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ARCHIVO DE ARTÍCULOS PERIODÍSTICOS

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Peter Elmore
Literatura: Encontrar un lenguaje Literatura: Encontrar un lenguaje

Por Diego Otero
Fuente: El Dominical, El Comercio, Lima 06/08/06

El destacado escritor nacional Peter Elmore, quien es, además, uno de nuestros más talentosos críticos literarios, habla sobre El fondo de las aguas (Peisa), su más reciente novela, pero también sobre el estado de la cuestión en nuestras letras: las nuevas editoriales, los premios a Roncagliolo y Cueto, la precocidad de los nuevos novelistas.
 

-El fondo de las aguas, tu tercera novela, que acaba de ser publicada, cuenta la historia de un hombre que ha tenido una vida opaca, y, de pronto, a los 35 años, todo cambia.
Sí, hay una extrañeza ante ese momento de la vida en que el personaje se encuentra, que son sus 35 años, que le da la sensación de que lo que ha vivido en los últimos 15 años es casi como que se hubiera diluido, como si él hubiera estado suspendido en una suerte de limbo melancólico. Y la novela arranca en ese limbo melancólico, y lo que muestra es precisamente la transformación del personaje. En el breve tiempo en el que transcurre la historia le suceden cosas mucho más trascendentes que las que le han pasado en los 15 años anteriores. Es como una novela de aprendizaje tardío.

-En la narrativa publicada en los 90 hay una suerte de micro tradición de novela de aprendizaje. País de jauja es como un centro ahí. Es curioso que tú vayas por esa senda ahora. Y más aún si se trata de un aprendizaje tardío.
Parece un oxímoron, sí. Porque si uno piensa en la tradición de novelas de aprendizaje, el protagonista suele ser un adolescente. Pero me daba la sensación, mientras escribía el libro, que en Lima, en el medio en que yo me he desenvuelto, hay personas que tienen un desarrollo emocional muy rápido y precoz en algunos aspectos, y en otros son crónicamente inmaduras. Y a veces algunas de esas personas se enfrentan con algún momento crucial de sus vidas y se produce una transformación, y esa transformación los puede destruir o llevar a otro lado. Yo creo que mi personaje está en eso. Creo que es una persona inteligente, pero que no ha cumplido con su propia promesa.

-Como si la propia ciudad, o el propio país, sesgara o bloqueara el crecimiento armónico de la gente, como que le permitiera madurar solo en ciertos aspectos.
Algo de eso hay, sin duda. Y de hecho uno de los grandes temas de la literatura peruana es el de la educación sentimental. Creo que la educación sentimental nos toca justamente porque planeta un momento que parece privilegiado de la existencia, que es ese momento de la pubertad, de la adolescencia, que es el gran momento de los hallazgos y los descubrimientos. La contraparte de eso son los personajes de mediana edad que han fracasado. En ese sentido creo que mi personaje no está ni en la adolescencia ni en la mediana edad, sino que está en ese momento de aprendizaje tardío.


La sala de cartón está sola

-A raíz de la encuesta que planteó Abelardo Oquendo sobre los escritores más importantes del país, alguien, creo que fue Rodrigo Quijano, comentó que faltaba un autor, o un libro, que rompiera la estandarización en el lenguaje y en la conceptualización de la narrativa peruana actual. Y ponía el caso de Andrés Caicedo, en Colombia. ¿Qué opinas al respecto?, teniendo en cuenta además que un libro como La casa de cartón no tuvo herederos: fue un experimento narrativo que rompió una serie de moldes y a partir del cual no se construyó ninguna tradición.
En mi caso particular, como novelista, la cuestión se reduce a cómo dar cuenta de la realidad sin necesariamente seguir el canon del realismo. Para otros escritores puede ser otra la búsqueda. La casa de cartón, efectivamante, es una novela que se queda sin herederos hasta ahora, curiosamente, en que varios de los escritores jóvenes, los que recién están comenzando, la han recuperado. Estos jóvenes novelistas están más próximos a La casa de cartón en la medida en que sus personajes son jóvenes cuya definición ante la sociedad está dada por la lectura, por la literatura. Y por ahí hay una especie de tercera vía, que no es ni narrativa urbana, ni narrativa rural, porque precisamente lo que han tenido en común ambas tendencias es esta demanda realista. Por otro lado, creo que más importante que abrir el espectro temático y los registros de estilo, es reconocer que en el caso peruano el núcleo central de la palabra escrita está en la poesía y no en la narrativa. Si la literatura peruana es tan sólida y tan importante es precisamente por la poesía.

-Por qué la poesía alcanza esas cotas, a qué lo atribuyes.
Es difícil de explicar. Yo creo que lo que ocurre en la poesía peruana, desde Eguren, es que su problema central no es seguir un lenguaje sino encontrar un lenguaje. Cuando uno la compara con la poesía chilena, que es de muy alto nivel, ve sin embargo que Neruda, el gran poeta chileno, no se enfrenta, salvo en la Segunda Residencia, a la dificultad de escribir. Mientras que en la poesía peruana tienes a Vallejo, Westphalen, Adán, Eielson, etcétera, todos enfrentados a la dificultad de escribir, y eso hace que encuentren un lenguaje muy rico y en crisis. Y ese lenguaje rico y en crisis, paradójicamente, expresa mejor la realidad peruana. Y eso se transmite finalmente a la novela, porque no podemos olvidar que muchos novelistas peruanos son lectores de poesía.
 

Nueva literatura peruana

-Hay una especie de boom de nuevas editoriales, todas independientes, frescas y creativas. Hay nuevos escritores, muy jóvenes, enfrentados a la novela, tomando caminos impensados hace apenas 10 años, cuando todo parecía entrar en el carril del llamado realismo sucio.

Yo creo que lo que ha ocurrido con los escritores peruanos hasta este momento es que todos sabemos que la viga maestra de la narrativa peruana moderna es el realismo, frente a eso había que tomar una postura. Creo que los nuevos escritores no sienten esa exigencia, y eso me parece liberador.

-¿Hay algo más en común en esta nueva escritura?
Yo tengo la sensación de que tenemos la costumbre de pensar binariamente: no importa cuáles sean los términos que se opongan, lo importante es que sean dos. Entonces en una época se hablaba de narrativa urbana y de narrativa rural, o de poesía pura y social, o de criollos y andinos, o de vitalistas y metaliterarios. Y más bien yo lo que noto son vasos comunicantes, vías de contacto muy curiosas. Me refiero por ejemplo al hecho de que en la literatura peruana de los últimos 30 años son muy frecuentes los personajes que quieren escribir. Ocurre en País de Jauja (Edgardo Rivera Martínez) y en Casa de Islandia (Luis Hernán Castañeda). Y no es que la exigencia de representación de la realidad haya desaparecido, sino que se ha incorporado a la ficción a través de la figura del personaje que quiere ser escritor.

-Luego de los premios a Santiago Roncagliolo (Alfaguara), y a Alonso Cueto (Anagrama), el Perú se hace más visible para el gran mercado de la literatura en nuestro idioma. Cómo ves este nuevo orden de cosas.
Yo acabo de venir de un encuentro de narradores en El Escorial, donde había escritores latinoamericanos de diversos países, y una primera cosa que uno comprobaba es que para todos está claro que la literatura peruana es de las más importantes, que es una cosa que a los peruanos no necesariamente nos parece obvia. Más bien solemos quejarnos y decir que nuestra literatura siempre está en crisis. Lo otro es que, claro, a raíz de los premios hay una visibilidad mayor de la narrativa peruana actual. Esos premios, creo yo, ayudan a todos los escritores peruanos, generan un contexto de recepción en el que hay una apertura hacia otras obras.

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