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ARCHIVO DE ARTÍCULOS PERIODÍSTICOS

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Inca Garcilaso de la Vega
Los secretos de La Florida del Inca Los secretos de La Florida del Inca

Por
Fuente: Identidades Nº 90, Lima 8/08/05

Las fuentes de este libro aún concitan la atención de investigadores e historiadores. Sin embargo, son deducibles ciertos indicios, como la versión de un testigo directo de los hechos y un manuscrito que sería la versión previa del relato garcilasista. *

 

A pesar de la ya larga reticencia de los historiadores a aceptar La Florida del Inca (1605) como una fuente fidedigna sobre la expedición de Hernando de Soto (1495-1542) a La Florida, y los datos sobre los grupos étnicos, geografía y costumbres de los indígenas pobladores de esa zona, no cabe duda que literariamente es la mejor escrita y más detallada historia de la fracasada expedición del conquistador español a aquellas inhóspitas tierras que años antes había recorrido con los mismos resultados Pánfilo de Narváez, de la cual Álvaro Núñez Cabeza de Vaca dejara también un excelente relato.

Como es sabido, además del relato del Inca Garcilaso de la Vega sobre la expedición de De Soto y de los documentos oficiales sobre ella, existen sólo tres fuentes escritas: dos de ellas bastante cortas y otra, aunque más extensa, mucho más corta que la del Inca. Me refiero a las relaciones de Rodrigo Rangel y la del factor Luis Hernández de Viedna, y la más extensa y la única publicada en Portugal en la lengua de Camoes por uno de los varios expedicionarios portugueses, conocido como el Hidalgo de Elvas, titulada Relación verdadera dos trabajos que el gobernador D. Fernando de Soto y ciertos hidalgos portugueses pasaran en el descubrimiento de la provincia de la Florida (1551). Curiosamente, Garcilaso no menciona estas relaciones y, siendo un historiador humanista que se informaba muy bien para escribir sus libros, es bastante dudoso que no las haya conocido sino a todas, por lo menos la del Hidalgo de Elvas, que ya estaba publicada. Por qué el Inca no las menciona es otro de los secretos de lo que José Durand llamó "los silencios del Inca". Sí menciona, en cambio, dos pequeñas relaciones que, según él, "son tan cortas ambas relaciones que la de Juan Coles no tiene más de diez pliegos de papel, de letra procesada muy tendida; y la de Alonso de Carmona tiene ocho pliegos y medio, aunque, por el contrario, de letra muy recogida". (Proemio al lector) Aunque hasta el momento no se tiene noticia de estos documentos, por los datos que da el Inca, no hay razón para dudar de su existencia.


El testigo y la imaginación

Garcilaso, como buen historiador y humanista, sabía bien que, a diferencia de los Comentarios reales (1609), la verosimilitud sobre lo narrado en esta historia se veía afectada en primer lugar porque en la historia del Perú podía autorizarse a sí mismo constituyéndose en testigo de vista, nativo del Perú y quechuahablante, por lo demás aquella era una historia mucho mejor conocida que la de La Florida; en segundo lugar, porque si bien en la historia de su antepasados se toma muchas licencias en la representación de los incas y de su historia, en La Florida da rienda suelta a su imaginación poética. Por estas razones, el historiador cusqueño dedica un largo "Proemio al lector" para explicar detalladamente que, a pesar de no ser nativo de La Florida y tampoco ser testigo de vista de los hechos narrados, había puesto "el mayor cuidado... en escribir las cosas que en ella se cuentan como son y pasaron". (Proemio) ¿En qué se basaba Garcilaso para asegurar esto al lector?

Como ya se ha mencionado, La Florida del Inca es el más extenso relato sobre los hechos de la expedición de Hernando de Soto. ¿Si Garcilaso no tuvo a la mano las fuentes escritas sobre La Florida salvo las muy cortas que él menciona, cómo pudo entonces escribir este relato tan extenso y detallado? El Inca no duda en dar respuesta a esta pregunta. Tiene un "grande amigo" testigo de vista y miembro de la expedición que le ha relatado todo lo que cuenta en La Florida. Aunque Garcilaso no da el nombre de este "caballero", la crítica ha concluido que no puede ser otro que Gonzalo Silvestre, soldado en la expedición de de Soto, y quien en la historia de La Florida tiene una destacada, heroica y fundamental participación en los hechos narrados. De manera que la fuente principal de su historia, según Garcilaso, es un relato oral narrado por su amigo. La crítica ha aceptado sin vacilar que Garcilaso viajaba constantemente desde Montilla y luego desde Córdoba, donde vivía él, hasta Las Posadas, en donde vivía su informante, a encontrarse con Gonzalo Silvestre para escuchar su relato e interrogarlo intensamente sobre los hechos de La Florida. Como se sabe, a pesar de que se ha "descubierto" que el amigo era Gonzalo Silvestre, el Inca nunca dio el nombre de este conquistador, pues se cuida de no hacerlo en el "Proemio al lector"; y más extraño todavía, se cuida mucho más de hacerlo cuando obviamente se refiere a él en las notas manuscritas a la Historia general de las Indias (1555) de López de Gómara en la que ambos escriben [1]. Garcilaso lo llama allí "un conquistador viejo" o "un conquistador del Perú". ¿Por qué Garcilaso no da su nombre ni siquiera allí? ¿Es por voluntad propia o por un común acuerdo? ¿Acaso Garcilaso le había comprado la historia? o Garcilaso, después de la muerte de Silvestre en 1592, por la misma época en que termina la primera versión de la historia de Hernando de Soto, decide no dar la fuente de su historia. Por otro lado, en la época, tanto en Montilla y Córdoba como en Las Posadas, era bastante sabido que Garcilaso se reunía con Silvestre, tanto así que a veces el mismo Garcilaso hacía que le envíen cartas a ese pueblo cuando sabía que iba a estar allá. Además, una atenta lectura puede, como así ha sido, crear sospechas sobre la sobresaliente y exagerada participación de Silvestre en la jornada. Si Garcilaso no le pagaba a Silvestre por su historia, qué ganaba éste con relatarle estos hechos al Inca. Son muchas preguntas que quedan por resolver y quizá no se resuelvan nunca.
Lo cierto es que el deseo de escribir esta historia empieza en los primeros años de la llegada de Garcilaso a España, cuando se encuentra con Silvestre en Madrid en la década de 1560. Ambos tenían el interés común de reclamar privilegios a la Corona que, como se sabe, a Garcilaso se los habían negado. Quizá ellos pensaban que con la publicación de su historia de La Florida, en la que Silvestre cumplía una participación importante, sus pedidos serían más valederos y atendidos.


Un manuscrito por investigar

Por otro lado, no obstante que el Inca dice que Silvestre le contó la historia de La Florida oralmente, el soldado conquistador no era analfabeto, como podría suponerse, por lo que dice de él Garcilaso en el mencionado Proemio al lector. Silvestre no sólo leía, sino que lo hacía de una manera crítica que, como ya lo mencionamos, ha quedado grabado en las notas que escribió en los márgenes, interlineados y espacios en blanco en la Historia de Gómara, y probablemente en muchos otros libros que compartía con el Inca. Esto es importante para cuestionar una aseveración que ya hace muchos años ha propuesto el reconocido historiador piurano Miguel Maticorena Estrada.

En 1967, Maticorena publicó un interesante artículo titulado "Sobre las 'Décadas' de Antonio de Herrera: La Florida", en el que sostenía algo que ya era bastante conocido: que el mencionado historiador y Cronista Mayor de las Indias había copiado a mansalva a la mayoría de los cronistas publicados y no publicados en aquella época, y en este caso particular se refiere a cómo Herrera había saqueado el libro del Inca sobre La Florida antes de ser publicado [2]. Lo interesante es que en esa fecha Maticorena presenta como prueba de ello y como primicia el hallazgo de un manuscrito titulado "Historia de los sucesos de La Florida del Adelantado Hernando de Soto" que, según él, corresponde a una de las primeras versiones de La Florida del Inca y que es uno de los documentos que aprovechó Herrera para sus Décadas. Esto lo ha venido repitiendo por varios años en varios artículos, pero en 1996, en un congreso dedicado al Inca Garcilaso, afirmó rotundamente que sin duda el manuscrito era de mano del Inca [3]. También allí dio muchos más detalles sobre el manuscrito y proporcionó a algunos de los asistentes copia fotostática de cinco páginas del manuscrito [4].

Ahora bien, si compulsamos este manuscrito que ha sido escrito por una sola mano o por una sola persona con los manuscritos que han sobrevivido del Inca (La descendencia de Garci Pérez de Vargas, y las anotaciones de diversas épocas en la Historia de Gómara), es claro que el manuscrito descubierto por Maticorena no es de mano del Inca Garcilaso. Que sea parte de la misma historia que Garcilaso relata es diferente. Además de que la caligrafía del Inca no es la misma que la del documento, hay un par de cosas más que ponen en duda su aseveración. Este documento, después del titulo, tiene una curiosa nota que dice: "-Ojo- costome mi dinero y no es del Rey", seguida de una pequeña firma o iniciales del poseedor del manuscrito. Si este documento hubiera sido escrito por el Inca, no tendría sentido poner esta nota allí, salvo que se esté refiriendo a comprarle la historia a Gonzalo Silvestre, pero la segunda parte de la oración "y no es del rey" no tiene sentido en este caso. Garcilaso nunca fue un oficial de la Corona española para comprar o adquirir o no documentos a nombre del rey, algo que sí podría hacer y decir un oficial de la Corona como el Cronista Mayor de Indias, Antonio de Herrera. Por otro lado, hay suficientes muestras de firmas del Inca como para compararlas con la estampada en este documento y la que aparece allí no le pertenece.


Por un estudio detallado

Si, por lo ya expuesto, este manuscrito ni fue escrito ni perteneció al Inca Garcilaso, pero corresponde a una historia similar a la de Hernando de Soto que él narra en La Florida del Inca, entonces cabe preguntarse cómo llegó a las manos de Herrera este manuscrito en particular, y no la versión completa del libro que el propio Garcilaso nos informa en los Comentarios que anduvo en varias manos, entre ellas las de Herrera. Garcilaso mismo afirma que dada la nobleza de Gonzalo Silvestre y por considerarlo una fuente fidedigna, éste era llamado continuamente a declarar al Consejo Real de las Indias sobre hechos relativos a La Florida. Si esto es cierto, lo más probable resulta que tuviera un manuscrito con un borrador de los hechos y en los que estaba tan interesado en publicar con el Inca. Pudo muy bien en sus viajes al Real Consejo de Indias conocer a Antonio de Herrera, o a sus escribas y allegados y proporcionarles, después del respectivo pago, una versión de la misma historia en la que trabajaba con el Inca. Ésta es una posible explicación de cómo llegó a las manos de Herrera este importante documento descubierto por Maticorena. Como se sabe, Silvestre estuvo siempre pasando necesidades económicas y no sería nada extraño que le hubiera vendido su historia a Herrera o al mismo Garcilaso.

Sin duda hace falta un estudio detallado del manuscrito, cosa que Maticorena no ha hecho desde que publicó su primer artículo sobre el tema en 1967. El estudio de este documento podría aclarar muchas de las preguntas planteadas aquí, pero sin duda no disminuiría el valor de este libro clásico de la cultura peruana y americana.
 


* Christian Fernández es docente de la Universidad de Louisiana y autor de Inca Garcilaso: Imaginación, memoria e identidad (2004).

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