Jaime Reinstein, el militante

Por Osmar Gonzales Alvarado
Fuente: Librosperuanos.com
Marzo 2013

Los judíos-peruanos de izquierda optaron por mantener sus convicciones pero desde el ámbito cultural (revista La Antorcha) o, simplemente, se desentendieron de ellas. Una tercera vía que adoptaron fue la de mantener las ideas y la militancia comunista, como lo demuestra el caso de Jaime Reinstein.

Reinstein nació en setiembre de 1945, es decir, un mes antes que apareciera el primer número de La Antorcha. Su padre, don Felipe era creyente, y murió cuando el pequeño Jaime solo tenía 12 años. Sin embargo, su madre doña Dora, no era religiosa. El hecho de vivir la gran parte de su vida al lado de su madre, alejó a Jaime de toda vinculación religiosa.1

El entorno familiar fue muy importante en la formación de Jaime Reinstein, en especial porque su madre y sus tíos (uno de ellos, por el lado materno, era Moisés Helfgott, miembro de la JJV) eran grandes lectores que lo introdujeron en el mundo de la lectura. Paulatinamente se iría familiarizando con los clásicos de la literatura universal, a tal punto que en el colegio, hacia fines de los años 50, estaba en condiciones de intercambiar libros con sus profesores, especialmente sobre la Segunda Guerra Mundial.

Son los años de inicio de la conquista del espacio, y fue este interés el que vinculó al joven Jaime con la Unión Soviética, en ese tiempo en la vanguardia de los viajes espaciales, con Yuri Gagarin a la cabeza: “Así empezó mi conexión con la URSS; siempre me ha gustado la astronomía, y me influenció mucho. Tengo recortes de periódicos de los viajes, sobre ciencia y ese tipo de cosas fue lo que me introdujo a ese país. También recuerdo que leí mucho sobre la guerra civil española y, en el año 1959, sobre la Revolución Cubana”, recuerda.

El colegio San Andrés (antes llamado Anglo Peruano), fue fundado en 1917 por el Reverendo evangélico escocés John A. Mackay, y en él Reinstein hizo amistad con, entre otros, Guillermo Rochabrún (sociólogo) y Salomón Lerner Ghitis (empresario). Este colegio fue otro espacio propicio para despertar el interés por la cultura y el conocimiento en Reinstein, tanto por la socialización con sus condiscípulos como por la positiva influencia que ejercían sus profesores. Producto de este entorno favorable, formaron un club de debates en el que se reunían los días viernes. Importante fue el magisterio del profesor René Peñaloza, de ideas trotskistas, que enseñaba ciencias y que se hizo muy amigo de los alumnos. Otro profesor que recuerda Reinstein fue el de curso de Lógica, Filosofía y Ética, José Vidal, quien en algún momento había sido militante del PC, aunque después “se volvió un renegado”. Fue el profesor Vidal quien primero les habló del proletariado. Desde otra ubicación ideológica y política, el profesor Oswaldo Regal, perteneciente al Movimiento Democrático Pradista (MDP), también les enseñó a pensar y discutir con fundamentos. Además, tenía la rica experiencia de haber participado en la primera delegación peruana que viajó a URSS. “En sus clases ya no nos hablaba de literatura sino de sus experiencias. Recuerdo que nos contaba que en los jardines nadie tiraba un papelito, de los cuidados que se tenía para proteger las cosas de todos”, evoca Reinstein.

La Revolución Cubana, iniciada en 1959, terminó por definir la posición del joven Reinstein —que todavía no había concluido sus estudios— hacia la izquierda, como a gran parte de su generación, incluso, participó en grupos de apoyo a los revolucionarios de la Isla. En 1962, junto con dos amigos, uno de ellos era Tito Pesce, el hijo de Hugo Pesce —el doctor cercano a José Carlos Mariátegui—, fue a Pre Ingeniería, en donde organizaron un sindicato de estudiantes. Si bien no ingresó a la UNI, en el año 1964 sí lo hizo a la Universidad Agraria, en donde participó en los movimientos estudiantiles.

La relación de Reinstein con la comunidad judía era prácticamente inexistente, salvo la vinculación familiar; más aún luego del fallecimiento de su padre. Curiosamente, su primer contacto con la URSS no se produjo ni por la política ni por la ideología, sino gracias a las visitas de los conjuntos folclóricos de dicho país, a los que gustaba ver e, incluso, hizo buenas amistades con sus integrantes: “Íbamos al Centro de Lima y como estaban alojados por ahí, les hablábamos y los invitábamos a pasear, a La Herradura…”. Es necesario anotar que hasta antes de 1962, estos grupos folclóricos estaban impedidos de ingresar a nuestro país, como también el hecho de que para los peruanos todavía era imposible viajar a los países socialistas, incluso en el pasaporte peruano se imprimía un sello en donde se recordaba tal prohibición.

Luego, a los 18 años, Reinstein ingresaría a la Juventud Comunista, en donde permaneció hasta 1966, fecha en la cual pasaría al PC.2  En ello influyó la noticia que un tío suyo, del cual no había tenido noticia desde antes de la guerra, vivía en la URSS.

Las guerrillas del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR) de 1965 puso en alerta al gobierno de Fernando Belaunde Terry, por ello, eliminó la Instrucción Pre-Militar, porque, decía el presidente, los jóvenes se podían sentir atraídos por la aventura guerrillera. En ese contexto, Reinstein se inscribió en Cooperación Popular, pero finalmente decidió no incorporarse. Sin embargo, recuerda que las charlas que recibió, durante dos meses, le sirvieron para conocer la realidad social del país; ahí conoció a Violeta Correa, futura esposa de Belaunde Terry. En el examen final lo desaprobaron porque señaló que en el Perú no había planificación económica, lo corrigieron diciendo que en el “mundo hay planeamiento, no planificación”, recuerda con ironía Reinstein, quien terminó con una maestría en Planificación de la Economía.

En el año 1967 se realizaron las elecciones para cubrir la plaza de un representante al Congreso por Lima. Por primera vez la izquierda se aglutinó para participar en los comicios llevando a un solo representante. Al principio se pensó en el abogado Alfonso Barrantes Lingán, y Reinstein, entonces estudiante universitario, participó de esas conversaciones para convencerlo junto con Félix Arias Schereiber. Pero Barrantes contestó que la muerte del Che, ocurrida un día antes, el 9 de octubre de 1967, lo obligaba a pensar muchas cosas; jamás regresó.3  Ante ello, los negociadores de la unidad propusieron al ingeniero Carlos Malpica, quien en su juventud había sido militante aprista. Las reuniones se realizaban en el hotel Richmond, en donde se ubicaba la oficina de Genaro Ledesma (quien años después fundaría el FOCEP y tendría destacada votación en la elección por la constituyente de 1978, con Hugo Blanco a la cabeza). La Unidad de Izquierda (UDI) con Malpica llegó a obtener un— para entonces inesperado— 18% de la votación, y en ello fue importante la participación de Francisco Moncloa, entre otros. Reinstein considera que la historia no le ha dado el lugar que le corresponde a Malpica.

En 1968, Reinstein cayó preso, producto de una equivocación:

Había una conferencia pública en el local del partido, yo asistí, estaba hablando Jorge del Prado, y cuando me estaba yendo a mi casa, a eso de las 8 de la noche, cae la policía. Lo que ocurrió fue que en local había una caja de gasolina, pues el piso era de madera y se limpiaba con gasolina, y los policías creyeron que se trataba de un complot. (Javier Campos Montoya era entonces director cuestionado de la PIP, poco tiempo después lo agarraron por contrabando). Me llevaron al Sexto, y por mi apariencia creían que era ruso, tuve que demostrar con papeles que era peruano. Un tío había viajado a la URSS, Pidió permiso al gobierno, quedó registrado y me confundieron con él. En la Prefectura y en el Sexto no hubo violencia contra nosotros, pues nos respetaban, fuera de la encerrona. Los presos se peleaban por nuestra comida. Nos recibióFonkén, dirigente trotskista de los asaltos a los bancos, nos recibieron bien. El Sexto, otra cosa es vivirlo que te lo cuenten, era un submundo aparte; podías pedir chifa, que te laven tu ropa; los presos comunes no se metían con nosotros, esperaban que sobre comida para que les diéramos. Había el caso de un preso que tenía 30 años en la cárcel y no quería salirporque no tenía a donde ir. Los domingos nos iban a visitar.

Posteriormente, Reinstein viajó a Europa Oriental, estudió en la República Democrática Alemana, a la cual critica sus errores en cuanto a la política exterior de la RDA. “Cuando fue el ataque de Munich, en el 72, una parte de los que cometieron el atentado, del grupo “Setiembre Negro”, fueron llevados a la RDA y les dieron asilo. Había un compañero de piso árabe-israelí, pero árabe, no judío, a quien lo acusaban de traidor por tener pasaporte israelí. Había mucho fanatismo. La RDA apoyó en algunos casos a estos grupos, por lo menos diplomáticamente, a pesar que debió condenar esos actos”, señala Reinstein.

Pero como contraparte, Reinstein recuerda con aprobación, que a los niños los llevaban a los campos de concentración para que conocieran lo que ocasionó “la brutalidad alemana”. Pero precisa:

Cuando se habla de campos de concentración, se habla solo de los judíos, pero no se dice nada de Buchenwald, que fue el primer campo de concentración, y que fue abierto en 1934.Los comunistas alemanes fueron los primeros en inaugurar un campo de concentración. Luego siguieron los socialistas, católicos, judíos, soviéticos y gitanos. En 1969, a las pocas semanas de llegar, nos llevaron, a nosotros, los estudiantes extranjeros, allí para conocer el campo.

Con relación al tema judío y el PC en el Perú, Reinstein recuerda que esas discusiones no se producían, no era un asunto relevante, más aún porque en los años 60 la URSS y los otros países socialistas no habían reconocido al Estado de Israel (si se quería enviar una carta a Israel se debía hacer vía Estados Unidos), pero a pesar de ello, sostiene Reinstein, “había un vínculo emocional, pues habían muchos sobrevivientes, sobre todo por la masiva inmigración latina, especialmente de argentinos vinculados al PCR de ese país”. Como anécdota, refiere Reinstein que cuando quiso estudiar en la URSS le contestaron que mejor debía seguir sus estudios en Israel. De esta manera, el tema judío era prácticamente inexistente, incluso para los propios comunistas judíos, como Hurwitz o Samuel Barack,4 con quienes no intercambiaba opiniones sobre el tema.5

Hacia 1967, dentro del Partido Comunista de Israel se dio una crucial discusión que lo dividió en un ala sionista y en otra ala consecuente. Para la primera se debía ser judío y religioso, pero para la segunda, por el contrario, sí se podía ser judío sin ser religioso. Esta es la postura que asumió Reinstein (la misma de la JJV): “el sionismo no va con el comunismo”, enfatiza, y agrega: “No soy religioso, para mi Israel es un país más, no me siento con vínculos afectivos, más especiales que con otros países. Considero que el sionismo es un movimiento del siglo antepasado, propuso la inmigración de los judíos a Israel como la Patria única, pero yo no creo en eso, soy partidario de la convivencia entre los pueblos”.

En este punto, Reinstein se pregunta “¿Por qué me considero judío?”, y responde:

Considero que no es requisito ser religioso o creyente para ser judío. Yo me considero judío, me sigo considerando judío. ¿Por qué? Por lo siguiente. Es una herencia cultural adquirida a través de generaciones. El judío europeo, el judío de Etiopía, el judío de España, Turquía, el judío chino tienen color de piel diferente, uno es negro, otro es blanco y el otro amarillo, así que no es el color de la piel. La sangre de cada uno tiene los mismos componentes y el mismo color que la de un cristiano, un musulmán, un budista y de muchas otras religiones. Bajo la teoría de la evolución de las especies no hay un eslabón perdido judío, ni uno africano o asiático, todos parten de la misma rama.

El 80 o más por ciento de mi familia murió en los campos de concentración, mis abuelos, tíos, primos, ese es un vínculo más por el cual me considero judío.

Uno podría preguntarse por qué viajé a Alemania a estudiar, simplemente porque había dos alemanias después de la Guerra: una Alemania que había realizado un proceso de desnazificación y una Alemania donde los nazis todavía tenían puestos en el gobierno, por eso no tuve ninguna duda en viajar a RDA donde la memoria era mantenida en los antiguos campos de concentración que se podían visitar. El más impresionante de todos los existentes fue el de Ravensbruck, campo para mujeres y niños donde uno puede ver hasta el día de hoy miles de juguetes de niños, miles de zapatos de niños y bebés, miles de anteojos de niños y bebés y de sus respectivas madres.
Por eso mismo no considero que sea un requisito básico el ser religioso para ser judío.
 

Ya mayor, Reinstein dejó la militancia pero no sus ideas de izquierda. Desde su mirador privado, desde su hogar, sigue atento a la vida política peruana, alejado de quienes fueron sus compañeros militantes, pero rodeado de sus familiares más cercanos.

Notas
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1 Entrevista personal a Jaime Reinstein, 21 de diciembre de 2010.
2 Posteriormente, Reinstein publicaría en la publicación del PC, Unidad, artículos sobre la realidad internacional. Por su parte, Sigmund Weil, que había regresado al Perú hacia 1952, procedente de Estados Unidos, escribiría poemas de carácter político, generalmente en la última página.
3 En los años 80, Barrantes presidiría el esfuerzo más serio de la izquierda por lograra la unidad, Izquierda Unida, con cuyo frente, incluso, llegó a ser Alcalde de Lima. En 1985 perdió las elecciones generales ante el APRA y su joven candidato, Alan García, y a las elecciones de 1990 IU ya llegó dividida.
4 Samuel Barack, contemporáneo de Reinstein, llegó a ser miembro del Comité Regional de Lima del PC, en los años 80 fue asesor de un congresista de su partido. Pero posteriormente se supo que fue un agente infiltrado de inteligencia, según me lo ha manifestado Gustavo Espinoza.
5 La opinión de Reinstein sobre Hurwitz es muy positiva. “Fue un modelo de integridad, honestidad, consecuencia”.

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