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ARCHIVO DE ARTÍCULOS PERIODÍSTICOS

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Impacto de Amauta en la prensa minera de Morococha (1926-1930)

Por Víctor Mazzi Huaycucho
Fuente: Librosperuanos.com
Febrero, 2017

Abstract
Desde su primer número, la revista Amauta circuló en los centros mineros del Centro del Perú. José Carlos Mariátegui –Director de la revista- obtuvo relación directa con los trabajadores mineros respaldándose por éste medio comunicativo; defendía las aspiraciones sociales y derechos laborales de los trabajadores mineros frente a los atropellos cometidos por la empresa transnacional Cerro de Pasco Copper Corporation. La revista Amauta influenció en un nuevo tipo de periodismo que será el modelo a seguir en la prensa obrera de Morococha entre 1926 a 1930.
 
Una revista y un proyecto político
En la nota editorial del primer número de la revista Amauta —setiembre 1926— José Carlos Mariátegui testimonió: «Yo vine de Europa con el propósito de fundar una revista… mi esfuerzo se ha articulado con el de otros intelectuales y artistas que piensan y sienten parecidamente a mí… es la voz de un movimiento y de una generación». Ampliando dicho mensaje, Martínez de la Torre (1974: II; 273) señaló que Mariátegui «no sólo trajo de Europa la decisión de fundar una revista. También, un partido: el partido de clase del proletariado peruano. Dentro de su plan, la revista [Amauta,] debía servir de antesala, de medio orientador a su propósito». Destaca que para dicho fin Mariátegui necesitó despertar la conciencia política entre la clase obrera del Perú, «Quería hacer de ellos una fuerza [laboral] consciente de su fuerza [política]».
 
La elección del nombre de la revista lo sitúa dentro de una postura autoctonista, muy a pesar de la acusación de europeísta. Mariátegui en la nota editorial del número 1 de la revista Amauta, escribe: «El título (…) traduce (…) nuestro homenaje al incaísmo (…) la palabra Amauta adquiere con esta revista una nueva acepción». Luis Alberto Sánchez (1976:166) recalca que Mariátegui: «…defendía la cuestión de autoctonía, ya enamorado del vocablo amauta»1 . Visión autoctonista  que integró a personalidades tan dispares que participarían en la revista de vanguardia, dentro de una concertación de voluntades para llevar a cabo el proyecto político de «crear un Perú nuevo dentro de un mundo nuevo». Mariátegui logró unir el conjunto de personalidades dentro de un órgano de expresión invitándolos a participar en un nuevo tipo de periodismo: una herramienta comunicativa para educar y crear un circuito de cultura popular entre sus lectores diferenciando dos criterios sobre prensa escrita: de doctrina e información.
 
Mariátegui (1979:175-178) señaló que la revista Amauta, «se orienta cada vez hacía el tipo de revista de doctrina»: le correspondía educar y difundir la doctrina marxista entre sus lectores, señalaba que «una revista de doctrina, no está en el mismo caso de una revista de información». Fundó el quincenario Labor en noviembre de 1928 indicando que «tiende al tipo de periódico de información», cuya línea editorial mostraba una crónica de ideas y de vulgarización de la información sobre cultura, cuestiones internacionales, organización y formación de un nuevo tipo de sindicalismo obrero, el problema agrario –el latifundismo–, temas de educación, cultura entre otros muchos.
 
El compromiso político asumido por Mariátegui le ocasionó prisión y la clausura temporal de Amauta, a pocos meses de circulación. Ricardo Martínez de la Torre (1974: II; 273) describe este «accidente de trabajo»:
 
«En los primeros días de junio de ese año apareció el N° 9 de “Amauta”, dedicado a la acción contra el imperialismo. Como todos los artículos estaban dentro de una línea de enjuiciamiento de la penetración yanqui en nuestro país, y en el resto de América, la Embajada de los Estados Unidos presionó al Gobierno de Leguía para que suspendiera la revista y persiguiese a sus redactores y colaboradores.» 
 
La intervención policial durante una reunión de la Federación Obrera Gráfica fue sindicada como un «complot comunista». Los obreros y estudiantes participantes en dicha reunión fueron apresados y confinados en la isla el frontón, para luego sufrir exilio, se les aludía como «comunistas criollos». Debido a su precario estado de salud, Mariátegui fue recluido en el Hospital Militar San Bartolomé. El Ministerio de Gobierno proporcionó a los diarios de la capital cartas de exiliados peruanos para justificar el atropello. El diario La Prensa (1927: 1) sindicó a Mariátegui de ser uno de «los más activos dirigentes del comunismo en Lima»2  , acusación que fue respondida públicamente en una carta enviada a La Prensa (Martínez: 1974: II, 274):
 
«1°Acepto íntegramente la responsabilidad de mis ideas, expresadas claramente en mis artículos de las revistas nacionales o extranjeras en que colaboro o de la revista “Amauta”, fundada por mí en setiembre último, con fines categóricamente declarados en su presentación; pero rechazo en modo alguno las acusaciones que me atribuyen participación en un plan o complot folletinesco de subversión.
2° Remito a mis acusadores a mis propios escritos, públicos o privados, de ninguno de los cuales resulta que yo, marxista convicto y confeso, -y como tal, lejano de utopismos en la teoría y en la práctica- me entretenga en confabulaciones absurdas, como aquella que la policía pretende haber sorprendido y que tampoco aparece probada por ninguno de los documentos publicados.»
 
La clausura de la revista Amauta no causó temor entre sus lectores; la solidaridad internacional y el respaldo a su Director por intelectuales de Europa y América, desmoronó la trama del gobierno de Leguía. Al salir nuevamente a circulación, en la nota editorial «Segundo acto» del N° 10, Mariátegui (1927:1) señaló que «Amauta cribará a los hombres de la vanguardia −militantes y simpatizantes− hasta separar la paja del grano. Producirá o precipitará un fenómeno de polarización y concentración entre los trabajadores». Declaración de principios cuyo principal objetivo era «esclarecer y conocer los problemas peruanos desde puntos de vista la doctrinarios y científicos», misión en la que emplearía todos sus esfuerzos e interés hasta su temprano deceso.
 
«Amauta» y «Labor» en Morococha
Morococha considerada una «ciudad minera», ha sido trasladada a otra ubicación debido a su explotación a tajo abierto mediante inversión de empresas de la República Popular China. Desde la época colonial se explotaba la plata en «piñas» y se procesaba el mineral mediante técnicas ancestrales andinas. Durante la República -1860-, se constituyó la Hacienda Mineral propiedad de Carlos Pflucker. Procesaba cobre y plata mediante técnicas de flotación y concentración del mineral en pozas. Antonio Raimondi describe las condiciones insalubres del trabajo en las minas y brinda completa descripción del distrito. Desde 1902 las concesiones mineras en Cerro de Pasco y luego en Morococha fueron compradas por un «sindicato» de accionistas3 , luego en 1915 se constituye en Cerro de Pasco Copper Corporation. Morococha fue reconocida como distrito de la provincia de Yauli mediante ley 683 del 26 de octubre de 1907.
 
Al retornar al Perú —como dijimos anteriormente— Mariátegui ejecutaba un premeditado plan para fundar y consolidar el Partido Socialista que representase a sectores populares, entre ellos: obreros textiles, mineros del Centro y campesinos. La penetración y consolidación del capital norteamericano en áreas productivas vitales como minería, petróleo, textiles y agroindustria generó la concentración de una enorme masa de trabajadores e hizo emerger un nuevo tipo de clase obrera, la cual paulatinamente fue apartándose de influencias del anarco-sindicalismo y acogiendo el sindicalismo revolucionario de orientación marxista.
 
El Acta de fundación y Programa del Partido Socialista señalaba como tarea inmediata: «la organización y educación del proletariado es con la del proletariado agrícola una de las cuestiones que se plantean», compromiso que requería todo el esfuerzo y dedicación para atraer, organizar y dirigir mediante la organización partidaria.
 
La captación y organización de trabajadores mineros pasaba por establecer sólidos vínculos para difundir ideas revolucionarias entre los mismos. Mariátegui (1979:45) señaló que tanto La Oroya como Morococha «constituyen puntos donde ventajosamente puede operar la propaganda clasista». Estos centros mineros representaban importancia estratégica en la economía mundial de los metales, dado que Cerro de Pasco Copper Corporation influenciaba en el mercado mundial del cobre y la plata.
 
La revista Amauta desde su primer número ya circulaba en Morococha. Esto se debió a la amistad que Mariátegui mantuvo con miembros de la colonia italiana afincados en Jauja y Morococha, entre ellos se encontraba Carlo Pezzutti, quien regentaba una librería en Morococha. Esto le permitió vincularse con trabajadores e intelectuales en Morococha, Jauja, Cerro de Pasco y Huancayo. Mariátegui en la necesidad de consolidar las nuevas relaciones orgánicas con los trabajadores, destacó a las minas al cuadro político más importante del Partido Socialista: Julio Portocarrero4, después continuarían Antonio Navarro Madrid, Julio y Jorge del Prado. En el testimonio del dirigente textil de Vitarte que recogieron Derpich e Israel (1987:73) confirma que viajó a Morococha bajo las órdenes de Mariátegui. Las incidencias en el cumplimiento de dicha tarea política y organizativa puede leerse en sus memorias (1987:191). Escribe:
 
«Este trabajo de organización de la central de los trabajadores era nuestra principal preocupación. Y estaba en esta labor, cuando Mariátegui me dijo que debía de viajar al campamento minero de Morococha.
Realice el viaje, con el propósito de verme con Gamaniel Blanco y Adrián Sovero, y conversar sobre la constitución del sindicato allá en Morococha. Ellos dos estaban vinculados con Mariátegui por carta y se encargaban de distribuir Amauta y Labor en la zona. Blanco era maestro de la escuela de Morococha, y Adrián Sovero trabajaba en la mina. En esos momentos era necesario abandonar la antigua idea acerca de cómo debía estar constituida la organización sindical. No podía ser a la manera antigua, según la cual se organizaba el sindicato y ahí se quedaba. Debía aspirarse a la formación de la Federación de Trabajadores Mineros. Para ello tenía que extenderse la labor hacia La Oroya, hacía Cerro de Pasco, para poder formar, con los sindicatos de esos lugares, la Federación de Trabajadores Mineros del Perú.» (Las negritas son nuestras)
 
Gamaniel Blanco, Adrián C. Sovero fundaron la Sociedad Pro-cultura nacional, en la misión de educar y elevar la conciencia política de los trabajadores mineros, proveyéndolos de cultura revolucionaria para la defensa de sus derechos e intereses. Esta organización cultural obrera nombró a Mariátegui como su secretario general honorario y representante en Lima. 5

La «catástrofe minera» del 5 de diciembre de 1928
La importancia de la revista Amauta y Labor se acrecentó entre la población minera tras divulgarse las noticias de la inundación de la laguna Morococha en la galería «María Elvira» y la muerte de 32 trabajadores. Se evidenciaba la responsabilidad del superintendente de Morococha, Geo B. Dillimgham, por exigir la perforación de una chimenea de ventilación que salía directamente al lecho de la laguna, ocurriendo la previsible inundación en socavones y galerías.
 
Coordinadamente Amauta N° 19 y Labor N° 4 difunden como titular de portada: «Cómo se produjo la catástrofe de Morococha». Noticia que va acompañada con denuncias sobre distintas versiones confusas que propalaron los diarios en la capital y la región del centro del Perú. Abelardo Solís (1929:84-87)  denuncia que
 
 «Todas las informaciones, no obstante, se han limitado a describir la magnitud de la catástrofe y a consignar diversas versiones sobre la forma en que se produjo el derrumbe e inundación de las minas de la Cerro de Pasco Copper Corporation. Pero nadie habrá leído una sola información en la que se exprese concretamente la causa principal del accidente y su carácter culposo. Parece que el miedo o cualquier otro sentimiento o convencionalismo ha impedido a los periodistas el señalar a los culpables de esa catástrofe y de informar detalladamente sobre la culpabilidad que ha habido en la realización de ese accidente minero.» 
 
Tratamiento de la noticia que generó dudas sobre la credibilidad en muchos diarios y del tipo de periodismo que ejercían los diarios de mayor circulación en la capital. 6
 
Mariátegui (1928:94) en Amauta N° 19 de deja establecida las responsabilidades de sus directivos, confronta la necesidad de informar «frente a la a toda prepotencia de esta empresa. Habituada a tratar con insolente desprecio los derechos de sus trabajadores indígenas…». Abelardo Solís (1929:84 y ss.) en el N° 22 establece las responsabilidades penales de la empresa norteamericana y enfatiza que: «el capital extranjero que explota las riquezas mineras del país, paga al Perú en salarios y tributos una suma muy modesta, en proporción a sus utilidades». Sobre dicha catástrofe, nuestra conjetura es que no fue un «accidente por negligencia», sino que se trató de un «acto calculado» con el fin de descargar la laguna, eliminando el problema de filtración  e inundación de sus aguas para abaratar costos de producción. Después de la «catástrofe» se acrecentó la ganancia económica de la compañía norteamericana, muy a pesar de la pérdida de vidas, bonanza económica que súbitamente se detendría por el crack económico de octubre de 1929.
 
Si bien la valentía del Director de Amauta por difundir esta noticia y dejar en evidencia el absoluto servilismo del gobierno leguiísta ante el capital yanqui —muy a pesar que meses antes ya había sufrido clausura temporal— elevó su importancia y su  necesidad informativa entre la población, como prensa independiente que informó objetivamente sobre las desastrosas condiciones laborales que sufrían los mineros ante el capital foráneo.
 
La huelga minera de 1929.
Los esfuerzos de Mariátegui en la organización de mineros de Morococha se evidencio durante la huelga del 10 de octubre de 1929. Se estableció un Comité Obrero de Reclamos que presentó un pliego de reclamos al Superintendente de Morococha, Alexander McHardy, siguiendo los procedimientos y normas legales imperantes en 1929 7 . La huelga fue motivada tras la decisión del superintendente de reducir el salario de los lamperos de mina y el despido arbitrario de 50 trabajadores, a los cuales, la empresa norteamericana se negó a reconocerles el pasaje de regreso a sus pueblos de origen, en el valle del Mantaro.
 
La paralización afectó económicamente a la compañía norteamericana. El gobierno de Leguía envió un destacamento armado de cien policías para resguardar las instalaciones mineras ante la acusación del Prefecto de Junín que dicha huelga incitaba a la población a una rebelión. Se buscaba provocar algún incidente para justificar una brutal represión en contra de los líderes obreros y quebrar la huelga que desarrollaban. La disciplina obrera y la experiencia de sus líderes evito el fracaso. El Gerente General de la compañía, ante la firmeza de la huelga, reconoció que debían respetarse los procedimientos legales laborales, aceptando negociar en la ciudad de Lima el pliego petitorio planteado.
 
Esta huelga tuvo el asesoramiento directo de Mariátegui (1984:667) tal como se aprecia en la carta que dirigió
 
«Excelente y oportuno el volante solicitando la solidaridad de los mineros de Cerro de Pasco, La Oroya, etc., para sus compañeros de Morococha. Ha estado en Lima el Comité de Morococha, pero no ha conseguido el éxito que esperaba en sus gestiones. La empresa se niega a conceder el aumento. Y el gobierno por supuesto la ampara.- Lo que interesa, ante esto, es que los obreros aprovechen la experiencia de su movimiento, consoliden y desarrollen su organización, obtengan la formación en La Oroya, Cerro de Pasco y demás centros mineros del departamento de secciones del sindicato, etc. No deben caer, por ningún motivo, en la trampa de una provocación. A cualquier reacción desatinada, seguiría una represión violenta. (…)
Conviene que converse Ud. sobre esto con el compañero [Abelardo] Solís y que escriba a Morococha. Dígale a [Abelardo] Solís que el acta de fundación de la Federación de Trabajadores del Centro, con sede en Morococha, dejaba pendiente la constitución de la organización especial de los mineros. En vista de esto, el Comité ha deliberado la constitución del sindicato de mineros y fundidores del centro. El sindicato de mineros y fundidores del centro será, además, el punto de partida de la Federación de Mineros del Perú».
 
En el transcurso de la huelga los delegados mineros se trasladaron a Lima para gestionar el reconocimiento oficial como Comité Central de Reclamos ante el Ministerio de Fomento 8 , también visitaron a Mariátegui, tal como se muestra en la imagen adjunta. Destaca  la camaradería entre Mariátegui y Gamaniel Blanco. A ambos los unía la misma trayectoria como autodidactas y como periodistas. Mientras Mariátegui trabajó como cronista parlamentario, Blanco fue corresponsal y redactor del diario El minero de Cerro de Pasco. La evolución intelectual de Blanco se respaldó en el autodidacto Mariátegui, encontró un apoyo incondicional, Mariátegui le ayudó con literatura para desarrollar sus experiencias como maestro y dirigente minero.
 
Culminado el conflicto laboral, la embajada norteamericana y el Gerente General de la Cerro de Pasco Copper Co. Harold Kingsmill presionaron al gobierno de Leguía para que encarcele a Mariátegui bajo la finalidad de cortar sus vínculos con los trabajadores mineros. Una gran redada policial se desarrolló el lunes 11 de noviembre de 1929, con la detención Mariátegui y su entorno intelectual agrupados en la revista Amauta. El gobierno Leguiísta, a través de su ministro de Gobierno, Benjamín Huamán de los Heros, lanzó nuevamente la acusación del «Complot comunista». El atropello fue narrado por Mariátegui en una carta dirigida a César A. Miró Quesada (1974:50 y ss.)
 
«Mi casa es designada como el centro de la conspiración. Se me atribuye especial participación en la agitación de los mineros de Morococha, que en reciente huelga, que ha alarmado mucho a la empresa norteamericana, han obtenido el triunfo de varias de sus reivindicaciones, entre otras las de su derecho a sindicalizarse. El gobierno acaba de obligar a los obreros a renunciar al aumento que gestionaban y se teme que nosotros defendamos e incitemos a los obreros a la resistencia. (…)
El gobierno que acaba de imponer a los obreros de las minas de Morococha, después de una huelga, la renuncia al aumento que exigían, defiende probablemente los intereses de la gran compañía minera del Centro Cerro de Pasco Corporation. Se aprovecha del raid contra los organizadores obreros, para hostilizar a los artistas y escritores de vanguardia que me ayudan a mantener «Amauta.»
 
En otra carta dirigida a Samuel Glusberg, fechada el 21 de noviembre de 1929, Mariátegui describe el incidente como escandaloso y sumamente arbitrario: «Tuve que hacer enormes esfuerzos para impedir que se llevarán mi biblioteca», rechaza la descripción patética y la queja, «detesto la actitud plañidera. No he especulado nunca sobre mis dramas». Pone al descubierto las intenciones represivas del gobierno Leguiísta. Escribe: «Se trata, también, de crear el vacío a mi alrededor aterrorizando a la gente que se me acerque. Se trata, como ya creo haberle dicho alguna vez, de sofocarme en silencio.- Mi propósito de salir del Perú con mi mujer y mis niños se afirma en estos hechos. No puedo permanecer aquí. No me quedaré sino el tiempo necesario para preparar mi viaje».
 
El directorio de la compañía en Nueva York necesitó obtener máxima ganancia por un mínimo de gastos en derechos laborales debido a la crisis económica mundial. Necesitaban clausurar el naciente sindicato minero, tal como leemos en un informe de McHardy, dirigido a Kingsmill, fechado el 24 de marzo de 1930, después de la huelga de octubre del año anterior:
 
«En general, la situación aquí es más o menos tranquila al presente y los desórdenes que ocurren de vez en cuando son fomentados por el Comité [Obrero de Reclamos]. Estoy seguro que si los obreros fueran dejados solos, estarían completamente tranquilos. La mayoría de ellos parecen estar contentos desde que los jornales en Morococha son los más altos en la región, de cualquier otro campamento. Me parece que, a menos de que el Comité de Reclamos se halle oficialmente reconocido por el Ministerio de Fomento, debe ser suprimido, porque estoy seguro de que está haciendo más daño que bien a todos.»
 
La gerencia de Cerro de Pasco vio en el entorno de Mariátegui un peligro real para sus intereses económicos eso explica la represión que sufriera. Mariátegui falleció el 16 de abril de 1930 y la revista Amauta siguió editándose hasta el número 32 (agosto-septiembre 1930).
 
Amauta como modelo de periodismo obrero en Morococha
En el distrito minero han tenido fugaz presencia revistas antes y después de la aparición de Amauta y Labor. Los impresos que circularon fueron:
 
Correo de Morococha (1916-1917) con 19 números, combinaba noticias locales y artículos literarios.
Luminarias (1924) con 8 números.
 
La voz de Morococha (junio 1925-septiembre 1929) dirigido por Antonio Pasquale. Representante político del leguiísmo en el distrito. La mayor parte del gasto de su edición fue pagada por Cerro de Pasco Copper Corporation. Su diseño periodístico imitaba a la estructura del diario La Prensa de Lima.
 
Claridad (1928) con 3 números.
 
Social (1929) con 3 números.
 
El periodismo obrero que acogió el formato de la revista Amauta merece destacarse en la publicación Alborada, del cual sólo se imprimieron 4 números y circuló entre el 16 de junio y 28 de julio de 1929. Estuvo dirigido por Gamaniel Blanco y César Augusto Palacios, ambos maestros de los Centros Escolares Obreros, escuela que subvencionaban y regentaban los mismos trabajadores mineros. 
Alborada destacaba como revista cultural dirigido tanto a trabajadores mineros como a la población del distrito. Los artículos que editaba referían a literatura, educación y derechos sindicales, sirvió como órgano de expresión de la Sociedad de Pro-cultura Nacional, imitaba a la revista Amauta en cuanto a secciones y al tratamiento de tópicos culturales.
 
Entre septiembre y octubre de 1930 Gamaniel Blanco había fundado y dirigido el quincenario Justicia. En abril había fallecido Mariátegui y en agosto Luis Sánchez Cerro se hizo del poder mediante golpe de Estado. En septiembre se publicó el último número de la revista Amauta (N° 32). Justicia sirvió para promover la organización sindical y la defensa de los derechos de los trabajadores mineros frente a los abusos de la transnacional norteamericana, entre sus finalidades estuvo la preparación del primer Plenum de la CGTP en Lima (octubre) y del Congreso minero en la ciudad de la Oroya (noviembre).
 
Gamaniel Blanco, maestro de escuela y periodista autodidacto, en agosto de 1930 había publicado Apuntes monográficos de Morococha. En esta edición se puede observar no sólo la imitación del estilo y formato editorial que emanaba de la revista Amauta en la pluma de su Director, sino también que la redacción y presentación de sus secciones, también vendía publicidad para lograr su edición. 
 
Los Apuntes Monográficos de Morococha integra al conjunto de reflexiones políticas y sociales, en su sección Panorama intelectual destacan los artículos de homenaje al Director de la revista Amauta: César Augusto Palacios; Nuestros valores continentales, José Carlos Mariátegui (pág. 67) y Adolfo Villar: El hombre prócer de la historia (pág. 83), también entre otros encontramos artículos sobre reivindicación de los derechos de las mujeres y defensa del “indio”. Quién lea Los Apuntes monográficos pronto entrará en convicción que el formato  de su impresión adopta y adapta el diseño periodístico de la revista Amauta. 
 
El estudio histórico del periodismo obrero aún no ha integrado este conjunto de circunstancias donde una revista de la capital ejerció un poderoso aliciente en cultura e información, dejando como paradigma un conjunto de estilos, formatos y posicionamiento por cada información publicada.
 
Epílogo
La novedosa experiencia que sigue a la revista Amauta en los centros mineros fue abruptamente cancelada por la represión de sus líderes mineros (entre ellos Gamaniel Blanco quien sufriendo prisión falleció el 16 de abril de 1931) durante la realización del congreso minero en La Oroya, los sucesos de Malpaso, la imposición del Estado de Sitio en las minas por el Gobierno de Sánchez Cerro y el apresamiento de la mayoría de dirigentes sindicales.
 
Nuestras conclusiones señalan lo siguiente:
El impacto de la Revista Amauta en Morococha fue decisivo para la organización de los sindicatos mineros, la elevación de la conciencia política entre los trabajadores y la promoción de la cultura que permitía generar correspondencia con otros trabajadores e intelectuales de América y Europa.
 
  1. El periodismo minero reflejó el estilo y formato las secciones que organizaban tópicos de discusión política y sindical, panorama de la cultura de su época y novedades editoriales que pudieran orientar la lectura y el autodidactismo.
  2. La influencia política e ideológica que irradió José Carlos Mariátegui continuó preservándose entre los trabajadores mineros, su pensamiento siguió utilizándose como guía para la acción.
 
Fuentes consultadas
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Bonilla, Heraclio (1974). El minero de los Andes. Lima: IEP.
 
Cisneros, Antonio & Miguel Suarez (1967). Historia del periodismo en Junín. Huancayo: Sebastián Lorente.
 
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Derpich, Wilma & Cecilia Israel (1987). Obreros frente a la crisis. Testimonios años treinta. Lima: Friedich Ebert.
 
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Notas
__________________________ 
1 La revisión del vocablo indica que su acepción original en runasimi es hamut’aq (el que tiene saber), una designación para los sabios autóctonos en el Tawantinsuyu. Para una mejor comprensión del caso véase mi texto Inkas y filósofos. Posturas, teorías, estudio de fuentes y reinterpretación. Págs. 221 y ss.
2 Tres años antes que el Partido Socialista cambiara en Partido Comunista el 4 de marzo de 1930, un mes antes del deceso de Mariátegui.
3 Se denominó Cerro de Pasco Investment Co., sus accionistas fueron: J.B. Higgin, S. McCune, Phoebe Hearst, H. Mc Le Tembly, H.G. Frick, D.S. Mills y J.P.. Morgan.
4 Narra que antes de viajar a Morococha había estado en Rusia como delegado obrero peruano al Congreso de la Internacional Sindical Roja en Moscú (1928). Posteriormente asistió al Congreso sindical de Montevideo  y Congreso Comunista de Buenos Aires ambos eventos realizados en 1929.
5 LABOR CULTURAL DE LOS TRABAJADORES DE MOROCOCHA/Morococha, febrero 9 de 1929/Señor José Carlos Mariátegui/ Lima/ Muy señor mío: Me es altamente honroso dirigirle el presente, poniendo en su conocimiento que, con fecha 20 del mes pasado, se ha fundado en esta localidad, una institución titulada “Sociedad Pro-cultura Nacional”. Esta institución, como su nombre lo indica, tiende a difundir la más sana cultura entre sus adheridos en particular, y los trabajadores en general. Como quiera que la organización de esta entidad social responde a una aspiración noble y desinteresada –la cultura del pueblo–, ha consignado como uno de sus principios, el de tener una íntima relación con todas las instituciones de su índole y con todos los hombres libres del Perú. Para el efecto, por unanimidad de votos ha elegido su delegado en esa ciudad, en la honorable persona de usted. Este nombramiento que no es un simple decoro ni es nominal, corresponde tácitamente a su prestigiosa personalidad. Esta institución, que es toda virtud y dinamismo, piensa (sic) en la seguridad de que ha de ser acogida su designación, me es grato reiterarle mis más elevadas consideraciones. Por la cultura popular. Adrián C. Sovero, Presidente.– J. Castillo Matos, Secretario General. En: Labor N° 8, pág. 7, 21 de febrero de 1929.
6 Véase en el N° 19 la carta enviada al Director de Amauta sobre su labor periodística: «Las generaciones de trabajadores de Morococha, jamás hasta la fecha, han recibido un apoyo decisivo de los poderes públicos, de la prensa y de la sociedad en general. Pero en esta fecha reinvindicacionista e histórica del proletariado,  aparece “AMAUTA”, “LABOR” y El Mundo” siendo la prensa libre y doctrinaria.»
7 Informe de Alexander McHardy (19129:2) a solicitud del prefecto de Junín, José Arias: «Desde la huelga que ocurrió en octubre de 1929, ha existido un comité obrero conocido con el nombre de Comité Central de Reclamos, Federación de Trabajadores del Centro, y se compone de los siguientes miembros: Presidente: A.C. Sovero. Trabaja en la Compañía, en la oficina de tiempo y está encargado de los campamentos de obreros. Es un «empleado» conforme a la ley 4916. Secretario General: Gamaniel Blanco. No trabaja en la Compañía. Es maestro de una de las escuelas de Morococha. Ramón D. Azcurra: Trabaja en la compañía como tareador. Es un «empleado» conforme a la ley 4916. A.M. Vento: Trabaja en la Compañía como caporal en la superficie. Ha sido considerado como «empleado». A.E. Loli: Trabaja en la Compañía como contratista en las minas.»
8 Blanco (1930: ) «La huelga iniciada el 10 de octubre de 1929 fue, entre todas las realizadas hasta la fecha, una de las más notables por la corrección con que se entablara, después que habíase iniciado a manera de motín, como en las anteriores veces. En este movimiento, los obreros consecuentes de su deber y respetando la reglamentación de la materia y las indicaciones de la autoridad competente presentaron ante la Gerencia General de la Cerro de Pasco Copper Corporation un pliego de reclamaciones exponiendo los causales de la huelga y los puntos de la reivindicación. La masa trabajadora en pleno, en el local del Club de Movilizables, eligió a sus personeros representativos con el fin de que asumieran su dirección y su defensa. El señor Adrián C. Sovero fue elegido Presidente del Comité Obrero de Reclamos, habiendo sido secundado por los señores Gamaniel E. Blanco, como secretario General, y Ramón D. Azcurra, Enrique Saravia, Alejandro Loli, Abel Vento y otros como delegados y vocales. El 99% de los puntos señalados en el Pliego de Reclamos fueron reivindicados en este movimiento, en donde reinó la más grande comprensión entre el elemento trabajador y sus representantes. El día 14 de octubre, los representantes de la colectividad obrera reunidos con el Gerente General de la Compañía Americana, señor Harold Kingsmill y el Superintendente de la sección Morococha, señor A.C. McHardy, presididos por el doctor Augusto de Romaña, Prefecto del Departamento, arribaron al arreglo final de la huelga, acto en el cual los obreros, por medio de sus representantes, reivindicaron sus derechos señalados en el pliego ya citado. Luego este pliego fue sancionado para mejor seriedad en la Dirección General del Ministerio de Fomento, el 15 de noviembre del mismo año, en presencia de los delegados obreros, del Gerente General de la compañía americana, del Prefecto, doctor Romaña y del Director Interino de Fomento, señor Nicolás Salazar Orfila. Para detallar mejor sobre este particular, sería menester ocuparse, especialmente en un folleto digno de su merecimiento, ya que la mediación halagadora del señor Presidente de la República don Augusto B. Leguía puso de manifiesto su nunca desmentido apoyo para con la clase proletaria. Por medio de los comprobantes que en su debida oportunidad publicaron los periódicos de la Capital, el público podrá haberse dado cuenta de la gran trascendencia de este singular movimiento. Uno de los triunfos más rotundos conseguidos por los representantes obreros fue el derecho de organización y la estabilidad del Comité Obrero de Reclamos. En suma: el movimiento obrero de 1929 fue una epopeya heroica y digna del proletariado de Morococha.»
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