Desde la otra esquina: Traducciones y comentarios
por Alberto Loza Nehmad
 
Desde el rincón de siempre, a muchos temas se les termina viendo solo una cara, como a la luna. Con la finalidad de enriquecer los puntos de vista cotidianos, "Desde la otra Esquina" presenta traducciones -- de reseñas de libros, artículos, entrevistas -- y comentarios que ofrecen nuevos ángulos de reflexión al visitante de Libros Peruanos
 
 
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Laura se salva del fuego: El final feliz
del manuscrito inédito de Vladimir Nabokov
 
Entrevista de Steve Coates a Dmitri Nabokov, hijo y albacea literario del autor de Lolita. Publicada en The New York Times (4 de mayo de 2008). http://www.nytimes.com/2008/05/04/weekinreview/04nabokov.html?_r =1& weekinreview&pagewanted=all&oref=slogin.
Traducida por Alberto Loza Nehmad.
 

Vladimir NabokovAntes de que Vlavimir Nabokov, autor de Lolita, Pálido fuego, Habla, memoria y otras obras maestras, muriera en Lausana, Suiza, en Julio de 1977, él había estado trabajando duro en otra novela. En el diciembre previo le había dicho a The New York Times que el “no tan acabado manuscrito” se titulaba El original de Laura, que ya había sido “terminado en mi mente” y que durante una reciente estada en un hospital, “en un delirio diurno”, había “seguido leyéndolo en voz alta a una pequeña audiencia onírica en un jardín amurallado”. Poco después, el editor de Nabokov en McGraw-Hill reveló que el autor estaba a punto de comenzar la redacción en sí, con lápiz, en fichas de 7.5 x 12.5 centímetros (Nabokov nunca trabajaba con una máquina de escribir). Luego, en palabras repetidas por el editor, Nabokov “se armaría él mismo su novela”.

Nabokov, sin embargo, fue capaz de reunir solo una parte de la baraja, 138 fichas con muchos borrones y enmendaduras, antes de caer enfermo por última vez. Conocido como un perfeccionista artístico y un purista literario, dejó instrucciones para que las fichas fueran destruidas. No obstante, ni su esposa Véra ni su hijo Dmitri, ahora de 74 años de edad, tuvieron los ánimos para llevar a cabo la orden de Nabokov. Desde la muerte de Véra en 1991, según algunas versiones, Dmitri (también traductor de los primeros trabajos de su padre y ahora su albacea literario) había estado luchando poderosamente con la cuestión de si seguir o no los deseos de su padre y consignar las fichas al fuego o preservar el manuscrito para la posteridad.

La última obra de un maestro moderno, no importa si es fragmentaria, es un asunto de interés público y de importancia para los investigadores. Los matices de Laura y su destino final han sido candentemente debatidos en websites librescos y demás, con Tom Stoppard, por ejemplo, exigiendo los fósforos y John Banville clamando clemencia en The Times, de Londres. Ahora, Dmitri Nabokov ha anunciado que Laura será ciertamente publicada y sugiere, en una sesión de preguntas y respuestas realizada vía email con la sección Week in Review [del NY Times] que, en realidad, el peligro que la rodeaba ha sido exagerado.

Entrevista:

Han pasado tres décadas desde la muerte de su padre. ¿Por qué le tomó tanto tiempo decidir el destino de Laura y cómo así llegó usted a la decisión final? ¿Cuán difícil fue ésta?
En las palabras de un blogger, 30 años equivalen a una eternidad dado el contexto, lo que me absolvería de cualquier desobediencia a los deseos de mi padre. Más seriamente, no me tomó 30 años tomar una decisión relacionada con quemar o no el manuscrito. Nunca me he imaginado como un “incendiario literario”. También recordé, parentéticamente, que cuando a mi padre se le preguntó, no mucho antes de su muerte, cuáles tres libros consideraba indispensables, él los nombró en orden creciente de intensidad, concluyendo con El original de Laura: ¿podría haber contemplado seriamente su destrucción?

Fueron necesarios el paso del tiempo, la opinión de unos pocos buenos consultores y, sobre todo, algún pensamiento concentrado de mi parte, para que se cristalizara la idea de qué hacer exactamete con las preciosas fichas. Mantenerlas en una bóveda nunca habría garantizado su inmunidad permanente a la revelación. Publicarlas sí, pero ¿cómo?

¿Cómo responde a quienes sospechan de una motivación financiera?
Es verdad que mi silla de ruedas requiere de algunas costosas modificaciones para hacerla caber en la maletera de un cupé Maserati.

¿Por qué podría haber querido su padre destruir Laura?
En un momento más calmado, si él no hubiera estado en una carrera contra la muerte para completar la obra, pienso, sinceramente, que él no lo habría querido. Por la misma razón, si uno quiere culminar algo antes de morir, uno persevera hasta lo máximo antes que destruirlo. Esta debería ser una respuesta obvia a una bastante fatua pregunta que algunos han hecho: ¿por qué no la quemó él mismo mucho antes para terminar con todo?

La madre de usted tampoco tuvo el corazón para quemarla. Hay una famosa historia acerca de cómo ella evitó que su padre quemara el manuscrito de Lolita.
Fue una situación completamente diferente. Lo que mi padre estaba llevando al incinerador era un borrador del trabajo terminado, el mismo que, temían los editores (y mi padre lo sospechaba también) el público estaba presto a malinterpretar. En esa etapa, el título provisional era Juanita Dark. Si ella hubiese sido incinerada, aunque no fuese en la hoguera, se habría convertido en una Juanita de Arco de los Últimos Días.

Usted ha salvaguardado muy celosamente este manuscrito. Hasta ahora, ¿cuánta gente la ha visto o ha tenido conocimiento directo de su contenido?
Excluyendo a aquellos presentes en la lectura onírica de mi padre, cinco o seis.

Se dice que incluye a un corpulento erudito casado con una desenfrenadamente promiscua mujer llamada Flora; ¿es eso cierto?
Hasta ahora usted va bien.

¿Puede usted ofrecer algunos otros detalles?
Aquí tengo un par de líneas que previamente no he citado a casi nadie: “Un proceso de autoanulación conducido por un esfuerzo de la voluntad. Placer lindante con un éxtasis casi intolerable…”

¿Cuán extensa será? Recientemente releí la muy conmovedora Mary, la primera novela de su padre. Tiene un poco más de 100 páginas.
Esa es una buena aproximación a la extensión total del volumen de Laura.

¿Describiría usted Laura más como un esquema o como fragmentaria? Quiero decir, ¿hay porciones que están más o menos terminadas? Sé que su padre describía su método como armar las piezas de un rompecabezas.
O como coger las fichas y armarse uno mismo su novela. Me temo que la situación sea tan inusual que no puedo ser específico, sin decirle nada más que, además de la principal porción hay mucho más que aparece como completo.

Incluso con Laura en su estado actual, Bryan Boyd, el biógrafo de su padre, ha dicho que a pesar de todo el libro contiene maravillosos “nuevos artefactos ficcionales” que empujan las fronteras. ¿Quién podría apreciar mejor la novela?: ¿los investigadores?, ¿los lectores?, ¿ambos?
A Brian le tomó un buen tiempo llegar a esa conclusión y me alegra que lo hiciera, porque coincide con mi propia evaluación.

Mi padre una vez dijo que su lector ideal era el que veía él en su espejo al afeitarse por la mañana. Para responder a su pregunta más directamente, yo no dividiría a los posibles consumidores de su trabajo según categorías, sino más bien según su ojo para la imagen y su capacidad para que se le escarapele la columna.

Las fichas son una muy bien conocida técnica de composición de su padre, que él inmortalizó en Pálido fuego. ¿Consideraría usted la publicación de un facsímil de las mismas fichas?
Sí.

¿Qué lugar ocupa Laura en su corazón? Usted ha vivido con ella por muchos años. Afecta ella la manera en que usted ve algunas de las otras novelas de su padre?
Ha sido una concubina caprichosa. Estoy seguro de que se alegra por el permiso para sobrevivir y, ¿por qué no?, para afectar mi mirada.