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ARCHIVO DE ARTÍCULOS PERIODÍSTICOS

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Ciro Alegría
El amigo de la noche El amigo de la noche

Por Maruja Muñoz
Fuente: El Comercio, Lima 7 de Noviembre del 2010
http://elcomercio.pe/impresa/notas/amigo-noche/20101107/665237

Ciro Alegría. Es uno de los máximos representantes de la narrativa indigenista, pero su obra no fue ajena a la opresión y marginación padecida por los afrodescendientes.

“Estaban cazando a un negro. Yo me sentía como un pobre animal acosado. Si algo de hombre tenía, era el dolor angustioso de sentir que, siendo hombre, se me tratara así”, le comenta Pat Brook a su amigo Jim, en una taberna del Harlem. Estas líneas pertenecen a la novela “El hombre que era amigo de la noche”. Su autor no tiene la piel oscura ni el cabello ensortijado, es más bien un hombre de tez blanca, nacido en la sierra de La Libertad. ¿Su nombre? Ciro Alegría Bazán (1909-1967). “Tanto como el problema del indio, me interesa el problema del negro y, en general, el de todas las razas oprimidas. Creo que la América libre con la cual soñamos, no podrá ser lograda mientras mantengamos situaciones que envuelvan privilegios y conflictos de castas y razas”, escribió Alegría en sus “Memorias”. Muestra de ello son los artículos publicados en el diario “El Mundo”, de Puerto Rico, contra el prejuicio racial, desatando fuertes polémicas durante su estancia en esa isla caribeña como profesor universitario.

Autor comprometido
Gonzalo, el menor de sus hijos, comenta que su padre “se preocupa por la exclusión y persecución de los negros en Estados Unidos y empieza a escribir relatos, tanto en ese país como en el Caribe, protagonizados por afrodescendientes. Ahí está el cuento ‘Los ladrones’, ambientado y escrito en Cuba, y ‘El hombre que era amigo de la noche’. Mi padre fue siempre un gran defensor de las causas de la humanidad”.

Oscuridad salvadora
“El nombre no importa. Un pueblo de blancos y negros es lo mismo en todo el sur”, dice Pat Brook, el personaje. Se trata prácticamente de un monólogo en el cual Jim, el interlocutor, viene a ser el lector. “Si tú quieres saber la historia de por qué soy amigo de la noche, escucha”, así comienza a relatar sus vicisitudes sobre la persecución que sufrió cuando una muchacha blanca lo señaló como culpable de una violación que jamás cometió. El color de su piel lo condenó. Una turba de blancos, con armas de fuego, y perros lo perseguía, mientras él huía flanqueado por las balas. Uno de los proyectiles mató a una vaca y la turba dejó de disparar para proteger el ganado. La oscuridad de la noche lo salvó y, así, se convirtió en su mejor aliada. Durante el día –Pat le cuenta a Jim– se ocultaba en las plantaciones de tabaco y en la noche huía hacia Nueva York, una ciudad que lo deslumbró tanto, como al autor de esta novela escrita entre 1948 y 1950. En “El hombre que era amigo de la noche” –quizá su obra menos conocida– Ciro Alegría se introduce en el alma de los afroamericanos, al punto que bien podría haber nacido de la pluma de una de aquellas víctimas de la violencia y la discriminación.

La cultura negra
Dora Varona, viuda de Alegría, nos recuerda pasajes de la vida del escritor y es como si él mismo nos contara sobre la cultura de Estados Unidos, en la que destacaban afroamericanos como Langston Hughes, poeta, novelista, periodista y gestor del renacimiento de Harlem que reanimó el arte de los negros. Esas amistades llevaron a que Ciro se convirtiera en un “apasionado del jazz, el blues y lo afroamericano”, comenta Dora. En 1945 Hughes asistió a la ceremonia en la que el escritor recibió el Premio Latinoamericano de Novela en Nueva York por “El mundo es ancho y ajeno”, el primer “clásico” de la literatura peruana a decir del Nobel de Literatura Mario Vargas Llosa.

La cultura negra
“Ciro Alegría defiende al negro, lo coloca en un plano de víctima de la injusticia al que no se le da oportunidades de prosperar en la sociedad, pero al mismo tiempo como un héroe en busca de su reivindicación. No le puso gran dedicación al mundo afro en su literatura, pero dejó relatos y artículos, en los que defiende al negro. Siempre estuvo contra la exclusión”, dice su hijo Gonzalo.

Carita y Tirifilo son los personajes de “Duelo de caballeros”, cuento ambientado en el barrio de Malambo. Es un acercamiento al mundo afroperuano, aunque desde la perspectiva del hampa limeña. Ciro escribió: “La historia del duelo me la contó el sobreviviente, mientras ambos cumplíamos condena en la penitenciaría de Lima. ¿Será necesario aclarar que yo estaba preso por razones políticas?”.

Para Dora, el escritor no tuvo tiempo de familiarizarse con la costa ni las ciudades donde se afincan los afroperuanos. “Recuerdo haberlo visto estallar de impotencia, ‘¡No puedo concentrarme en lo que no he vivido!’”, comenta.

Reflejar el espíritu
En “Los ladrones”, los héroes son afrocubanos, pícaros y pendencieros, pero también sensibles, solidarios y alegres. “Nosotros los negros, aunque estemos tristes, tenemos una terca alegría en nuestras venas que nos sale a los ojos”, reflexiona Pat, en el bar de Harlem donde bebe con Jim. Ese es el espíritu de “Los ladrones”, cuento de argumento y escenarios dramáticos que discurre con gran sentido del humor.

El Apra que fue
Ciro Alegría murió en Chaclacayo el 17 de diciembre de 1967. Dora descubrió entonces que el escritor había perdido sus tres novelas más conocidas. “La Serpiente de Oro” y “Los perros hambrientos”, vendidas a las editoriales Nascimento y Zig-zag, respectivamente, por premuras económicas; y “El mundo es ancho y ajeno”, pirateada por la editorial mexicana Diana. “En 1947, Ciro encontró su obra pirateada en la vitrina de una gran librería de Puerto Rico. Escribió artículos contra la piratería editorial y contra quienes le quitaron el derecho a vivir de sus obras”, comenta su viuda. “Lázaro”, la novela que empezó a escribir en Puerto Rico, estaba destinada a ser su obra cumbre. Ambientada en la Revolución de Trujillo del año 1931 –que vivió y sufrió en carne propia– rememora las dictaduras de Sánchez Cerro y Odría, y lo doloroso que fue para el Perú, pero “viendo que hablaba sobre un Apra que ya no existía –comenta Dora–, no quiso publicar la novela. Había una contradicción interna en su corazón”.

[*] Periodista, investigadora de la cultura afroperuana.

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