Los que vinieron de La Mar
 
 
 
 
Índice de artículos del autor:
 
Los Cupisniques: 65 años después
 
Los Humedales en nuestra historia
 
La presencia alemana en Eten
 
Alforjas: Herencia labrada de Monsefú
 
Los que vinieron de La Mar
 
Método Investigativo y Enseñanza de la Historia en Lambayeque..
 
 
 
 
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Por: David Martín Ayasta Vallejo
Docente CEAP ¨Pedro Ruiz Gallo¨
Lambayeque, noviembre 2007
 

Dentro del proceso de evangelización que vivieron las comunidades de indígenas entre los siglos XVI y parte del XIX, el sincretismo religioso en relación a las montañas y la pachamama parecen haber ocupado lugar central entre las reinterpretaciones del pensamiento religioso occidental. Sin embargo, las comunidades asentadas en las costas peruanas tuvieron en la Mar - esa otra trascendente entidad sagrada de la vida religiosa de las comunidades prehispánicas- al escenario principal de sus procesos sincréticos. Experiencias religiosas del siglo XVIII que configuraron las principales y vigentes creencias religiosas que caracterizan al Puerto Eten, Ciudad Eten, y Monsefú.

El mar y la religiosidad prehispánica
Una aproximación a la constitución del mar como espacio sagrado en tiempos prehispánicos resulta necesaria para comprender su profundo significado religioso para los pueblos costeros y también los atributos y funciones de las imágenes religiosas con las que posteriormente habría de vinculársele.

En la costa norte del Perú, las más antiguas evidencias religiosas vinculadas al mar se remontan al Arcaico Tardío (3000 -1500 a.C.). Etapa que, tras la conquista del algodón y su posterior uso en la confección de redes, va a caracterizarse por la consolidación de la economía marina. Los primeros testimonios de la sacralización del mar serán registrados en textiles como los de Huaca Prieta (La Libertad), expresiones artesanales que plasman los más antiguos seres mitológicos vinculados al mundo marino y de larga vigencia en la religiosidad de las comunidades costeras. Un ser hibrido de cangrejo y serpiente que ornamenta el fragmento del textil 4 y el águila marina (Bird, 1964), son representados como sobrenaturales e imaginados como poseedores de diversos poderes, de ahí su representación con distintos atributos físicos.(Burger & Salazar, 2000)

Durante el desarrollo cultural Cupisnique (1500–200 a.C.) , expresión norcosteña del periodo Formativo, la consolidación de la agricultura de irrigación y la pesca con redes de algodón y embarcaciones van a contribuir al desarrollo de una ideología religiosa que tendrá como uno de sus principales escenarios al mar. En el valle Chancay-Reque (Lambayeque), un asentamiento localizado en la parte baja de éste, (Cerro de las Campanas-Puerto Eten) aporta evidencias sobre este proceso. Las excavaciones, pusieron al descubierto un Templo Religioso de la época y un camino ritual de 820 m. de longitud que culminaba ¨en un escarpado barranco de aproximadamente 15 metros de altura, bañado por las olas del mar¨ (Elera 1992, p.179) . Ambos parecen haber sido el escenario propicio para la celebración de ceremonias religiosas que incluían procesiones con la participación de peregrinos de regiones cercanas, los mismos que culminaban en ¨rituales de sacrificio¨ (Elera, 1992). Bischof que ha investigado en las Haldas (Ancash) la presencia de estos sacrificios en acantilados, describe la escena en forma siguiente ¨(los) peces se acercan a los despojos (humanos) ensangrentados, como recibiendo una ofrenda, quizás en representación de otra entidad superior (…) la acción se realiza a orillas rocosas e implica que las ofrendas hayan sido arrojas al mar¨ (Bischof, 1988 p. 61)

Ceramio CupisniqueAl respecto, María Rostworowski (2006) describe una ceremonia, en la que desde las partes altas de un valle se trasladaba en procesión sangre mezclada con spondyllus molido hasta el mar donde era entregada. Se trataba de la Capacocha, ritual prehispánico que articulaba a las comunidades de las partes altas y bajas del valle, en una ceremonia de delimitación de espacios territoriales. Resulta sugerente destacar que en la zona del Morro Eten se encontraron evidencias de spondyllus molido, un camino ritual y cerámica muy similar a otra hallada en Chongoyape, sitio de la parte alta del mismo valle. Para Chongoyape, Lothrop (1970) describió orfebrería de la época con representaciones de moluscos (concha de abanico) y crustáceos marinos (cangrejo) y en el Cerro Mulato (Chongoyape) hemos observado representaciones de cangrejos entre sus petroglifos. ¿Los restos de Morro Eten representan evidencias tempranas de la Capacocha en la costa norte?.

En cuanto al sacerdocio, Carlos Elera (1994) localizó sepulturas de individuos que por su indumentaria debieron haber estado relacionados con la organización sacerdotal del lugar . Uno de ellos fue sepultado con una clara orientación marina e inclusive tenía depositada una sardina sobre la pelvis. Se le identificó también: espejo, piedra pizarra, espátula de hueso, sonaja y conchas marinas; implementos usados en los rituales de carácter shamánico que efectuaban los sacerdotes de la época. Una imagen grabada sobre uno de los ceramios localizados en la zona podría darnos pistas sobre las divinidades de la zona. Sobre una de las paredes exteriores del ceramio se muestra un ser hibrido con atributos de ave felinizada y -según Maguiña (1986)- cola de pez .El despliegue iconográfico del personaje lo relaciona con el águila marina y la cola es parecida a la del pez mero. Este último registrado en Sechín relacionado a una escena de sacrificio que tendría como escenario al mar.(Bischof, 1995)

Durante el desarrollo cultural Mochica (100- 750 d.C ) las ideas religiosas largamente aquilatadas en relación al mar van a yuxtaponerse a esa otra entidad sagrada de larga vigencia en el área andina: los cerros y ; articuladas van constituir elementos medulares de la religión oficial mochica. Junto a ellas, las islas irrumpirán como un nuevo escenario provisto de honda trascendencia.

Los Mochicas concebían al mar como un espacio sagrado de naturaleza femenina, constituía principal ámbito de acción e inclusive morada de las más importantes divinidades de la época. De acuerdo con Makowski (2005) , el Mellizo Terrestre iniciaba recorridos míticos desde la cima de un cerro de un solo pico atravesando la tierra y el mar y llegando hasta el más allá en las entrañas mismas del océano. Por su parte el Guerrero del Buho luego de salir de la entrañas de un cerro de varios picos, recorría cerros e islas para recibir ofrendas y garantizar el crecimiento de las plantas y la abundancia de especies marinas. La Divinidad Femenina o Diosa Luna residía en las islas y salvo el episodio en la rebelión de los objetos no asumía roles protagónicos, sólo acompañaba y atendía al Mellizo Marino y al Guerrero del Buho.. En tanto que el Mellizo Marino tenía como principal ámbito de acción al mar: pescaba, cazaba lobos marinos, combatía con sus súbditos en el océano y con el Mellizo Terrestre.


Sus rituales tenían en el Mar al escenario de sus ceremonias religiosas más significativas. Precisamente uno de los más importantes, el del sacrificio, se iniciaba con un combate ritual cuerpo a cuerpo entre individuos ricamente vestidos pertenecientes a la elite Mochica; los vencidos eran despojados de sus ropas y luego conducidos en procesión con una soga al cuello hasta lugares donde se procedía a su sacrificio (Castillo, 1999) . En algunos casos se les observa dirigiéndose a las profundidades marinas amarrados y sentados en una embarcación y en otros corriendo desnudos con dirección hacia unas montañas. Ya en el lugar de destino, se procedía a desangrarles y luego a entregar sus cuerpos a las aves de rapiña o en otros casos a despeñarles. De acuerdo con Makowski (2000) estos combates rituales habrían tenido lugar dos veces al año y habrían culminado en un doble escenario terrestre y marino: las montañas y las islas.

El Mar y el proceso evangelizador
Para tiempos de la colonia, durante la etapa de inicio y consolidación de la evangelización en la costa norte del Perú, todo este cuerpo de ideas religiosas heredadas respecto del Mar habrían de ocupar un gravitante lugar en la labor catequística de la iglesia católica.

Más de un siglo después de la presencia hispánica, en 1638 el padre agustino Antonio de la Calancha registraba en su ¨Crónica Moralizadora de la Orden de San Agustín en el Perú, con sucesos memorables de esta monarquía, dedicada a Nuestra Señora de Gracia, singular Patrona y abogada de la dicha Orden¨, la vigencia del culto al mar entre los pueblos costeros señalando

¨adoravan los Indios Pacasmayos i sus yungas al mar, cuyas costas habitan, I lo llaman Ni, ofreciendole arina de maíz blanco, almagre i otras baratijas; tenianle por el más rico, i adoravanle para que no les aogase, I diese pescado , que el interés i el miedo miran como Dioses a los que pueden dar, i a los que saben afligir….¨ (Calancha, 1638 p. 1241)

Por la misma época en 1650, Fray Marcos Lopez registraba en Eten, al año siguiente de la aparición del Divino Niño del Milagro, la importancia del mar en la religiosidad de las poblaciones indígenas lambayecanas. Una solemne procesión organizada por el pueblo de Chiclayo y encabezada por el cacique de Collique para celebrar el primer año de la aparición del Niño del Milagro, presentó un singular homenaje en la que entre otras se pudo notar a un individuo representando al Mar. De acuerdo con Pini (1999) Fray Marcos Lopez registro ¨Vino el agua: uno vestido de aguas, sembrado , y copia de peces, con una guirnalda de mariscos y yerbas del mar y cochayoyos ; una danza y sus criados con unas redes, una atalaya, una caña de pescar ¨

Los registros referidos evidencian no sólo la vigencia de la entidad marina en la religiosidad de los indígenas de la costa, sino también la aceptación por parte de los sacerdotes de la época de las creencias existentes en torno a ellas y hasta su eventual incorporación en celebraciones cristiano católicas de especial importancia como la aparición eucarística de Eten.

Los Que Vinieron De La Mar
Será sin embargo el siglo XVIII, el periodo más prolífico en Lambayeque en eventos religiosos vinculados al mar. Se identifican entre 1740 y 1770 , arribos milagrosos, milagros marinos , varazones repentinas y hallazgos milagrosos; todos relacionados con la imposición del culto religioso alrededor de la imagen de Cristo en diferentes momentos y expresiones de su vida : Jesús Niño, Jesús Cautivo y Jesús Crucificado

Señor Cautivo de MonsefuConforme hemos venido sosteniendo en la década de 1740 debió ocurrir el evento que concluyó con el arribo del ¨Señor Cautivo¨ a Monsefú. De acuerdo con la tradición oral hasta las playas de Santa Rosa arribó una extraña caja que por grupos de pescadores posicionados en el lugar intentaron rescatar; Llegado el momento de los pescadores monsefuanos la caja se volvió liviana y la condujeron hasta su iglesia donde con la participación del sacerdote entronizaron un 14 de setiembre, celebrándose desde entonces como su día central. El cura Rubiños y Andrade recordaría en fechas posteriores al cura José Fernández que según la tradición oral entronizó a la imagen y lo mencionaría como ¨digno de eterna memoria¨. (Gomez, 1997 p. 247)

Años más tarde, hacia 1762 según el investigador porteño Raúl Vásquez (com. personal, 2004) los pescadores del Puerto Eten serían testigos de otro evento milagroso en las costas lambayecanas. Un segundo extraño baúl arribaría hasta las playas del lugar descubriéndose al interior de la misma a la sagrada imagen del ¨Señor del Mar¨ la misma que desde entonces acordaron celebrarla también en el mes de setiembre en el día 16 como su día central. En la actualidad la cruz recuperada de las olas del mar se le celebra el 3 de mayo.

De la misma década de 1760, aunque sin fecha precisada, Augusto León (1935) refiere en su relato ¨La arena que anda y el oro que llama¨ de su obra ¨Mitos, tradiciones y leyendas lambayecanas¨, la aparición milagrosa de una cruz en la caleta de San José. El cura Rubiños y Andrade que había sido trasladado hacia Lambayeque, había acogido con entusiasmo la iniciativa local de construir una iglesia sin embargo puso una condición ¨poner una cruz que no hubiera sido hecha por la mano del hombre…¨ De acuerdo con el relato de los autores referidoNiño Serranitos ¨una madrugada amaneció sin habersepodido sabercomo ni conducida por quien, una cruz de un material raro. Se trataba en realidad de una cruz, aun cuando (sic) imperfecta, hecha de madera petrificada. Y esa cruz después de retocada y arreglada convenientemente fue colocada en el templo de San José¨

Para 1773 un milagro en el mar concedido al mercader Don Manuel del Castillo tendría como protagonista al Niño Jesús de Eten, quien en medio de una violenta tormenta desatada después de pasar el estrecho de Magallanes, fue invocado un 16 de setiembre para calmar la tempestad. El milagro fue agradecido con el cumplimiento de construirle una capilla que fue terminada ¨…cuatro años después de la odisea del barco (…) acordando celebrar la festividad del niño del milagro con una romería a la Capilla de la playa el 16 de setiembre de cada año…¨ (Araujo,1949 citado en Pini, 1999). En la actualidad se le recuerda como el Niño Serranito y se le celebra el 17 de setiembre.

Comentario final
Como se notará, las concepciones ancestralmente heredadas respecto del mar ocuparon un papel trascendente en el proceso evangelizador que dio origen a significativos cultos populares lambayecanos; conocidas estas por representativos sacerdotes del siglo XVIII (Rubiños y Andrade uno de ellos) habrían sido usados por estos para persuadir a los indígenas en la fe católica a partir de atribuirles a estas imágenes un origen sagrado otorgado por el mar.

Bibliografía consultada

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En: Los Dioses del Antiguo Perú. Colección de Artes y Tesoros del Antiguo Perú
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