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ARCHIVO DE ARTÍCULOS PERIODÍSTICOS

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Carlos Germán Belli
La poesía y el ejemplo de vida<br>Entrevista. Carlos Germán Belli La poesía y el ejemplo de vida
Entrevista. Carlos Germán Belli


Por Enrique Planas
Fuente: El Comercio, Lima 08/11/09
http://elcomercio.pe/impresa/notas/poesia-ejemplo-vida/20091108/365840

El Premio Southern Perú a la creatividad humana ha sido concedido al autor de “¡Oh hada cibernética!”. Después del poeta Westphalen, es el segundo vate en recibir la medalla José de la Riva-Agüero y Osma.

En países como el nuestro, donde no existen premios oficiales para la literatura, el premio Southern Perú a la Creatividad Humana, otorgado por la Universidad Católica y Southern Copper-Perú, puede considerarse el más importante reconocimiento para escritores, artistas y estudiosos en humanidades. Y Carlos Germán Belli (Lima, 1927), brillante miembro de la Generación del 50, único en su manera de expresar temas contemporáneos utilizando expresiones clásicas, es el segundo poeta en recibirlo, después de Emilio Adolfo Westphalen. Y eso, para el autor de “¡Oh hada cibernética!”, el premio se convierte en una responsabilidad. “En verdad, recién estoy sopesando el premio. Lo conocía de lejos…”, nos dice el poeta.

¿Lo consideraba un premio que obtienen algunos, pero que no sería para usted?

Exactamente. En el campo de las humanidades lo han recibido nuestro amigo Westphalen, también Estuardo Núñez, el patriarca de nuestras letras, la historiadora María Rostworowski, por no hablar de las personalidades en el campo de la ciencia. Me siento muy honrado.

 

El silencio cultivado

Para pactar este encuentro, le escribí un correo electrónico al poeta, en el que celebraba su premio y le comentaba lo oportuno de una entrevista a propósito. Su respuesta llegó poco tiempo después. Me escribe: “En el fondo, soy un westphaliano en lo que respecta a nuestro común desapego a las entrevistas. Pero —como siempre— termino desobedeciendo al maestro”. Días después, instalados en su biblioteca, no olvido su comentario.

¿Qué significa para usted ser westphaliano?

Cultivar el silencio, ante todo. Ser una persona enmudecida ante la realidad. Westphalen, para mí, fue una suerte de maestro, aunque nunca se lo manifesté. Recuerdo que lo busqué en su oficina en la plaza San Martín, en la compañía minera donde trabajaba. Lo busqué no por su poesía, sino por la de César Moro. Pero él con toda generosidad me atendió y me citó en su casa. Allí se inició nuestra amistad, aunque no fue muy estrecha. Pero en su poesía me interesó muchísimo el camino hacia la vanguardia, su sensibilidad nueva y, luego, la lección de vida.

¿Se refiere a algún tipo de ética del poeta?

No suelo utilizar esa palabra, por todo lo que trae por añadidura. Pero tal vez sea un tema de comportamiento frente a la vida. Y digo “frente a la vida” y no “frente a la página en blanco” porque Westphalen tiene una obra breve. Pero aunque escribió muy poco, siempre fue el poeta frente al lodazal humano.

Supongo que esa actitud westphaliana hace que no se tomen muy en cuenta los cuentos.

No he recibido muchos premios. Están contados con los dedos. El Premio Nacional en el 62, luego el Neruda (Chile, 2006) y el premio Lezama Lima (Cuba, 2009), cada uno ha sido gratificante.

El escritor T.S. Elliot decía: “Ningún poeta honrado puede sentirse completamente seguro del valor permanente de lo que ha escrito. Es posible que haya desperdiciado su tiempo, que se haya complicado la vida para nada”. ¿Opina parecido?

A Elliot lo he leído poco en realidad, pero coincido con él. Tanto es así que a estas alturas de mi vida siempre estoy como un escritor rampante, tratando de seguir escribiendo. Esa apetencia por la escritura seguramente responde a que no estoy conforme con lo que he hecho, que le falta algo más. Evidentemente, no me siento complacido. Siempre quiero coronar algún nuevo reto. Intento mantener la curiosidad y el entusiasmo. Son el impulso para seguir viviendo.

Otra frase de Elliot: “Siempre me ha parecido poco aconsejable violar las reglas antes de aprender a observarlas”. Me hace acordar aquella dualidad en su obra: la vanguardia por un lado y el clasicismo por otro.

Estaba entre esos dos mundos; siempre he tenido un interés bipolar. Y me quedé con el clasicismo como norte. La modernidad se me viene por añadidura. En mis experiencias frente a la computadora, la tecnología, en el día a día. La relación que yo tengo con la tecnología es la del júbilo del usuario. Vivo agradecido por haber llegado a Internet y por poder comunicarme al instante con amigos que viven en la India o en Francia. Ya no me siento en la última “thule” como antes. Aspiro lo moderno en el presente, en coexistencia con el pasado. El Renacimiento es, para mí, un ideal inalcanzable. Estoy seguro de que hasta el último día de mi vida intentaré acercarme al modelo renacentista en la poesía.

Hay quienes critican los nuevos medios porque solo generan la ilusión de la comunicación. Que, en verdad, cada vez nos comunicamos menos…

Yo creo que no. Al final los resultados son positivos. La incomunicación, el aislamiento, ahora son voluntarios. ¿Estando en un mundo interrelacionado, cómo no sentirse como pez en el agua? Sé que hay voces que impugnan el ideal de un mundo globalizado. No sé. No soy sociólogo, soy un simple mortal que ha llegado por ventura a este nuevo siglo.

 

LOS LIBROS DESAIRADOS

La entrevista transcurre en la biblioteca del poeta, donde nos sentimos casi invasores. En su escritorio destaca su computadora, exótico domo plástico en medio de libros de añeja nobleza. “Y codo con codo están juntos/ en cada estante terrenal, / como las tumbas alineadas / en un cementerio infinito…”, como dice su poema “Los libros desairados”.

Belli, quien espera entusiasmado la pronta edición de dos antologías, una a cargo de la editorial venezolana Biblioteca Ayacucho y la otra preparada por la española Pre-textos, me explica que no “poda” su envidiable biblioteca. Se siente orgulloso de la sección de poesía hispanoamericana y de vanguardistas franceses. Los libros de Petrarca están en los anaqueles de arriba. El poeta chileno Pedro Lastra le trajo hace algunas semanas unos “breviarios” editados en Santiago de Chile en 1950, delicadísimas ediciones de poetas clásicos. “Esos son mis libros amados”, confiesa.

Sin embargo, los libros que tiene más cerca, al alcance de sus manos, son sus modernos diccionarios de la Real Academia de la Lengua Española. “Recurro a ellos a cada rato, hasta para escribir un e-mail. Dudo siempre del sentido exacto de las palabras. Me siento un funcionario inseguro del idioma. A mi esposa no le gusta que lo diga, pero es lo que siento”, me confiesa sonriendo.

En “Los libros desairados”, poema de su más reciente libro, “El alternado paso de los hados”, reflexiona sobre la curiosa situación de estar rodeado por libros y tener tan poco tiempo para leerlos…

Así es. A mí me obsequian libros, y como cada día es más fácil imprimirlos se genera una avalancha, un alud. Y eso, sumado a mi afición a leer a poetas del pasado, muertos hace muchos siglos. Pero no tengo tiempo. Eso me duele. Y pienso que yo también seré víctima de ese desapego de los posibles lectores.

Ud. ha señalado que el hablante poético de su último libro oscila “entre el pavor de vivir y morir y el buen amor ardoroso”. ¿Piensa mucho en la muerte?

Siempre le he temido, y es algo que debe haberse acrecentado ahora. Pero mi preocupación permanente, siempre a flor de piel, es merodear la página en blanco. Es una obsesión que relega ese sentimiento que uno tiene frente a la muerte.

¿Cree que todavía un escritor puede alcanzar la posteridad por sus escritos?

Si vemos los casos de Petrarca y Dante, tal vez. Pero uno nunca escribe para la posteridad. Jamás he escrito para que me recuerden.

 

EL PREMIO

Medalla a las letras

El premio Southern Perú y Medalla José de la Riva-Agüero y Osma se enfocó este año en las especialidades de Humanidades, Ciencias Sociales y Artes. Desde 1996, año de su creación, han sido distinguidas personalidades como Emilio Adolfo Westphalen, Estuardo Núñez, Guillermo Lohmann Villena, María Rostworowski, Juan Miguel Bákula, entre otros.

Los postulantes al premio son presentados por instituciones académicas en el Perú, universidades, colegios profesionales e instituciones públicas o privadas dedicadas a la actividad académica.

El premio, dotado de US$15.000, le será entregado el 19 de noviembre.

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