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Henrique Urbano
La edición crítica de la crónica de Cristóbal de Molina:<br>Entrevista a Henrique Urbano La edición crítica de la crónica de Cristóbal de Molina:
Entrevista a Henrique Urbano


Por Virginia Vilchez Samanez
Fuente: LibrosPeruanos.com Setiembre, 2008.

“Lo que la gente debería utilizar ahora es esta edición, porque las otras son muy malas. Aquí hay autores que citan muy mal”.

Virginia Vílchez: ¿Por qué es importante la obra de Cristóbal de Molina?
Henrique Urbano: La relación de fábulas y ritos de los Incas, de hecho es la mejor introducción al estudio de la religión de los incas del Cuzco. En primer lugar, porque Cristóbal de Molina fue uno de los grandes conocedores de los últimos testigos de las fiestas incaicas en el Cuzco. En segundo lugar, porque Molina tenía conocimientos del quechua, porque durante veinte años predicó a los indios y fue el intérprete quechua de todas las encuestas y necesidades de los entrevistadores de ese entonces. Molina era la persona mejor preparada para hacer esta encuesta y quien se la pidió, el obispo del Cuzco, Lartaún, le pidió que hiciera esa encuesta y él la hizo y fue escribiendo lo que era, lo que fue, en fin, lo que quedaba de esas fiestas. Es realmente la mejor información que hay, en particular, sobre las fiestas y la manera de celebrarlas.

VV: Cristóbal de Molina era sacerdote. ¿Hasta qué punto su ideología ha influido en la interpretación de la religiosidad del Cuzco?
HU: Él tiene juicios y prejuicios, por supuesto, como todos los tenemos, pero en este caso no, porque le han pedido que describa las fiestas. Es distinto a que fuera en un contexto de evangelización. No es ese el caso. Simplemente, el obispo le pidió que describiera cómo eran las fiestas.

VV: O sea, ha sido de lo más imparcial.
HU: No hay que exagerar. Él lo ha descrito y es indudablemente, de lejos, la gran fuente, la primera fuente de descripción de lo que fueron las fiestas incaicas, mes por mes, cuáles eran las fiestas, cómo se celebraban, los diferentes días del mes, lo que hacían, las duraciones, porque es muy importante, por ejemplo, saber las oraciones que empleaban, los gestos que empleaban, los lugares que utilizaban. No es un juicio sobre todo esto.

VV: ¿En qué se diferencia esta última edición de las anteriores?
HU: De hecho, el manuscrito original no se conoce. Esta es una copia que fue probablemente utilizada por Francisco de Ávila. Esta copia de Madrid nunca había sido editada de una manera, digamos, crítica. En 1989 yo había hecho en Madrid una edición para una colección de crónicas de América. Ya la había perfeccionado un poco. Todas eran ediciones muy antiguas, una de 1920; después, una del 40; después una en Argentina; todas bastante malas y que continúan siendo citadas, pero que realmente deberían ser desechadas. Entre los muchos errores que difunden está el afirmar que Molina es mestizo. Porras Barrenechea lo demostró, pero la gente repite aún cosas que no debe repetir. Esta última edición tiene el texto original, la edición paleográfica, tiene el texto actualizado y tiene también un estudio técnico del quechua con una nueva traducción de las oraciones en quechua. Son más de una decena de oraciones en quechua. Tiene un vocabulario quechua, mapas para explicar dónde se hacían las fiestas.

VV: ¿Y cuál es la diferencia con la edición española de 1989 que publicó en Madrid junto con Duviols?
HU: Es más o menos el mismo principio. El principio es el texto, con todas las explicaciones necesarias para su comprensión, más una traducción de todas las oraciones en quechua. El doctor Julio Calvo, indudablemente uno de los más grandes quechuistas actuales, lo tradujo bien al castellano, y el vocabulario que tiene es una novedad. Molina emplea muchas palabras quechuas y utiliza los términos que se utilizaban para definir los gestos rituales.

VV: Nos dice que posiblemente la copia que se encuentra en España haya pertenecido a Francisco de Ávila. ¿Le fue de utilidad para su trabajo sobre Ritos y tradiciones de Huarochiri?
HU: No tiene nada que ver. Se informó, claro, pero Ávila tenía más. Ávila se enteró porque conocía y era “cuzqueño”. También se enteró porque era un gran texto. El gran texto de referencia de las fiestas incaicas es de Molina, no hay otro cronista. Los otros luego lo emplearon, lo copiaron, pero la gran fuente no tiene nada que ver con Guaman Poma, ni con otros. Molina es la gran fuente.

VV: Sin embargo, dada las pocas y malas ediciones no se la ha usado directamente sino por referencias.
HU: Sí, pues. Eran ediciones muy malas. Se difundieron y aún se difunden. Lo que la gente debería utilizar ahora es esta edición. Aquí hay autores que citan muy mal, por ejemplo, María Rostworowski y otros que utilizan ediciones pésimas. No las deberían utilizar.

VV: En la introducción que usted hace cuestiona el sistema de Ceques de Tom Zuidema.
HU: No existía. Cualquiera se puede equivocar. Lo que hace Molina (hay una parte a la que él hace referencia) es la descripción de cuantos adoratorios había. Eso no está en esta crónica, pero sí hace referencia a eso, porque él dice “yo ya dije en la crónica anterior”, porque también escribió La historia de los Incas que se perdió. Entonces, hace referencia a eso, hace la descripción de los adoratorios porque se la habían pedido. No hay ningún sistema. Esta es la descripción de los adoratorios, el inventario que es luego utilizado por el cronista Bernabé Cobo. Pero de ahí que se discuta de dónde sacó Cobo esta lista de adoratorios. Yo opino que es Molina quien la elaboró. Otros piensan que fue Polo de Ondegardo, pero Polo de Ondegardo no sabía quechua, Molina sí. Entonces no hay ningún sistema. Es como si yo hiciera el inventario de todos los centros de peregrinaje del Perú: eso no describe ningún sistema. Es el inventario de los lugares adonde la gente va a rezar o los santuarios que existen, pues exactamente es lo que quiere decir eso.

VV: Usted también cuestiona la historia del Taqui Oncoy.
HU: La otra cuestión que existe y también es polémica, es la cuestión del Taqui Oncoy. Eso es algo que también hay que aclarar de una vez ¿Qué habrá existido? ¿Qué habrá sido? La crónica de Molina al final habla, como en un añadido, del Taqui Oncoy, y dice que uno de los sacerdotes, Luis de Olivera, dijo haber descubierto que los indios se estaban rebelando. Esta es una invención que proviene de los intereses que tenía Cristóbal de Albornoz para tener el reconocimiento de la corona española. Probablemente le interesaba ser obispo del Cuzco. No lo fue, su intento falló. Entonces esta gran rebelión no es ninguna rebelión, porque nadie más habla de ella. Es evidente que es un afán de los dos o tres curas que ayudan a Albornoz a obtener alguna prebenda eclesiástica. Nadie más estaba preocupado con la gran rebelión indígena. Esta versión fue tomada por Luis Millones quien se ha ganado la vida con esto. La crónica sirve para eso: ubica bien el texto, y se nota bien que es un texto añadido, que era un texto sin las características que tiene la descripción de las fiestas, ni su rigor.

VV: ¿Solo Molina y Albornoz mencionan al Taqui Oncoy?
HU: En la crónica, él dice, “en los últimos años ha habido un movimiento que me mencionó el cura Luis de Olivera”. Es como si el informe no fuera de él, es como si fuera de Luis de Olivera, que viene de Parinacochas. Ese es, más o menos, el contexto de este final, porque él habla al final y termina así. O sea, se ve que es un añadido.

VV: ¿Cuál es la diferencia entre la religión inca y la de Huarochirí?
HU: La de Huarochiri pertenece a un tipo de descripción de fiestas y relatos míticos locales que no están relacionados con la actividad incaica. Es como si usted me hubiera dicho ¿cuál es la relación entre las fiestas de Yauyos y la organización total de la Iglesia Católica? Es decir, la gente tiene sus explicaciones, los santos, sus tradiciones locales, por un lado, y por otro se tiene la organización propiamente de los incas. No tienen nada que ver porque las tradiciones de Huarochiri no son tradiciones incaicas, son tradiciones locales, mientras, lo que cuenta Molina es la organización de los Incas. Lo que la gente hacía en Piura o lo que los moches hicieran durante los tiempos de los incas, ¿quién lo sabe? Pero la organización incaica tenía su propia particularidad, eso es lo interesante del texto de Molina, que él describe lo que se hacía en el Cuzco en tiempos de los incas y lo que los incas hacían en el Cuzco.

VV: Molina llega a Cusco en los primeros años de la conquista, cuando todavía se mantenían muchas costumbres.
HU: Claro, y el las buscó. Había testigos.

VV: Molina llega muy joven al Perú.
HU: Pues sí. Las edades en ese entonces eran más relativas, pero sí no era viejo. No sabemos muy bien en qué fecha llegó al Cuzco. Llegó en 1556 y ahí quedó todo: no sabemos más de él.

VV: No se sabe cuándo llegó al Perú, pero se supone que ya era sacerdote.
HU: Ya lo era, aparentemente ya lo era, pero no conocemos nada de él. Toda la parte antes de llegar al Cuzco no la conocemos. Sabemos cuándo nació, pero nada más. Cuándo llegó al Cuzco, no lo sabemos bien tampoco, pero más o menos digamos alrededor de mil quinientos cincuenta y tantos. No sabemos su formación. Era un señor culto, tenía la manera culta de escribir castellano, como lo subraya Julio Calvo, no era un improvisador, tenía conocimientos de la escritura y una formación literaria interesante y profunda. En fin, tenía una buena formación. La crónica no tiene referencias a autores. Él escribe solamente de los Incas y no hace comparaciones, no hace un estudio; es lo que se puede llamar un etnógrafo. Dice “la fiesta del Capac Raymi era así, la fiesta del Inti Raymi era así, la citu era así, en el mes de setiembre era esta fiesta” y la describe. Entonces, no está haciendo un estudio comparativo con otras religiones. He publicado dos o tres artículos sobre él donde aparecen algunas actividades suyas en el Cuzco. Unas son actividades comerciales: tenía negocios, porque tenía varios familiares, había varios Molinas allí y todos eran andaluces, todos venidos de España. No sabemos nada más. Vino aquí al Tercer Concilio Limense, como experto en el quechua para traducir los textos quechuas, pero no sabemos nada más.

VV: ¿Qué parentesco tenía con Cristóbal Molina el Chileno?
HU: Hay que parar eso de una buena vez. No tenían nada que ver entre sí, y el Cristóbal Molina “chileno” tampoco era Cristóbal Molina El Chileno, eso ya está descartado. El texto que se le atribuía, Relación de cosas acaecidas en el Perú, esa también otra confusión que fue alimentada por las ediciones antiguas, que lo continúan repitiendo. Hace años que está probado que el autor de esa crónica es otro autor, Bartolomé Segovia.

VV: ¿No existió un personaje llamado Cristóbal Molina el Chileno?
HU: Existió, pero no es el autor de la crónica que llamamos la crónica de Cristóbal Molina el Almagrista, o el Chileno. Eso ya está probado. Quien primero lo demostró fue Raúl Porras Barrenechea. Bartolomé Segovia es el autor, pero la gente aún cita mal esto.

VV: ¿Y por qué le atribuían a Cristóbal de Molina el Almagrista esa crónica?
HU: Bueno, por un error histórico que no es el primero ni el segundo ni el tercero. Además, la edición peruana que sigue siendo citada pone a los dos Molinas. No solo eso, también en España la edición de las crónicas indígenas menciona a Cristóbal Molina el Almagrista. Esa es una edición de 1968. Hay que descartarla de una vez.

VV: ¿La contribución de esta última edición consiste en aclarar todas estas confusiones?
HU: Sí. La gente repite las viejas ediciones. Realmente no tiene sentido, es absurdo.

VV: Otro de los méritos de esta edición es el presentar la trascripción paleográfica así como la versión en castellano actual.
HU: Sí, el trabajo del doctor Julio Calvo es muy importante desde el punto de vista quechua, porque es confiable y significa un gran esfuerzo para la comprensión del quechua como tal, y para dar una visión completa de lo que era el texto de Molina.

VV: Usted emprendió actividades pioneras en el Cuzco.
HU: Sí. Yo he sido uno de los fundadores de la Revista Andina y del Centro Bartolomé de las Casas, el único que queda.

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