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¿Es posible una izquierda moderna en el Perú? ¿Es posible una izquierda moderna en el Perú?

Por Eduardo Arroyo Laguna
Fuente: Librosperuanos.com
Febrero, 2016

El DIARIO UNO del sábado 13 de febrero de este año, lanzó una portada que decía: "Con Verónica al frente. AVANZA LA IZQUIERDA MODERNA" sustentando que sin ataduras al pasado y con posiciones firmes, las nuevas figuras de la izquierda renuevan la política en el camino del cambio. Junto a la foto de la candidata presidencial Verónica Mendoza aparecían tres mujeres jóvenes de edad y de ideas, a saber Sigrid Bazán, Indira Huilca y Marisa Glave.

Verónica Mendoza, no comprometida con la corrupción como los viejos saurios de la política criolla, representa lo nuevo y  ético ante la amenaza de las mafias, un narcopoder y una narcoviolencia que amenaza con enseñorearse en el aparato del Estado. Recoge la lucha juvenil que en el verano pasado derrotó la Ley de Promoción del Trabajo Juvenil (Ley Pulpín) y que anteriormente había impedido la repartija de miembros de instituciones del Estado.

Pero tampoco hay que deificar a los jóvenes. Los hay envejecidos ante la vida al carecer de un proyecto constructivo. Son pura imagen basura, puro “Combate”, “Esto es guerra”. En esa fantasía guerrera se agota su elan existencial. No faltan jóvenes oportunistas y arribistas que buscan ingresar a la política de frente a ocupar cargos de dirección. Algunos adolecen de los viejos vicios como Acuña mientras jóvenes de espíritu como Manuel Dammert, vienen luchando hace años por gas barato para todos, por la soberanía del petróleo y hoy lanza la lucha por  asuntos de la vida cotidiana y de sentido común, el agua, la electricidad, derechos inalienables de todo ser humano. Dammert es con seguridad el más moderno de los líderes de la izquierda, lo que nos ratifica en la convicción de que ser moderno y sobretodo ser joven es una actitud ante la vida, más que una edad.

Decía Alberto Flores Galindo

Alberto “Tito” Flores Galindo fue el capitán académico de nuestra generación, la generación del 68 , aquella que hizo su kindergarden político enfrentada a la Junta Militar de Gobierno mientras acompañaba el mayo parisino, a las grandes tendencias mundiales de los años 60 y combatía los gorilatos latinoamericanos en los 70. Si Tito Flores Galindo, Gonzalo Portocarrero y Nelson Manrique fueron los adalides en el campo intelectual, Manuel Dammert y Javier Diez Canseco encabezaron a la nueva izquierda, aquella que no siguió a Moscú ni Pekín. Buscó, sin negar importancia a la escena mundial, forjar el hombre nuevo en un mundo nuevo desde el Perú.  Así sustentábamos, entre otros puntos, el socialismo democrático en el que habiendo presencia del Estado, este no estuviera metido en todos los intersticios de la vida colectiva y privada.

Decía Tito Flores Galindo en un documento considerado su testamento político (1989), “Reencontremos la dimensión utópica”, que la apuesta por el socialismo seguía vigente así como los ideales que le dieron origen: la justicia, la libertad, la humanidad ante la  destrucción que engendraba el capitalismo y nuestra apuesta por no ser un suburbio del imperio. Había que ir contra la corriente en un mundo en que el sistema anunciaba el fin de las ideologías y utopías, así como tampoco repetir las recetas de otros países. No debíamos separar la ética de la política ante la falta de horizontes utópicos y frente a la imposición del pragmatismo, el eficientismo como pregonaba la naciente globalización. Muchos se pasaron al orden establecido para sobrevivir. Mientras el país empobrecía, algunos izquierdistas mejoraron sus condiciones de vida por su pertenencia a ONGs y fundaciones. Allí la moral se separó de la cultura pese a que el socialismo, en esencia,  es crear otra moral y otros valores. Sufrimos el autoritarismo de la década del 90 con escasa capacidad de reacción. Flores planteaba que no había que perder nunca la capacidad de indignación y no había que entusiasmar a los jóvenes con lo que había sido nuestra generación.

Exigía creatividad ya que no hay una sola vía para el socialismo. Ansiaba redescubrir las tradiciones más antiguas pensando el Perú desde el futuro sin repetir nada renovando el estilo de pensar y actuar. No deberíamos, además,  creer que el pueblo era por su pobreza necesariamente de izquierda. Eran esos tiempos en que el pueblo nos apoyaba.  Hoy muchos de ellos son parte del sector emprendedor, creativo, de gran capacidad de trabajo,  que ha hecho mucho dinero, luce sus camionetas 4x4 y no necesariamente vota por la izquierda. Ha cambiado, pues, la base material y el juego de clases sociales en el Perú.

Flores Galindo concluye que hay que crear otro tipo de dirigente, dar cabida a otros sectores sociales y a los jóvenes. Es un Perú diferente y se deben ajustar las estrategias y tácticas a esta nueva realidad frente a aquellos que quieren seguir calzando la realidad a sus viejos esquemas mentales. Como dice Zizek, no se puede cambiar el mundo con ideas del pasado.
 
 Los jóvenes, nueva fuerza motriz del cambio social mundial

Los mayores deben dejar paso a las nuevas generaciones. Es la ley de la vida. Después de todo, en el verano del 2015, los jóvenes trajeron abajo un proyecto de ley estatal, cosa que no ha hecho ningún partido ni la CGTP. También desarmaron la repartija. Esa es la nueva fuerza motriz del cambio social no solo en el Perú sino en el mundo entero. Allí el primaverazo árabe en Túnez con ese joven profesional inmolándose en la vía pública que desencadenó la revuelta tunecina y la caída del dictador Ben Alí; los jóvenes egipcios citándose por la vía digital y congregándose millares en la Plaza Tahrir para terminar liquidando al sempiterno Hosni Mubarak. Fueron jóvenes los que en la Plaza Taksim en Turquía (siempre las calles y las plazas) hicieron retroceder a Erdogan que intentaba hacer un puente en medio de un gran parque turco o los piqueteros argentinos o los niños, adolescentes y jóvenes chilenos “pingüinos”, o los indignados españoles cuestionando el sistema, que se constituiría en la base social de PODEMOS, hoy fuerza partidaria que disputa el poder en España. O en el Syriza griego donde un joven, Tsipras, dirige los destinos de su país.

La juventud es la nueva fuerza motriz del cambio social y en nuestro caso, el 29% de la población nacional. Por tanto disfrutamos al ver a gente joven de edad apostando por el cambio del país.
                     
Las nuevas tendencias de la escena mundial

Desde los años 60, se han constituído las grandes tendencias que hoy se desarrollan a plenitud. Se imponen desde entonces un mundo virtual; el socavamiento del capitalismo internacional como del estatismo soviético que pasan por multitud de reestructuraciones;  mil luchas que cuestionarán desde la raíz al patriarcalismo autoritario, un mundo en que prima la autoridad del varón en desmedro de la mujer. El Ecologismo buscará volver a la comunión con la naturaleza; el pacifismo defenderá al mundo ante la posibilidad de una guerra nuclear que nos aniquilará y el feminismo luchará por un mundo con igualdad de deberes y derechos para mujeres y hombres. Ecologismo, pacifismo y feminismo son las grandes concepciones que alumbran al mundo desde el 60 y que cualquier plataforma política responsable debe incluir así como a la juventud y las necesidades de los sectores sociales más desfavorecidos.

El socialismo moderno no puede seguir sosteniendo que es representante del proletariado, vanguardia de la revolución, en una sociedad desestructurada y fragmentada como la peruana, donde casi ha  desaparecido. Ser moderno ahora es luchar  en defensa del medio ambiente, contra el calentamiento global y el proteccionismo de las especies vivas. Esa es la revolución de nuestros tiempos que ha llevado hasta que el Papa Francisco diga Laudato Sí. Igualmente la plataforma pacifista y la feminista son altamente revolucionarias.

Que Levitsky haya dicho que habría que “jubilar a los viejos”, “renunciar a los símbolos” “cambiar la base social” y eso escandaliza a algunos indica su temor, sus mecanismos de defensa y su conservadurismo, sin darse cuenta que todo ha cambiado,  que aunque nos mantengamos socialistas hay que ver lo que no se hizo bien, y si quieren empezar como si nada hubiera fallado, la historia pasará por encima de ellos porque son una traba al cambio. Si los viejos bolcheviques no entienden esto vivirán de recuerdos desde el balcón de la existencia. No es que deban dejar sus principios  sino de modernizar su plataforma programática. No hay ninguna profanación de los sagrados evangelios. No están planteando los jóvenes que los viejos se vayan a la tumba sino que los dejen hacer.

Los jóvenes ya están en la obra y el mundo también es de ellos. Apoyemos a figuras jóvenes como Verónica Mendoza, Marisa Glave, al joven de espíritu Manuel Dammert como a Indira Huilca, Sigrid Bazán, Rocío Silva Santisteban, Sergio Tejada, Julio Arbizu, Lucía Alvites, Martín Guerra, David Motta,  Laura Arroyo, Alejandra Dinegro Martínez, Milagros Tirado y tantos muchachos viviendo con épica su existencia al meter toda su sangre en las ideas y la acción.

Son una izquierda moderna ante el fin del ciclo de vida de la generación anterior y un nuevo modo de hacer política ante el cambio acelerado de las cosas (fin de las identidades duras, “líquidas” diría Zygmunt Bauman). La política como fue antes ya no funciona y por ello debemos apoyar y fomentar la unidad de las fuerzas progresistas en torno a Verónica Mendoza que viene a ser la carta de la renovación que, sin abandonar los principios y aprendiendo autocríticamente de los errores como de los triunfos de los viejos líderes, abre el camino a una izquierda, sensata y acorde con los tiempos. Como dice el Diario Uno del 13 de febrero en su editorial “Esa izquierda es la opción para hacer realidad los anhelos de justicia verdadera de los peruanos, hartos del secuestro de la democracia por quienes están desprestigiados por la corrupción y por su incapacidad de enfrentar y empezar a resolver los grandes problemas nacionales……esa izquierda moderna,…sí constituye una alternativa seria, responsable y transparente, y la representa Verónica Mendoza. Y la ciudadanía lo está comenzando a valorar”.

El Perú quiere y necesita el cambio social hace muchas décadas. Es la hora de confiar en las nuevas fuerzas sociales, darles cauces orgánicos, plataformas programáticas estratégicas y echar a andar con la plena vigencia de las utopías.

Un balance de la izquierda se impone a todas luces. ¿Qué se hizo y que no se hizo para que estemos con tan raleadas fuerzas? Miren el mundo que les estamos dejando a las jóvenes generaciones. No hay caos mayor que el Perú actual. Nada de que enorgullecerse. Menos soberbia y más autocrítica, pues, se imponen.

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