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Lima: 481 años como capital del Perú

Por Eduardo Arroyo Laguna
Fuente: Librosperuanos.com
Enero, 2016

Este 18 de enero se cumplen 481 años de la fundación hispana de Lima como capital del Perú. Es, además, el cumpleaños de José María Arguedas, el amauta peruano, cuya caracterización de “todas las sangres” retrata del mejor modo a esta urbe y a nuestro país.

Toda ciudad nace de una utopía urbana. Las Leyes de Indias aceptaban el ideal asiático de fundar ciudades en espacios fértiles (Canáan, la tierra prometida) y sobre esa base utilizaba los elementos de la morfología urbana greco-latina (plazas, calles y casas).

¿Cuál es la utopía de ciudad de la actual administración edil? ¿Qué planes tenemos hoy para el crecimiento de esta ciudad: su aprovisionamiento de agua; el sustento alimenticio de 10 millones y medio de habitantes?;  ¿cómo planificarla si siguen disminuyendo sus valles? ¿Qué planes hay para que el transporte sea fluido y no prime la cultura combi, el achoramiento brutal? ¿Cómo planificarla cuando la ciudadanía no participa de las decisiones como, por ejemplo, aquella construcción en la intersección de la av. Arequipa con 28 de julio, cuyo proyecto desconocemos?

Lima tenía agua hasta la década del 80. La ampliación de vías acuíferas le ha permitido seguir contando con este servicio. Junto a El Cairo, es la segunda ciudad más grande del mundo en una zona desértica. Aun así, no vemos planes para conseguir fuentes de aprovisionamiento de agua.
Hay que considerar el sustento de sus habitantes con los alimentos que vienen de las escasas hectáreas de los valles del Rímac, Chillón y Lurín. Los valles de la costa central (norte y sur chico) no bastan debiendo traer alimentos de la sierra central y algo de la selva por la única vía que es la carretera central. Su gran población supera toda planificación ya que difícilmente pueden vivir sus habitantes con menos de cinco mil hectáreas para el cultivo.

Lima y el Callao son, luego del conglomerado Los Ángeles-Long Beach-Santa Ana, el segundo área poblado de América en las costas del Océano Pacífico. Está entre las veinticinco ciudades con mayor crecimiento demográfico del mundo. Lima es la ciudad más grande del Perú que ha dejado de ser un país agrario para devenir en una sociedad centralmente urbana, litoralizándose la población. Centraliza el 80% de la producción industrial del país, estando su desarrollo ligado a la descentralización y al buen funcionamiento de las regiones.

El municipio sin un plan para la ciudad deja al libre mercado el funcionamiento de la ciudad. Lima tiene un centro histórico, sus barrios de clase media y sus grandes bolsones poblacionales hacia las afueras. Es una ciudad policéntrica. La utopía de fundación española pivotando en torno al Centro Histórico, el Jirón de la Unión y sus calles adláteres ha sido sobrepasada. Hoy es una ciudad más plural y alternativa. La capital peruana se extiende desde Ancón hasta Asia Beach en un largo corredor que limita de un lado con el Océano Pacífico y del otro con las estribaciones cordilleranas. Sus 10 millones de habitantes la convierten en una megalópolis. Lima, además, viene a ser la única capital sudamericana con cara al mar. Los segregacionistas irán a Asia beach privatizando un terreno público mientras los sectores populares disfrutan en Agua Dulce y todo el litoral.

Lima es una ciudad mestiza, chola diferente a Santiago o Buenos Aires, más cosmopolitas. Aquí prima el mestizaje interno, a partir de la emergencia dentro de la ciudad de gente venida de diferentes regiones del país a los que no se debe seguir llamando nuevos limeños ni provincianos prolongando la segregación y el choleo. Las nuevas generaciones han nacido en esta ciudad. Son limeños a secas en una urbe mestiza como ahora es el planeta. Baste ver la Quinta Avenida en New York o Los Angeles o París con una inmensa colonia musulmana. Somos crisol de todas las sangres reiterándolo en este día en que cumpliría años José María Arguedas.

Del criollo ocioso al limeño trabajador

Mil y un personajes nuevos pueblan la ciudad: guachimanes, cambistas de dólares, vendedores de celulares, ambulantes, lavadores de carros, microbuseros, taxistas a granel. Estamos ante una Lima de antropometrías gigantescas: grifos imponentes, chifas inmensos, edificios en construcción por toda la ciudad, discotecas monumentales, centros comerciales por doquier convertidos en los nuevos templos de la civilidad. La ciudad padece de una alta inseguridad ciudadana y de un transporte vehicular caótico.

Si nunca se caracterizó el criollo por el trabajo, los nuevos rasgos del peruano y limeño lo presentan como emprendedor, trabajador, creativo y muy fuerte para la jornada laboral. Basta ver los “Mil Oficios”, “Al fondo hay sitio” como “Las tribus de la calle” o todas las Natachas.

Las estadísticas hablan de un despunte de las clases medias y el retroceso de la pobreza.  Estos sectores emergentes han sobrevivido cachueleando, forjándose en la lucha individual marcada por la ley de la selva. Muchos se han acostumbrado a vivir como informales. La existencia de una nueva clase media indica que hay más propietarios en las nuevas Limas (Norte, Sur, Nor-este, Este y Oeste) que en Miraflores y San Isidro o que en San Borja, San Miguel, Maranga, distritos de la clase media emergente de los años setenta. Están buscando legitimación social y respeto porque son propietarios. Sin un pasado en Lima, construyen su identidad día a día, lo que los hace modernos, hijos del cambio. Asistimos a un amplio proceso de democratización desvirtuado por la farandulización y chabacanización de la vida, el consumismo, el presentismo, el individualismo.
Somos mestizos en una ciudad mestiza, chola y global al mismo tiempo. Ya no más una identidad excluyente aunque aún cabalgue subterráneamente el racismo, el aristocratismo en este país y ciudad de todas las sangres.

La ciudad del futuro

Lima debe dejar de ser la suma de proyectos inconexos y contrapuestos muchas veces. Requiere de una planificación de fondo. Sus actores sociales mayoritarios decidirán el porvenir y constituyen el presente palpitante de la ciudad. No más afeites ni aires cosméticos a la ciudad sino trabajo en serio en una urbe que requiere con urgencia de cambios profundos y estructurales al igual que el país y por tanto de alta planificación y dedicación íntegra.

Lima tiene futuro a partir de un poblador muy trabajador y creativo que genera una limeñidad incluyente. Es una urbe en busca de un plan. La actual administración edil tiene como plan una lista de obras sueltas hechas al mismo tiempo, lo que da la idea de trabajo desordenado rindiendo culto al asfalto y cemento.

La capital es la más grande de nuestro sistema de ciudades y probablemente sea la ciudad serrana mayor del país. Los migrantes y sus numerosas generaciones ya asentados en estos suelos por más de cincuenta años han cholificado su esencia, es decir, la base andina ha asumido un mestizaje con la cultura urbana y la cultura chola es la síntesis de esta fusión, muchas veces, además, informal o achorada. Es chola y global, nacional y global.

Lima tendrá futuro cuando sea patrimonio de los limeños con una identidad que recoja lo mejor de nuestra historia incorporando al Perú profundo, concepto acuñado por Jorge Basadre y retomado por Arguedas.

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