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Peruanos en Argentina

Por Osmar Gonzales
Fuente: Librosperuanos.com
Buenos Aires, mayo 2012

Cuando las personas se trasladan de un país a otro llevan consigo no solo sus expectativas de mejora de sus condiciones de vida, también portan su cultura, es decir, sus maneras de hablar, sus costumbres, su gastronomía, su forma de mirar el mundo, incluida su religiosidad y, claro, manteniendo viva su añoranza por su tierra. Eso es lo que ha ocurrido, y ocurre, con miles de peruanos que han llegado a Argentina.

El comunicador peruano y experto en temas migratorios, Manuel Macchiavello, ha estudiado este complejo proceso en un libro preñado de información y sugerente análisis titulado Religión y migración. El caso de los peruanos en Argentina (Mesa Editorial, Buenos Aires, 2009). Su mirada es histórica y antropológica al mismo tiempo, y nos informa que no todas las migraciones tienen el mismo carácter y composición. Señala, por ejemplo, que la migración peruana a Argentina de los años cincuenta es básicamente juvenil y estudiantil. Pero la que se produce en los años noventa, por el contrario, es masiva y popular. Estos peruanos migrantes, que hoy se calcula en 250 mil en todo el territorio argentino (la más numerosa después de la boliviana y paraguaya) salieron del Perú empujados por la crisis económica y política que vivía entonces nuestro país. En un proceso gradual de aclimatación primero, posteriormente se fueron asentando hasta convertirse en ciudadanos en un país generoso con el migrante.

En un inicio, afincados en los barrios de Buenos Aires, Balvanera (Once) y Almagro (Abasto), espacios poco cotizados, y como es usual, ingresaron como masa laboral en tareas manuales, pero posteriormente, a medida que su situación iba mejorando, se arriesgaron a poner pequeños negocios, como el de una pareja ya adulta que inauguró un restaurante llamado, cómo no, La Rica Vichy. Su éxito fue tal que luego sus ahorros le permitieron diversificar sus inversiones en otros negocios. Ese fue el punto de partida del ingreso de la gastronomía peruana en suelo argentino, que, como sabemos, hoy es de las más cotizadas. Especialmente en la zona del Abasto uno puede comprobar la proliferación de restaurantes peruanos, destinados a comensales de distintos niveles socio-económicos. Hoy, ya en el siglo XXI, famosos restaurantes peruanos han inaugurado sucursales en lugares exclusivos de la ciudad bonaerense. Estos no podrían haber encontrado con el éxito sin el terreno preparado por la actividad constante y pionera de los peruanos emprendedores populares.

Como ha ocurrido en nuestro propio país con los migrantes provincianos en Lima, en Buenos Aires se fueron aglutinando para enfrentar mejor la aventura del traslado a otro país, hasta llegar a conformar instituciones que al mismo tiempo actúan como un espacio para renovar su identidad, su pertenencia como peruanos. Algunas de esas colectividades que se pueden mencionar son Casa del Perú o Mujeres Peruanas Unidas Migrantes y Refugiadas o la Asociación Deportiva de Peruanos en Argentina, además de grupos folclóricos y agrupaciones políticas. En gran parte, estas y otras asociaciones tuvieron un papel muy importante en la legislación sobre migraciones de Argentina, probablemente la más adelantada y generosa de nuestros países.

Pero quizás lo que más conmueve en constatar la presencia multitudinaria, como en Lima, de la Procesión del Señor de los Milagros. Cada año, en octubre, las calles de Buenos Aires se ven inundadas por fieles peruanos, y también argentinos, acompañando al Cristo moreno, con toda la parafernalia que conocemos los limeños, pues es motivo que se aprovecha también para preparar los platos típicos que se ofrecen a los feligreses.

La tradición, como nos informa Macchiavello, se inició hacia fines de 1988 casi de casualidad y gracias a la iniciativa de la señora Rosa Chabaneix, peruana que vivió en Argentina cerca de 40 años. Doña relata que se indignó cuando en un colegio se enteró que estaban haciendo imágenes de un “Cristo negro”. Protestó: “El único negro que yo conozco en San Martín que tampoco es negro sino mulato”. Entonces se impuso la tarea de enseñar quién era en verdad el Cristo moreno y con su esposo, argentino él, construyó un cuadro y luego de algunas búsquedas la colocó en la Iglesia de la Candelaria, en Floresta. Lo que llama la atención es que doña Rosa, que no era devota de la Iglesia, lo hizo sobre todo por su “sentido de nacionalidad”. Así se realizó la primera peregrinación del Señor de los Milagros en Buenos Aires.

Inesperadamente, en los dos años siguientes la masividad de la asistencia hizo que en 1991 la celebración a la Basílica Nuestra Señora de la Piedad en el barrio Congreso, un lugar mucho más céntrico, construyendo además un anda mucho más parecido al original. Ahora ya existen seis cuadrillas masculinas, otra de cantoras y sahumadoras y 370 hermanos.Se calcula que cada año acompañan a la imagen cerca de 50 mil personas. De este modo, religiosidad y peruanidad se dan de la mano para mantener vivas las costumbres de nuestro país en suelo extranjero. Hoy se puede decir que la Procesión del Señor de los Milagros es parte del paisaje cultural de la ciudad y permite que, al menos por el tiempo que dura, las desavenencias que existen al interior de la comunidad peruana, se posterguen.

Como señala en una de sus conclusiones Macchiavello: “Esto se debe [la solidaridad] a una expresión cultural arraigada en el Perú y que busca, a través de la Hermandad del Señor de los Milagros, reconstruir espacios que funcionen como lugares de significación para el peruano, en donde él mismo paralice la ciudad y se dé a conocer como tal. Durante la procesión todos son peruanos frente a la mirada de los argentinos”.

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