1. Rol de la familia y la comunidad en la motivación a la lectura
El niño aprende a cabalidad el lenguaje hablado por una profunda motivación de tener que comunicarse llana y fluidamente con los seres que lo rodean y que forman parte de su hogar. De igual modo el factor más importante que influye en nuestro comportamiento lector es la familia que constituye el ámbito más directo e inmediato de influjo en la vida del niño.
Porque, ¿cómo es que los niños aprenden a hablar de modo tan natural un lenguaje que es un saber complejo y lo alcanzan a dominar de manera tan lucida? La respuesta es sencilla: interactuando con el habla en su círculo vital, para lo cual no se descontextualiza al niño.
Para que el niño hable no se le introduce en un centro educativo ni se le confina en un salón de clases. Tampoco se le asigna profesor ni se le programan lecciones, menos se utiliza un sílabo, ni un manual ni un pizarrón.
¡Felizmente para ello no se nos ha ocurrido endilgarles tareas!, ni aplicarles con ferocidad pruebas de evaluación. Él aprende hablar para la vida como cabe pretender que lea para alumbrar la vida.
2. Crear un ambiente favorable para la lectura
Los niños aprenden a hablar estimulados por los seres que comparten su mundo, y como una exigencia libre, intensa y afectiva de comunicación.
Lo hacen por sí mismos y de una manera dichosa y feliz, retozando y a su propio ritmo y compás; también porque cada logro se lo celebra y festeja. ¿Quién no se deja seducir por la manera cómo ellos van asignándole un sonido a cada referencia de la realidad?
Nos endulzamos que lo hagan de manera única, curiosa y hasta rara; sin someterlos a una norma rígida sino aceptando y hasta haciéndoles sentir que nos encanta que digan las cosas a su modo, a su capricho, entonando ellos siempre de aquel modo el canto a los afectos y con ello el sencillo y candoroso homenaje a la vida.
Así aprenden a hablar. Pero no hacemos lo mismo con el código de la palabra escrita. Allí nos convertimos en autoridades severas, en pontífices categóricos y en burócratas impacientes, dispuestos a someterlos a cánones, técnicas y a evaluarlos. Allí somos “profesionales” y utilizamos todo el aparato formal en dicha coerción.
3. Rol de la familia y del contexto
Por eso, si fuéramos sensatos, el paradigma del aprendizaje del lenguaje hablado debe constituir también el modelo para la enseñanza y el aprendizaje de la lectura.
Si el niño no escucha que las personas hablan en su casa es seguro que no hablaría con presteza. ¿Cómo pretender que lea sin que tenga estímulos, materiales, tiempos disponibles y ejemplos al interior de su hogar para recrearse con los libros que es práctica mágica y hasta sublime?
Si el niño no ensayara continuamente en silabear, vocalizar, construir palabras, indudablemente se demoraría mucho en la adquisición de la capacidad de hablar.
Igualmente, sino garabatea, descubre las figuras e inscripciones sencillas en todo soporte, sino hojea las páginas de los libros, difícilmente adoptará la lectura de manera sincera y eminente.
Para desarrollar adecuadamente la lectura es importante considerar entonces el rol de la familia y del contexto, conformado hasta por el vecindario y la misma ciudad.
4. La motivación a la lectura desde antes del nacimiento
El niño desde antes de los seis meses de vida uterina es un ser que tiene memoria, emociones, sentimientos; puede oír, gustar, oler, percibir. Disfruta de la música, del ritmo, de la tranquilidad.
Mientras el niño se encuentra en el vientre materno siente la luz, oye y aprende. Tanto es así que cuando la madre gestante se levanta y bruscamente enciende la lámpara, el niño en el vientre reacciona con un movimiento brusco que indica que le han interrumpido su sueño y se ha despertado.
Y así como duerme en el vientre también allí juguetea; y para que ello sea posible tiene que orientarse percibiendo estímulos.
En esa situación ¿Qué poder no podrá ejercer la voz de su madre? Indudablemente que mucho, siendo capaz la criatura de oírla y hasta de entenderla.
Entonces, ¿qué mejor manera de llegar hasta él que con algunas rimas, glosolalias, candombes, cantilenas y jitanjáforas?
5. A la sombra de un verde limón
Como éstas:
Upa y upa
y upa y apá
***
Caracol, col, col
saca tus cachitos
y ponlos al sol.
***
Tin, Marín
de la pingüe,
cúcara, mácara
títere fue.
***
Esta es la noche
este es el día.
Y esta es la boca
de doña María.
***
Manzanita del Perú
cuántos años tienes tú?
***
Lorito de Portugal
saca tu patita
para darte un real
***
Sana sana
colita de rana
si no sanas hoy
sanarás mañana.
***
Estaba la pájara pinta
a la sombra de un verde limón
con el pico picaba la rama
con la cola movía la flor.
6. Creando símbolos
Y algunos pequeñísimos cuentos circulares, como éstos:
Este es un gato
que tenía los pies de trapo
y la cabecita al revés.
¿Quieres que te lo cuente
otra vez?
–¡Sí!
–Este es un gato...
O bien este otro:
–¿Quieres que te cuente el cuento
de la vaca Victoria?
–Sí.
–Se murió la vaca y se acabó
la historia.
Si es así, el niño ya nacido buscará por propia iniciativa, cuando está incentivado, todos los recursos de comunicación y expresión, desde el balbuceo, el llanto, los movimientos, para después refinarse en el gesto, el dibujo, la palabra.
Y, en esta misma secuencia, está la dimensión gráfica, es decir el signo y consecuentemente la escritura y la lectura. Y el ser libre desconstruyéndolos y volviéndolos a construir.
7. El vínculo feliz con la palabra hecha fiesta
Jugar con las palabras es la mejor manera de descubrir y afianzar el sentido que ellas tienen, pues la palabra ante el niño tiene que ser maravilla, dije y abalorio; como tiene que ser un ser vivo animal: gato, león, tigre; o personaje de fábula: enano, gigante o endriago; es decir magia pura.
Para motivar a la lectura, para aprender a leer, para escribir poesía: jugar entonces con la palabra.
La palabra escrita tiene que aparecer ante los ojos del niño con todo el poder que ella tiene de revelación y convocación. Porque ella contiene nuestra voz y como tal hace duraderas e interactivas, comunes e intercambiables, nuestras emociones y sentimientos a largas distancias y en tiempos incluso dispares.
La palabra escrita tiene que ser un espejo, un puente, una corriente de agua en donde el niño deba tratar de mirarse y encontrar su rostro, admirar su ser y posesionarse de su lengua:
Luna, lunera
cascabelera.
Cinco toritos
y una ternera.
8. Por la estrecha ruta
de una pista rota
He aquí algunas muestras:
Cinco niñitos
tiene mi tía:
uno le canta
otro le pía
y otro le baila
la chichibiría.
***
Con lana tejí la luna
y fue una luna lunar
la lana tenía un nudo
que fue en la luna
un lunar.
***
Por la estrecha ruta
de una pista rota
Caminaba Rita,
cuando alguien le reta
¡Guarda que una rata,
te muerde la pata!
***
La avenida estaba repleta
y con una sola silueta
es la Anacleta Mofleta
que andaba en bicicleta
con una sola changleta.
Y así como se haría con la palabra oral hay que dar a los niños las más variadas y ricas oportunidades de interactuar con la palabra escrita.
9. Afianzar el sentimiento de autoestima personal
Un aspecto importante en lo que significa aprendizaje es la autoconfianza, el sentimiento de seguridad, la autoestima del niño; primero de saber que él puede aprender sin frustraciones ni fracasos y en segundo lugar la convicción de que ese saber es suyo, no de los padres ni de los mayores, sino propio de él y que consecuentemente le pertenece.
Afianzar la autoestima es enfatizar en los sucesos de éxito antes que en los de error o fracaso. Porque hace más el que quiere y se siente confiado que el que puede pero es inseguro.
Y porque, ¿qué es la lectura sino una manera muy callada y profunda de ser el centro del mundo, de ser el protagonista de todo, el gran actor, el gran maestre de campo y hasta un taumaturgo?
Leer es una manera profunda de explorar mundos, de ser aventurero, personaje de fábula, héroe insigne en donde –sin darnos cuenta quizá– el centro de todo somos nosotros mismos; con todo el peligro de exponernos que ello significa.
¿Se podrá conseguir eso si no me amo y más bien me descalifico y hasta me desprecio?
10. Establecer una feliz relación con el lenguaje oral
De allí que sea verdad cuando se dice que el valor del niño no consiste en que algún día sea hombre sino principalmente en la heroicidad de su devenir y en la forma cómo vive su infancia.
Y no hay ámbito donde pueda engrandecerse el hombre más que en esta maravillosa etapa; y para ello no hay lugar que le sea más propicio y fulgurante que la lectura.
Y todo esto no esperemos que sea la escuela la que le brinde y ofrezca, ni le abra esa puerta. Porque sencillamente no lo hará. Es el hogar el que no le debe negar ese sortilegio.
Y luego, hacer el nexo entre palabra hablada y escrita. Este es un primer conocimiento básico y estructural para el niño a quien anhelamos preparar como lector.
Para este conocimiento él tiene que ubicarse en la vida y en la realidad. Que entienda y sienta la lectura no como algo ligado o perteneciente a la escuela, sino como válida y preciosa para si mismo.
11. La vida con la letra se activa y se devela
De mil maneras el niño tiene que entender que el signo escrito refleja reproduce o representa el habla. Para ello tenemos que escribirles los sucesos, historias, padeceres que a él le ocurran.
En hojas, libretas y todo tipo de soportes. Y mostrarle lo escrito.
El niño tiene que identificarse con la palabra escrita; sentir que es un espejo, que recoge su voz, su pensamiento, que le cuenta sus sueños. Y que las palabras escritas copian o reproducen en otra forma las palabras habladas.
Porque si el lector al leer no halla relación entre lo que lee y una experiencia, un conocimiento o una vivencia nítida relacionada a su propia vida, es difícil que le encuentre sentido a la lectura.
Porque se lee en la medida en que el texto despierte en nuestro ser un saber implícito, una memoria escondida, una vida oculta que con la letra se activa y devela.
12. Apoyo en el libro y en la imagen
¿Qué no ocurrirá en el alma del niño si al lado de la ilustración fascinante constata que está la palabra impresa? Mucho más aún: ¿si poniendo la mano y siguiendo la secuencia con el dedo índice vamos leyendo para él lo que allí dice con toda la entonación, vivacidad y carga afectiva? Como también de la capacidad de gustar y asombrar al niño.
El libro debe ser también quien hable, de donde salgan las fábulas, los personajes maravillosos. ¿Y cómo?, a través de los labios de los seres que aman al niño.
Así la palabra impresa dejará de ser una casa ajena y distante, terrible y odiosa, para ser posada o refugio en donde habita el ser. Que los niños ojeen, investiguen por sí mismos y se complazcan mirando las ilustraciones.
¿Qué dice aquí, papá?, –será la pregunta más natural del mundo. Y ahí tiene que estar la paciencia reunida, la inteligente tarea de impulsarlo a leer.
– Mira: éstas son letras... Esta es la a, esta otra la e, luego está la i y suena así: a, e, i, que se combinan con estas otras g y t. Entonces aquí dice gato porque esta a con esta letra g suena ga y esta otra combinada con la t suena to...
13. Integrando artes
A lo que vamos es a que la pregunta, la inquietud y el interés por leer tiene que salir del niño. Él tiene que poner el impulso, la energía, la impaciencia, y luego el motor, pero solo lo hará si es que está suficientemente motivado.
Para ello construir poco a poco y con él sus textos de lectura. Y otros en donde se anoten todas las incidencias de este proceso.
Donde las letras al lado de las ilustraciones coloridas y hermosas dejarán de ser barreras inexpresivas, manchas ingratas, trazos mecánicos y hasta signos traumáticos en el proceso por aprender a decodificar la palabra escrita.
Una metodología de pre-alfabetización que combine literatura con imágenes es lo más recomendable; donde la "narración" se apoye en figuras expresivas que se muestren al niño.
Siendo así, cuando ya sea lector habitual esa persona articulará los dos planos –el visual y el verbal– pudiendo elaborar, comparar, criticar el contenido integrando artes distintas que enriquezcan su percepción del mundo.
14. El libro abierto del mundo
Dentro de todos aquellos recursos es importante volver a enfatizar el rol de la literatura infantil que tiene un impacto global, configuraciones de significados múltiples, activaciones de la percepción, la conciencia y el mundo mágico que constituyen una energía capaz de impulsar al niño a dimensiones muy altas y superiores de inteligencia y sensibilidad.
Al educar con la lectura debemos tratar de preparar al niño para la vida fuera del texto, fuera de las asignaturas y de los patrones que se dan en las aulas. Para ello, no poner tanto énfasis en lo técnico como pueden ser los métodos, sino en simular modelos de problemas con los cuales la persona se va a enfrentar en la vida.
Tenemos también que crear un entorno mas enriquecido de códigos de escritura: señales, avisos, letreros. Tenemos que convertir la realidad en un texto y en un libro abierto, siempre renovado, animado constantemente y cada día con entusiasmo, imaginación que nos de paso a la realización plena del hombre en el mundo.
15. Ser libres
De ese modo seremos capaces de tener el coraje de mirar nuestra propia realidad y enfrentarla con entusiasmo transformador. De esta manera tendremos nuestra propia manera de sentir y de pensar, de ser seguros, confiados y legítimos. Y es esto lo que nos salvará en el mundo, que es una maquinaria montada en función del consumo que debemos volver a humanizar.
La maquinación en la cual está montado ahora el sistema imperante es que en todo, no en parte sino en todo, seamos enajenados en mente y en espíritu, para ser compradores compulsivos.
Es el “homus cliente”, lo que los centros de poder han diseñado que seamos nosotros, y no solo de cosas sino también de conceptos y actitudes, aparato donde se parapetan quienes se han reservado el derecho de ser los ricos de siempre y nosotros los pobres eternos.
En el terreno de la lectura entonces es donde se decide nuestra capacidad de ser libres y de asumir la historia con verdadera dignidad. Y hacerla a nuestra manera que será ser libres y con ellos nuestra consagración y nuestra gloria. |