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ARCHIVO DE ARTÍCULOS PERIODÍSTICOS

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Juan Gargurevich Regal
Homenaje a la Generación de Periodistas del 50. Un libro de Homenaje a la Generación de Periodistas del 50. Un libro de "Última hora"

Por Manuel Jesús Orbegozo
Fuente: Expreso, Lima 02/05/05

El diario Última Hora empezó a vocearse en las calles de Lima una tarde de enero de 1950, es decir, cuando empezaba la segunda mitad del siglo XX. Los pocos limeños de entonces lo tomaron como una novedad, pero fue en diciembre del mismo año cuando al leer el titular de: "Chinos como cancha/ en el Paralelo 38", se rieron a todo pulmón.

El periodismo peruano iniciaba una nueva etapa en su desarrollo editorial al oficializar el empleo de la replana en el lenguaje, antes soslayado, aunque ya en plena moda en las conversaciones coloquiales criollas, "gagás" o entre los "pájaros fruteros".

Última Hora empezó dirigida por el periodista chileno Oswaldo Cabrera Leyva con la finalidad de servir como punto de apoyo a las campañas liberales del diario La Prensa cuyo propietario era el famoso político de ese medio siglo, don Pedro Beltrán Espantoso. Después, sus directores (apolíticos) más recordados serían Raúl Villarán y Efraín Ruiz Caro.

El cuerpo de redacción estaba formado por periodistas peruanos que habían aprendido la profesión en "el bar de la esquina" y no "en la universidad", como Gabriel García Márquez dijo alguna vez que se aprendía mejor el periodismo.

Sobre la historia de este vespertino, que de alguna manera separó en dos la historia del periodismo peruano, acaba de salir a la luz un libro escrito por Juan Gargurevich Regal. No es una sorpresa la aparición de esta última obra del periodista Gargurevich sino la validez de un nuevo aporte a la historia del periodismo peruano.

Gargurevich parece ser el único que le roba tiempo al tiempo para dedicarse a hurgar, como tienen que hacer los historiadores en busca de infolios enterrados, datos escondidos pero obligatorios para corroborar la verdad y urdir el tejido científico.

Gargurevich no está sirviendo a nadie (ni siquiera a Guido del Castillo, su enorme amigo y auspiciador) sino al real acaecer de los hechos; por lo tanto, sus descripciones y narraciones están exentas de influencias políticas o empresariales. Hay, en este campo de la historiografía, profesionales que no se ajustan a la verdad sino a intereses programados.
En las páginas del libro, aparece la odisea del diario y de los periodistas de la Generación del 50, a quienes Gargurevich dedica su trabajo en la persona de Efraín Ruiz Caro.

Junto a la narración de anécdotas personales, pinta episodios de la vida nacional, política o no, a grandes pinceladas, con lo que conforma murales de enorme colorido y significación.
Para los que comenzamos nuestra vida periodística en esa década y, por lo tanto, somos testigos de dicha era, bastante notable, leer las páginas de Última Hora, la "Fundación de un diario popular", constituye un repaso del pasado en vivo y en directo y por eso no produce ninguna delectación interior sino al revés, un abrumador diluvio de nostalgia.

Según Gargurevich, no es que la universidad sea innecesaria para la enseñanza del periodismo puesto que muchos no la precisamos. Lo que pasa es que la vida también es una universidad, viva, donde el aprendizaje es más rotundo. Muchos no tuvimos aulas, pero sí tuvimos maestros. En mi caso, por ejemplo, nunca olvidaré a Gastón Aguirre Morales y sus cátedras dictadas en las mesas de redacción de La Crónica.

Gargurevich menciona a Aguirre Morales y también a Ruiz Caro. A propósito, nunca le he leído a Efraín una crónica más hermosa que la que escribió en México, a la muerte del "Negro" Genaro Carnero Checa, otro periodista histórico y de fuste.

El periodista-historiador expone sus criterios o razones para considerar a Última Hora como Antes y Después, debido a su incursión en la jerga o replana. Exacto. Replana que nunca mal usaron. Cuando una vez escribieron que tal "partido fue de la 'Pitri Mitri'", yo protesté en mi tesis para el doctorado periodístico, porque el término me pareció soez. Eran los días de la asepsia lingüística y el más cuidadoso respeto al lector.

Ahora, el periodismo "amarillo" ha sobrepasado la raya y navega a todo forro (jerga) en un mar espeso de groserías y olores nauseabundos.

El libro de 200 páginas tiene un acápite titulado: El Destino de los Periodistas. Gargurevich repasa a los principales hombres de prensa que desfilaron por esa redacción: Lucho Loli, Carlos Castillo Ríos, Guillermo Cortez Núñez, Juan Gonzalo Rose, Guido Monteverde, etc., todos grandes amigos, grandes colegas, grandes periodistas, claro que enemigos a muerte mientras íbamos detrás de una primicia. Luego de que nos costaba sangre, sudor y lágrimas conseguirla, hacíamos las paces en la FPP, en los bares nocturnos del centro de la ciudad o de La Victoria.

Sonreíamos viendo cómo aparecían las noticias en las páginas de nuestros diarios; era que el nuevo día estaba amaneciendo.

Cuánta pena da comprobar que el transcurso del tiempo es implacable y la muerte también. Muchos, muchos de los de la Generación del 50 -a la que el periodista Juan Gargurevich Regal les rinde pleitesía- ya no están aquí para leer sus loas.

Entonces, como en el tango, dan tremendas ganas de dejar a un lado las apariencias, "cerrar los ojos/ y ponerse a llorar".
 

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