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ARCHIVO DE ARTÍCULOS PERIODÍSTICOS

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Xavier Abril
Un siglo de Xavier Abril Un siglo de Xavier Abril

Por Alejandro Neyra
Fuente: Identidades Nº 93, Lima 19/09/05

La vanguardia en el Perú despertó la creatividad de muchos poetas. De la entrega surrealista de sus primeros versos, Xavier Abril pasó al campo de la crítica literaria -otra forma de asumir la escritura- y la promoción cultural, como aproximación a los problemas de su tiempo. Este año se conmemora también un siglo del nacimiento de Abril y es una fecha que no debe pasar desapercibida.

El 4 de noviembre de 2005 se celebrará el centenario del nacimiento de Xavier Abril (Javier Abril de Vivero), momento más que oportuno para revalorar la figura de uno de los principales poetas de la vanguardia peruana. Fue amigo personal y uno de los primeros estudiosos de la obra de César Vallejo, crítico literario e infatigable promotor de la cultura peruana.

Xavier Abril nació en Lima, en el seno de una familia acomodada. Estudió en el Colegio Alemán, una de las más importantes instituciones educativas de la Lima de entonces, donde compartió aulas con Emilio Adolfo Westphalen, Rafael de la Puente Benavides (Martín Adán), los hermanos Peña Barrenechea y Estuardo Núñez, entre otros.

Desde muy joven demostró inquietud por la literatura y estuvo especialmente atraído por la vanguardia, la cual conoció en gran medida gracias a la influencia de su hermano mayor Pablo Abril de Vivero, diplomático de carrera y entusiasta promotor de la literatura y el arte. Además, Pablo presentó a Xavier con César Vallejo. Entre las primeras entregas de Abril se encuentra un conjunto de poemas publicados en la revista Variedades de 1924 y, especialmente, la edición única de la revista Pegaso, que dirige y logra imprimir junto con otros jóvenes poetas y amigos.


El camino al surrealismo

Poco después, Abril viajó a París, donde se vinculó directamente con los movimientos de vanguardia y especialmente al surrealismo [1]. En esos años empieza a escribir diversos poemarios, los cuales después quedarán integrados en sus libros Hollywood y Difícil trabajo. En 1927, presentó una singular exposición en la Casa de América Latina en París, prologada por César Vallejo, en la que sus poemas surrealistas acompañan las pinturas de Juan Devéscovi.

En 1928, Abril regresó al Perú y se convirtió en uno de los principales y más fructíferos colaboradores de publicaciones como Mundial y Variedades, pero sobre todo de Amauta, revista fundada por otro amigo personal: José Carlos Mariátegui. En los primeros trabajos y poemas que Abril publica en Amauta, se presenta a sí mismo como el hombre que trae el surrealismo al Perú. Curiosamente, esta gran influencia surrealista que acompañó los primeros trabajos y los poemarios más conocidos de Abril -incluyendo el relato inédito "El autómata (1929-1930) [2]- y que le valieron incluso el reconocimiento de André Breton, se iría diluyendo del mismo modo que en la poesía de César Vallejo. Sin embargo, algunos de estos poemas, y en especial la prosa poética de Hollywood, alcanzan un registro tal que bastarían para considerar a Xavier Abril entre los principales poetas peruanos del siglo XX.

En 1930, Abril viajó a España. En esos difíciles años colaboró en revistas como Bolívar -dirigida por su hermano Pablo en Madrid- y Front. Asimismo, publicó algunos de sus poemarios. En esos mismos años, Abril se vinculó al movimiento comunista, razón por la que, en 1937, después de la instauración de la República, sale de España y empieza su periplo europeo. Regresa a Francia y visita también Italia y otros países. Desde entonces, la vida de Abril transcurrirá en diferentes lugares del mundo, en los cuales desarrollará actividades académicas y literarias, pero sobre todo de promoción, una vez vinculado al servicio exterior del Perú en calidad de agregado cultural [3].


El camino a la crítica

La influencia del marxismo y de la revolución socialista marcaron fuertemente a los jóvenes líderes sociales y literarios hacia fines de la década de 1920. Lo anterior condujo a que, por ejemplo, Vallejo -quien denuesta claramente el surrealismo- y posteriormente el propio Abril renieguen de su ilusión por los movimientos de vanguardia, que buscan un acercamiento al irreal mundo del sueño, en lugar de adoptar un mayor compromiso por la lucha social.

De este modo, la poesía de Xavier Abril fue transformándose poco a poco, manteniendo algunos elementos del surrealismo, pero haciéndose más militante al mismo tiempo que más pura. Sus poemarios Descubrimiento del alba (1937) y, sobre todo, La rosa escrita (1937) son claras muestras de esta evolución en la poética de Abril, al igual que otros poemarios inéditos, como Patética olvido, El cisne, El gran onírico; y en los pocos poemas sueltos que se conocen y que datan de los años 1930-1950, principalmente [4].

Una de las razones que explican el relativo olvido que existe en torno a su obra poética es el silencio creativo en que se sume el poeta desde esos años finales de la década de 1930. La salida de España, la renuncia a los ideales surrealistas y la vinculación al comunismo son ingredientes de la nueva vida que tomará dedicado ahora a los viajes, la crítica y la promoción cultural. Sin embargo, el real punto de quiebre en la vida de Abril parece encontrarse en la muerte de su entrañable y admirado amigo César Vallejo.

Y es que si la obra poética de Abril entra en un vacío, su obra crítica -iniciada con colaboraciones en revistas, principalmente- se incrementa y multiplica exponencialmente, centrándose en gran medida en las obras de Vallejo. En ese sentido, la importancia de Abril radica en que fue el primero que se compromete a efectuar un análisis crítico serio y profundo, una exégesis integral de la obra vallejiana, dedicando gran parte de sus esfuerzos y de su propia vida a ese fin. Esta pasión crítica se revela, además, en los no pocos duelos literarios que sostiene con críticos vallejianos como Coyné, Ferrari y especialmente con el español Juan Larrea, cuyas diversas obras comenta extensamente.

Sin embargo, la labor crítica de Abril no culmina en Vallejo, sino que va más allá. Se extiende a Eguren y Mariátegui, principalmente, pero también a Mallarmé, Goya, el poeta uruguayo Julio Herrera y Reissig, entre otros. Dicha labor muestra no sólo su cosmopolitismo y amplio bagaje cultural, sino la acuciosidad en sus estudios y análisis, que puede apreciarse en la inmensa cantidad de manuscritos y notas que dejó en sus archivos personales.


Los archivos de Xavier Abril

Hace unos meses, el entonces canciller Manuel Rodríguez Cuadros [5], durante una visita a Montevideo, tomó contacto con los herederos de Xavier Abril, quienes viven en esa ciudad. Rodríguez Cuadros recibió un conjunto de seis cajas con documentos de Xavier Abril que estuvieron en poder de la familia, pero hasta entonces desconocidos.

Estos documentos, que obran en poder de la Cancillería, fueron en parte mostrados en la exposición Cien años de Abril, efectuada en la sala de exposiciones bibliográficas del recién inaugurado centro cultural Inca Garcilaso de la Vega del Ministerio de Relaciones Exteriores, en la restaurada casa Aspíllaga.

Los archivos de Abril incluyen una serie de poemas y documentos inéditos, que se encontraban confundidos y traspapelados entre una serie de manuscritos, recortes y borradores de obras críticas. Entre esos papeles sobresalen textos sobre Vallejo, Eguren y Mariátegui, algunos de los cuales fueron publicados en revistas latinoamericanas o sirvieron de base para las muchas conferencias, seminarios y talleres que Xavier Abril dio y ofreció como parte de sus actividades de promoción cultural.

Si bien es cierto que la obra poética hallada en los archivos resulta escasa, ello confirma que, después de 1950, es poca la actividad creativa de Abril. Por el contrario, existen innumerables muestras de su aparentemente infinita erudición y capacidad crítica. De hecho, uno de los "re-descubrimientos" fue el libro sobre el pintor holandés Bob Gésinus [6], prologado por Ernesto Sabato y el propio Abril, así como un extenso ensayo dedicado a Goya y presentado en una exhibición hecha sobre el pintor español en Montevideo.

Más allá de esto, son innumerables los textos que Abril dedica a analizar ensayos, artículos y libros de otros críticos de César Vallejo, en especial aquellos de Juan Larrea, con quien en la década de 1960 sostiene un más que animado debate crítico sobre diversas obras vallejianas. La polémica abarca desde el origen del nombre Trilce hasta curiosos y graciosos acrósticos y apostillas de carácter personal que Abril dedica a su adversario. Ésta, sin embargo, es también parte de la deficiencia que se nota especialmente en sus últimos ensayos.
Muchas veces, Abril torna su crítica sincera y centrada en el análisis textual de Vallejo en una apasionada defensa de su calidad de crítico en razón del conocimiento y amistad personal que tuvo con César Vallejo.

En todo caso, queda claro que hurgar en los archivos de Abril permite ingresar a una rica parte de la literatura peruana -y por qué no, latinoamericana- del siglo XX [7], que debe ser revalorada y recuperada para beneficio de todos los que quieran entender que la entrega de Xavier Abril a las letras fue integral y absoluta, y que su pasión por la obra de César Vallejo fue tan entrañable como su propia amistad.

Abril obtuvo diversos reconocimientos a lo largo de su vida, entre los que destaca el Premio Nacional de Literatura de 1982 [8]. Sin embargo, a poco de cumplirse el centenario de su nacimiento, el mejor homenaje que puede recibir es una re-lectura crítica de su obra poética y, esperemos, una edición de sus obras completas que permita colocarlo en el lugar que le corresponde en las letras nacionales.
 
Notas

[1] La vanguardia fue un movimiento que agrupó un amplio conjunto de nuevas formas de expresión, que surge en Europa hacia inicios del siglo XX, como correlato de una ola de modernización de la sociedad. En América Latina, estas nuevas formas se oponen al modernismo literario, primer movimiento genuinamente autóctono y regional.
[2] Publicado en la revista Creación & Crítica N° 9, Lima: 1971.
[3] Abril se vinculó al Servicio Diplomático del Perú, en calidad de agregado cultural, y desempeñó esa labor en Chile, Argentina y Uruguay durante treinta años (1958-1987). Resalta su labor promotora en Montevideo, donde permaneció en la etapa final de su vida y en donde murió el 3 de enero de 1990.
[4] Estos poemarios fueron publicados en algunas revistas literarias de la época y en algunas revistas de homenaje a Abril, como Creación & Crítica y Creación Heroica, así como en una edición facsimilar de La rosa escrita y otros poemas publicada en Montevideo (1983).
[5] El ex canciller y actual representante permanente del Perú ante los organismos internacionales con sede en Ginebra conoció personalmente a Xavier Abril cuando estuvo destacado en la Embajada del Perú en Montevideo, a inicios de la década de 1980.
[6] Pintor holandés que efectuó numerosas exposiciones internacionales en el Perú y otros países de Sudamérica. La edición de este libro fue hecha en Argentina.
[7] Entre las muchas curiosidades baste señalar tres: un texto en el que Abril critica a Borges por no haber reconocido a Vallejo como un gran poeta; una anotación que da cuenta de la existencia de un ejemplar de Descubrimiento del alba en la biblioteca de James Joyce después de que él mismo la depurara; y la existencia de un poema inédito dedicado por Enrique Peña Barrenechea a Xavier Abril, que data de 1924.
[8] Xavier Abril fue, asimismo, profesor honorario de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos desde 1970. En 1988, después de su jubilación, recibió el mayor reconocimiento a su vida y obra al servicio del Perú, al recibir la Orden del Sol.


(*) Alejandro Neyra
Diplomático y escritor. Actualmente integra la representación peruana en Ginebra
El autor tuvo la suerte de efectuar un inventario y revisión de los archivos de Xavier Abril, actualmente en poder de la Cancillería y que después de un proceso de restauración formarán parte de la colección de la Biblioteca Raúl Porras Barrenechea del Ministerio de Relaciones Exteriores.

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