivo de censura.
 
Como centro administrativo del virreinato:
 
[la] capitalidad del Lima atrajo ya en el siglo XVI a teólogos, juristas, poetas, historiadores y otros hombres de letras ansiosos de reconocimiento intelectual y promoción social. La existencia de una comunidad de hombres de letras determinó que también a mediados de ese siglo algunos libreros peninsulares se establecieran en la ciudad, en pleno periodo de las guerras civiles de conquistadores y encomenderos. Hacia fines del siglo XVI, pasada la etapa de turbulencia, algunos abrieron sus negocios con puerta a la calle, donde alternaban la venta de libros con la encuadernación. Aunque en menor escala, también hubo impresores que se dedicaron al comercio de textos procedentes de las prensas europeas y locales. Estas prácticas comerciales se mantendrán por el resto de la Colonia. Durante los siglos XVI y XVII, Lima fue el principal centro editorial y la más importante plaza de distribución de libros en Sudamérica española.5
 
Los libros que circulaban en la capital del virreinato peruano y en el resto de las colonias americanas eran provenientes en gran medida de países europeos como Francia, Italia, Países Bajos; los comerciantes e impresores enviaban grandes embarques a los puertos de la Nueva Castilla y Nueva España.
 
PRIMERA BIBLIOTECA DEL VIRREINATO
 
La fundación del Colegio Máximo de San Pablo, por los jesuitas, constituyó el inicio de la formación de una de las bibliotecas más importantes del Virreinato peruano y de América, la cual constaba de 40 000 volúmenes en diversas lenguas antiguas y modernas, textos eclesiásticos, obras de Copérnico, Kepler y Galilei; no faltaban obras generales de historia de autores como Luis de Cabrera, Mobillon, Antonio de Herrera y Louis de Moreri; de derecho indiano como Monarquía Indiana de Torquemada, Política indiana de Solórzano Pereira; clásicos de la literatura griega y latina. Obras de medicina como las de Hipócrates y Galeno y de farmacia, lo que permitió que el clero regentara en el mismo recinto un hospital para esclavos negros.
 
PRIMEROS LIBREROS E IMPRESORES 
 
En Sevilla, como principal puerto fluvial donde se concentraba el comercio con el reino, se establecieron libreros provenientes de Madrid, Medina del Campo y Alcalá de Henares. Llegaron a las Indias Occidentales obras españolas y francesas, algunas permitidas y otras prohibidas. Es el caso de la edición príncipe de El Quijote, que fue enviada a América desde Madrid en 1605 por Pedro González Refolio y Juan de Sarria, el Viejo. Libreros de Lima como Miguel Méndez, Roque Vidal de Aragón, Miguel Pililla, Tomás Gutiérrez, Francisco Muñoz y Luisa Butron, recibieron estos primeros ejemplares. La primera librería se estableció en Lima en la década de 1540 por iniciativa de Agustín de Zárate quién, según Guillermo Lohmann Villena, tuvo un éxito rotundo; secundado posteriormente por comerciantes que se dedicaron a la venta de libros. Antonio Ricardo Piamontes, de origen italiano, fue el primer impresor que llegó al Perú en 1581, procedente de Nueva España en donde publicó libros con su sello entre 1577 y 1579.6  
 
En 1581 existía una prohibición de imprimir libros en Lima. El Cabildo de Lima solicita al rey autorización para el uso de la imprenta “por tener Vuestra Majestad prohibido que no se puedan imprimir libros en estos reinos”.7  Por ello, Ricardo tuvo que solicitar la protección de los padres jesuitas para obtener el permiso de la Audiencia y poder instalar su imprenta en la “casa y colegio de San Pablo de la Compañía de Jesús”.8  Como consecuencia, “la audiencia elaboró una provisión el 13 de febrero de 1584, a fin de permitir a Ricardo imprimir el catecismo y el manual de confesión en el Colegio de San Pablo”.9
 
Del mismo modo, los clérigos jesuitas grandemente interesados en la publicación de los manuales catequéticos “enviaron al padre Andrés López a España con el fin de obtener del Consejo de Indias licencia para imprimir en la capital del Virreinato peruano. En la península, López obtuvo un real decreto, fechado el 7 de agosto de 1584, que autorizó al virrey del Perú conde del Villar a conceder la licencia solicitada”.10  
 
El segundo impresor del cual se tiene noticia es el medinense Francisco del Canto, hijo de un librero e impresor natural de Medina del Campo. Al parecer, llegó al Perú alrededor de 1584. Este personaje aparece en numerosas ocasiones demandado por deudas y encarcelado otras tantas por la misma razón.
 
La primera vez que se puede relacionar a Antonio Ricardo con Francisco del Canto, es cuando aparece como testigo en un primer testamento redactado por Ricardo en 1586. Al parecer, del Canto ya se encontraba trabajando en el negocio de imprenta de Ricardo. Hacia 1605 todavía figura el nombre de Antonio Ricardo al pie de imprenta, pero al encontrarse muy enfermo decide vender la imprenta de su propiedad a Del Canto, la cual constaba de “prensas, moldes, estampas y aparejos, o ʽaderentesʼ como se dice en la escritura”;11  quien con el aval de un fiador compra la imprenta “el 18 de julio de 1605 por la suma de 3,000 pesos de a nueve reales, que se pagarían en tres años”.12  
 
En “[la] escritura de venta de la imprenta, extendida ante el escribano Pedro Gutiérrez de Contreras y firmada, además de los contratantes, por los testigos Andrés de Hornillos, librero, Antonio de Ribera y Pedro de Zamora”,13  figura con gran detalle el inventario del taller. En abril de 1606, un año después de la venta de su imprenta muere en Lima Antonio Ricardo.
 
EL CATECISMO DE INDIOS
 
El III Concilio Provincial de Lima se celebró el 15 de agosto de 1582 bajo la presidencia de don Toribio Alfonso de Mogrovejo Robledo quien lo inauguró como primer arzobispo de Lima. En esta fecha se celebraba la fiesta de la Asunción de la Virgen. En dicha asamblea se aprobó el contenido de los nuevos catecismos llamados Menor y Mayor tanto en castellano como en las dos lenguas indígenas: quechua y aymara; cuyo título general sería Doctrina Christiana y Catecismo para instrucción de los indios. La aparición de estos documentos conciliares facilitó las herramientas para “la enseñanza de la doctrina, el funcionamiento del sacerdocio rural, la administración de los sacramentos y la organización de las parroquias rurales”.14  Este concilio culminó su labor en el año 1583.
 
El primer impreso peruano que apareció en Sudamérica fue la Pragmática sobre los diez días del año, que constaba de cuatro páginas; unas semanas después salió a la luz la Doctrina Christiana y Catecismo para instrucción de los indios,15  primer libro impreso en el Perú por Antonio Ricardo en 1584. Posteriormente, fueron publicados el Confesionario para los curas de indios y tercero catecismo y Exposición de la doctrina cristiana por sermones, hacia 1585.
 
Respecto a la autoría de la Doctrina Christiana, tomamos como referencia al historiador y sacerdote jesuita Rubén Vargas Ugarte,16  quien refiere que Enrique Torres Saldamando menciona la autoría del padre José de Acosta de la versión en español; en cuanto a las lenguas quechua y aymara a los sacerdotes Alonso Barzana, Bartolomé de Santiago y Blas Valera, como producto de los acuerdos tomados por los jesuitas en los concilios provinciales de 1576, quienes habían llegado al Perú cinco años antes.
 
El propio Vargas Ugarte abunda en información, señalando que en 1579 se encontraba en el Perú el visitador Juan de la Plaza, siendo provincial el padre José de Acosta. Se celebró en Lima una reunión el 16 de enero y la otra en el Cuzco el 8 de octubre, donde intervino el sacerdote Alonso Barzana, se arribaron a los siguientes acuerdos:
 
Los sacerdotes congregados acordaron que se escribieran dos catecismos, en lenguas quechua y aymara, uno breve para que pueda ser aprendido de memoria y otro más extenso para los que tenía la labor de catequizar. Se acordó imprimirlo previa autorización real y previo examen efectuado por los peritos de la Iglesia. Se acordó redactar un confesionario, una cartilla para los niños, un arte o gramática y un vocabulario, encargándose un procurador que debía ir a Madrid y Roma o un clérigo para que cuidase la impresión; todo ello referido a los capítulos 18 y 19.
 
Similares fueron los acuerdos que se trataron en el Cusco. Al P. Barzana se le encomendó que corrigiese y culminase el catecismo breve que había compuesto, junto a la gramática y un confesionario en ambas lenguas nativas para luego entregársela al procurador quien la haría imprimir, después de su aprobación. El P. Everardo Mercurian señala que el Procurador no llevó ninguna de las obras citadas.
 
Vargas Ugarte destaca el hecho que los jesuitas hayan participado activamente en esta empresa, como se constata también en la firma de la primera obra impresa del P. José de Acosta y la del P. Juan de Atienza, Rector del Colegio de Lima. Pero Vargas Ugarte aclara que si bien es cierto que Barzana se dedicó al estudio de las lenguas indígenas desde que llegó al Perú en 1569 y escribió las cartillas de la Doctrina, Catecismos y Confesionarios; al convocarse el III Concilio Limense, este se encontraba en la Gobernación de Tucumán, por lo que no tuvo participación activa en la traducción de los catecismos aprobados por dicho Concilio.
 
En el Perú circulaban otros textos desde 1551, como consta en las actas del Primer Concilio Limense, y otros que se señalan en el Concilio de 1567. Blas Valera y Bartolomé de Santiago eran mestizos, por lo que debieron conocer bien las lenguas nativas. Blas Valera en 1573 se ordenó de sacerdote en el Cuzco y luego pasó a Juli, en 1584 estuvo en Potosí donde probablemente debió aprender el aymara. 
 
Vargas Ugarte señala que no fueron los únicos colaboradores, citando el códice original del Tercer Concilio Limense que se guarda en el Archivo Arzobispal del Cabildo Eclesiástico de Lima, señala en el folio 64 después del 
 
Catecismo más largo para los muchachos de la Escuela y para los indios más capaces:
El Dr. Juan de Balboa, Canónigo de la Santa Iglesia de los Reyes, el canónigo Alonso Martínez, Prebendado de la Santa Iglesia del Cuzco y el P. Bartolomé de Santiago de la Compañía de Jesús y Francisco Carrasco, clérigo Presbítero, decimos que nosotros hemos traduzido la Doctrina Christiana y Catecismo que pro el Santo Concilio Provincial nos fue cometido y de romance castellano le hemos vuelto en la lengua general del Cuzco, guardando en todo u por todo el sentid del original que se nos dio y en ello hemos puesto la diligencia que se nos ha sido posible, procurando hazer la traducción más propia, fiel e inteligible que hemos podido alcanzar.
 
Los clérigos del Concilio encargan la revisión de texto quechua a Fray Joan de Almaraz, agustino; a Fr. Alonso Díaz, mercedario; Fr. Pedro Bedón, dominico; Fr. Lorenzo González, el P. Blas Valera de la Compañía de Jesús y a Martín de Soto. Hay un documento más que indicaría la participación de otro sacerdote Francisco Churrón de Aguila: “fue llamado para ayudar á hacer la Cartilla y Catecismo y Sermones con que se enseña y predica nuestra fé…”.
 
Dadas las directrices esbozadas en el Concilio de Trento, debía darse una nueva orientación a la catequización de los indios. Hacia fines de la década del setenta apareció en España la publicación del dominico José de Acosta De procuranda Indorum Salute, “en versión exclusivamente latina reservada a teólogos y letrados, es aún considerada hoy como el primer y más importante tratado de evangelización”.17  
 
En su escrito, Acosta formula una crítica al desarrollo de la conquista y al papel de los frailes en la catequización de los indios en los primeros tiempos. Asimismo, no es un “mero tratado de evangelización, es la defensa del proyecto jesuita en el Perú”.18  Setenta años después de la llegada de los hispanos, la labor intelectual y el pensamiento de Acosta calza a la perfección con la nueva política toledana y las nuevas reglas en materia de evangelización provenientes de la península con el objetivo de derrumbar todo vestigio de la primera evangelización.
 
En el texto original de la Doctrina Cristiana y Catecismo para instrucción de los indios que resguarda la Biblioteca Nacional de Lima, en su primera página, se encuentra una anotación de puño y letra del tradicionista Ricardo Palma, que dice: 
 
Este curiosísimo libro, del que existen hoy rarísimos ejemplares, que impreso en Lima (como consta en el colofón) en 1584 por Antonio Ricardo.
 
Lo regalaron a la Biblioteca Nacional los padres redentoristas en Nov. de 1897. Faltan en este ejemplar la portada y las dos primeras hojas. [sello Bibliotecario Ricardo Palma].
 
Fue este el primer libro que se imprimió en Lima.
 
La labor extraordinaria de Ricardo Palma como “bibliotecario mendigo” fue la de acopiar y recuperar la memoria bibliográfica del Perú luego de la exacción producida por los vencedores de la Guerra del Pacífico.
 
La carátula de este incunable peruano de incalculable valor, consigna lo siguiente:
 
DOCTRINA CHRISTIANA Y CATECISMO PARA INSTRUCCIÓN de los Indios, y de las de mas personas, que han de ser enseñadas en nuestra Santa Fé. CON UN CONFESSIONARIO, Y OTRAS COSAS necesarias para los que doctrinan, que se contienen en la pagina siguiente. Compuesto por autoridad del Concilio Provincial, que se celebro en la Ciudad de los Reyes, el año de 1583. I por la misma traduzido en las dos lenguas generales, de este Reyno, Quichua y Aymara.
Impreso con licencia de la Real Audiencia, en la Ciudad de los Reyes, por Antonio Ricardo primero Impresor en estos Reynos del Piru. Año de MDLXXXIIII Años. Esta tasado un real por cada pliego, en papel.19  
 
Las ciento ochenta páginas de este impreso trilingüe contienen en su primera parte la Doctrina Christiana o Cartilla, Catecismo breve, Plática breve de la fe, Catecismo mayor, Anotaciones o Scolios, sobre la traducción en las lenguas “Quichua” y Aymara y Exposición de la Doctrina Christiana por Sermones.
 
En la segunda parte aparecen Exhortaciones para ayudar a bien morir, Confesionario, Instrucciones para extirpar los ritos y supersticiones de los indios, Facultades y privilegios concedidos por los Sumos Pontífices a los indios y Forma de impedimentos del matrimonio para los indios.
 
La Provisión Real cuyo texto consta de cuatro páginas y al pie se lee el refrendo y las firmas:
 
Ioan Ramos de Gaona escribano de cámara de su Magestad Catholica la aze escribir por su mandado, con acuerdo de su Presidente y Oydores. Registrada Ioan de Sagastizabal, Chanciller Lorenzo de Aliaga, el Licenciado de Monzon, el L. Ramirez de Cartagena, el Doctor Arteaga, el D. Alese Criado de Castilla.
 
La Epístola del Concilio “El Sancto Synodo Provincial a todos los fieles de esta su Provincia, salud sempiterna en el Señor”, es una carta en la que se exhorta a los sacerdotes que se encargan de la doctrina de los indios a enseñarles el catecismo para que les sea cosa muy familiar y fácil, así expresa:
 
[los] misterios de la Religión xpana son tan altos y el entendimiento humano tan corto y flaco que como no pueden los hombres fin la lumbre soberana superior que Dios infunde de su fe, creerlos y asentar en lo que les conviene seguir para salvarle así también han menester diligencia y industria en el q exteriormente se los propone y predica acomodada para percebir lo que ha de creer y seguir. Por esto el Spiritu Sancto, cuya obra propria es alubrar las almas.
 
Al inicio del adoctrinamiento de los indios se les enseñaba a hacer la señal de la cruz y a persignarse: “Por la señal de la santa Cruz, de nuestros enemigos, líbranos Señor Dios nuestro. En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Spiritu Sancto. Amen”. También el Padre Nuestro, el Ave María, el Credo, la Salve en los tres idiomas, español, quechua y aymara.
 
Por otro lado, se detallan los artículos de la fe, que son catorce:
 
Los siete pertenecen a la divinidad, y los otros siete a la sancta humanidad de nuestro señor Jesu Christo, verdadero Dios y hombre. Los que pertenecen a la divinidad, son estos.
 
El primero. Creer en un solo Dios todo poderoso. El segundo. Creer, que es padre. El tercero. Creer que es hijo. El quarto. Creer que es Spiritu Sancto. El quinto. Creer, que es criador. El sexto. Creer, que es Salutador. 
 
El séptimo. Creer que es glorificador. Los que pertenescen a la sancta humanidad de nuestro señor Jesu Christo.
 
El primero, creer que nuestro señor Jesu Christo, en quanto hombre fue concebido por Spiritu Sancto. El segundo, creer, que nació de el vientre virginal de la virgen sancta Maria, siendo ella virgen antes del parto, y en el parto, y después del parto. El tercero, creer, que recibió m[ininteligible] por saluar a nosotros pecadores […] creer, que descendió a los infiernos y saco las animas de los sanctos padres, que estauan esperando su sancto advenimiento. El quinto, creer, que resucitó al tercer día. El sexto, creer, que subió a los cielos, y se allento a la diestra de Dios padre todo poderoso. El séptimo, creer que verna a juzgar a los viuos y a los muertos (es a saber) a los buenos para darles gloria, porque guardaron sus mandamientos, y a los malos pena perdurable, porque no los guardaron.
 
Las nuevas formas de cristianización llevadas a la práctica por los religiosos debían concentrarse en enseñar a los indios “los aspectos dogmáticos que debía comunicar necesariamente la catequesis y en la obligatoriedad de administrar los sacramentos”.20  Es decir, la doctrina en su forma más ortodoxa con el objeto de concientizar al indígena en los conceptos básicos e “introducir las categorías occidentales de pecado, culpa, salvación para que la confesión católica se convirtiese en una necesidad”.21 
 
Hasta aquí el breve análisis de la Doctrina Christiana que nos permite entender su importancia en la sociedad colonial peruana hacia fines del siglo XVI.
 
La tarea monumental de la evangelización se pudo llevar a cabo gracias a la aparición de la imprenta y con la Doctrina Christiana se inicia el proceso de la palabra impresa en el Perú, lo que constituye un hito de vital importancia para el posterior desarrollo de la cultura escrita en el virreinato peruano, lo que servirá como vehículo para el afianzamiento de las ideas que serán caldo de cultivo para la consolidación de las élites criollas y mestizas que aparecerán con mayor fuerza y servirá para la vigorización de las ideas independentistas en los siglos posteriores.
 
La edición trilingüe de esta fuente permitió que el imaginario indiano se sitúe en un contexto desconocido hasta ese momento, pensando su mundo en términos de símbolos escritos que incentivarán la participación de contingentes de indios naturales convirtiéndose no solo en traductores de la ortodoxia cristiana sino en copistas, favoreciendo así el circuito de la letra impresa y también la labor doctrinal de los religiosos en el Nuevo Mundo.
 
En el Tercer Concilio Limense de 1582 se aceptó e introdujo la utilización de los “quipos” para facilitar el acceso de los indios a la correcta confesión mediante el recuento de todos los casos posibles de pecado, paso ineludible que debían seguir para consentir que accedieran a la comunión indispensable para la salvación de todo cristiano. Este hecho constituye una contradicción, teniendo en cuenta que hubo una reformulación de la política de la iglesia de los primeros tiempos la misma que condenó y criticó a los primitivos frailes doctrineros por la utilización de elementos paganos e idolátricos vinculados a los antiguos ritos y pasado indiano.
 
Una de las dificultades para estudiar o intentar hacer una investigación sobre la Doctrina Christiana es que no abundan los estudios específicos que permitan hacer un análisis más exhaustivo sobre la misma, ni una investigación que permitiera evaluar comparativamente la fuente documental, lo que hubiese permitido observar desde otra óptica el contexto social y la política implementada por la corona. En este texto he tratado de ofrecer un breve panorama de este libro fundamental.
 
*** 
 

Notas
___________________ 
1  González González, Enrique y Víctor Gutiérrez Rodríguez. El poder de las letras. Universidad Nacional Autónoma de México. Ciudad de México, 2017, pág. 100.
2 Brading, David. Orbe indiano. De la monarquía criolla a la República criolla 1492-1867. Fondo de Cultura Económica, México, 1991.
3 Guibovich Pérez, Pedro. El edificio de las letras. Jesuitas, educación y sociedad en el Perú colonial. Universidad del Pacífico. Lima, 2014, pág. 120.
4 Guibovich Pérez, Pedro. Lecturas prohibidas. Fondo Editorial de la Pontificia Universidad Católica del Perú. Lima, 2013, pág. 22.
5  Op. cit., págs. 40-41.
6 Hacia 1591 se implementó el impuesto de la alcabala sobre los bienes vendibles, pero una serie de artículos tales como los libros se hallaban exentos. Andrien, Kenneth J. Crisis y decadencia. El virreinato del Perú en el siglo XVII. Instituto de Estudios Peruanos – BCR. Lima, 2011.
7 Miró - Quesada, Aurelio. La Imprenta de Antonio Ricardo: La primera en América del Sur. Separata de la Revista San Marcos, N° 14. Lima, enero-marzo de 1976, pág. 5.
8 Op. cit., pág. 6.
9 Guibovich P. El edificio de las letras. Op. cit. pág. 122.
10 Op. cit., pág. 121.
11 Miró – Quesada A. La Imprenta de Antonio Ricardo. Op. cit., pág. 15.
12 Op. cit., pág. 16.
13 Op. cit., pág. 15.
14 Guibovich P. El edificio de las letras. Op. cit., pág. 117.
15 Este primer ejemplar de la Doctrina Christiana y Catecismo para instrucción de los indios es un libro de formato pequeño que mide 15 x 21 cms.
16 Vargas Ugarte, Rubén. Impresos peruanos (1580-1650). Talleres de la Editorial San Marcos. Lima, 1953.
17 Estenssoro, Juan Carlos. Del Paganismo a la Santidad. La Incorporación de los indios del Perú al catolicismo 1532-1750. Lima, 2003, pág. 188.
18 Op. cit.
19 Se ha tratado en lo posible de mantener la gramática de la época, salvo error involuntario.
20 Estenssoro Fuchs, J. C., Op. cit.
21 Op. cit.
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