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ARCHIVO DE ARTÍCULOS PERIODÍSTICOS

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Manuel Scorza
Recuerdo de Rancas Recuerdo de Rancas

Por Elizabeth Lino Cornejo
Fuente: El Comercio, Lima Domingo 25 de Abril del 2010
http://elcomercio.pe/impresa/notas/recuerdo-rancas/20100425/466847

En “Redoble por Rancas” el escritor Manuel Scorza (1928-1983) eleva a la ficción literaria la tragedia desatada un 2 de mayo de hace medio siglo. Rancas simboliza el coraje de un pueblo dispuesto a defender sus tierras y su tradicional forma de vida hasta las últimas consecuencias. (*)

¿Cómo recordar eventos y fechas que no nos obligan a memorizar? ¿Qué acciones y nombres deberíamos recordar? La historia de América Latina está tejida sobre luchas y sangre, sobre desigualdades y abusos. En el Perú, el nacimiento de la república solamente tiene el mérito de exacerbar la fragmentación social. Quienes se atribuyeron la voz para decidir el futuro republicano hablaron del “problema del indio”; pero nunca dialogaron con el “indio”. Más aun, diseñaron sesudos estudios para desaparecerlo.

Los invisibles
Durante mucho tiempo, se pretendió invisibilizar a un gran sector de la población, definitivamente el más numeroso; subestimando su capacidad de organización y concepción política. Nos han enseñado a olvidar, silenciando la historia gestada por los pueblos en la reivindicación por sus derechos. Nadie nos ha obligado a recordar a hombres y mujeres que en madrugadas gélidas tragaban la amarga saliva de la injusticia. La lucha por la recuperación de tierras por el campesinado peruano es una parte de la historia que los documentos oficiales y textos escolares no se ocupan de detallar.

Aquel 2 de mayo
Eran más o menos las tres de la tarde del 2 de mayo de 1960 cuando desde las pampas de Huayllacancha los comuneros de Rancas, encabezados por el personero Gabriel Gora y el alcalde de la ciudad minera Genaro Ledesma, se dirigieron a Cerro de Pasco. En la pampa quedaban los restos de las chozas —instaladas el día anterior para retomar sus tierras— que fueron quemadas por las fuerzas policiales.

“Rompepatas”
En la zona, la Cerro de Pasco Corporation además de desarrollar actividades de extracción minera había adquirido grandes extensiones de tierras en las que criaba ganado y cuya lana era exportada. En su papel de “hacendada” extendió su cerco sobre los terrenos de la comunidad campesina San Antonio de Rancas. El abuso de los administradores y caporales de esta hacienda, y la de Pacoyán, era frecuente. A los comuneros se les quitaba el ganado si estos traspasaban el cerco, sometiéndolos a largas horas de trabajo para su devolución y colocando “rompepatas” en el camino para deshacerse del ganado.

Huayllacancha
Aquella mañana, estaban reunidos hombres, mujeres y niños dispuestos a recuperar sus terrenos. Dos ex alumnos del colegio de la comunidad se ubicaron en las partes altas para dar aviso cuando llegaran las fuerzas policiales (de la cual habían sido advertidos el día anterior). Cuando arribaron montados a caballo, las cornetas sonaron y los comuneros se congregaron dirigidos por su presidente Alfonso Rivera. Los uniformados, al mando del comandante Vaudenay, convencidos de que esas tierras eran propiedad de la Cerro de Pasco Corporation, descargaron sus armas sobre los comuneros. Se desató una lucha desigual: balas contra piedras y palos. Los caballos atropellaban a las mujeres y esparcían el ganado, en medio del caos murió enfundado en la bandera peruana, el presidente de la comunidad, en otro lado yacía muerto Teófilo Huamán, y Silveria Tufino mal herida fue trasladada al hospital, donde falleció. Así marcharon a Cerro de Pasco, en el camino se les iban uniendo trabajadores que salían de la empresa después de su jornada laboral. Pobladores de Champamarca, Yurajhuanca y Quiulacocha les daban el alcance en bicicletas, en carros, a caballo. La multitud se fue uniendo con destino a la prefectura a reclamar justicia por los muertos, heridos y detenidos en el calabozo de Cerro de Pasco.

Problema vigente
El enfrentamiento podría haber generado más muertes de no haber llegado al lugar el alcalde Genaro Ledesma, quien plantándose frente al comandante Vaudenay lo obligó a retirar a su contingente. Se fueron dejando tres muertos, más de 60 heridos, consternación por el atropello y la represalia pendiente para Ledesma y los dirigentes ranqueños. Después de 50 años, es necesario reflexionar sobre estos sucesos, más aun en un espacio como Cerro de Pasco donde la explotación minera carcome indolente la ciudad. Donde se proponen negociaciones desiguales a las comunidades, negando responsabilidades sobre la tierra muerta, las aguas y la sangre contaminadas. ¿Para qué tantas muertes, si finalmente regresamos al inicio de la historia? ¿Si el despojo de las tierras continúa?

Mito e historia
Rancas no es un lugar inventado, no es un espacio donde “flota lo real maravilloso”. Y aunque le debemos a la pluma literaria de Scorza el testimonio de esta gesta, queda mucha historia por estudiar; ya que Rancas fue uno de los hitos más importantes en el movimiento campesino peruano que llevó a la Reforma Agraria.

Los testigos y protagonistas de la masacre, a pesar de los años transcurridos, recuerdan con dolor aquel momento; imposible olvidar cuando las secuelas quedan marcadas en los cuerpos como cicatrices y en el alma como orfandad.

Rancas es una comunidad que lucha contra la amenaza de la descomposición comunal generada por intereses externos. La fuerza de empuje y cohesión bajo la cual se ha constituido radica, sobre todo, en el suceso del 2 de mayo de 1960.

La historia de Rancas es una de las tantas historias que no se nos obliga a memorizar pero el pueblo sabio no permite el olvido de sus luchas. Tras 50 años, los niños y niñas de Rancas hoy no entienden muy bien lo que pasó y ven el suceso como algo lejano y mítico pero entonan canciones que garantizan la permanencia de la memoria, de lo que significó: “Un 2 mayo fueron a luchar los comuneros con gran valentía / ellos defendieron con hondas y palos / recuperaron todas nuestras tierras / en la pampa de Huayllacancha mataron a una gaviota /de su buche sacaron a un hombre muy valiente”.


[*] Elizabeth Lino Cornejo desarrolla una investigación cultural y social sobre la comunidad de Rancas desde el 2003.
 

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