Desde la otra esquina: Traducciones y comentarios
por Alberto Loza Nehmad
 
Desde el rincón de siempre, a muchos temas se les termina viendo solo una cara, como a la luna. Con la finalidad de enriquecer los puntos de vista cotidianos, "Desde la otra Esquina" presenta traducciones -- de reseñas de libros, artículos, entrevistas -- y comentarios que ofrecen nuevos ángulos de reflexión al visitante de Libros Peruanos
 
 
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La república plebeya de Huanta y la formación
del estado peruano, 1820-1850
 

Una reseña de Nils Jacobsen publicada originalmente en American Historical Review, Vol. 11, No. 5, Diciembre 2006.

Libro reseñado:

Cecilia Méndez, The Plebeian Republic: The Huanta Rebellion and the Making of the Peruvian State, 1820-1850 [La república plebeya: La rebelión de Huanta y la construcción del estado peruano, 1820-1850]. Durham, N.C.: Duke University Press, 2005, pp. xvi, 343.

[Nota: El libro de Cecilia Méndez (Universidad de California, Santa Bárbara) recibió a inicios de 2008 el premio “Howard F. Cline Memorial Book”, que bienalmente otorga la Conferencia de Historia Latinoamericana a la “contribución más significativa a la historia de los indios de Latinoamérica”. La Conferencia de Historia Latinoamericana es una asociación profesional afiliada a la American Historical Association. Datos obtenidos de http://www.ia.ucsb.edu/pa/display.aspx?pkey=1734]

 

Cualquiera que desee entender la dinámica de la formación del estado en los Andes centrales, debe prestar una atención cuidadosa a unas cuantas regiones de la sierra donde una cobertura de fisuras geográficas, socioétnicas, comerciales y políticas repetidamente han facilitado rebeliones y conflictos que eluden una pacificación fácil. En la historia republicana del Perú, esto es especialmente cierto en la región de Huanta y Ayacucho, en los Andes surcentrales, a medio camino entre la antigua capital del Cuzco y el centro comercial y administrativo de Lima. Un importante centro de distribución y de producción en la arteria comercial que conectaba a Lima con la zona minera argentífera de alrededores de Potosí durante los siglos XVI y XVII, hacia la era republicana el departamento de Ayacucho pendía entre los crecientes circuitos comerciales dominados por Lima en el Perú central y Arequipa en el sur; para el siglo XX se había convertido en la región serrana más pobre. Además, Huanta también se sitúa al centro de una de las arterias transversales importantes, permitiendo el acceso tanto a las tierras bajas amazónicas como a la costa.

Este es el escenario de la abiertamente declarada rebelión monárquica de los iquichanos entre 1825 y 1828, y sus consecuencias republicanas. En su libro, Cecilia Méndez ofrece un minucioso análisis de estos acontecimientos, que los convierte de una rara nota a pie de página en la transición del Perú a la independencia, en un episodio diagnóstico clave para la formación de este estado-nación andino. Poco después de la derrota final del ejército virreinal español por las fuerzas patriotas cerca a Ayacucho el 9 de diciembre de 1824, una amplia alianza de oficiales y comerciantes españoles, unos pocos terratenientes y mercaderes, y algunos arrieros criollos y mestizos además de pastores y agricultores de los valles y los altos llanos cercanos a Huanta, rehusaron reconocer a las nuevas autoridades republicanas e iniciaron una campaña militar en el nombre del rey Fernando VII de España. Los rebeldes saquearon haciendas, distribuyeron los campos de coca de las tierras bajas, atacaron pueblos, establecieron sus propias autoridades y un gobierno en las remotas aldeas de las llanuras altas, recolectaron impuestos y emitieron sentencias y decretos judiciales, todo en nombre del rey español. Fueron necesarios dos años, hasta mediados de 1828, para que las tropas gubernamentales ayudadas por milicias campesinas de las provincias vecinas sofocaran completamente la rebelión. Durante las subsiguientes décadas, sin embargo, los líderes indígenas de los iquichanos serían invitados repetidamente por los caudillos liberales para que los ayudaran en las guerras civiles contra sus adversarios conservadores. Sorpresivamente, los campesinos de Huanta accedieron a estos pedidos, hasta el punto de quizá llevar la fuerza decisiva para sostener batallas claves que decidieron el curso de la política nacional. El enigma, entonces, y que Méndez busca resolver, es cómo, en materia de pocos años, unos rebeldes campesinos declaradamente monárquicos pudieron convertirse en respetables aliados de los republicanos liberales.

Para explicar la paradoja, la autora minimiza la ideología monárquica de la rebelión, enfatizando más bien las redes sociales, los intereses materiales y una visión política radicalmente plebeya entre los líderes campesinos de la rebelión. Durante la “crisis de la independencia”, el liberalismo y el republicanismo permanecieron débiles fuera de Lima, y especialmente en la sierra sur-central. Gran parte de la población a lo largo de la ruta de comercio de Huancayo a Ayacucho permaneció escéptica acerca de una victoria patriótica, acosó a las tropas patriotas de Simón Bolívar y a Antonio José de Sucre (en su mayor parte colombianas) mucho antes de la batalla de Ayacucho, y creía en persistentes rumores de la inminente llegada de un gran ejército español. Méndez explica la circunstancial ideología monárquica de los líderes indígenas de la rebelión como el resultado de un rito cívico y religioso de fines de la colonia, que exaltaba el lazo emocional de los súbditos con el Soberano. La denuncia rebelde de los patriotas como gente sin Dios habría sido el resultado de un creciente vínculo entre el catolicismo y el absolutismo a consecuencia de la Revolución Francesa.

Al explicar la rebelión, Méndez pone un peso preponderante sobre las densas redes sociales creadas por las relaciones del trabajo y el comercio entre comerciantes, hacendados, pequeños propietarios, arrieros y campesinos de Huanta, y sobre conflictos por la administración local de justicia, la recolección de diezmos y el acceso a las parcelas en laderas, en un contexto de crisis del cultivo dominante de la región, la hoja de coca. Los estratos medios de los comerciantes, arrieros y cultivadores de coca pudieron así emerger como líderes militares de la rebelión, sin consideración de sus orígenes étnicos. Méndez subraya que las autoridades monárquicas rebeldes trabajaron para disolver el orden étnico corporativo colonial, permitiendo a los arrieros y cultivadores de coca quechuahablantes asumir el poder junto con los comerciantes españoles y criollos. Durante la década de 1830, varios de los líderes indígenas de la rebelión serían cortejados por los caudillos liberales en las guerras civiles contra sus adversarios conservadores, recibiendo reconocimiento oficial como gobernadores distritales o jueces de paz; habiéndose los pares de Luis José Orbegoso y Andrés de Santa Cruz dirigido a ellos como honorables ciudadanos republicanos. Solo a partir de mediados del siglo XIX las elites provinciales y nacionales se refirieron a los habitantes de las alturas de Huanta como iquichanos, descendientes prístinos de los chankas, quienes habían luchado contra los inkas. Este esencialización ahistórica, y primitivización del campesinado de Huanta resurgiría lamentablemente en el informe de la comisión para investigar la masacre, en 1983, de ocho periodistas en Uchuraccay —la otrora capital de los rebeldes monárquicos— durante la guerra civil entre el estado peruano y Sendero Luminoso.

Méndez ha producido un estudio importante, cuidadoso, de un fascinante episodio inicial de la formación del estado-nación peruano. Su insistencia en las alianzas plebeyas, interétnicas y sociales de esta rebelión monárquica es una bienvenida adición a un entendimiento descentralizado, regionalmente específico y des-esencializado de este proceso. Precisamente debido a la fluidez social, étnica e institucional de este proceso, sospecho que ella pueda haber sobreenfatizado la afinidad ideológica de los rebeldes con los caudillos liberales que traficaban con el estado e, inversamente, subestimado la significación de su anterior flirteo con el monarquismo. La ciudadanía republicana podía asumir una amplia gama de apariencias, siempre inestables debido a las rápidamente cambiantes circunstancias institucionales. Lo que necesitamos explorar más es la relación entre las fluctuantes ideologías de la superficie y las más lentamente cambiantes nociones acerca del ejercicio legítimo del poder.

Con todo, el trabajo de Méndez contribuye grandemente al entendimiento de estos temas, especialmente dada la crucial importancia de la región Ayacucho-Huanta en la historia de la república peruana desde los iquichanos de los años de 1820 hasta los senderistas de los años de 1980.