1.
En el folklore internacional, uno de los más conocidos cuentos es el un niño pobre y hambriento que desea que la olla de avena de su familia estuviera siempre llena. El deseo es otorgado, y a menudo más que otorgado. Sin importar cuánto de avena se saque de la olla, la avena continúa hirviendo, derramándose sobre la estufa, luego sobre el piso, llenando la cabaña, saliendo por la puerta y, finalmente, casi ahogando al pueblo entero.
Con este cuento en mente, imagínese un oscuro y húmedo día de invierno en Edinburgo. Una joven madre soltera, viviendo de la Asistencia Social, está sentada en un café porque no hay calefacción en su departamento alquilado. Siempre que su bebé cae dormido por unos momentos en su coche, ella intenta escribir un cuento infantil en el que pensó por primera vez hace más de dos años. De repente, aparece un hada y le ofrece tres deseos. Ella modestamente pide que pueda ser capaz de terminar su libro, que pueda publicarlo y que le pueda gustar a los niños de todo el mundo.
Como en el caso de la incontrolable olla de avena, J.K. Rowling consigue más que su deseo. La novela es terminada; el editor, encontrado, y las historias de Harry Potter comienzan a cubrir la tierra, tanto como libros (ahora han sido traducidos a más de sesenta idiomas) y como películas. Hay juegos, juguetes, disfraces, guías, sitios Web, y una multitud de versiones de imitación de las novelas que guardan la misma relación con los originales como el cartón remojado con una sabrosa avena. Solo en China, de acuerdo con The New York Times, hay una docena de libros de Harry Potter falsos, en uno de los cuales seis adolescentes magos chinos viajan a Hogwarts para rescatar a Harry y a sus amigos de las fuerzas del mal.
Mientras, J.K. Rowling se ha convertido en la más rica y famosa escritora de libros infantiles del mundo. Ya en 1999, más de dos mil fanáticos hacían cola fuera de una librería para conocerla y conseguir que les firmara sus copias de The Prisoner of Azkaban. En esa ocasión, de acuerdo a Publishers Weekly, la multitud se puso tan fea que “el gerente general de la tienda fue mordido y golpeado”. Pronto, Rowling no podía dejar su casa sin ser señalada y asediada por sus fanáticos. Hacia 2001, en una entrevista con la BBC, se quejó de que la gente había empezado a rebuscar en su basura. “Es horrible”, dijo. “Se siente como si fuera una invasión, y yo no soy una política, no soy una actriz, nunca esperé este nivel de interés en mi vida”.
Que Harry Potter haya recibido mucha más atención de la que Rowling jamás deseara, está fuertemente sugerido en la actitud de su héroe hacia su propia fama. Una y otra vez él expresa su deseo de ser un chico común y corriente. En Harry Potter and the Order of the Phoenix, por ejemplo, dice “Él estaba harto de eso, harto de ser la persona a quien se miraba y de quien se hablaba todo el tiempo”. Pero Harry no solo es oprimido por la atención pública: también él está, a medida que los libros avanzan, en cada vez mayor peligro de ser herido o muerto. En el mundo real, también, este es un riesgo ocupacional de las grandes fama y fortuna, y uno que Rowling no puede evitar sino compartir. Ella ya ha sido asediada por un fanático mentalmente perturbado, así como enjuiciada (sin éxito) por plagio, y ha recibido un permiso especial del Concejo Municipal de Edinburgo para elevar la altura de los muros que rodean su casa e instalar un sistema de seguridad electrónica.
Muchos escritores, incluida ella misma, han especulado acerca de por qué (descartando la influencia sobrenatural) los libros de Harry Potter tendrían que haberse vuelto tan increíblemente populares.[1] La explicación más simple, quizá, es que las historias de Rowling tienen algo para cada uno, y combinan tantos géneros populares: fantasía, historias de colegio, cuentos de búsqueda, suspenso y aventuras, misterio y -- más recientemente -- juegos electrónicos. Algunos capítulos de los últimos libros se leen como versiones de texto de un juego de video en el que personajes de dibujo animado se deslizan por la pantalla buscando vaporizarse entre ellos.
Rowling también ofrece una amplia selección de personajes con quienes pueden identificarse los lectores. La población estudiantil de Hogwarts, como en la mayoría de las escuelas secundarias, está dividida entre deportistas, cráneos, patas simpáticos y góticos peligrosos. Harry y sus dos mejores amigos están en la casa de los deportistas, Gryffindor, donde “habitan los bravos de corazón”. Ravenclaw enfatiza “el ingenio y el aprendizaje”, mientras los estudiantes de Hufflepuff son descritos como “justos y leales” (En realidad, Hermione parece una ravenclaw por naturaleza y Ron, un hufflepuff; la conveniencia de la autora más que el Sombrero Seleccionador parece haberlos ubicado juntos). A diferencia de la mayoría de los locales de historias sobre internados, Hogwarts es multicultural y multiclasista: sus estudiantes vienen tanto de familias pobres como ricas, e incluyen a chicos chinos, indios, negros y judíos. Algunos tienen padres que también son magos o brujas; otros no.
Siempre ha estado claro que J.K. Rowling escribe extremadamente bien y que tiene notables poderes de invención. Ella ha creado un mundo que no puede sino atraer a los niños y adolescentes: uno en el que los adultos convencionales (muggles) son despistados, crueles o las dos cosas a la vez, mientras su joven héroe y sus amigos tienen habilidades especiales. Estas habilidades pueden también ser vistas como una metáfora de los poderes particulares de la niñez y la juventud: imaginación, energía, creatividad y, especialmente, humor: además de ser emocionantes, los libros a menudo son muy divertidos.
En un mundo que está cambiando demasiado rápidamente incluso para que muchos niños puedan estar al día, los libros de Harry Potter pueden también disfrutarse como la celebración de una sociedad en gran medida preindustrial. El Colegio Hogwarts está en un castillo iluminado por antorchas y lámparas de aceite, y es calentado por chimeneas; el correo es transportado por búhos y los memorandos del Ministerio de la Magia vuelan como aviones de papel. No hay computadoras, teléfonos ni radios, aunque un Autobús Nocturno hace una ocasional y a menudo desastrosa aparición. La magia toma el lugar de la mayoría de las invenciones modernas, y muchas de las personas que la emplean con habilidad son niños y adolescentes (cualquiera que recientemente haya tenido que apelar a un niño de nueve años de edad para quitarle un virus a la computadora, programar un teléfono celular u operar el control remoto de la nueva computadora, ya habrá experimentado la ofuscación e irritación que los padres adoptivos muggles de Harry, los Dursley, frecuentemente sienten ante sus raras habilidades).
En sus entrevistas, J.K. Rowling a menudo ha dicho que con el tiempo sus libros se harán más oscuros, y ella ha cumplido su palabra. Cuando comienza el volumen final, Harry Potter and the Deathly Hallows, Lord Voldemort y sus asociados, los Devoradores de la Muerte, han tomado las tres instituciones centrales del mundo de la magia: el Ministerio de la Magia ubicado, incidentalmente, en Downing Street [donde se encuentran las residencias oficiales de los más importantes miembros del gabinete británico. N. del t.]), Hogwarts y el periódico El Profeta Diario. La plataforma política de Voldemort es racista y reaccionaria: favorece la limitación de los poderes mágicos a los “sangre pura”, todos cuyos ancestros fueron magos y brujas, y la eliminación de quienes él y sus amigos desdeñosamente llaman “sangre sucias” (quienes tienen poderes mágicos aunque ambos de sus padres sean muggles) y “media sangre”, quienes tienen solo a uno de sus padres mágicamente dotado. El Profeta Diario y su inescrupulosa columnista Rita Skeeter están haciendo todo lo que pueden para promocionar sus posiciones racistas y destruir la reputación póstuma del profesor Dumbledore, afirmando que él “tenía un interés antinatural” en Harry Potter e incluso sugiriendo que Harry sería responsable de la muerte de Dumbledore.
Lord Voldemort, quien es un “media sangre”, esencialmente está interesado no en la pureza racial sino en el poder total y la inmortalidad. Puesto que se ha profetizado que o él o Harry Potter deben morir, una de sus primeras prioridades es matar a nuestro héroe. Él ya ha intentado proteger su propia vida de una manera familiar para los folkloristas, escondiendo su alma, o fuerza vital, en varios objetos externos. Mientras supervivan estos objetos, conocidos como horcruxes, él estará seguro. Gran parte de la acción de Harry Potter and the Deathly Hallows consiste en los intentos de Harry y sus amigos de escapar de Voldemort y sus seguidores, y al mismo tiempo de encontrar y destruir los horcruxes.
Incapaz de regresar a Hogwarts, ellos pasan huyendo gran parte del trimestre de otoño, viviendo en una tienda que se arma sola y que se muda constantemente por Inglaterra para escapar. A menudo están mojados y con frío y hambre y a veces se les da por reñir y enfurruñarse. En algunos momentos, esta parte de la historia se parece a la peor experiencia de campamento que uno haya tenido; en otros, recuerda a un juego electrónico del tipo de calabozos y dragones. En un punto, por ejemplo, Harry y sus amimgos escapan de la bóveda subterránea de un banco administrado por duendes, aferrándose al lomo de un viejo y ciego dragón a quien han liberado. El dragón no es consciente de la presencia de ellos y nunca los reconoce como sus liberadores, algo que ocasionalmente también les sucede a los benefactores de la vida muggle.
Aunque Harry Potter preferiría ser una persona común y corriente, él claramente no lo es: incluso en su papel en el juego de quidditch de la escuela lo demuestra. Durante los juegos él no se compromete con los miembros de ninguno de los equipos. En lugar de ello, como “buscador”, va tras una bola de oro voladora llamada snitch, que si es capturada, ganará un punto para su equipo. A medida que avanza la historia se hace claro que Harry no es un protagonista de características únicas, sino una figura mítica que el famoso erudito Lord Raglan llamaba el Héroe. Aunque él tiene solamente 17 años al final de la historia, ya tiene seis puntos en la lista de Raglan sobre las características del Héroe.[2]
Hay, sin embargo, otros ecos míticos en la historia de Harry. En un momento de la saga, por ejemplo, Lord Voldemort intenta convencer a Harry de unírsele prometiéndole poder e inmortalidad, las tentaciones estándar de Satán. Y al final de The Deathly Hallows, habiéndose enterado de que una de las almas externas de Voldemort reside en su propio cuerpo, Harry voluntariamente se dirige al bosque para ser muerto por el Señor de la Oscuridad, un acto de autosacrificio que no puede sino recordar al más familiar de los mitos de Occidente. Después de su muerte, vuelve a la consciencia en un salón enorme lleno de una niebla blanca que recuerda a la estación de King’s Cross (de donde los trenes muggle parten para Escocia, hogar de Rowland, y de donde también parten hacia Hogwarts, desde la vía 9 y tres cuartos). Esta ubicación para la existencia después de la vida no puede sino enfocar la atención en el nombre de este particular terminal de trenes londinense, y sugerir que estamos en el reino de la tradición cristiana; otra pista, anterior, es que Lord Voldemort, la representación del mal, luce como una serpiente y a menudo está acompañado de una.
En la transfigurada estación de King’s Cross, Harry encuentra al espíritu del profesor Dumbledore. Se le ofrece la oportunidad de “continuar” o regresar a Hogwarts y confrontar a Lord Voldemort por última vez; en otras palabras, se le ofrece ser resucitado. Naturalmente, siendo un héroe, Harry elige la segunda opción. Su cuerpo visiblemente muerto es llevado al castillo y exhibido ante sus dolientes amigos, mientras los representantes del mal se burlan de él y sus amigos. Entonces, Harry Potter salta a la vida y tiene un duelo de varitas mágicas con Voldemort, y lo derrota. La virtud triunfa y ambos, Hogwarts y el Ministerio de la Magia – así como también, uno espera, The Daily Prophet – son devueltos al control de líderes relativamente benevolentes.
Entre los lectores, la opinión acerca de este final varía. Algunas de las muchas personas con las que he hablado, incluidos varios adoloescentes, están felices de que Harry superviva; otros no solo esperaban que él muriera al final, sino que lo hubieran preferido. Por cierto, las repetidas afirmaciones de Rowling a los periodistas de que “habrá algunas muertes” sugirió esto (Más de cincuenta personas efectivamente mueren en The Deathly Hallows, pero la mayoría de ellos son personajes anónimos o menores, el más prominente y más extrañado según mis informantes es Fred Dobby, el elfo doméstico).
Casi todos a quienes consulté han odiado y lamentado el epílogo de The Deathly Hallows, que tiene lugar diecinueve años después en la estación de King’s Cross y que representa a Harry Potter y Ginny Wasley como padres de tres niños, dos de los cuales están por tomar el tren a Hogwarts. Aunque muchos de los otros pasajeros observan a Harry, parece que Rowling finalmente le ha dado a su héroe la vida doméstica común y corriente que él ansiaba (y el mismo número de hijos que ella tiene). También presentes están Hermione y Ron, entonces casados y con dos niños, uno de los cuales está abordando el tren.
No se nos da nuevas de ningún otro personaje de la serie excepto Neville Longbottom, quien es profesor de Herbología en Hogwarts. El hecho de que la cicatriz de Harry no le haya dolido en diecinueve años no significa que el mal se haya desvanecido del mundo. Hogwarts aún tiene una Casa Slyteherin, cuyos estudiantes “usan todos los medios/Para lograr sus fines”. Aparentemente, uno de cada cuatro potenciales magos es aún atraído por el lado oscuro. El epílogo también bloquea efectivamente la creación de más historias de Harry Potter, puesto que no puede haber un verdadero suspenso en cualquiera de las aventuras que podría haber tenido en los pasados diecinueve años, o incluso en el futuro. “De cualquier modo”, como dijo un catorceañero de Santa Cruz; “¿a quién le importaría una vez que se sabe que él es solo un papá de edad mediana, común y corriente?”
Las amargas críticas a Harry Potter que saludaron su primer éxito, la mayoría de ellas de cristianos fundamentalistas que objetaban cualquier historia con una buena bruja o un buen mago en ella (incluyendo El Mago de Oz), parecen haber bajado un tanto. Las quejas de que Harry y sus amigos no son niños modelo, que ellos rompen reglas, desobedecen órdenes y a veces incluso mienten o roban, son también menos frecuentes, aunque por su puesto estas acusaciones son verdaderas. Posiblemente, a medida que los héroes del libro se hacen mayores, tales acciones parecen más fácilmente justificadas, especialmente cuando Hogwarts empieza a ser infiltrada por maestros que están determinados a herir o matar a Harry y sus amigos. Actualmente, las críticas tienden a ser más analíticas, en ambos sentidos de la palabra. En el reciente libro The Psychology of Harry Potter, muchos de los autores (como su editor) tienen PhDs en psicología y ocasionalmente toman una actitud algo burlesca ante su tema.[3]
Ellos se quejan, sin embargo, de que Hogwarts parece mostrar una enseñanza memorística, no enseña el pensamiento crítico y carece de una adecuada consejería vocacional. Ellos también identifican los problemas de la relación de Harry y Ron como debidos a su crianza. Ron, uno de los siete hijos de una familia pobre, sufre de síndrome de ansiedad como resultado de la falta de la atención y afecto sostenidos de sus padres; Harry, criado en el aislamiento por parientes no amorosos, sufre de síndrome de evitación (Hermione, por el contrario, tuvo padres amorosos y atentos y es un ejemplo de seguridad y confianza). Las intervenciones oportunas de un psicólogo muggle bien entrenado les habría hecho sus vidas más fáciles, pero probablemente no había mucho que hacer por Tom Riddle, el futuro Lord Voldemort, quien fue rechazado por su madre al nacer y fue criado en un rudo orfanato, donde desarrolló un completo desorden de personalidad antisocial.
Viendo hacia atrás la serie, se producen ahora ciertas preguntas. Para empezar, es difícil de entender por qué muchas brujas y magos querrían unirse al Señor de la Oscuridad y convertirse en Devoradores de la Muerte. Voldemort no es hermoso ni encantador, como muchos señores de la oscuridad lo han sido en el pasado, tanto en la historia como en la literatura. Su aspecto es repelente y su trato hacia sus asociados es frío, altanero y cruel. Por otro lado, muchos de los Devoradores son fascinantes por otros motivos, y también lo son sus ayudantes sobrenaturales. Una de las mejores invenciones de Rowling es los dementors, quienes usan capas con capuchas negras, tienen costrosas manos tipo garras y diseminan la desesperanza y la depresión por donde vayan. Cuando aparecen, despiertan los peores recuerdos y nada parece bueno, bello, interesante ni digno de hacerse.
Los dementors son la manifestación de emociones a las que estamos sujetos en todo momento, y también recuerdan a alguna gente que hemos tenido la desventura de conocer, gente que tiene la capacidad de hacer que la vida parezca peor con tan solo entrar caminando a la habitación y haciendo unas afirmaciones aparentemente inocuas. Ejemplos de mi propia experiencia: “Por supuesto, a tu edad una pierna rota nuna sana por completo, probablemente caminarás cojeando”. “Qué pena que tu artículo apareciera en una revista que nadie lee”.
Una manera de ver hoy a los libros de Harry Potter, por supuesto, es la alegoría política. Al inicio de la serie, el Ministerio de la Magia en Downing Street es solamente una burocracia dificultada por demasiadas reglas y unos pocos funcionarios pomposamente quisquillosos. Después, parece como administrado por tontos cuyo principal deseo es evitarse problemas, y quienes, por tanto, rehusan admitir que Lord Voldemort ha retornado y que el mundo entero de la magia está en peligro. Gradualmente se hace claro que algunos funcionarios del gobierno pueden ser sobornados y manipulados. En The Order of the Phoenix, el Ministro de Magia, Fudge (nótese el nombre), es visto por Mr. Weasley, el padre de Ron, hablando con el rico y poderoso Lucius Malfoy. Mr. Weasley, quien básicamente es un buen hombre aunque más bien débil e inefectivo, afirma “Malfoy ha estado dando generosamente a toda suerte de cosas, por años... Eso le permite acceder a la gente adecuada... entonces él puede pedir favores... demorar leyes que él no quiere se aprueben”.
Otro posible paralelo político se refiere a la Prisión de Azkaban, en el libro de ese nombre. Éste es un desolado y lejano lugar al este, donde quienes son considerados como hacedores del mal son exilados por el ministerio y torturados por dementors. Cuando comenzó la serie, era improbable que muchos lectores asociaran Azkaban con reales y mal afamadas prisiones del Cercano Oriente, pero ahora la conexión parece inevitable. Es también digno de notarse que, con el paso del tiempo, los libros de Rowling parecen expresar una sospecha cada vez mayor en el sistema de control del crimen. Sería simpático saber que diecinueve años después del final de la serie (técnicamente, en 2017), Azkaban y todos sus equivalentes muggles habrán sido destruidos para siempre.
2.
Poco antes de la publicación del libro de Harry Potter final, apareció una versión fílmica del quinto volumen, Harry Potter and the Order of the Phoenix. Como las primeras cuatro películas, ha sido un gran éxito. Es notablemente fiel al original, aunque unos pocos personajes han sido empujados bastante lejos al trasfondo, y no hay partido de quidditch. Como siempre, los efectos generados por computadora son hábiles y a menudo encantadores: me gustaron especialmente las transformaciones de los titulares y las fotos en el tabloide del mundo mágico, The Daily Prophet (POTTER, por ejemplo, se metamorfosea una y otra vez en PLOTTER -- complotador). También entretenidas son las payasadas que hacen los ex profesores en sus retratos, y la parodia de King Kong del gigante niño Grawp y su apego por Hermione (como muchas de las películas de primera para niños, las películas de Harry Potter están llenas de referencias diseñadas para navegar sobre las cabezas de los niños y atraer directamente a los adultos).
Ahora parece a veces como si todos y cada uno de los grandes actores de teatro y cine de Inglaterra hubiera aparecido en una película de Harry Potter. Sus repartos han incluido a Helena Bonham Carter, John Cleese, Ralph Fiennes, Michael Gambon, Robert Hardy, Maggie Smith, Miranda Richardson, Alan Rickman, Fiona Shaw, Emma Thompson y Zoë Wanamaker, todos ellos dignos de verse por ellos mismos. En el último de los episodios, The Order of the Phoenix, Imelda Staunton, más conocida para los estadounidenses como la amable y simpática heroína de Vera Drake, es la villana. Aparece como Dolores Umbridge, un brillantemente escogido nombre que sugiere a una práctica mamá cockney de Coronation Street.
Al comienzo, esto parece razonable. La profesora Umbridge, que acaba de ser nombrada para enseñar Defensa contra las Artes Negras en Hogwarts, es regordeta, de edad mediana y siempre sonriente, lleva sacos rosados de tweed, con vivos arcos en su cabello con permanente, y habla con tonos dulces y congraciadores. Pronto, sin embargo, la imagen se oscurece. La profesora Umbridge rehusa permitir a sus estudiantes practicar el tema de sus lecciones, confinando el tiempo de clase a la lectura y relectura de la teoría (un frustrante disgusto que muchos recientes estudiantes de posgrado en las humanidades también han sufrido). Finalmente ella resulta ser ambiciosa e incesantemente cruel. Cuando le damos otro vistazo a su nombre, probablemente pensamos que deberíamos haber sabido esto desde el inicio, dado que “Dolores Umbridge” tan claramente sugiere dolor y resentimiento (umbrage). Los nombres en los libros de Rowling son siempre significativos. “Harry”, por ejemplo, recuerda al valiente e impulsivo Príncipe Hal y a Harry Hotspur, de Shakespeare, mientras “Voldemort” simultáneamente sugiere robo, moho y muerte.
El deleite que Imelda Staunton y sus dotados colegas parecen sentir al tomarse unas vacaciones del drama serio y aligerar la cosa, algunas veces en contra del tipo de sus personajes usuales, es a manudo prácticamente visible sobre la pantalla. Como la formidable pero benevolente bruja la Profesora McGonagall, por ejemplo, Dame Maggie Smith no puede sino recordarnos a una reformada Miss Jean Brodie, ahora genuinamente preocupada del bienestar de sus alumnos y ya no seguidora de Mussolini, sino amargamente opuesta al autoritarismo del Ministerio de la Magia. Sir Michael Gambon, como el director de Hogwarts, el Profesor Dumbledore, recuerda el programa de TV basado en las novelas de Georges Simenon, donde como Inspector Maigret él también frecuentemente llegaba tarde pero triunfalmente a la solución de un problema dramático. Es fácil imaginarlos a todos ellos y a sus colegas reuniéndose para reir y felicitarse al final de cada escena.
Para los actores que hacen de los estudiantes de Hogwarts, es otra historia. Ellos son también talentosos y duros trabajadores, pero deben tomar su trabajo seriamente. Ellos también tienen la desventaja de haber sido escogidos desde muy jóvenes (en la primera película de la serie, tenían en su mayoría diez u once años) y así se los identifica casi enteramente con sus roles. También está el problema de que ellos han crecido más rápido que de acuerdo a los libros, y por tanto más rápido de lo que se pueden hacer las películas. El último libro de Harry Potter, aunque la trama tiene lugar solo seis años después del primero, tardó diez años en aparecer. En Harry Potter and the Order of the Phoenix, se supone qie los personajes debían tener quince años, pero Daniel Radcliffe (Harry) en realidad tiene ahora dieciocho, mientras while Emma Watson (Hermione) y Rupert Grint (Ron) tienen diecisiete. (Por otro lado, Evanna Lynch, la encantadora joven actriz irlandesa que representa a Luna Lovegood, tiene realmente quince años; en su caso es innecesario suspender la incredulidad). A medida que el tiempo pasa, las necesidades de la producciónd y la distribución de la película solamente incrementarán estas discrepancias.
Mientras, todos los actores principales se han hecho millonarios. Daniel Radcliff, de acuerdo a informaciones, es ahora el adolescente más rico de Gran Bretaña. Emma Watson vale catorce millones de libras esterlinas y también acaba de ser elegida una de las 100 mujeres más sexis del mundo por la revista para hombres británica FHM. Es difícil saber cómo este hecho se reconciliará con las sorprendentemente asexuales aventuras de los principales pesonajes en el volumen final de la serie de J.K. Rowling. |