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ARCHIVO DE ARTÍCULOS PERIODÍSTICOS

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Doris Moromisato
no tiene ese orgullo japonés"" alt=""La gente okinawense no es resentida,
no tiene ese orgullo japonés"" align="left" style="margin:0px 10px 10px 0px;" /> "La gente okinawense no es resentida,
no tiene ese orgullo japonés"


Por Piero Peirano Mejía
Fuente: Expreso, Lima 30/05/06

Admiradora de Clarice Lispector, Doris Moromisato es una poeta que nos conmueve con un lenguaje sencillo. En "Okinawa. Un siglo en el Perú", nos entrega un retrato sincero de los sucesos que este grupo social ha vivido en nuestras tierras desde 1906. Conversamos con ella acerca de esta obra (realizada junto con Juan Shimabukuro) y los diversos matices que la hacen ser más que una historia.
 
-¿Por qué razones nos presenta la historia de Okinawa en el Perú?
Porque mis padres eran inmigrantes okinawenses y yo tenía la necesidad y voluntad de reivindicar la cultura y las raíces okinawenses, que son milenarias, y que es considerado uno de los tres grupos de minoría étnica actualmente en el Japón, ese es un detalle. El segundo es que el 70% de los descendientes japoneses en el Perú son okinawenses, es decir, ese grupo no es transmisor de la cultura japonesa, sino de la okinawense, que es otra cultura.

-Pero el libro es más que una historia...
Lo defino, en resumidas cuentas, como un libro histórico, con un lenguaje periodístico y una atmósfera poética con instrumentos narrativos. El contenido es histórico, pero la estrategia es periodística porque quiero informar, ilustrar y contar la historia desde diferentes entradas, como es el caso de los diecisiete testimonios, el lado de la historia cronológica, y los capítulos surgen como un plural pero terminan en un singular.

-¿Por qué el tono reivindicatorio?
Porque no somos Japón, definitivamente. Japón es un imperio, por ello tiene una lógica imperial, con un discurso homogéneo y le pide consciente e inconscientemente a sus súbditos que se consideren una nación. Entonces, así se han portado mis padres y se han portado los descendientes y creo que no es necesario, hay que hablar de la diversidad en medio del conjunto. La cultura japonesa es represora y colectiva, tienes que hablar igual que el resto.

-¿Cuál sería la diferencia más grande entre esa sociedad japonesa y la de Okinawa en el Perú?
Lo que pasa es que los inmigrantes japoneses que llegaron al Perú lo hicieron en una época en que no habían llegado a ser totalmente asimilados a la cultura japonesa. Okinawa fue invadida por Japón durante cinco siglos, pero durante el último periodo del siglo XIX trataron de crear el Estado-Nación Japón y por ejemplo se prohibió que hablen en okinawense y muchos de ellos, que llegaron al Perú, se sintieron libres. Es por eso que no volvieron, se sintieron bien cultural y económicamente, sintieron que acá podrían ser más libres.
 

Testimonios

-¿Fue difícil recoger tantos testimonios?

Para mí no, porque vengo recogiendo testimonios desde hace mucho tiempo, tengo más de 300 testimonios guardados. Y hay un detalle, soy nisei, soy hija de japoneses, confían mucho en mí y hay una reciprocidad. Me han contado tantas cosas, que hace 10 años, cuando empecé a investigar esto, me deprimí. Tuve que irme a vivir a la selva por un año. Luego regresé y seguí mi vida normal, pero ahora estoy escribiendo una novela donde hago ficción con esas historias que no se pueden contar, ya que si las cuento como ensayo pueden herir muchos honores, ese es mi deber, porque esas son las alegrías y heridas de un grupo que no se pueden contar como ensayo. Como dijo Mariátegui: si quieres acercarte a la realidad tienes que recurrir a la fantasía.

-¿Cuál fue el testimonio que más le impactó?
En este libro fue el texto de Hildebrando Pérez sobre Alejandro Tamashiro. La verdad es que yo conocía a Alejandro, él ha sido amigo de César Calvo, pero no sabía lo que él había sido, tantos detalles. Lo que pasa es que en la colonia japonesa es muy complicado ser comunista, no te perdonan tener una posición ideológica antipatrimonial. Les molesta mucho que alguien sea comunista.

-Se dice que los japoneses son personas muy sobrias, tranquilas y analíticas, ¿cómo es la personalidad de la gente de Okinawa?
Los japoneses tienen un mejor manejo de la expresión; pero los okinawenses son sentimentales, muy alegres, y saben vivir. Llegaron al Perú y se adaptaron, sin lamentarse.

-¿También se adaptaron a la religión católica?
Sí, pero todos permanecieron budistas. Ninguno se convirtió al catolicismo, incorporaron algunos detalles del catolicismo pero no dejaron de ser okinawense en su religión, es decir la religión animista okinawense y el budismo. Lo que sucede es que esta cultura es diferente a la peruana, está hecha desde hace muchos siglos. Mi familia tiene 300 años de antigüedad, sé quién fue mi tatarabuelo y así. Para nosotros sentir algo por un dios como Kamisama es algo muy íntimo.


Fujimori: un estigma

-¿Cuánto afectó a los okinawenses que Alberto Fujimori fuera presidente?

Muchísimo. Para bien y para mal. Para bien, en el sentido de sentirnos por fin peruanos y peruanas. Yo lloré el día en que fue presidente. Pensé en mis padres que ya habían muerto, en qué bien se hubieran sentido, después de cincuenta años de vida en el Perú, si hubieran visto que por fin éramos considerados peruanos, porque la gente descendiente no es considerada peruana. Cada vez que hay un problema político nos quitan la membresía de peruanos y dicen "japoneses, váyanse a su tierra".

-¿Qué sentiste cuando Fujimori se fue...?
Nos afectó mucho porque no se puede jugar a la ligera con el autoproclamamiento de la ciudadanía, no se puede decir ahora "soy peruano" y mañana "soy japonés", sobre todo para un pueblo que le ha costado tanto sentirse parte de un país y que quiere a este país. Los okinawenses aman este país, lo aman porque ya no tenemos otra cultura. La cultura okinawense existe en el aire.

-Entonces, ¿cuál es la finalidad de "Okinawa. Un siglo en el Perú"?
Hacer un deslinde en la cultura de la opinión pública, que vea que en la cultura llamada japonesa hay una diversidad interna, no es un grupo homogéneo, compacto que sólo tiene una opinión, una sola cara, un sólo rostro, adentro hay un grupo grande. De diez japoneses hay siete que son de Okinawa, que tienen otro color, otra manera de ser, que son las mujeres que fiaban en las bodegas, la gente que te saluda; es gente muy amiga y así son todos.

-Al final del libro hay un artículo de Kenzaburo Oe en el que habla de la risa de la periferia en Japón, esa risa okinawense...
Kenzaburo Oe es un excelente escritor, un maestro no sólo del alma humana, sino también del lenguaje porque la literatura es sobre todo lenguaje, no historia. La gente okinawense no es resentida, no tiene ese orgullo japonés. La gente es muy piadosa, muy pacifica, conciliadora, no prioriza su ego en una relación, sabe vivir, sabe comer, sabe pelear, sabe amar y sabe disfrutar.

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