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ARCHIVO DE ARTÍCULOS PERIODÍSTICOS

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Bethoven Medina Sánchez
“Y antes niegue sus luces el sol” desde uno de sus recorridos semasiológicos.

Por Ernesto Cruz Sánchez
Fuente: Librosperuanos.com
Diciembre 2012

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La condición semántica en “Y antes niegue sus luces el sol” se convierte en requisito de su enunciación, situación que define su discurso lírico también en “Volumen de vida”, un poemario que recuerdo haber leído con la emoción del descubrimiento, y  en “Ulises y Takaynamo en altamar”. El primero, se constituye en lo que Béjterev denominó “el umbral irremediable de la identidad del artista”; el segundo, en la sospecha de la configuración de una temática que viabilizará la arquitectura de un programa propio.

“y recorreré las caletas mostrando el símbolo de lo sostenido
por ti patria que surges del caos  - mi voz – y mi navío.”
                Ulises y Takaynamo en altamar

Eliot, autor de influencia certera en Bethoven, confiesa en “Sobre la poesía y los poetas” su predilección por Shakespeare y Virgilio, aun cuando reconocía que esta inclinación le aseguraba el aburrimiento de su auditorio. Cuando el poeta se refiere a los clásicos, hace hincapié en la capacidad de englobar sus temáticas y vincularlas desde diferentes nudos conceptuales. Además, el premio nobel de 1948 hace un distingo esencial entre poesía mayor y poesía menor, correspondiéndole a esta última la antología, ya que sus extensiones temáticas cierran pronto sus posibilidades comunicativas. Justamente, esto no ocurre con Bethoven. Después de haber leído “Y antes niegues sus luces el sol”, no podemos concebir su compilación dentro de un conjunto de poemas sueltos, sin unidad temática ni formato estilístico. A buen entendedor… Por ende, le corresponde a la poesía de Bethoven Medina el abordaje metodológico, desde perspectivas literarias concretas, capaces de visualizar su obra como universo poético: temática extensiva, giros expresivos propios, progresiones intertextuales y univocidad en sus núcleos conceptuales. Su obra reclama ya, de parte de la crítica, el espacio que le corresponde.  

Miguel Grau (8 de octubre 1879)
(Otrora niño que atisbó el mar siendo rasguñado por arisca brisa
           en descompuesto ruido)
ve llegar y partir barcos de Paita
           de su adentro invadido de tiempos

Olvidan algo los marinos
y cucardas despiertan el violento acorde musical
                                                                              DO RE ME FA SOL LA SI

A pesar que en la hermenéutica clásica existe una transición transparente y vertebral entre unidades lingüísticas y semióticas, Bethoven crea un salto cualitativo entre dos discursos altamente poéticos, diferenciables en su intertextualidad, pero de similar licencia en su evolución, supeditados uno a otro, confabulados en el mismo propósito semasiológico, sin lugar a dudas, el espacio donde solo tienen acceso texto y lector.  

          Somos libres
debemos ser para cruzar áreas verdes
haciendo caer telones de la tarde

O

Con influjo lo pueblos despiertan así retoños forestales

Según Labov, el registro semiótico de la literatura (aunque el autor empleara el término retórico, para efectos de su estudio, autores posteriores hiperonimizaron el vocablo como consecuencia de su práctica en la hermenéutica literaria) actualiza su dimensión estética en los ámbitos  codales de lectura, es decir, en la vinculación que hace el interpretante con el contexto de la semiosis. En este sentido, Bethoven Medina asegura el efecto semiótico no en la oposición, sino en la alternancia de la línea argumental de los versos de José de la Torre Ugarte.

Aproximación Semiótica

El título no solo nos remite al Himno Nacional, también expresa su peritextualidad, su intención. Si la finalidad del texto literario es la construcción de una red de significados, “Y antes niegue sus luces el sol” así lo demuestra, estableciendo la primera tensión cognitiva con el primero,  tercer y cuarto versos del coro, porque es imposible la lectura sin haber establecido la línea intelectiva de lo intertextual.  

Ante la pregunta del porqué del título, vale establecer algunos juicios preeminentes. En primer lugar, el autor escoge un verso que sintácticamente constituye la segunda proposición de una oración coordinada, es decir, que dentro del ámbito de la interpretación por parte de los lectores, la alusión implícita a la primera proposición es ineludible: “Somos libres, seámoslo siempre”. Por otro lado, este es un verso que pone en tela de juicio la improbabilidad de la primera enunciación, tácita en la elocutio del rótulo; al igual que el discurso shakespeariano condiciona la veracidad de su enunciación a su autoría y a la generalidad de la especie: “Si esto es mentira y puede probárseme, yo no he escrito nunca y ningún hombre ha amado jamás”. Sin embargo, la relación implícita del verso que lleva por título el libro extiende su desarrollo interpretativo hasta los dos versos posteriores del coro del Himno Nacional: “que faltemos al voto solemne, que la patria al Eterno elevó.” Por eso, nuestra libertad debe ser tan natural como la naturaleza, como la luz que nos depara el sol cada día; negarlo significaría faltar a una promesa divina. El título no solo representa la intención del autor, sino, en este particular caso, Bethoven ha decodificado el recorrido semántico de la interpretación que tendría lugar en los lectores. Estas relaciones no son casuales, son deliberadas, porque la plasticidad con que se construye el poemario despierta dosis de timicidad en función a raciocinios sujetos a la ideologización, que forman parte de la estrategia pensada en el recorrido onomasiológico. Bethoven Medina es un poeta para quien la deliberación constituye el eje procedimental de su arquitectura. Siempre supone al lector en su creación, lo trata con respeto, se comunica con afán cognitivo, le solicita atención, correlación y posición. Su poesía requiere un lector acucioso, reposado. Por su puesto que este bien podría ser motivo de un estudio entre los alumnos de literatura que nos acompañan hoy.

Otro aspecto semiótico a comentar lo constituyen los capítulos del poemario, cada uno de ellos son unidades sintagmáticas: y, antes niegue, sus luces, el sol. Es decir, el autor ha gramaticalizado la línea elocutiva, considerando unidades segmentales como nódulos del desarrollo versal. Bethoven ha resignificado lo dicho sobre lo expresivo, generando imbricaciones intensivas desde los títulos de los poemas hacia los versos, e imbricaciones extensivas del título de los poemas hasta el nombre del poemario. Esto genera una nueva experiencia en el recorrido semasiológico, cuya ocurrencia le tributa la racionalidad al interpretante. La abundancia de conceptualizaciones evidencia la carga semántica de la que dispone su discurso poético y, precisamente, en este sentido se originan algunas transformaciones veredictorias.

El texto lírico plantea un recorrido semasiológico diferente, donde al enunciatario-lector le compete descubrir “el ser” y “el no ser” como núcleos semióticos, vinculados a partir de la historia uno y, la poética el otro; sin embargo, en algunos momentos la permuta aromatiza la cadencia de lo veritativo. Asimismo, esta condición del universo poético de Medina solicita al enunciatario la posibilidad del entendimiento como prueba de su conciencia, así, en  este contexto, el empoderamiento de su actuación dentro de la dinámica nacional. El efecto estético no será el mismo, entonces si el interpretante extranjero. Una condición similar demandan algunos versos de Withman o Leopardi, por ejemplo.

Volviendo a las categorías ser y no ser, encontramos en los primeros versos del poemario las transformaciones veridictorias entre las proposiciones declarativas, lo que nos coloca ante el meollo temático del poemario, para cuya evolución será necesario hacer un recorrido por la historia nunca exenta de los juicios de valor, inseparables de la visión de mundo del autor.

El Perú es más que un mapita de cuaderno escolar
         determinado por crayolas en costa, sierra y selva
         y labios – violetas – guirnaldas
es la luz misma que alumbra mi vida  

Desde la perspectiva espacial de la semiótica, entendemos que los enunciados de mayor relevancia guardan un mismo margen de inicio; así, en este marco teórico,  releemos el contenido que espina la estrofa como: “El Perú no es un mapita de cuaderno escolar, (sino) es la luz misma que alumbra mi vida.”  Queda claro que la posibilidad de inexistencia en el otro plano de oposición semiótica es que si no es Perú, la iridiscencia de la vida resulta impensable.
Con respecto al requisito sine qua non que la voz poética urge de su lector, vale citar los siguientes versos del último poema:

Sea la patria
punto por donde pasan infinidad de rectas
         de pinos de peces de átomos
         fragmento donde el alma y corazón
         adquieren estación de ojos despiertos
         atisbando viñedos de Ica

No debemos permanecer indiferentes bajo crepúsculos
a la redención de la sangre libertadora
ante toda gesta patriótica.

El propósito del poemario es la toma de consciencia de su interlocutor tácito, por eso el efecto poético será proporcional al efecto reflexivo que depare la lectura.

Bethoven Medina privilegia el logos que desarrolla su capacidad poética, se aviene a él, porque sabe en el fondo que solo el contenido soporta la forma. Dentro del esquematismo tensivo de Fontanille y Zilberberg, a las modalidades veridictorias se las representaría por la oposición ser – no ser en equidistancia de consciencia – inconsciencia, estimándose la intensividad y la extensividad en la dimensión o profundidad del efecto estético. El privilegio que le otorga Bethoven a la razón queda refrendada en la correspondencia tensiva entre consciencia y ser: la dimensión ontológica del enunciatario se cifra en la consciencia que lo autonomiza. El lado alterno del gráfico se explicita toda vez que la negación de la existencia se semantiza por la inconsciencia.

Un niño mira sus manos
y le duele comprender este país

O

Patria
latidos en viaje nocturno
a iluminada región
desde este rombo que es mi corazón

En líneas generales, su amplitud (efecto estético) se definirá por la dosis de reflexión que despertará la interpretación. En el plano de las abscisas y las coordenadas, donde el eje vertical representará al efecto estético y el eje horizontal, a la reflexión, la correspondencia entre la intensividad y la extensividad, respectivamente, serán proporcionales en el recorrido semasiológico planteado por nuestro autor.

* A mayor Reflexión (R), mayor Efecto Estético  (E/e).
 

Asumo “Y antes niegue sus luces el sol” desde la perspectiva de la intertextualidad, en apariencia lúdica en su evolución organizativa, como un constructo sólido en cuanto a su dimensión estética, posee una gran carga semántico-referencial, lo que termina por definirlo y superar el registro autoral. “Los poetas más maduros se entregan a la búsqueda estética, conscientemente, haciendo de su oficio una convincente forma de encontrar alguna verdad.” (Servein, 1989)
Si bien es cierto, significado y sentido deben su desarrollo a los avances de Todorov, Wilson y Wittgenstein, en literatura es necesario deslindarlos. El significado surge del acoplamiento entre los valores semánticos lingüístico y referencial. Por eso resulta insoslayable en el segundo espacio de intersección la relación con el himno patrio, porque es en este espacio implícito donde se van destilando sus versos. La rúbrica de la maestría poética, indudablemente, es privativa del manejo lingüístico.

Esta ventana
donde el sol tiembla como tallo nervioso
deja penetrar al sueño de geranios
e imagino la multitud coreando ¡Viva el Perú!
            (Libertad libertad pronunció, pág. 51)

O

En sueño caluroso
Memorable cual rayo
Pienso en extraterrestres
Ahora deseo salir al mar
Renuncio alcoba virreinal y a ser león enjaulado
Vuelva a leer: El Perú con lengua de niño con tifoidea
Y el Pacífico sostiene su crepúsculo iluminado por el rayo.
    (Y cual rayo corrió la opinión, pág, 64)

El sentido, en tanto, requiere de la apropiación individual del significado, así que cuando Paredes Carbonell y Lozano Alvarado advierten sobre las formas de lectura del poemario, se refieren al acercamiento de los sujetos receptores a los efectos interpretativos que seguro causará dicha decodificación. Su desbroce será equivalente al ritmo personal en el recorrido semasiológico.

Cada palabra era serpentina lanzada al aire y era pájaro
y las venas
fueron avenidas por donde la alegría
recorrió en carro alegórico (bravo-bravo)
    (Libertad libertad pronunció, pág. 52)

Hay dos cadencias que definen la organización semántica del discurso poético en Bethoven Medina. La primera está sujeta al plan narrativo de la historia del Perú, que como lo advirtiera Paredes Carbonell, carece de orden cronológico; sin embargo, la segunda se sostiene de la catarsis lírica que van evidenciando sus versos. El caoticismo aludido y evidenciado en el nivel de la superestructura discursiva, se evidencia en el contenido, donde las marcas textuales no siguen el orden lineal acostumbrado, pero los contenidos adquieren independencia significativa. Releamos dos estrofas consecutivas de “Que natura a ambos mundos negó":

Nuestro Escudo Nacional es corazón con tres reinos
(Vegetal –Animal y Mineral)
aprobado en Congreso de 1825
(En el lado B de la cinta se lee:
José Gregorio Fernández)

Tranquilo en el apocalipsis
En cualquier canal de TV
Leoncio Prado en su lecho en brazos de la muerte
“Al concluir esta taza de café se me harán los puntos y
Al dar con la cucharita me disparará”

La poética de Bethoven Medina amerita estudios en perspectivas heterogéneas, ya no solo de un poemario, sino de su universo lírico completo. Su dimensión estética se desarrollará, en este sentido, al margen de la crítica; pero debido a su calidad es nuestro deber sistematizar y profundizar en la obra del poeta y cuanto antes, mejor.

Fuente: Simposio: "De qué hablamos, cuando hablamos de literatura Regional"  Universidad Nacional de Trujillo, octubre, 2012.

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