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Desde la otra esquina: Traducciones y comentarios |
por Alberto Loza Nehmad |
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Desde el rincón de siempre, a muchos temas se les termina viendo solo una cara, como a la luna. Con la finalidad de enriquecer los puntos de vista cotidianos, "Desde la otra Esquina" presenta traducciones -- de reseñas de libros, artículos, entrevistas -- y comentarios que ofrecen nuevos ángulos de reflexión al visitante de Libros Peruanos
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| Cómo Elisabeth se apropió de Friedrich Nietzsche |
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| Por Jenny Diski, publicado originalmente como “It wasn’t him, It was her”, London Review of Books, Vol. 25, No. 18, 25/IX/2003. (http://www.lrb.co.uk/v25/n18/disk01_.html). Traducido por Alberto Loza Nehmad |
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Libro reseñado:
Carol Diethe, Nietzsche's Sister and the Will to Power: A Biography of Elisabeth Förster-Nietzsche. Illinois ed., 214 pp.
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| Cualquier novelista o guionista mentalmente desocupado, hambriento de historias, haría bien en prestar atención a las enredadas y retorcidas vidas de Friedrich y Elisabeth Nietzsche, que presentan una precocida narración casi perfecta. La mayoría de vidas verdaderas necesitan una buena cantidad de cortadas y pegadas para ponerlas en forma de historia. En este caso, no se requiere de ninguna reestructuración: uno tiene solamente que comenzar por el principio y continuar hasta el final (finalizando la historia de Friedrich antes de que éste llegara a su fin; finalizando la historia de Elisabeth mucho después de que ella desapareciera) y se tendrá una historia tan saturada en relaciones humanas y mundos mentales como la que cualquier lector o espectador podrá soportar. |
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“Elisabeth organizaba veladas en el primer piso mientras Friedrich balbuceaba en los altos. A veces ella permitía que los invitados le echaran una mirada a su hermano, vestido por ella en una bata plisada como un brahmán”
“Si se asume que Nietzsche loco era Nietzsche muerto, entonces La voluntad de poder fue publicado póstumamente por Elisabeth, quien arrasó los cuadernos, tomó fuera de contexto lo a ella se le vino a la cabeza, sin considerar si estaba o no tachado, y tejió un libro que Heidegger ayudó a hacer respetable.” |
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Sabemos más o menos de Nietzsche, pero Elisabeth, la hermana menor y representación viva de todo lo que el filósofo loco desdeñaba, quien tomó el control del pensamiento de su hermano, de ninguna manera debería se pasada por alto. Su vida es una historia de la mediocridad triunfando contra la inspiración; de la mezquindad, contra el exceso, del ressentiment contra el Übermensch. La transformación del trabajo de su hermano en un libro de cocina nazi hecha por ella, tiene un misterioso parecido al surgimiento del Nacional Socialismo mismo en una Alemania caótica. Después de toda una vida de fracasos al tratar de mantenerse al paso de su hermano, ella finalmente se apropió de él, de su cuerpo y de lo que quedaba de su mente: no tanta voluntad de poder como oportunismo resuelto. Vienen a la mente las pequeñas bestias que ponen sus huevos en una gran criatura y cuya descendencia usa el cuerpo viviente de su anfitrión como almacén de víveres.
Desde fines de los años 50, los estudiosos han estado ocupados liberando a la reputación de Nietzsche del apretón de la nazificación. El papel de Elisabeth en la
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creación de “Nietzsche el filósofo nazi” ha sido bien atestiguada, y los cuadernos de Friedrich y sus escritos publicados han sido restaurados a algo parecido a la forma que tuvieron antes de que su hermana los cortara, falsificara y elidiera. En realidad, de acuerdo a Michael Tanner, el trabajo ha sido tan extensivo que Nietzsche ha sido reapropiado por casi todos: “existencialistas, fenomenologistas y luego, crecientemente, durante los 60 y 70... por los teóricos críticos, los posestructuralistas y los deconstruccionistas”, para no mencionar a los anarquistas, los libertarios, los hippies, los psiquiatras radicales y los seguidores de cultos religiosos.
Carol Diethe cree que el nombre de Nietzsche aún necesita de limpieza. Como fundadora de algo llamado British Friedrich Nietzsche Foundation (institución que no pude encontrar en la Web), ella presenta esta biografía de Elisabeth Nietzsche como una condenación de las acciones de la mujer que trajo el descrédito sobre el trabajo del gran filósofo malinterpretado:
Mi principal acusación contra Elisabeth es que ella manchó el nombre de su hermano. He pasado gran parte de mi carrera intentando convencer al recalcitrante público británico de que fue la hermana de Friedrich, Elisabeth, y no el mismo Nietzsche -- muerto hacía mucho -- quien estuvo a la puerta del Nietzsche-Archiv para darle la bienvenida a Hitler. Poca gente aparte de los expertos de este campo tiene idea de que la muerte de Nietzsche precedió a la de su hermana por cerca de 35 años.
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Como anarquista, libertaria, hippie (etc.) de larga data, he leído un poco de Nietzsche, pero es cierto que no sabía nada del Archivo Nietzsche y ni siquiera estaba enterada de que había tenido una hermana.
Desafortunadamente, aunque claramente Diethe ha pasado una vida profesional en el Archivo Nietzsche, es incapaz de organizar o exponer su caso muy satisfactoriamente para quienes no somos especialistas sino voluntariosos miembros del público británico. En el frecuentemente limitado detalle de lo que ella describe de las vidas de Elisabeth y Friedrich, se asume en el lector demasiada información previa o un insuficiente interés. Para llenar sus omisiones e incluso para darle sentido a toda la narración, leí a Ronald Hayman, J.P. Stern, Michael Tanner, Rüdiger Bittner, Walter Kaufmann, Leslie Chamberlain y, sí, incluso a Nietzsche sobre Nietzsche, Ben MacIntyre sobre la aventura paraguaya de Elisabeth y H.F. Peters acerca de Lou Andreas-Salomé (algunos de los detalles que siguen a continuación vienen de esos libros más que del de Diethe).
La respuesta de Diethe a la pregunta de por qué Elisabeth corrompió tanto el trabajo de Nietzsche, oscila entre una lectura feminista de corazón que sugiere que una educación inadecuada fue la culpable de sus crímenes, y el supuesto de que el infierno no tiene una furia semejante como la de una incestuosa hermana desdeñada. Por otro lado:
No hay garantía de que una excelente educación le hubiera evitado algunos de los excesos de su vida ulterior, tales como su apoyo al antisemitismo de su marido y, en su edad anciana, su admiración por los fascistas Mussolini y Hitler... Pero, ¿cómo habría sido ella si, como su hermano, hubiera recibido una educación que verdaderamente le hubiera enseñado a pensar por su cuenta?
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(¿No sería magnífico que una educación excelente evitara que la gente llegara a conclusiones equivocadas, y que existiera cosa tal como una educación que verdaderamente enseñara a la gente a pensar por su cuenta, entonces y ahora?) Y por el otro lado, está “el inconsciente deseo de Elisabeth por su hermano”, de modo que “encubierta por un ilimitado amor de hermana, ella dirigió una vendetta contra Nietzsche por haberse una vez atrevido a amar a Lou, convirtiendo a Zarathustra en un ideólogo fascista”. En consecuencia, una ardiente saga familiar posfreudiana pulsa bajo la superficie de lo que está dirigido a ser una biografía académica. Aquí hay un eco de My Sister and I, una falsificación que pretendía ser la confesión de Nietzsche, un total porno suave Technicolor sobre sus escarceos con su hermana. “Repentinamente, sentí las cálidas y pequeñas manos de Elisabeth en las mías, su susurrante voz en mi oído, y comencé a sentir una calidez en todo el cuerpo”.
Su padre había muerto de lo que entonces se llamaba “ablandamiento del cerebro”, cuando los dos niños eran muy pequeños, y aunque Friedrich era solo dos años mayor que Elisabeth, asumió un rol paternal, para no decir paternalista. Le decía qué leer y cómo escribir (“¡Si tan solo ella pudiera aprender a escribir mejor! Y cuando narra algo, debe eliminar todos los ‘ah’, ‘oh’ y ‘No vas a creer qué amoroso, qué maravilloso, qué encantador etc. que fue’ ”). Él la alentó a aprender y a que asistiera libremente a clases en la Universidad de Leipzig. También la alentó a que le mantuviera la casa cuando a los 24 años de edad se hizo profesor de filología en Basilea. La llamaba su “Llama”, por un libro que habían leído de niños, y ella venía, cuando la llamaba para aliviar su vida de migrañas de nueve días, y lo que parece haber sido una incapacidad casi autista para tratar socialmente con el mundo. Elisabeth se comportaba, muy convencionalmente, como una mujer soltera, viviendo con su madre, Franziska, en Naumburg, y a veces cuidando de la casa de su soltero hermano. Su pensamiento también era convencional. En 1865 ella tuvo un breve flirteo con la posibilidad del librepensamiento y le escribió a Friedrich: “Ya que no puedo olvidar mi naturaleza de llama, estoy completamente confundida y prefiero no pensar en esto, porque solo salgo con cosas sin sentido”. Nietzsche le dice cómo es eso: “Aquí el camino del hombre se aleja; si lo que deseas es la paz del alma y la felicidad, cree entonces; si quieres ser una discípula de la verdad, entonces, busca”. Muy rápidamente ella tomó la decisión de estar en contra de ser una discípula de la verdad. En 1878 discutió fieramente con su hermano debido al ateismo en Human, All too Human, aunque el alejamiento que el libro creó entre él y los Wagner fuera también causa de sufrimiento para Elisabeth, dado que ella encontraba muy agradable estar en la elegante aura social de ellos. Cosima [Wagner] culpaba al mejor amigo de Nietzsche, Paul Rée, quien era judío. “Finalmente Israel intervino en la forma de un Dr. Rée, muy pulcro, todo él, al mismo tiempo envuelto en Nietzsche y dominado por él, aunque realmente siendo más listo que él: la relación entre Judea y Alemania en miniatura”. Friedrich y Elisabeth se amistaron, pero Elisabeth consiguió llevarse bien con los Wagner haciendo de niñera y haciéndoles recados, mientras ellos continuaban objetando la apostasía de Nietzsche.
Tuvo que ser Lou Salomé quien causara un inconmovible abismo entre hermano y hermana. Como especialmente designada para ser la Némesis de Elisabeth, Lou conoció a Wagner cuando ella tenía 21 años, era chispeantemente lista, iba descalza, tenía un espíritu libre (aunque sexualmente continente) y era instantáneamente deseable para todo hombre que se encontrara con ella. Ella conoció a Paul Rée y propuso que ambos encontraran una tercera persona para pasar un invierno viviendo castamente y aprendiendo juntos en París o Viena, asistiendo a clases y estudiando en compañía de gente interesante. Nietzsche fue invitado a formar el tercer lado de este triángulo e instantáneamente cayó torpemente enamorado. Freud dijo de Nietzsche que nunca nadie se había entendido tan bien a sí mismo, ni se entendería, como Nietzsche lo había hacho, pero que el entender cómo conducir las relaciones humanas no era su fuerte. Lou puede haber besado a Nietzsche cuando caminaban juntos, lo cual fue suficiente causa para que él le propusiera matrimonio por segunda vez; la primera propuesta -- hecha el día que se conocieron, cuando él la saludó con “¿Qué estrellas nos han enviado a orbitar en torno al otro?” -- había sido, él dijo, meramente para regularizar la situación cuando ellos vivían juntos durante el invierno. Y si se necesitara nuevas pruebas de su incapacidad para entender a la gente, él le pidió a la estrecha de miras, provincial y posesiva Elisabeth que se encontrara con la desenfrenada y determinada Lou en Bayreuth, y que la llevara a Tautenburg para pasar el tiempo con él. Hubo un tremendo altercado en el cuarto del hotel en Bayreuth, con Elisabeth en su trigésima soltería dándole a Lou los beneficios de su sabiduría de mujer. Lou había estado flirteando con Joukowsky, uno de los acólitos de Wagner, y Elisabeth le advirtió que su reputación estaba en juego. Cuando Lou, nunca bien consciente de las sensibilidades de los demás, rompió en carcajadas, Elisabeth la reprendió por traicionar a Friedrich, el virtuoso e inocente hijo de un pastor, y por tentarlo con propuestas indecentes y vulgares. H.F. Peters cita la versión de la respuesta de Lou:
No te hagas la idea de que estoy interesada en tu hermano, ni enamorada de él. Podría pasar con él toda la noche en un cuarto sin excitarme. Fue tu hermano quien primero ensució nuestro plan de estudio con las más bajas intenciones. Sólo comenzó a hablar de amistad cuando se dio cuenta de que no podría tener nada más. Fue tu hermano quien primero propuso “amor libre”.
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En este momento Elisabeth se puso histérica y vomitó.
El idilio de Tautenburg no fue un éxito. Lou y Rée partieron juntos y dejaron a Nietzsche en un charco de desconcertada y traicionada aflicción. Su rabia contra Lou (“una mona con pechos falsos”; “Mejor caer en las manos de un asesino que en los sueños de una mujer en celo”) no hizo nada para mejorar su ya épica misoginia, y nunca perdonó a su hermana por envenenar la imagen de su único amor e impedirle superar la pérdida. “Ya hace un año -- escribió acerca de la interferencia de Elisabeth -- que ella me arrebató mi mayor conquista por hablar en el momento equivocado y por callar en el momento equivocado, de modo que al final soy la víctima de su despiadado deseo de venganza”. No obstante, si Nietzsche era capaz de verse como una lamentable víctima, también fue capaz de ver la más grande, horrible broma. “Tengo a la ‘Virtud’ de Naumburg contra mí”, escribió. Un par de meses antes de su colapso, declaró en Ecce Homo (en un pasaje que solo ajustadamente supervivió los intentos de Elisabeth de suprimirlo): “Cuando busco a mi más profundo opuesto, la incalculable mezquindad de mis instintos, siempre encuentro a mi madre y a mi hermana: estar relacionado a esa canalla sería una blasfemia contra mi divinidad... Confieso que el más profundo objeto del ‘eterno retorno’, mi verdadera idea desde el abismo, son siempre mi madre y mi hermana”.
Elisabeth intentó vivir su propia vida cuando fracasó la vida que intentó llevar con su hermano. Se casó con un protonazi, Bernard Foerster, un antisemita, un zafio nacionalista cuyo mayor sueño se hizo verdad con la fundación de Nueva Germania [en español en el original. N. del t.], una colonia aria en Paraguay. Nietzsche despotricaba contra su cuñado por su antisemitismo y sus creencias proalemanas. Escribió a Elisabeth como su “llama perdida entre los antisemitas” y se burlaba de Nueva Germania. Elisabeth se encontró en un desordenado grupo de colonizadores en una selva sin desmontar, plagada de mosquitos, donde las moscas de la arena horadaban en la piel de los pies y el suelo arcilloso era tan intratable que no podía crecer nada. Las dulces naderías que Elisabeth y Bernhard intercambiaban (“Querida, magnífica, grande”, le escribe él; “Querido Bernhard de mi corazón”, “Tu Elisita”, ella le responde) se agriaron. El financiamiento resultó ser quimérico; Foerster entró en pánico y empezó a beber. Al saber del colapso de Nietzsche en Turín, Elisabeth escribió a su madre:
Naturalmente soy una excelente esposa cuando, como siempre, tomo con placer todas las cargas sobre mí, siendo la única recompensa el éxito de nuestra empresa, nunca deseando nada para mí, sino solo preocupándome de Bern y de la colonia... Pero ahora, las últimas seis semanas he pensado en mí por primera vez, primero tuve una dolorosa infección en el ojo y luego este gran problema, y solo ahora estoy descubriendo que Bern es un terrible egoísta.
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Cuando Bernhard se envenenó en un cuarto de hotel en San Bernardino, Elisabeth fue libre de volver a casa (ella siempre insistió en que él había muerto de un derrame, a pesar del frasco de veneno encontrado junto al cuerpo) y de encargarse de su entonces y sin esperanzas enloquecido hermano, cuyo trabajo, de repente, estaba atrayendo el interés de los lectores. Ella cambió su nombre a Elisabeth Foerster-Nietzsche y le pagó a su madre para que renunciara a todos sus derechos a las regalías de las obras de Friedrich. El Nietzsche-Archiv nació en la casa de su madre en Naumburg donde, ante la angustia de Franziska, Elisabeth organizaba veladas en el primer piso mientras Friedrich balbuceaba en los altos. A veces ella permitía que los invitados le echaran una mirada a su hermano, vestido por ella en una bata plisada como un brahmán. Meta von Salis, quien ofreció gratis una casa en Weimar, la Villa Silberblick, para los Nietzsche y el archivo (y a quien Elisabeth pasó un recibo por redecoración), se horrorizó cuando leyó el artículo de un periodista a quien se le había permitido mirar dormir a Nietzsche y observarlo siendo alimentado con pedazos de pastel mientras se encogía sobre su silla. Rudolf Steiner intentó enseñarle a Elisabeth la filosofía de su hermano pero renunció indignado por su falta de entendimiento. Con el tiempo, Thomas Mann, Romain Rolland y Spengler renunciaron todos a su puesto en el archivo, incapaces de tolerar lo que Elisabeth estaba haciendo con el trabajo de su hermano y por sus coqueteos con los nazis. Walter Benjamín escribió que Nietzsche se hallaba a mundos de distancia del “espíritu industrioso y chabacano” que dominaba el Nietzsche-Archiv. La Universidad de Jena rehusó una alianza con el archivo, afirmando que “la reputación académica del Nietzsche-Archiv no es de las mejores”. Asombrosamente, Elisabeth fue propuesta para el Premio Nobel de Literatura en 1911 y 1923 (probablemente en base a la biografía de su hermano), solo para ser barrida por Maeterlinck y Yeats.
Si se asume que Nietzsche loco era Nietzsche muerto, entonces La voluntad de poder fue publicado póstumamente por Elisabeth, quien arrasó los cuadernos, tomó fuera de contexto lo a ella se le vino a la cabeza, sin considerar si estaba o no tachado, y tejió un libro que Heidegger ayudó a hacer respetable. Ella tornó al virulentamente antialemán y anti-antisemita en un hipernacionalista que odiaba a los judíos, y suprimió todo lo inconveniente en sus escritos. Deseoso de traducir a Nietzsche, Mazzino Montinari examinó el archivo e informó:
Nuestro cabello se erizó cuando llegamos a leer, en la breve biografía de Nietzsche escrita por Foerster-Nietzsche, comentarios de Richard Oehler [sobrino de Elisabeth] tales como “aparentemente no impreso en las obras” o “aparentemente no publicado en las obras póstumas” referidos a citas decisivas de Nietzsche citadas en el texto... ¿Qué dormitaba aún en los manuscritos después de más de setenta años de aquello que nosotros, en Florencia, nunca habíamos podido descubrir?
Nietzsche escribió en Más allá del bien y del mal que la tarea de “los espíritus libres, muy libres” era traducir “al hombre de vuelta en la naturaleza” después de que la tradición hubiera garabateado y pintado sobre el texto original. El trabajo de traducir a Nietzsche de vuelta a su original después de que Elisabeth puso sus manos en él ha sido muy similar. Pero tiene que decirse que conceptos tales como los del Suprahombre y Moral de los señores [Übermensch y Herrenmoral] se prestaban ellos mismos a convertirse en el cimiento de la filosofía nacionalsocialista.
No se trató exactamente del caso de un demócrata liberal al que se obligó a ir a la cama con el Nacional Socialismo, aunque claramente Nietzsche habría odiado a Hitler. El problema, sugiere J.P. Stern, es que Nietzsche era demasiado no político para ver cómo sus pensamientos acerca de la manera en que los individuos deberían conducirse, podrían ciertamente ser usados por algo muy desagradable. Stern, al menos, no deja complemente libre a Nietzsche; él debe asumir cierta culpa por dejar de elucidar las consecuencias de sus ideas.
No puede, sin embargo, ser culpado por el infantil y adefesiero deleite de su hermana por el fascismo, enviando a Mussolini un telegrama por su cumpleaños 50 y dándole la bienvenida a Hitler y Albert Speer al archivo para planear la construcción de un Salón Friedrich Nietzsche. Pero Elisabeth estaba al menos tan interesada en inflarse ella como lo estaba en pervertir las ideas de su hermano. Su biografía de Nietzsche es una doble hagiografía, cómica y casi triste en sus reflexiones sobre la propia voluntad de poder de Elisabeth. “Nunca en nuestras vidas, ciertamente, nos dijimos palabras no amables, y si algunas veces nos escribimos cosas desagradables, es porque, cuando estábamos alejados, caíamos bajo la perniciosa influencia de los demás”.
Como una mujer que había conseguido considerable poder, fue casi tan útil para otra mujeres como esa gran nietazscheana, Margaret Thatcher. Elisabeth afirmaba que la máquina de coser era responsable del feminismo: hizo que el verdadero trabajo de las mujeres, coser, les tomara demasiado poco tiempo, dejando así sus mentes demasiado libres para las ideas tontas. Las mujeres que hablaban de libertad estaban inclinadas a fumar cigarros y a comportarse de manera varonil. Ella excusa la misoginia de su hermano (él decía, según ella, que las mujeres intelectuales eran “gansos parlantes súperlistos”) como una defensa contra los excesos de las feministas modernas.
Hitler asistió al funeral de Elisabeth -- ella murió en 1935 -- durante el cual fue elogiada como la “sacerdotisa de la Alemania eterna”. Con el fin de ser sepultada en el centro mismo del área familiar, ella dispuso que el muy putrefacto cadáver de Friedrich fuera desplazado varios metros al lado, aunque otra historia sostiene que solo se movió la lápida de su hermano, en cuyo caso el cuerpo de él está marcado con el nombre de Elisabeth, y el de ella es proclamado como los restos mortales de Friedrich Nietzsche: un ejemplo de superación tan magnífico y final como no podría encontrarse. |
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