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ARCHIVO DE ARTÍCULOS PERIODÍSTICOS

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Mario Vargas Llosa
"Ahora elegimos nuestra identidad"

Por Pedro Escribano
Fuente: La República, Lima 16/03/08
http://www.larepublica.com.pe/content/view/209673/28/

Mario Vargas Llosa habla de teatro, narrativa, música y educación. Está próximo a estrenar su obra teatral Al pie del Támesis, dirigida por Luis Peirano

Esta ahí, de pie, en su biblioteca. Era un pez en el agua. Mario Vargas Llosa nos recibió con la gentileza de siempre y luego nos condujo a un hall de grandes ventanas desde donde se observa el tranquilo mar barranquino "Aquí el mar siempre es un invitado de casa", comenta risueño mientras corre las persianas para protegernos de un sol ardiente.

Estábamos allí para preguntarle, entre otros asuntos, sobre el próximo estreno de su obra de teatro, Al pie del Támesis.

La obra, que dirigirá Luis Peirano, narra la historia del reencuentro después de 35 años de dos amigos en Londres. La sorpresa de uno es que el otro ya no era el amigo de antaño, sino se había convertido en una respetable señora.

Como refiere el autor de La fiesta del Chivo, el tema de la obra nació de la anécdota que le narró Guillermo Cabrera Infante en la que un amigo del escritor cubano, el poeta venezolano Esdras Parra, al reencontrarse después de años, se había cambiado de sexo.

−¿En teatro, en tanto hay actuación, es ver cómo tiene vida lo imaginado?
−Claro, es mucho más visual y más concreto el teatro. Además un novelista que escribe teatro tiene que aprender una lección de modestia, porque en la novela uno es el rey, todo lo decide uno, en cambio en el teatro uno tiene que saber que el texto es solo una parte de un mecanismo complejo en el que luego el director, los actores, los técnicos van a tener también un papel importante en la representación. El teatro además solo vive cuando sube a un escenario, de otra forma es solo un texto.

−La transexualidad es el tema de Al pie del Támesis, ¿ha puesto sobre escenario un problema de identidad?
−Sí, eso es exactamente. Es la identidad, sexual sí, pero digamos es la identidad. Yo creo que es un tema muy fascinante porque es un tema que tiene que ver con la libertad humana. Creo que la verdadera libertad humana significa para un individuo poder elegir totalmente su identidad. Es decir, en qué dioses cree o no cree, dentro de qué cultura va a vivir, qué lenguaje va a ser fundamentalmente el suyo, qué convicciones, qué principios, qué valores van a ser los que normen su vida y cuál va a ser su sexo. Eso en el pasado no se elegía, eso venía impuesto por tu pertenencia a una comunidad. No podías ser otra cosa. Pero a medida que avanza la civilización el individuo se va desprendiendo mucho de esa comunidad y va eligiendo de acuerdo con su vocación, de acuerdo a sus convicciones, de acuerdo a sus instintos, lo que realmente quiere ser. Ese es el tema, yo creo, profundo de la obra.

−Por el tema es una obra que va contra la intolerancia de nuestra sociedad.
−Bueno, hay que verlo, porque el Perú aunque ha avanzado bastante todavía es una sociedad muy machista y muy llena de prejuicios. Sobre Esdras Parra, me enteré después que regresó a Venezuela, siguió escribiendo, recibió apoyo de su familia. Se convirtió en una persona pública, digamos su caso lo utilizó para promover un poco la idea de la libertad sexual. Murió joven. Yo me pregunto qué pasaría en el Perú con un caso así. Hasta qué punto encontraría comprensión y hasta qué punto se convertiría en un personaje más bien marginado.

−Usted tiene una vocación por personajes transgresores.
−Transgresores sí, yo creo que siempre me han seducido mucho los personajes digamos inconformes, los personajes que se revelan contra esos destinos impuestos. Sin embargo, sería un error ver en la obra simplemente lo sexual, no, en absoluto, es un problema mucho más complejo, es un problema que tiene que ver con la identidad, la identidad elegida y la identidad impuesta.

−Calderón de la Barca decía "El gran teatro del mundo", Balzac "La comedia humana". ¿Nuestra vida es teatral?
−Sí, yo creo que nosotros representamos. No se puede vivir en sociedad sin representar. Creo que incluso los seres humanos más auténticos, en la medida en que viven en un contexto de gentes distintas, diversas, están obligados a imponerse un cierto rol, un cierto papel y entonces no hay ninguna duda de que la vida es teatro. Creo que si todos nos mostráramos exactamente como somos, el mundo desaparecería, habría una violencia terrible. Entonces tenemos que representar y la civilización es eso, es una representación permanente.

−Vivimos en diplomacia, en ese sentido.
−Nos hacemos muy diplomáticos para no entre matarnos (risas).

LA NARRATIVA DE HOY

−¿La narrativa peruana tiene en la violencia que vivió el país su mejor cantera?
−Yo creo que es un muy buen momento para la narrativa peruana. Y sobre todo lo que me parece muy interesante es que es una narrativa, que sin renunciar pues a la experimentación, a la utilización de técnicas nuevas, está siempre muy anclada en una problemática, una problemática que a veces tiene que ver con la dictadura, con la guerra civil, con la violencia social. A veces tiene elementos fantásticos, elementos puramente imaginarios, pero está muy anclada en la realidad vivida y a mí me parece que eso le da mucho vigor.

−¿Cómo ve a Santiago Roncagliolo y su Abril rojo?
−Bueno, yo he leído la última novela de él, por supuesto. Me gustó mucho la descripción de la Semana Santa en Ayacucho, me pareció que era lo más logrado en la novela. La descripción de un clima potencialmente de gran violencia dentro de lo que es una festividad popular con gran participación colectiva y con mucho color. Bueno, él ha hecho de esa historia una historia de horror, un caso de una crueldad absolutamente… pero lo que más me gustó del libro fue la descripción del ambiente de Ayacucho viviendo esa experiencia colectiva que es la Semana Santa. He leído un libro de cuentos de Jeremías Gamboa, muy interesante.

−Habla de Punto de fuga…
−Sí, muy interesante, unos cuentos que están impregnados también de una violencia latente, en Lima, con algunos elementos un poco fantásticos, muy bien construidos, muy bien escritos, muy interesante. Bueno, Cueto, desde luego, magnífico escritor que me parece de los mejores de las generaciones más jóvenes en el que también hay un elemento que tiene que ver con la historia reciente que está muy recreada, a veces con elementos que lindan ya con lo fantástico, con lo imaginario, pero yo creo que la literatura está viviendo un buen momento en el Perú.

−Ha dicho que no hace literatura fantástica porque en ella se finge la realidad.
−Claro, digamos, leo literatura fantástica con mucho placer. Tengo gran admiración por escritores como Borges o Carpentier o Cortázar, pero no está dentro de mi naturaleza, no es una literatura a la que yo me siente inclinado como escritor. Entonces no he escrito nunca literatura de tipo fantástico. Yo tengo más bien una proclividad realista. Hay escritores a los que les gusta fingir en sus novelas la irrealidad. A mí me gusta fingir más bien la realidad. Pero no estoy en contra de la literatura fantástica en absoluto.

A TODO RITMO

−Acabo de leer un comentario suyo a El brujo volador, CD de Manuel Miranda.
−El CD dicho sea de paso es una maravilla, desgraciadamente veo que no ha tenido todos los reconocimientos que merece, es un trabajo admirable, hecho a lo largo de muchos años, utilizando instrumentos prehispánicos y que quiere ser un testimonio musical de diez mil años de historia peruana. Es un trabajo muy serio, muy ambicioso, y yo creo que muy logrado.

−Ya que hablamos de música, ¿qué bolero le llena el alma?
−(Risas) Bueno, el bolero es eterno, pero era mucho más, yo creo, vivo, presente, cuando yo era joven que ahora. Ahora se disputan muchas músicas el entusiasmo de los jóvenes. Pero cuando yo era chico lo que nos gustaba era el bolero. Bueno, nos gustaba también el mambo y la guaracha y el vals criollo, pero el bolero tenía una íntima relación por el amor, experiencia central, fundamental.

−¿Qué bolero o bolerista era su preferido?
−Los boleristas más de moda eran Leo Marini, primero. A Leo Marini ya no lo recuerda nadie hoy día. "Me gustas" de Leo Marini era el bolero que tocaban en las fiestas cuando un chico le iba a caer a una chica. Porque en esa época todavía los chicos se declaraban a las chicas. Ahora pues, las chicas se declaran o ya no se declaran, creo que pasan a los hechos de frente (risas). Han conquistado una libertad que nosotros no podríamos imaginar siquiera. En mi época había todo un rito, todo un ceremonial del amor que era muy bonito y el bolero era el eje, el ambiente musical en el cual nacía y se desarrollaba el amor.

−Lo veo escritor, un académico, no lo imagino bailarín.
−Era buen bailarín, bastante buen bailarín, llegué hasta el mambo. Llegué a bailar el mambo de una manera bastante decorosa. Ya después los otros bailes ya no, ya me quedé fuera. Pero yo llegué incluso en mi primer año en Europa, el año 1958 en Madrid a formar parte de un conjunto peruano que ganamos el cuarto premio en el concurso folclórico de Cáceres. Pablo Guevara era uno de los bailarines del conjunto, Pablo Escobar que murió en la guerrilla, otro. Y bailamos en las plazas de toros de España. Bailábamos marineras, bailábamos huainitos, bailábamos un baile que quería ser "El alcatraz", pero que en realidad era una versión muy pálida de "El alcatraz", que en realidad diseñó, inventó el propio Pablo Guevara. Esa fue mi última experiencia como bailarín profesional.

−Le faltó cintura...
−(Risas)

−Sigamos con la música, la cumbia y tecnocumbia han llegado a todos los estratos.
−Lo mismo ocurría con la música criolla. La música criolla no entraba a las casas digamos de la burguesía. Los señores que eran aficionados a la música criolla se iban a sus peñas, pero en las fiestas de sus familias no se bailaba marinera, huainos, eso ha cambiado hoy día mucho.

−¿Se dio el proceso de cholificación de Aníbal Quijano?
−Sin ninguna duda. Esa cholificación es hoy en día una realidad no solo porque muchas músicas y bailes populares han penetrado profundamente la burguesía, sino porque muchas músicas que se consideraban burguesas han impregnado profundamente a los sectores populares. Hay hoy día un margen de integración en el campo de la música, que es enorme.

Adiós a Mariátegui

−Ignacio López Soria ha publicado Adiós Mariátegui. ¿Hay que despedirse del Amauta?
−Digamos hay que despedirse de algunas ideas de Mariátegui que son ideas que están marcadas por su época, pero hay que leer a Mariátegui. Mariátegui es un intelectual muy respetable, es uno de esos marxistas raros en el Perú y muy raros incluso en América Latina que no fue, él lo dijo, calco y copia. Él fue una persona que utilizó el marxismo de una manera creativa. Haciendo las sumas y las restas, la obra de Mariátegui es inmensamente importante y ojalá tuviéramos en el Perú ensayistas, articulistas y periodistas de la calidad y de la cultura de Mariátegui.

−Era autodidacta. No hubiera alcanzado el tercio superior.
−No, yo creo que él hubiera superado largamente el tercio superior. Él era un lector voraz desde niño. Hubiera aprobado cualquier examen.

−Lo decía porque no podría exhibir notas que exigen ahora a los maestros.
−Yo creo que es muy importante que los maestros tengan un nivel elevado de instrucción porque los maestros son realmente fundamentales para que las nuevas generaciones salgan del subdesarrollo. Me parece que es una exigencia absolutamente justa que los maestros se formen, que tengan que pasar pruebas, como ocurre en todos los países civilizados del mundo. Que se les exija y se les capacite. Entonces, me parece que no hay que hacer demagogia con un tema tan delicado como es el de la educación.

Una curiosidad final, ¿cómo quedó la polémica con Günter Grass que le dejó un sabor de cenizas en los labios.
−Nos hemos reconciliado después. Hemos estado juntos varias veces. Tenemos una buena amistad, bueno, con discrepancias muy profundas, pero tenemos una relación cordial.

EL TALK SHOW EXPLOTA LOS BAJOS INSTINTOS

–¿Qué impresión le da saber que el Perú está en el último lugar como país lector?
–Me da mucha pena, me parece que es un reflejo de la pésima educación que hay en el Perú y no solamente me refiero a los colegios donde no se enseña a leer a los niños sino a las familias, porque tampoco hay libros, los padres tampoco leen y si uno vive en una casa donde nadie lee pues es muy difícil que los niños resulten lectores. Es un fenómeno que preocupa. La falta de cultura literaria para un país merma muchísimo la libertad porque hace que la gente sea mucho menos crítica.

–¿La "cultura" de los talk shows nos ha invadido?
–Nos mediocratiza . El talk show es un género mediocre, que además explota los bajos instintos de la gente y crea ciudadanos pasivos, profundamente mediocres. No estoy en contra de los programas de televisión, pero los programas deberían ser creativos y no explotar los bajos instintos, una cosa que crea gentes de una gran mediocridad y de una sensibilidad más bien estragada.

–La televisión privada debe apostar por programas de cultura.
–Por supuesto, tiene esa obligación moral. El país no solo progresa haciendo edificios, o con índices de crecimiento muy elevados, sino también elevando el nivel cultural. Los medios no contribuyen a eso.

–Hay que lamentar que autoridades de Barranco se opongan al Museo de Arte Contemporáneo.
–Es una muestra de incultura que dice mucho de lo que es un país sin lectores. Y dice mucho también de los electores que eligen autoridades ,pues semi analfabetas, esa es una cosa que se paga al final.

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