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José María Arguedas
Intercambio epistolar entre dos amantes del mundo andino Intercambio epistolar entre dos amantes del mundo andino

Por José Vadillo Vila
Fuente: Variedades Nº 248, Lima 24/10/11

Yo creí que había traicionado a los indios que me criaron por hacer "literatura". Y una noche, oyendo un gran huayno de Coracora rompí en llanto. Felizmente parece que no ha sido así". Quien redacta estas líneas es José María Arguedas (1911-1969).

Las escribió el 30 de abril de 1959. ¿El destinatario? Al otro lado del océano Atlántico, en Estrasburgo, Francia, era Pierre Duviols, hoy profesor emérito de la universidad francesa de Provence (Aix-en-Provence).

La misiva es una de las que forman el corpus del libro Itinerarios epistolares. La amistad de José María Arguedas y Pierre Duviols en dieciséis cartas (Fondo Editorial de la PUCP, 2011).

"Fue un hombre excepcional en cuanto a virtudes, cualidades morales e intelectuales; de una honestidad increíble, muy simpático", recuerda el antropólogo francés, quien volvió a Lima, luego de seis años, para recibir el honoris causa de la Universidad Católica del Perú.

Aprovechamos su breve estadía para hablar sobre José María y esa amistad que alimentaron con "inolvidables charlas", aquí, en Lima, y luego prolongaron con las cartas.

"Sus cartas eran muy interesantes", dice Duviols. Arguedas –agrega– "es un monumento que hay que conservarlo: Es una faceta importantísima para mí sobre la visión andina". Cauto, no quiere polemizar, más puntualiza que "lo de Arguedas es una cosa muy distinta del pensamiento arcaico. No veo el pensamiento arcaico, pero no voy a polemizar".

En las cartas que le escribió, Arguedas le dice que con él se desahoga, porque siente que "su interés por el Perú es lo más sincero que conozco". La frase perdura en la memoria del investigador francés, reconocido como una de las máximas autoridades en el campo de la etnohistoria andina.

Se encargaban en las misivas mutuamente libros y revistas. Y Arguedas da luces sobre sus visiones sobre la poética y la narrativa, mientras habla de sus cuentos y sus novelas Yawar Fiesta, El Sexto, Todas las sangres.

José María le comenta a Duviols acerca de la ley anticomunista aprobada en los años sesenta en el Perú; o las peleas que lo "abruman" al interior de la Universidad de San Marcos.

Hablan de autores e investigadores peruanos y libros. Sus aversiones sobre los ruidos, sobre "una subvaloración tenaz de mí mismo es uno de los rasgos de mi malestar", y que esa "afección antigua" (su depresión) que, explica, se agravó tras un accidente automovilístico que sufrió en 1961.

Duviols llegó a Lima a inicios de Lima muy interesado en "la cuestión de la literatura indigenista peruana". Ocupó la cátedra de "lector de francés" (puesto dejado vacante por André Coyné) en la Universidad de San Marcos, dictando clases sobre literatura francesa.

Ya había intercambiado cartas con otros escritores indigenistas, como Enrique López Albújar, pero se había quedado fascinado con Agua (1935) de Arguedas y trató de conocerlo. Le dijeron que podía encontrar a José María en el Centro de Lima, en la peña Pancho Fierro, fundada por Alicia y Celia Bustamante (esta última su esposa). Y ahí Duviols fue a buscarlo y empezaron así su amistad.

Otras veces se encontraban en la plaza Mayor de Lima y se iban a conversar a algún restaurante. El tema que más les apasionaba era sobre la religiosidad andina. "Conversábamos sobre todo lo que escribió de Puquio, de la poesía quechua, de todo eso. El mundo de Agua y de Yawar Fiesta, muchas cosas que había que investigar", recuerda.

Duviols también vio el otro lado de Arguedas, el autodestructivo. Recuerda la tentativa de suicidio del escritor en 1966. Un año antes, gracias a una beca, el francés había vuelto al Perú y alquilaba una casa en Miraflores, donde Arguedas lo visitaba, comían y trabajaban en la investigación sobre Dioses y hombres de Huarochirí.

La imagen es muy potente y se mantiene latente a pesar de que ha pasado casi medio siglo. Al enterarse del intento de suicidio, Duviols y el crítico Alberto Escobar, lo fueron a visitar al hospital Rebagliati. Llegaron casi al mismo tiempo que Celia Bustamante y Sybila Arredondo. Y ahí estaba José María, con una traquetomía.

"Después de eso ya se le veía menos. Se iba a Chile a ver a su psiquiatra (Lola Hoffman)". Pero siguieron la amistad por cartas. Y se encontraron en Santiago de Chile. Duviols dio una conferencia en una universidad de Chile y a Arguedas le encantó.

Quedó en el tintero hacer un proyecto para viajar a Puquio, Ayacucho, me cuenta Duviols. Y precisa que otra amistad importante que tuvo el escritor peruano fue el sociólogo francés Francoise Bourricaud (fallecido hace dos décadas), profesor de la universidad de la Sorbona, quien hizo estudios sobre Yawar Fiesta. Los tres conversaban mucho. (Itinerarios epistolares... incluye un artículo de Bourricaud sobre esta novela).

Se dice que esta amistad le dio a Arguedas el apoyo emocional que no encontraba en el mundo académico peruano. Duviols prefiere no meterse "en conflictos intelectuales o universitarios".

Durante todos estos años, Duviols conservó los originales de las cartas. Hubo otras más que prestó y nunca le devolvieron, cuenta. También se perdieron las cartas que Duviols envió a Arguedas (sólo dos de las 16, llevan la rúbrica del francés).

Y fue a Duviols, a quien Arguedas le escribió una de sus últimas cartas, fechada el 21 de noviembre de 1969. Siete días más tarde, el autor de Todas las sangres se disparó un tiro en la cabeza.

"Fue una carta que no entendí de repente; una carta de despedida... la última", recuerda Duviols. Un Arguedas que se quejaba que volvía de Santiago "en muy malas condiciones"; que se había frustrado "el empuje y entusiasmo" con que escribía su novela (El zorro de arriba y el zorro de abajo, publicada póstumamente en 1971). "No es oportuno ni acaso podría explicarte bien la causa de carácter enteramente psíquico que congeló el libro".

Duviols no entendía. En la carta Arguedas le hablaba, entre otras cosas, de "la tarea a la que habría querido dedicar el resto de mi vida luego de concluida la novela: la recopilación de la literatura oral quechua, para que después la estudiaran los que están bien armadas para esa tarea". Se despedía.

El francés es "un poco escéptico". "No sé si debe aprobar las interpretaciones que se han dado (sobre la muerte de Arguedas). Prefiero no decir nada de eso". Prefiere dejar las conjeturas a otros y quedarse con el mejor recuerdo de la amistad con un gigante.
 

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