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ARCHIVO DE ARTÍCULOS PERIODÍSTICOS

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El mandato de la Ciudadanía
Mensaje confidencial al Soberano


Por Edgar Montiel
Fuente: librosperuanos.com
Enero, 2016

Honorable Ciudadana,
Honorable Ciudadano,

Me dirijo a ustedes como personas individuales y como cuerpo social porque son los titulares del poder soberano en toda sociedad o nación constituida. Habiendo escogido la República como régimen político y la Democracia como sistema de vida colectiva, ustedes son el principio, el origen del poder soberano legítimo, el que delega el Poder –sin transferirlo– en cada período de gobierno a un Jefe o Jefa de Estado elegido por mayoría ciudadana. Y lo mismo ocurre con la elección popular de los Congresistas, Alcaldes y Gobernadores regionales, que deben representar, conforme al pacto nacional, los intereses del pueblo elector.  

Y me dirijo a ustedes, Ciudadana y Ciudadano, porque expresan la diversidad del pueblo y encarnan las grandes mutaciones del ser social peruano, pues conforman hoy la mayoría urbana del Perú, descendiente de aquellos abuelos y padres provincianos que abandonaron sus comunidades y pueblos por las ciudades grandes del país, en esos años duros del desborde popular y la guerra interna. La vida brava, con sus retos y oportunidades, los ha instalado en los barrios periféricos, donde día a día construyeron a punche la esperanza. Hoy, la mayoría de ustedes han concluido sus estudios secundarios y muchos prosiguieron su educación en las universidades. Ahora todos sus  hijos quieren ser profesionales. Gracias al brío de sus esfuerzos personales, ustedes han salido del sector E y D y se incorporaron al C y B, integrando ese 56% de la población urbana que marcan hoy las estadísticas: constituyen una emergente nueva clase media, actuante, innovadora, motor del crecimiento económico y comercial, ascensor de la movilidad social, y contribuyente significativa del erario público. En el 2021, año del Bicentenario de la fundación de la República, constituirán el 70%  de los electores. La reinvención del Perú está en sus manos.

Ciudadana (ojo, Ciudadano, el vocativo es para ambos, pero en ocasiones me dirigiré a  Ella por principio de equidad de género), tengamos presente que ha costado una lucha de siglos ganar para el pueblo ese Derecho Soberano de elector. Se tuvo que vencer vasallajes, esclavitud, opresión feudal, monárquica, teocrática, y  en América  liberarse de conquistas y colonialismos externos e internos. Tras batallar en el frente jurídico y económico para que se reconozca el Derecho Natural y de Gentes, recién en 1612 el filósofo Francisco Suárez, de la Escuela de Salamanca, pudo sostener abiertamente en su Tratado del Dios Legislador que todo gobierno legítimo tenía que contar con el consentimiento del pueblo.

El parto de la modernidad política fue instituir el principio de la Soberanía del Pueblo para gobernar, que como todo parto fue lento y doloroso. Por supuesto, se opusieron todas las monarquías, pero más las absolutistas, donde tuvo que haber Revoluciones para instaurar Repúblicas. Otras evolucionaron hacia Monarquías Constitucionales, que admitían la representación popular para validar el gobierno del Monarca. Tradición que se mantiene hasta nuestros días. En la reciente abdicación del Rey Juan Carlos I de España, fue una votación del congreso la que validó la abdicación del rey y la asunción al trono de Felipe VI. Es un Reino legitimado por la voluntad popular.

Como vemos, Ciudadana y Ciudadano, esta conquista histórica crucial para los pueblos tenemos que respetarla como Sociedad y hacerla respetar a los que reciben el mandato popular. Vigilantes ante poderes no electos, externos al Estado, que influyen de facto en los ámbitos del Poder Público legítimo, como grupos empresariales, militares, tecnocráticos, mediáticos, figuras advenedizas como “Primera Dama”, “Asesor Especial”, etc. Detentar este poder de elección genera deberes de responsabilidad, pues se trata de escoger el mejor programa propuesto por los candidatos, saber si éstos responden a las necesidades actuales y futuras de la nación, y si los candidatos tienen suficiente capacidad intelectual, moral y profesional. Esto reclama de ustedes un conocimiento cierto de  la realidad del país, de sus necesidades, saber de los problemas pendientes y las alternativas de solución, tener criterios para escoger el candidato o la candidata idónea, saber qué formación tiene (la Constitución no exige nada al respecto), si tienen experiencia (hubo candidatos que saltaron a la Presidencia sin tener experiencia del Estado), qué valores practica el aspirante, con quiénes hace equipo, quiénes financian su campaña, en esto hay un muro de opacidad...
Saber todo esto es importante para elegir. Coincidirán conmigo, Ciudadanos, que este desconocimiento es el talón de Aquiles del elector y, en parte, de los candidatos. Comencemos refiriéndonos al imaginario de país. Con frecuencia en nuestros compatriotas hay una visión distorsionada del país, son “percepciones” fragmentarias que forman “sentido común”. Este  elector no elige sino simplemente “vota”. Frente a un déficit de representación del Perú en el imaginario social, es útil tener presente algunos datos duros, hitos relevantes para el elector o candidato cuando se trata de gobernar un país como el Perú:  

–En términos culturales y de implantación territorial esta entidad empieza su estructuración en el espacio andino hace 14 mil años. Ya hay asentamientos humanos y se practica la agricultura. Hacia ocho mil años se prepara las primeras formas de la Pachamanca. Hace siete mil años se cultiva la prodigiosa Papa (ver libro 14 mil años de alimentación en el Perú de Elmo León Canales). A 5300 años cuenta ya con Ciudades-Estados, como la Ciudad Sagrada de Caral, reconocida como Patrimonio Mundial, y ubicada junto a civilizaciones fundantes de la Humanidad como la Mesopotamia, China, Grecia e India.
–Este proceso civilizatorio se afirma en el espacio sudamericano con la construcción del Cápac Ñan –Ruta Principal Andina– cuyos primeros tramos se iniciaron en el siglo XII de esta era y alcanza su mayor extensión (20 mil Km) en el siglo XVI, conectando territorios de los actuales Argentina, Chile, Bolivia, Perú, Ecuador y Colombia. Propuesto por estos países, a iniciativa del Perú, fue Declarado Patrimonio Cultural de la Humanidad en el 2014.
–Desde 1522, en Panamá, base de la expansión colonial hacia el Sur, se nombraba a los territorios del Mar del Sur como “Perú”. Y desde 1534, por noticias de Gacetas publicadas en Lyon, Venecia y Nuremberg,  se informa en Europa de la Conquista del Perú y el rescate en oro de Atahualpa. Así, el nombre Perú se posiciona en el imaginario europeo (explicación en parte I).
–En términos territoriales, el Perú tiene 1 millón 285, 215 Km2 y se ubica como tercero en extensión de Sudamérica, después de Brasil y Argentina.
–Por su variedad de pisos ecológicos y de climas, el país forma parte de los 12 países con mayor biodiversidad en el mundo (“Grupo de Acapulco” en ONU). Sólo se ha inventariado el 6% de la biodiversidad de la Amazonía. Juntos, los países andino-amazónicos cuentan con el 30% de la biodiversidad planetaria.
–En producción pesquera, el Perú es segundo en el mundo y primero en Latinoamérica.
–En minerales, como extractores de cobre, plomo y plata, Perú es cuarto en el mundo. En oro, octavo en el mundo.  
–En los indicadores de Desarrollo Humano, de Naciones Unidas, está ubicado en el grupo de países medios,  puesto 77 de 187 países, con indicadores: esperanza de vida, 74,2 años; escolaridad: 8,7 años; ingreso per cápita, 9306 dólares anuales. Por debajo de Uruguay, Argentina y Chile, en la región.

Comprenderá, Ciudadana –usted que administra su hogar y conoce los recursos con que cuenta–, que estos datos son importantes para quien pretenda gobernar el Perú, saber gerenciar con responsabilidad los recursos del hogar de todos. No es un país carenciado, todo lo contrario. Cuenta con provechosos recursos humanos, culturales, naturales, minerales, marítimos, y hasta con un nombre posicionado en el imaginario mundial, a valorar en esta era de la imagen (un soft power a proteger). En cuanto a recursos humanos, hay que tener presente que contamos con un pueblo esforzado, adaptable, creador por antonomasia, con experiencia arraigada de trabajo colectivo, que hay que saber movilizar en favor de grandes objetivos de desarrollo duradero. (Me referiré a esto más adelante). Estos recursos tangibles e intangibles tienen que fructificar gracias a la acción de una clase política preparada para ello.

La tarea es compleja y exaltante. Para aprovechar durablemente los recursos existentes se requiere un cuerpo de dirigentes experimentados, honrados, sabios en sus decisiones, sin lugar a la improvisación y con un especial sentido de previsión: el Perú está ubicado desde siempre en una zona geográfica sísmica; visitada además por la Corriente del Niño, con la secuela de alteraciones climáticas que afectan a la población y a la producción. Vivimos en una geografía cordillerana que ha marcado desde siempre la vida social, productiva, organizativa, y las comunicaciones, de allí la importancia de las carreteras. Los antiguos peruanos han sabido sacarle provecho a estos territorios cultivando por pisos ecológicos, aclimatando los productos a los climas, estableciendo caminos seguros, adaptando las construcciones de casas, organizando a la población para el trabajo colectivo. Tradiciones que han perdido fuerza. En la filosofía de la historia peruana se inscribe esa capacidad creadora para hacer frente a la adversidad de la geografía, y la capacidad del trabajo comunitario, de reciprocidad, para fructificar la tierra en medios tan adversos. Creación y Comunidad son valores que emanan de esta filosofía de vida.  

Los gobiernos de la República no han sabido hacer frente a estas adversidades. Voy a poner algunos ejemplos: se estima en cien mil los accidentes de tránsito en las ciudades y carreteras del Perú, ocasionando cinco mil muertos anuales (la prensa estima el doble). Esta es la cantidad de muertos de la guerra en Siria el año pasado. Es como tener una guerra cada año. Estas muertes son perfectamente evitables. Los ómnibuses y camiones se despeñan siempre en los mismos lugares, los chóferes se desbarrancan ¡por sueño!, pues no hay turnos en el servicio de pilotos. Un Plan Integral y de monitoreo en tiempo real podría evitarlo. Reeducar a los chóferes. Establecer el mapa de lugares peligrosos, señalizados, y controlar por GPS y cámaras a los conductores a fin de  comprobar el cambio de turnos en la hora programada. En muchos países he visto esta práctica. Pero cada año “el cadáver ay siguió muriendo”.

Para temblores, sismos y huaicos, también hay respuestas a prever. Hace unos años Naciones Unidas realizó en el país un inventario de lugares vulnerables a huaicos. Este inventario existe y tendría que ser actualizado periódicamente y difundido con amplitud. No es suficiente sacar en procesión al Señor de los Temblores. Defensa Civil y las organizaciones de la sociedad civil tendrían que estar coordinados en permanencia para intervenciones a tiempo, y en particular crear en las escuelas Comités de Prevención, con formación-acción permanente para reaccionar ante desastres naturales. Para zonas rurales existen manuales con métodos ancestrales de prevención de desastres, basados en la observación de la naturaleza y de los animales. Hice esta experiencia en un país como Guatemala, sensible a sismos,  en el equipo de  Naciones Unidas.

Ya ve, Ciudadano, por qué es importante que la autoridad que usted va a elegir esté  formado en gestión de recursos económicos, humanos y tecnológicos, que sean personas creativas en la resolución de problemas, con hábitos de trabajo coordinado entre Instituciones del Estado-Partidos-Universidades-Asociaciones-Ciudadanos. Que conozcan bien el país o la región que pretenden gobernar, que sepan cuáles son las constantes históricas y geográficas que marcan la vida peruana.
Coincidiremos, Ciudadana y Ciudadano, en que la gobernanza del Perú con su diversidad y complejidad no podemos dejarla en manos de personas que no se han preparado expresamente para esto. La elaboración de las leyes, la ejecución de  planes sectoriales, la gestión de ciudades medianas y grandes, el gobierno de los Departamentos y Regiones, son responsabilidad –elegidas o nombradas– de personas que tienen una formación profesional en estos campos. Ahora tenemos como legisladores a voleibolistas, cronistas deportivos, pastores, vedettes, publicistas, líderes sociales, mineros, cocaleros, dirigentes de pueblos originarios, empresarios audaces, militares retirados, personas sin formación conocida, y una minoría de profesionales en leyes, economía o administración. Por supuesto, toda la diversidad cultural, social, territorial, profesional y de género, debería estar representada en el Congreso Nacional, para que sean expresión viva de la “representación nacional”. El único requisito común es que todos tengan niveles de estudios adecuados para asumir altas responsabilidades de Estado, sino ahondaremos el fenómeno de la sub-representación del cuerpo nacional.

Es claro, Conciudadanos, que todos tenemos derecho a aspirar a un puesto de elección popular. La Constitución de 1993 establece como únicos requisitos para ser Congresista o Ministro “ser peruano de nacimiento, gozar del derecho al sufragio” y “haber cumplido 25 años” (art. 90° y art. 124°). Y para Presidente, “tener más de 35 años” (art.110°). Nada más. Y esto trae mucha cola. Deja en el vacío el nivel educativo y moral necesario a todo aspirante a ejercer altas responsabilidades públicas: el tener un nivel de conocimientos que corresponda a las exigencias del cargo a ejercer. Este deber moral (Kant) y la necesidad de saber para tomar “decisiones responsables” (Weber), la Constitución Peruana los pasa por alto. No lo hace para designar autoridades del Poder Judicial, allí reconoce el papel relevante de la formación  (Academia de la Magistratura).

Estas incoherencias saltan a la vista: por principio republicano, es el Estado quien otorga “Títulos a nombre de la Nación”, reconociendo y certificando así los esfuerzos educativos personales del ciudadano. Es extraño que el Estado peruano desconozca estos Títulos cuando se trata de cargos de elección popular, donde se toman decisiones que implican elevados montos del presupuesto público y se adoptan medidas importantes para el buen gobierno local y nacional. No exigir por ley niveles adecuados de formación para cargos públicos es una demagogia que ofende y subestima las capacidades del pueblo. La demagogia se define como una conducta populista que “halaga al pueblo, siendo contrario al interés general”. Hoy en día no hay edad ni barreras para aprender: se ha democratizado el saber y el modelo de “educación a lo largo de toda la vida”. De modo que tod@ ciudadan@ con voluntad de servicio público puede incorporarse a él preparándose a tiempo debidamente. Hay facilidades tecnológicas para este aprendizaje. Es señaladamente meritorio cuando líderes populares, sindicalistas, dirigentes de pueblos originarios, líderes mujeres, personas discapacitadas, se preparan para ejercer responsabilidades públicas. En muchos países hay escuelas de formación para dirigentes sociales, gremiales, partidarios, de diferentes sectores. Esto eleva la calidad del debate público y la calidad de las decisiones en el ámbito sociopolítico.

Conciudadanos, como habrá advertido por los medios, hoy en día la no-profesionalización del personal político es una de las causas del descredito del Congreso, y de la “política a la peruana”, que marca la calidad de decisiones adoptadas, la conducta  de los congresistas, y la pobreza conceptual del debate parlamentario. Se olvida que el Congreso es una tribuna  pública donde se ejerce docencia abierta sobre asuntos públicos de interés general. Y lo mismo ocurre en la gestión de ciertas alcaldías y gobiernos regionales. Pocos planes consistentes y mucho gasto sin resultados probados, doblado de fraudes, licitaciones tramposas, obras mal hechas, sobornos, mafias, violencia criminal, que han llevado a alcaldes, regidores y gobernadores a procesos penales. Con razón Julio Cotler señala que “el Perú vive una democracia sin partidos y de neófitos”.

¿Qué hacer ante todo esto, Ciudadana? ¿Qué mensaje trasmiten estas prácticas a nuestros hijos, a la escuela, a la sociedad? Es claro que no todos llegan al Estado de buena fe sino para servirse del cargo público, por interés lucrativo personal o de grupos organizados. Acceden al puesto por medios venales, son cargos comprados, mediante aporte de fondos que servirán a financiar la campaña del candidato, a cambio de asegurar un lugar adecuado –según montos– en la lista al Congreso o del Gobierno Local. No escapan a esta práctica “grandes aportantes” para amarrar  nombramientos en puestos claves de la Administración Central o en Embajadas del Perú. En diferentes gobiernos “contribuyentes no políticos” han sido incorporados en la cuota política (20%) establecida en la Ley del Servicio Exterior para cada gobierno entrante. Ocurrió en las Embajadas de Roma, México, Madrid, París, Panamá, Guatemala, Caracas, La Habana, entre otras. Así se corrompe el sentido original de la ley, de que dirigentes políticos tengan incidencia en el ámbito diplomático. A nivel local este tráfico venal en puestos de elección de regidores, alcaldes y gobernadores regionales es más frecuente.

En esta subasta de cargos públicos interesa un comino si el candidato es profesional o no,  si está formado para esa responsabilidad, si tiene experiencia o si tiene “programa”. El origen de todo esto está en la ausencia de financiación pública en la vida política del país. El Estado ha dejado, extrañamente, en manos privadas la financiación de los partidos políticos. Esto crea un vacío de autoridad y de reglas sobre la financiación legal de las campañas políticas nacionales o locales, y deja abierta las puertas a formas amañadas del ejercicio electoral: compra de cargos públicos por individuos o grupos de poder, cuotas para mafias y el narcotráfico, influencia de empresas fraudulentas, corrompiendo así a diestra y siniestra los principios de la Soberanía Popular, que ustedes encarnan. Esto es un secuestro del poder electoral legítimo de ustedes, que destruye la esperanza de la ciudadanía en la mejoría de su situación, conduce al ciudadano a la decepción política, a la desilusión de la democracia, a la desconfianza de las instituciones, sendero conducente a la desobediencia civil y la revuelta popular.
Hablando en confianza, Conciudadanos, si vamos por ese camino sólo los ricos y los violentos podrán influir en política...

Pero no nos vamos a quedar de brazos cruzados, Conciudadanos, esta anomalía de la política peruana  tenemos que superarla rápido y unidos. Veamos la realidad del mundo. Vivimos en una era globalizada, tecnológica, hiperconsumista, con una fuerte interdependencia, en situación frágil por el recalentamiento climático planetario. A este escenario se suma el poder desbocado de redes transnacionales de criminalidad y narcotráfico. El mundo se ha complejizado como nunca; para hacerle frente se ha instaurado una gobernanza global, en estas condiciones la gobernanza peruana no puede estar en manos de políticos novatos, sin una comprensión del mundo, con visiones fracturadas de país, sin conocimientos interdisciplinarios y con escaso vuelo intelectual para intervenir en el Gobierno del planeta.

Esta nueva realidad exige una formación esmerada del Hombre o la Mujer de Estado, se requiere hoy profesionalizar a todos aquellos y aquellas que tengan la voluntad de servir a la nación desde las diferentes instancias del Estado. Servicio que exige decisiones sabias, estrategias bien pensadas, conocimiento profundo de los problemas, rigor en las propuestas y en las decisiones, ser ciudadanos cultos, leídos, políglotas, capaces de seguir la rápida evolución del Perú y el mundo. Nuestro país, que tiene un reconocido Patrimonio Cultural, Natural y Humano, debe contar con decisores políticos de primera nivel, preparados en la parte conceptual y operacional de la política. Pongamos exigencias altas, como tiene que ser.  Necesitamos una clase política de excelencia, cohesionada, experimentada, innovadora ¿Cómo lograrlo?

Honorables Conciudadanos,

En el discurso ante el Rector de San Marcos expuse la necesidad de crear una Escuela Nacional de Gobierno, ENGO, donde se forme la clase política dirigente del país. Los dirigentes y gestores de las políticas públicas nunca nacen por generación espontánea; el relato del caudillo providencial y carismático que se convierte en eximio Estadista es un cuento. La complejidad de las decisiones políticas a todo nivel requiere competencias intelectuales, morales y técnicas. Mi experiencia de 30 años en Naciones Unidas, en tráfico constante con equipos de gobierno, Ministros, Jefes de Estado (y de profesor en Ciencias de Gobierno), me ha mostrado la necesidad imperiosa de una  formación rigurosa del personal político. No es posible formular Políticas Públicas consistentes si sus “conceptuadores” y “operadores” no tienen una sólida formación en ciencias económicas, ciencias políticas y jurídicas, y en gestión pública. Veamos de cerca.
Hablamos, Ciudadanos, de una Escuela de Gobierno que enseñe a conceptuar la realidad socioeconómica y cultural donde se deberá intervenir mediante Políticas Públicas territoriales. Esto requiere dotar a los estudiantes de capacidades prácticas que les permitan ejecutar proyectos estratégicos, y obtener resultados satisfactorios. No se trata de repetir la Facultad de Ciencias Políticas, de Derecho, o Administración, que ya existen separadas en las universidades, sino de una Escuela para el Gobierno de la Nación, que es por definición un ejercicio interdisciplinario para servir a la colectividad en su conjunto. En esta Escuela se estudia para la acción, se piensa con sentido estratégico, se prepara para trabajar con diferentes actores sociales –sean públicos, privados, partidarios, asociativos– juntos o por separado, se aprende a comunicar con un discurso pertinente a cada una de las comunidades culturales de la nación, y se ejercita en la ética de decidir a ciencia y conciencia el dinero público destinado a lograr determinados resultados.

En atención a las necesidades de nuestro país, y tomando en consideración las diversas experiencias internacionales, nuestra Escuela deberá tener dos campos prioritarios de formación:

I. Una sólida formación académica y práctica en tres ejes disciplinarios:  
Economía nacional, regional y local con enfoque de desarrollo sostenible. Economía y Comercio Internacional.
Administración Pública y Derecho Público. Gestión estratégica de recursos humanos, naturales, tecnológicos, y del conocimiento. Ética y Deontología del Administrador Público.
Filosofía y Teorías Políticas. Estrategias Políticas y de Negociación. Historia política del Perú y el mundo. Defensa Nacional.
        
II. Una sólida formación práctica, operacional, para una función pública eficaz, lo que requiere ejercitarse en:
Lectura de estadísticas e indicadores cuantitativos y cualitativos, así como estudios focalizados que sustenten decisiones de gobierno.
Comunicar es gobernar. Comunicación escrita y oral como acción de gobierno. Manejo de nuevas tecnologías de comunicación. Redacción del discurso político y administrativo.
Prácticas de negociación y resolución de conflictos.
Uso de tres lenguas: buen manejo del español, de una lengua originaria (quechua o aimara) y una lengua extranjera (inglés, francés o chino).

Este es el perfil básico, Ciudadanos, que debería tener un aspirante al Servicio Público, o un dirigente de partido interesado en hacer una Carreta Política seria y provechosa para el país. Es la formación que corresponde a un Estadista de verdad. Esta escuela está conceptuada para estudiantes que ya aprobaron dos años mínimos de formación universitaria, cualquiera sea la disciplina. Perfiles que no vengan sólo de Derecho, Economía o Administración sino también de Medicina, Ingenierías, Defensa, Ciencias, Biología, Gestión Cultural, Arqueología, etc. La lógica es que necesitamos una Alta Administración para todas las ramas del dominio público. Un hospital grande necesita un Médico-Administrador de nivel, Machu Picchu un Arqueólogo-Administrador  etc. La duración completa para graduarse de Oficial de Administrador Público sería de tres años (6 semestres), equivalente a una Licenciatura.

La pedagogía a aplicarse en la ENGO es la de Educación en Alternancia, es decir de Trabajo y Estudio: en cada semestre el estudiante recibe en la Escuela clases por tres meses, y hace prácticas en la Función Pública (un ministerio u otras dependencias) los otros tres meses. Las semanas de practica-aprendizaje en dependencias serían de lunes a jueves. El viernes estaría dedicado a seguir sus cursos en la Escuela, sean académicos u operacionales. Es un régimen de formación intensiva, a tiempo completo, por lo que se debe prever becas para los estudiantes, que podría lograrse mediante convenios con los Ministerios o Instituciones receptoras de estudiantes. Todas las materias a enseñarse son claves para esta formación, y se imparten en su versión más actualizada, como el Desarrollo Durable, los enfoques de Economía Internacional, o el uso de tecnologías limpias, consonante con los Objetivos de Desarrollo Durable de las Naciones Unidas.
Es una formación semejante a la de la Academia Diplomática. Esta analogía es importante, pues la Academia ha formado un cuerpo cohesionado y competente de diplomáticos profesionales que han dado estabilidad y continuidad a la política exterior peruana, con resultados conocidos, constituyendo un sector competitivo dentro de la Administración Pública. Por acuerdo a establecer con la Presidencia del Consejo de Ministros, de donde depende la gestión de personal de la Administración Pública, las promociones de graduados, según Orden de Mérito y por concurso, se incorporarían al Servicio Público del Gobierno de la República.

Como ven, estimados Conciudadanos, la formación de los servidores públicos es un asunto muy serio, decisivo para la buena marcha de los países, que no puede dejarse al espontaneísmo y a las veleidades de la política menuda. Escuelas como la ENGO, sumadas a las Escuelas existentes, podrían reunir un contingente de 200 egresados anuales que, en una década, podrían cambiar significativamente el escenario político-administrativo del país, apuntalar un Estado reactivo a la demanda ciudadana, instituir un cuerpo de administradores públicos y funcionarios electos performantes. Con personas de esta calificación podremos formar la Clase Política que el país necesita con urgencia. Así dejaremos de ser ese país grande, rico y antiguo pero subgobernado, incapaz de movilizar sus potencialidades.

Para integrar esta Clase Política deberá forjarse en los Departamentos y Regiones una comunidad dirigencial, capaz de llevar adelante planes de Desarrollo Local adaptados a las necesidades y a las proyecciones del Departamento. Planes con visión territorial inscritos en una perspectiva nacional. Por ahora hay pocos resultados alentadores en los gobiernos regionales. La mayoría de dirigentes locales son “notables” de la ciudad, o comerciantes “prósperos” o “caciques políticos”, con escasa visión de gestión pública y asignación de recursos. A pesar de la existencia de recursos públicos y del canon minero, los resultados medianos saltan a la vista, engordando la corrupción. Situación que alienta el copamiento de puestos públicos por grupos locales de poder. Ante esto, las filiales de la ENGO en las regiones, o escuelas similares creadas por Universidades del interior, deberán asumir la función de formadores de las clases dirigentes en esas zonas. Estas son tareas pendientes de la Clase Política. La Escuela podría ser la palanca de Arquímedes de esta construcción.

De este modo, estimados Conciudadanos, si vamos a votar por un candidato a Gobernador, Congresista o Presidente, fijémonos bien si tiene una cultura económica, histórica, jurídica y experiencia de gestión, pues esas disciplinas serán su quehacer cotidiano. Aquí no vale el cuento de que “para eso están los técnicos”, los “asesores”. No, los políticos tienen que saber las disciplinas del Gobierno, El arte de la política le llamaba Han Fei Zi, fundador de la Escuela Legista (221 años A. J.). Fijarse si comunica bien por escrito y oral. No puede haber político en elevadas responsabilidades de la República, del Congreso, del Poder Judicial, Primer Ministro o Ministros sectoriales, que no escriba y redacte bien, este es un requisito esencial subraya Max Weber, que viene de lejos, de emperadores chinos y faraones egipcios a los Jefes de Estado de las potencias actuales. Sería mucho pedir príncipes filósofos, pero un ágrafo no tiene condiciones para Estadista, que se dedique a otra cosa. La claridad textual de los grandes legisladores es una referencia, al punto que Stendhal sostiene que una buena novela se escribe como un Código Civil. Por fortuna, en el Perú nos inscribimos en esta honrosa tradición. Los libros del Inca Garcilaso y de Guaman Poma tratan del buen gobierno de la nación. Garcilaso, por ejemplo, apunta: Mandaba el Inca que las tierras de los vasallos fuesen preferidas a las suyas, porque decía que de la prosperidad de los súbditos redundaba el buen servicio para el Rey, que estando pobres y necesitados, mal podían servir en la guerra ni en la paz. ¡Espléndido consejo de buen gobierno!

Esta preocupación por pensar el Perú y trasmitirlo a la ciudadanía ha continuado y se ha convertido en una honrosa tradición para el Perú. No otra cosa significan escritos  programáticos como La paz y la felicidad del siglo próximo de Viscardo y Guzmán, Idea del Perú de Hipólito Unanue, el Plan Perú de Mendiburu, Paginas libres de González Prada, los 7 ensayos de Mariátegui, El Perú contemporáneo de García Calderón, Realidad Nacional de Víctor Andrés Belaunde, El antimperialismo y el Apra de Haya de la Torre, El Perú como doctrina del partido Acción Popular (obra encargada al filósofo Francisco Miro Quesada), Programa del Movimiento Social Progresista (encargado al filósofo Augusto Salazar Bondy), entre otros. Esta tradición, queridos Conciudadanos, de pensar el Perú y compartir esta visión por escrito a la ciudadanía, no hay que interrumpirla de ningún modo, es un hábito moderno que mantienen los pueblos cultos. El Soberano, ustedes como Pueblo elector, tienen el deber de exigir que estas tradiciones se mantengan, sirvan a la libertad y la democracia para elegir con conocimiento de causa, lejanos de discursitos improvisados para las galerías...   

Veamos ahora la relevancia de una buena trasmisión oral en política. Comencemos por escuchar bien las declaraciones y discursos, si son estructurados, coherentes, convincentes, si balbucean o tienen  vocabulario rico o reducido, si hay matices o es puramente asertivo, si hay críticas y propuestas. “Lo que se entiende con claridad se trasmite con claridad”, decía Pascal. Con frecuencia los políticos entienden a la volada los conceptos de sus asesores, y repiten cosas aproximativas. Si el político no tiene hábitos de lectura y de reflexión, estamos perdidos. Recordemos que toda Mujer u Hombre de Estado, por su propia función, ejerce un magisterio abierto a toda la colectividad, por lo que debe comunicar con corrección oralmente y por escrito. Comunicar es gobernar, una gran parte de la acción de gobierno reposa en funciones comunicativas, más ahora que vivimos comunicados en directo y tiempo real. En las Escuelas de Gobierno, americanas o europeas, se trabaja mucho con los estudiantes una (buena) retórica institucional oral y escrita, especialidad que exige exactitud de expresión, pues es la palabra de las Instituciones la que se trasmite.

Decíamos antes que es hábito de países democráticos exigirle al político que aspire a responsabilidades de primer nivel a exponer su visión de país, sus ideas y propuestas por escrito, en ensayos, libros, donde sostenga de modo estructurado su proyecto y explicite sus alternativas sobre temas cruciales. Esta valiosa tradición hay que retomarla en el Perú, que se ha distinguido por un fecundo pensamiento político en el continente, donde han surgido idearios políticos, filosóficos, culturales y teológicos. El debate de ideas políticas se ha empobrecido en el Perú con la informalización de los partidos, el descredito del personal político, y la instauración de prácticas populistas de derecha y de izquierda. Coincidirán conmigo, estimados Conciudadanos, que no tenemos por qué exonerar a los políticos de hoy del deber de escritura, propio de los Estadistas, y nos expongan hoy, por ejemplo, cuál es su posición sobre el matrimonio para todos; o qué piensan hacer para evitar la implantación de un narcoestado en el Perú; saber cuáles son los beneficios o las desventajas del extractivismo minero. También estamos interesados en conocer sus planes para prevenir desastres naturales, saber cómo usarán las nuevas tecnologías para reducir la ola de inseguridad ciudadana, de qué modo incluirán en la diversidad productiva las industrias culturales y la creatividad popular para generar mayores empleos. En cuanto a educación, nadie se refirió a la formación en alternancia trabajo-estudio, para que nuevas generaciones no caigan en la redes de la delincuencia.

Nada de esto hemos leído en los medios, escrito por políticos activos. Hay ausencia de debates de contenidos. Un candidato serio tendría que tener una propuesta consistente del país expuesto en un Programa Formal registrado en la ONPE. Este organismo tendría que formalizar públicamente los Programas de los Partidos, que por ahora son un adorno de los candidatos. En sentido estricto, el voto es el Contrato que el ciudadano suscribe con el Candidato para hacer realidad el Programa propuesto (¡no el de los perdedores!). Esto obliga a formular propuestas realistas, concertadas, presupuestadas, de los candidatos ¡Todo contrato es por escrito! Y la ONPE tendría que contar con un Consejo Ciudadano reconocido por Ley para evaluar, al término del cuarto año de gobierno, cuánto de la propuesta del candidato se ha cumplido.

Estimados Conciudadanos, como la ley no establece un perfil determinado de “político peruano”, ustedes con sus votos están llamados a realizar la selección idónea. Está en sus manos que lleguen los mejores a los cargos públicos. Veamos, la Constitución vigente establece que para ser Ministro o Congresista se necesita tener 25 años. Nada más. Es obvio que con 25 años se tiene una experiencia de vida limitada. Está en su poder que ustedes se informen y elijan candidatos de más de 40 años, que ya han acumulado cierta experiencia existencial. Y respecto a estudios y formación, la ley no exige nada. En este caso, usted elija a un congresista que tenga al menos una Licenciatura. Y en el caso del nombramiento de un Ministro, el sentido común y el del Presidente deberían ser los de nombrar alguien que tenga al menos una Maestría. La lógica es que, con esos grados, ya tendrían un conocimiento esencial de una carrera, y, lograda cierta disciplina intelectual, habrán escrito una tesis que les ayudó a organizar sus ideas y escribirlas. La exigencia de Maestría para un Ministro se debe a que no se puede ser líder de un sector público sin tener un título que indique cierta especialización. Tener 40 años y un título universitario es lo básico, un “mínimo-técnico” para ejercer una función. Ojo, conciudadanos, esto no es una garantía de brillantez y honradez...  

Y en cuanto a la elección de un Presidente, la Constitución señala como único requisito tener 35 años. También es muy poca experiencia vital y sapiencial para un cargo de esta responsabilidad, todavía con pocos estudios y poco mundo (hay datos que correlacionan edad y calidad gubernativa). Para la Presidencia, ciudadanos, escojamos alguien mayor de 50 años, con una carrera política a cuestas, que tenga mínimo una Maestría, y cuente con una producción escrita donde podamos ver el alcance de su visión, su comprensión del Perú, y las soluciones que propone. Tenemos que elevar nuestras condiciones de exigencia a la clase política. Ser Presidente es el coronamiento de una carrera al servicio del Perú, no es el inicio para debutantes carismáticos u outsiders novatos. Aquí cuenta mucho la experiencia y lo que se llama el genio personal, la inteligencia aguda, el conocimiento de los problemas, sentido anticipativo, manejo de equipos, facilidad de contacto con la gente, etc.

Conciudadanos, la experiencia acumulada es un criterio ineludible en la selección-elección de candidatos. No se puede llegar a Presidente, a Presidir un Poder del Estado, o a Ministro, sin tener una experiencia fehaciente del Estado, de la institucionalidad republicana. No se viene a aprender instalado en la Silla. Nos ha pasado con varios presidentes, que de novicios del Estado saltaron al primer nivel de mando. Nunca habían sido Ministros, Congresistas, Gobernadores. Así se llenó el Gobierno de neófitos y aficionados.

Para evitarlo, como práctica de control ciudadano, debemos seguir de cerca, supervisar, el Plan de Carrera de nuestros políticos y funcionarios públicos, comenzando desde abajo. Conviene que empiecen jóvenes, a los 20 años (luego de haber sido dirigentes estudiantiles, asociativos o vecinales) como Regidores de algún municipio. Allí aprenderán mucho de necesidades locales, de servicios comunitarios, el valor de la participación ciudadana. Pasados los 30 años, podrán pretender ser Teniente Alcaldes o Alcaldes de su distrito, es otro escalón. Hecha esta experiencia, podrán tentar cargos en Alcaldías de Capitales Departamentales o en los Gobiernos Regionales. Ricos de la experiencia ganada, estarán aptos para ser Gobernadores. Cuando lleguen a los cuarentas tendrán capacitad para representar a sus Departamentos en el Congreso Nacional. Habituados al ejercicio de decisiones, al análisis de proyectos, y dotados de un saber práctico, podrán jugar un papel decoroso en la clase política nacional. Este es el perfil de una carrera seria y confiable para el elector; no el arribista o mafioso que llega al cargo gracias a medios venales, como  comprar un puesto en una lista al gobierno regional o nacional.

Como titulares de la Soberanía, ustedes tienen el deber de actuar como Jefes de Personal,  fiscalizar la carrera de nuestros conciudadanos dedicados a servir en la función pública. Estos son hábitos democráticos que se practican en muchos países de la región. En México es impensable llegar a Ministro (Secretario de Estado) si no se cumplió en alguna responsabilidad previa, como Viceministro o Gobernador de un Estado de la Federación. En Brasil el elector valora mucho la experiencia de terreno, la gestión de distritos, capitales, y Estados (fue base de la estrategia gramsciana del Partido de los Trabajadores para ganar el Gobierno Central). En Ecuador y Bolivia los jóvenes cuadros partidarios trabajan mucho en puestos básicos del servicio público, allí hacen su aprendizaje del Estado. En Chile nadie se lanzaría a Diputado si no tiene un grado universitario y experiencia de dirigente en alguna institución. En Uruguay y Costa Rica, muchos profesores universitarios son líderes intelectuales y cívicos, y por eso son muy apreciados en cargos del Ejecutivo y el Congreso. En Europa, en general, los electores favorecen a los candidatos que tienen formación y experiencia en Administración Municipal, si se trata de cargos locales; y para el Estado central, sea Ejecutivo o Legislativo, escogen candidatos con experiencia, que se hayan formado en las mejores Escuelas de Ciencias Políticas o Escuelas Nacionales de Administración.

Honorables Conciudadanos,

En las últimas décadas, el descredito de los partidos y la ausencia de una Clase Política orgánica ha sido llenada “a las carreras” o “a la criolla” con la intervención de familias organizadas y politizadas que se han sentido llamadas –por las circunstancias o el destino– a asumir las riendas de las instituciones nacionales. Ya no son las viejas familias de la oligarquía, los “dueños del Perú” estudiados por Carlos Malpica. Una nueva tendencia clánica se instaura con la presidencia de Alberto Fujimori, que en la década de los noventa gobernó rodeado de Ministros, Embajadores, Congresistas, Altos Funcionarios, de su familia o vinculados a ella o a su comunidad étnica. Se apropiaron de los mandos del Estado. Estos hábitos de favorecer  en las  Instituciones a personas afines a una comunidad familiar o racial, en detrimento del principio meritocrático de seleccionar a los ciudadanos mejor calificados para el cargo, constituyeron prácticas de nepotismo contrarias a las normas republicanas.

En una sociedad que busca consolidar la democracia y fortalecer las prácticas republicanas del Estado, resultaría contraproducente alentar hábitos de nepotismo y manifestaciones dinásticas en la política. Ahora estamos viviendo otras formas de nepotismo y oligarquía familiar: la alianza de las panacas Humala y Heredia ha copado el espacio público. Ollanta Humala y Nadine Heredia en la cima del Estado como “pareja presidencial”, (poder compartido  no reconocido por la Constitución). En mandos de ministerios e instituciones públicas están primos, primas, tíos, tías, con sus esposos, allegados, amigos, coterráneos, y “promocionales” (de la promoción del Presidente), que comparten la condición de ser de confianza. En la oposición crítica desde dentro y fuera de la panaca están también los Humala: don Isaac, el padre del Presidente, patriarca y estratega de la familia, se opone con acidez y humor. En la crítica-sin-contemplaciones está el hermano mayor,  el Ing. Ulises Humala, que también tentó ya la Presidencia y sigue tentado. Y en la oposición radical, violenta, está el hermano menor Antauro Humala y sus etnocaceristas –involucrados en las acciones de protesta– quien también tiene aspiraciones presidenciales. El hermano menor, Alexis, dedicado a los negocios, no ha desmentido tener ambiciones presidenciales.

Como vemos, los Humala no están sólo en el Gobierno, están también en la oposición crítica y en la oposición violenta. Pero además están activos en el juego de la alternancia de poder, de modo que un “Humala mejor reemplace al Humala actual”, según don Isaac. A los aspirantes Ulises y Antauro (cumpliendo este último pena de cárcel) habría que sumar la bióloga Ima Súmac, que con apoyo de don Isaac viene ensamblando otro movimiento para la Presidencia. Ya don Isaac ha recordado que “todos sus hijos están aptos para ejercer la presidencia”.

En la historia de la política peruana es un hecho inusual el surgimiento de una familia con este perfil, cuyos miembros quieren ser todos presidentes. La madre de los Humala, la Sra. Helena Tasso, ha sido una abnegada profesora de escuela durante cuatro décadas, particularmente versada en Literatura. El padre, Isaac Humala, abogado de formación, lector voraz y militante comunista desde su juventud. Fue instructor de los aspirantes a la Juventud Comunista en los años cincuenta, durante la dictadura del general Odría. Se recuerda sus intervenciones en el Círculo Cahuide, de la Universidad de San Marcos, donde militaba el joven Mario Vargas Llosa, Félix Arias Schereiber, Lea Barba, Antonio Muñoz, Alfredo Durán Abarca, Rafael Merino, Héctor Béjar, entre otros (el periodista José Luis Ayala tiene en curso un estudio al respecto).

Sin duda, la mejor cosecha de don Isaac y doña Helena han sido sus propios hijos. Han mostrado que es posible sembrar en sus hijos ambiciones mayores, darles disciplina, interés por los cambios en el Perú. No han buscado formarse en una Escuela de Ciencias Políticas para entrar en la arena política. Esta experiencia familiar es sin duda encomiable. El problema es que los desafíos a vencer son complejos, estructurales: se trata de gobernar un sistema institucional, de administrar una vasta geografía, cambiar una sociedad plena de desigualdades, y eso no se puede realizar a puro voluntarismo, sin tener una formación consistente basada en la ciencia y el saber, un conocimiento profundo del Perú y una experiencia sustantiva del Estado y la evolución del mundo. Esta forma de bonapartismo encarnado en un militar retirado, de asumir una tarea colectiva, corporativa, como una misión personal o en “pareja presidencial” es un error mayúsculo que estamos pagando muy caro. Los peruanos elegimos al candidato Ollanta Humala para evitar caer en la tentación dinástica de instalar en la Presidencia de la República a la hija del expresidente Fujimori. Los peruanos necesitamos vencer los retos del Perú fortaleciendo las instituciones, construyendo la institucionalidad republicana faltante, no debilitándolas con prácticas nepóticas y oligarquías familiares. La gente está harta de que el espacio público sea invadido por clanes familiares.

Apreciados Conciudadanos,

Hay otro hábito que merece nuestra atención. ¿Cómo entender que en el Perú se tome en serio la figura del “outsider” en política? ¿Será acaso que tenemos un imaginario sensible a lo providencial, que esperamos la llegada de un líder desconocido enviado por el Destino para ganar la Presidencia, ponga orden, distribuya la riqueza entre los pobres, y sea valiente para enfrentar las tropelías de políticos corrompidos? En sociedades rurales y pobres sobrevive esta ilusión providencialista. Robin Hood fue el arquetipo medieval; en nuestra tradición se encarnó en caudillos y caciques del campo, expresión del viejo patriarcalismo. Cierta sociología rural los consideró bandidos sociales, que “roban pero dan trabajo a los pobres” o “son corrompidos pero comparten el botín”. Hay que reconocer que esta ha sido y es una de las formas históricas de acumulación originaria del capital, de donde han surgido grandes fortunas o familias empresariales. La plata no nace limpia...

Como es una creencia difusa y extendida, la gente cree en un enviado que vendrá de fuera del sistema para componer el orden interno. Fujimori y Humala se beneficiaron de este activo mental. Insumo que los medios no subestiman cuando se trata de mantener la expectativa, la magia de las elecciones como modo legítimo de renovar periódicamente las esperanzas populares. Porque, en el fondo, las elecciones son eso: una renovación de esperanzas. ¿Se han dado cuenta, Conciudadanos, que algunos líderes de opinión están convencidos más de la cuenta?: un periodista valiente y pensante como César Hildebrandt reclama un salvador “¡Dónde está nuestro outsider!”, “Dónde está nuestro Pablo Iglesias” (el líder de Podemos). Y cuando aparece un tecnócrata como dark horse en la carrera, Mirko Lauer, columnista influyente, invoca como bautismo un “manguerazo” a lo Belaunde. El jefe de Ciudadanos por el Cambio busca como outsider una “actriz popular”. Un analista radial sostiene que Antauro Humala guarda su aura de outsider porque hizo “su andahuaylazo” (como hizo su hermano “su locumbazo”). A un candidato-empresario debutante se le descalifica porque “no tiene tractor”, como el chinito. Puede que en la política peruana cuente todo esto, por eso estemos atentos a todas las señales que nos envíe el destino...

Coincidiremos, estimados Conciudadanos, en que no debemos tomar estas cosas al pie de la letra. Claro, con todo derecho ustedes podrían reclamar que en vez de rastrear al fantasmal “outsider” se busque al mejor administrador público que ejecuta en estos momentos proyectos exitosos, o se indague sobre el gobernador o gobernadora que maneja con acierto su región (los hay), se identifique también a los mejores profesores de Economía que están trabajando proyectos alternativos de desarrollo; o preguntar por los mejores egresados de las Escuelas de Gobierno que se forman para trabajar en el Estado.

¿Ven que podemos encontrar personas idóneas? Por el lado de las Ciencias y la Tecnologías nos encontraremos con peruanos y peruanas que realizan proyectos exitosos con pocos fondos y alto impacto social. También hallaremos peruanos de alto nivel que trabajan para gobiernos del exterior, y son reconocidos en esos países. Y científicos y educadores peruanos que enseñan en grandes universidades e institutos de fuera, a quienes en el Perú no se les abre campo. Descubrirán también que el país tiene experimentados funcionarios internacionales en el sistema de la ONU, a quienes no se les vincula con la política nacional. Y por supuesto, se encontrarán, además de los graduados en las Escuelas de Gobierno, con funcionarios egresados de la Academia Diplomática que ya tienen valiosa experiencia,  o profesionales egresados del Centro de Altos Estudios Nacionales (CAEN, hoy en vías de renovación). De modo que no se puede decir que el Perú no tenga gente preparada técnica y moralmente para altas responsabilidades.

Esta reserva de peruanos de alta calificación y reconocida experiencia es la de los observadores de la política nacional, cuidándose de no asomarse mucho al fuego del juego político partidario. La pregunta, Conciudadanos, es ¿cómo incorporarlos a la cadena de decisión del Estado peruano? Son necesarios para responder a retos muy complejos de orden societal, económico, medio-ambiental, de salud, catástrofes naturales, y de seguridad ciudadana, cuando el Perú no cuenta en su arquitectura institucional con una Academia de Ciencias, un Sistema de Investigación Científica, o realiza consultas regulares con los Colegios Profesionales, de modo que funcionen como brazo asesor permanente del Estado en estos campos.

Tampoco nuestros políticos, ministros, y el propio Presidente, tienen hábitos de diálogo frecuente con los sectores académicos, intelectuales y científicos de la nación. Están aislados de las redes de producción del saber. No hay circulación de saberes en el ámbito político. Y esto se nota en la poca calidad de las decisiones que se toman en instancias del Ejecutivo y el Congreso (se denuncian constantes plagios) o en los documentos o discursos que lee el Presidente y los Ministros. Un discurso Presidencial es una pieza mayor en la estrategia de comunicación de un gobierno, pero se leen textos de poco vuelo, en prosa burocrática. En cuanto a documentos técnicos, una muestra palpable son las deficiencias y vacíos de los Estudios de Impacto Ambiental, requeridos para inversiones mineras, cuyos defectos (a veces calculados) acaban desatando graves conflictos sociales.

No se aprovecha los recursos intelectuales de la nación creando, por ejemplo, Grupos Consultativos de Trabajo, que ayuden a formular y validar social y técnicamente proyectos del Estado. Se trata de socializar los proyectos –más allá de las oficinas– mediante una concertación con los medios académicos y científicos. Las autoridades viven aisladas en su torre de marfil, sacando proyectos desconocidos de un sombrero tecnocrático, que luego el pueblo rechaza en las calles.

El Presidente, sus Ministros, desaprovechan así la valiosa producción de conocimientos que generan las universidades y los centros de investigación del país. Las decisiones de gobierno están con frecuencia desfasadas de las corrientes avanzadas del pensamiento y la reflexión. No hay contacto de los jerarcas del Estado con figuras reconocidas de la inteligencia peruana, que podrían darles luces para sus decisiones. El Perú tiene una treintena de Institutos de investigación científica financiados y olvidados por el Estado, que andan en orden disperso, sin canales establecidos para brindar esa base cognoscitiva sólida a las decisiones de gobierno. Cada Ministerio es una isla desconectada de las demás, sin hábitos de trabajo conjunto, sin mecanismos establecidos para obrar en común. El divorcio entre la Política, las Ciencias y la Tecnología resulta fatal para la sociedad y el desarrollo duradero del Perú.

Queridos Conciudadanos,

Tenía urgencia de compartir con ustedes –y en particular con los jóvenes– esta mirada afligida sobre el destino colectivo de nuestra nación. Sin apoyarnos en la educación, las ciencias y la investigación seguiremos siendo un país subgobernado, sin  poder aprovechar nuestras potencialidades materiales y espirituales. No hay tiempo que perder. Es oportuno recordarles el mensaje de Jorge Basadre al recibir la Orden del Sol en el Grado de Gran Cruz, en 1979, un año antes de su muerte. Dejó a los peruanos estas palabras conclusivas:

País de demasiadas oportunidades, de riquezas muchas veces malgastadas atolondradamente, de grandes esperanzas súbitas y de largos silencios. País dulce y cruel, de cumbres y abismos. País de Yahuarhuaca, el Inca que, según la leyenda, lloró sangre en su impotencia; y de Huiracocha, el Inca que se irguió sobre el desastre. País de las altivas y valerosas Cartas que suscribieron Viscardo y Guzmán y Sánchez Carrión.
Permitan ustedes, señores, a este hombre caminante en la tarde ya muy avanzada de su vida, que exprese aquí una ilusión juvenil, en la posibilidad de que el Perú evidencie su actitud para proyectarse en una dimensión de futuro.

Este proyectarse al futuro es responsabilidad de las generaciones actuales y venideras. En este ejercicio de reinvención del Perú he tratado de repasar la nación desde sus horas fundacionales, cómo desde Panamá se imaginó al Perú como  la tierra fecunda del Mar del Sur. Y recordé el año de 1534, cuándo una Gazeta especial  anunció al mundo desde Lyon, Venecia y Nuremberg, la conquista del Imperio Inca y su publicó por primera vez la palabra Perú. Desde entonces este nombre asociado al Oro, las grandes rutas y la cultura colectiva, se ha instalado para siempre en el imaginario de la humanidad. Un acta de nacimiento que vincula Historia y Utopía. Así se inició nuestra inserción en Occidente, con noticias de conquista, vasallaje, pueblos organizados, virreinato floreciente y rebeliones de independencia.

Hoy, los territorios heredados de los Incas son menos, los pueblos se han consustanciado en los mestizajes, contamos con una excepcional biodiversidad cuidada por los pueblos ancestrales, estamos camino de ser la tercera economía de Sudamérica, tenemos una tesorería cultural reconocida y una producción intelectual sobresaliente. Pero tenemos un talón de Aquiles: no tener una clase política experimentada, competente y cohesionada. Esto vulnera la nación y su destino. Hoy en día las clases políticas son más aliadas y competidoras que nunca, el reorden del mundo obliga. La interdependencia, la escasez de agua, alimentos, energías y calentamiento climático,  acicatean el porvenir. Este es nuestro reto de hoy.

Para compartir con el Soberano, con el pueblo elector, he sacado a la luz estas preocupaciones que viven en mí. Liberado, ahora corresponde a Ustedes ocuparse. Al acercarnos al Bicentenario de la Independencia, el balance de doscientos años invita a reformar los principios de la República, actualizarlos sobre la base de la equidad en democracia, mejor control ciudadano del Estado, mayor protección del  bien común, la forja de la ciudadanía intercultural y de una economía del saber. Todos y todas, como individuos y  comunidad, estamos convocados a la reinvención del Perú.

Lima/París 2015

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