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Desde la otra esquina: Traducciones y comentarios |
por Alberto Loza Nehmad |
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Desde el rincón de siempre, a muchos temas se les termina viendo solo una cara, como a la luna. Con la finalidad de enriquecer los puntos de vista cotidianos, "Desde la otra Esquina" presenta traducciones -- de reseñas de libros, artículos, entrevistas -- y comentarios que ofrecen nuevos ángulos de reflexión al visitante de Libros Peruanos
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| El otro Einstein |
| Por Lee Smolin |
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| Publicado originalmente como “The Other Einstein”. The New York Review of Books, Vol. 54, No. 10, 14 de Junio 2007. (http://www.nybooks.com/articles/20279). |
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Libros reseñados
Walter Isaacson, Einstein: His Life and Universe (Simon and Schuster, 675 pp.)
Jürgen Neffe, Einstein: A Biography (Farrar, Straus and Giroux, 461 pp., traducido del alemán por Shelley Frisch)
Abraham Pais, ‘Subtle Is the Lord’: The Science and the Life of Albert Einstein (Oxford University Press, 552 pp.)
Roger Highfield y Paul Carter, The Private Lives of Albert Einstein (St. Martin’s, 376 pp.)
Dennis Overbye, Einstein in Love: A Scientific Romance (Penguin, 416 pp.)
Peter Galison, Einstein’s Clocks, Poincaré’s Maps: Empires of Time (Norton, 389 pp.)
David Rowe y Robert Schulmann, eds., Einstein on Politics Princeton University Press, 560 pp.)
Fred Jerome y Rodger Taylor, Einstein on Race and Racism (Rutgers University Press, 206 pp.)
Albert Einstein, The Collected Papers of Albert Einstein (Princeton University Press, ten volumes, 4,252 pp.)
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1.
¿Por qué más libros sobre Albert Einstein? Hace dos años conmemoramos el Año Internacional de la Física celebrando el centenario de sus artículos de 1905, incluyendo aquellos sobre la relatividad especial y la teoría de los cuantos de luz. Ya existe una biografía científica definitiva publicada en 1982 por Abraham Pais. Que Einstein tuviera una vida personal interesante, llena de enredos con mujeres y al menos una hija extramarital, no ha sido noticia desde que Roger Highfield y Paul Carter publicaran The Private Lives of Albert Einstein, y Debbis Overbye, Einstein in Love, en 1994 y 2000, respectivamente. Sus cartas personales continúan saliendo a luz pero ¿añaden ellas algo al retrato del personaje descrito tan perceptivamente por Overbye?
En su nuevo libro, Einstein: His Life and Universe [Einstein: Su vida y universo], Walter Isaacson explica que
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Estudiar a Einstein puede ser valioso [porque] ayuda a que permanezcamos en contacto con esa capacidad infantil de maravillarse... como las sagas de los héroes de las ciencias nos recuerdan... Estas características son... vitales para esta nueva centuria de la globalización, en la que nuestro éxito dependerá de nuestra creatividad...
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Según él argumenta en una entrevista reciente que le hizo Thomas Friedman, “Si vamos a tener cualquier ventaja sobre China, es porque alimentamos la rebelión y apoyamos a librepensadores imaginativos, en vez de intentar controlar la expresión”.[i]
Nobles sentimientos y ciertamente justificación suficiente para continuar promulgando edificadores mitos acerca de la ciencia y de sus héroes. ¿Qué tiene que ver esto, sin embargo, con el personaje y la vida de la persona real que, da la casualidad, fue el físico más importante de los últimos doscientos años? No hay ninguna duda de que todo intento de entender quién fue realmente Einstein y qué significó realmente, está obstaculizado por una cortina de humo creada por sus albaceas, colegas, biógrafos y quizá Einstein mismo. El mito de Einstein nos muestra a un anciano sabio, un protohippie medio payaso con pelo largo, sin medias y con maneras torpes y algo ajenas a este mundo. Como escribe Isaacson:
Añadiéndose a su aura estaba su simple humanidad. Su seguridad interior estaba atemperada por la humildad que viene del estar asombrado por la naturaleza. Podía estar separado o distante de quienes estaban cerca de él, pero hacia la humanidad en general exudaba una verdadera amabilidad y una gentil compasión.
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| El público general conoce poco sobre Albert Einstein, la persona, y asocia su trabajo científico casi exclusivamente con la teoría de la relatividad, que él desarrolló en su período juvenil. En este sustancial artículo, el físico Lee Smolin muestra una imagen más balanceada y desmitificada de la persona; y señala la importancia de los aparentemente fallidos esfuerzos científicos de Einstein en sus últimos años, pasados en Princeton: “Einstein estaba principalmente interesado en que lo dejaran en paz para vivir su propia vida, tener sus aventuras y enredos, y seguir, como siempre en su vida, la búsqueda de la verdad, una búsqueda que comenzó y terminó fuera del establishment académico en el que en realidad nunca terminó de acomodarse”. |
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Esto ciertamente describe un papel que el viejo Einstein podría posiblemente haber escogido desempeñar como una defensa contra los embates de la fama y la responsabilidad. Sin embargo, lo que Isaacson está describiendo es un rol, no un ser humano. ¿Quién era la persona detrás de ese rol y cuáles sus razones para actuar como un entrañable sabio?
De los nuevos libros, el de Jürgen Neffe, Einstein: A Biography [Einstein: Una biografía] es el más vivaz. Fue un gran éxito en Alemania y se puede ver por qué. La prosa de Neffe es animada y la organización no convencional de su libro, temática y no cronológica, con apartes escritos acerca de la ciencia actual, ofrece una versión muy atractiva de la vida de Einstein. Neffe no teme especular acerca de la personalidad del hombre detrás del mito, incluso si no todas sus hipótesis son convincentes. Al mismo tiempo, Neffe también cuenta la heroica historia de los académicos que contrató el Proyecto para los Documentos de Einstein[Einstein Papers Project, en inglés] para catalogar y publicar los documentos recolectados por Albert Einstein, quienes tuvieron que pelear con los albaceas y la familia, además de enjuiciarlos y palabrearlos, para conseguir acceso a las cartas y los documentos necesarios para su trabajo. |
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El proyecto fue lanzado en 1986 bajo los auspicios conjuntos de la casa editora de la Universidad de Princeton y la Universidad Hebrea de Jerusalén. Como explica Neffe, los albaceas Otto Nathan y Helen Dukas
hicieron la vida difícil para todos los que intentaban tener acceso a los aproximadamente 42,000 ítems de los archivos... De aquí que no fuera sorprendente que importantes documentos desaparecieran... No se puede saber cuántos documentos fueron retirados de los bienes de la sucesión después de su muerte. No hay duda, sin embargo, de que los documentos que lo mostraban a una luz desfavorable, al menos en la opinión de sus fideicomisarios, fueron eliminados.
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Como resultado, los esfuerzos de los investigadores asociados al Proyecto para los Documentos de Einstein -- basado ahora en el Instituto de Tecnología de California -- solo recientemente han empezado a ofrecer un entendimiento más maduro del carácter de Einstein y de su trabajo. Cualquiera que realmente desee conocer a Einstein no puede hacer mejor que sumergirse en los libros y los documentos que emanan del Proyecto, que hasta ahora ha publicado diez volúmenes de correspondencia y escritos que cubren el período juvenil de Einstein hasta 1920.
Los lectores menos ambiciosos que deseen una introducción a la historia de Einstein, teniendo en cuenta todos los últimos descubrimientos de sus cartas, y todo organizado en un formato cronológico convencional, encontrarán la bien lograda biografía de Isaacson como algo que vale la pena leerse. No obstante, encontré que esta claramente escrita versión está estropeada por nada convincentes intentos de asegurarnos que no necesitamos preocuparnos demasiado por los aspectos ásperos de Einstein. Por ejemplo, Isaacson se esfuerza para asegurarnos que las críticas de Einstein contra la mecánica cuántica, que llevaron a que disintiera de la teoría que la mayoría de sus colegas pensaban era el mayor avance de ese tiempo, ya se han resuelto desde entonces, una aseveración que sorprenderá a muchos científicos que continúan debatiendo y estudiando estos temas.
Isaacson también nos asegura que las preocupaciones de Einstein por la política de McCarthy eran exageradas porque “como terminó ocurriendo, la democracia norteamericana se corrigió a sí misma como siempre lo ha hecho... Einstein no estaba acostumbrado a sistemas autocorregibles... y no apreció por entero cuán resistentes podían ser la democracia norteamericana y su cuidado por la libertad individual”. ¿Por qué Isaacson siente que nos tiene que asegurar que no necesitamos tomar demasiado seriamente los puntos de vista de su sujeto de estudio?
2.
El problema que enfrenta todo biógrafo es que la investigación acerca de Einstein aún se está desenterrando a sí misma luego de décadas de haberse creado mitos sobre él. Aunque sí es posible extraer de los libros recientes la imagen de una persona real, esto toma algún trabajo puesto que los autores mismos aún parecen estar demasiado asombrados y aceptan demasiado fácilmente las desinfectadas y domesticadas versiones del fiero e indomable espíritu que fue el más grande científico sobre el que existe una memoria viva. Para desenredar a esa persona del mito podemos empezar con partes del mito -- tanto personal como científico -- que son inconsistentes e increíbles.
Primero, el joven Einstein, el que realmente hizo los grandes descubrimientos que asociamos con su nombre, para nada fue el apacible sabio descrito durante los años de Princeton. Él era visto por sus contemporáneos como arrogante, intolerante ante la autoridad, carismático, apuesto, manipulador y ávidamente comprometido en relaciones con mujeres, con sus hijos, sus amigos, su música. Uno de sus compañeros de clase lo describió de la siguiente manera:
Seguro de sí mismo, con el sombrero de fieltro gris tirado hacia atrás sobre su abundante cabello negro, caminaba de arriba abajo con paso enérgico, podría casi decir casi con el loco ritmo de un espíritu inquieto que lleva todo un mundo dentro. Nada escapaba a la aguda mirada de sus brillantes ojos pardos. Quien se le acercara, caía inmediatamente bajo el conjuro de su personalidad superior. Una sarcástica mueca en su boca de gruesos labios, con el labio inferior ligeramente proyectado, no alentaba a que se le acercaran los necios. Sin que lo obstaculizaran las convenciones, su actitud hacia el mundo era la del filósofo que ríe, y su burlón ingenio fustigaba sin piedad toda vanidad y pose.
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David Reichinstein, un joven físico químico que conoció a Einstein en Zurich, escribió que “Einstein puede expresar fuertes disgustos y apasionarse, poniéndose intolerante e incluso injusto”. Einstein, en un raro intento de introspección, se refirió a su “hipersensibilidad disfrazada de indiferencia”.
El desprecio del joven Einstein hacia cualquiera que estuviera en posición de poder, era expresado con fuerza y probablemente dañó su carrera. Después de un encuentro con Paul Drude en el que el desconocido estudiante intentó sin éxito señalar un error en el trabajo del profesor, escribió,
Es una prueba tan manifiesta de la miseria de su autor que no es necesario ningún comentario adicional de mi parte. De hoy en adelante no me dirigiré a esa gente y en lugar de ello la atacaré sin contemplaciones en las revistas, como se lo merece.
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La pregunta que se debe responder, aunque ninguno de sus biógrafos lo hace, es ¿cómo así este arrogante y carismático revolucionario se convirtió en el espiritual sabio del que se dijo era un “emblema.... de la madurez y la reflexión del ser humano”? El hombre que alguna vez fue visto como caprichosamente infantil fue después admirado por ser como un niño. ¿Cómo sucedió esto? ¿Se había vuelto Einstein una persona resignada después de enfrentar tragedias políticas y personales o era su nuevo carácter, como Overbye y Neffe sospechan, al menos parcialmente una actuación? “Einstein, el genio solitario”, como escribe Neffe, “fue parcialmente un producto de su propia creación”.
Peter Bergmann, un físico que colaboró con Einstein en Princeton, solía contar la reacción de Einstein ante otra interrupción más de su caminata, hecha por un extraño que deseaba conocer al gran hombre. Einstein conversó amigablemente pero cuando la persona se fue, señaló, “Bien, el elefante vuelve a sus pasos”.
La evidencia de que el alejamiento del mundo de Einstein era en parte una estrategia consciente se encuentra en una carta de 1915 a su buen amigo Heinrich Zangger, un doctor a quien había conocido en Berna, en la que explicaba cómo mantenía la calma cuando sus colegas y amigos en la Berlín de 1915 se ponían fervorosos acerca de ir a la guerra.
Siempre me va de lo mejor con mi inocuidad, que es hasta en 20 por ciento consciente. Esto se logra fácilmente cuando uno es indiferente a los sentimientos de los queridos seres humanos, aunque uno nunca sea tan indiferente como ellos se lo merecen.
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Luego explicaba qué es lo que le era realmente importante: “Vivo completamente retirado y, pese a ello, no estoy solitario, gracias al amable cuidado de una prima [su amante Elsa], quien fue la que me atrajo a Berlín”.
Las cartas de Einstein muestran que en realidad era capaz de una considerable sensibilidad hacia los sentimientos de otras personas. En ésta, una carta citada por Isaacson, se muestra cómo resolvió un difícil conflicto con el gran matemático David Hilbert, acerca de quién debería recibir el crédito por las ecuaciones de la relatividad general de diciembre de 1915:
Ha habido ciertos malos sentimientos entre nosotros, cuya causa no quiero analizar. He luchado contra el sentimiento de amargura ligado a esto, con completo éxito. Pienso en usted nuevamente con una cordialidad sin ambages y le pido que haga lo mismo conmigo. Es una pena que dos verdaderos compañeros que han logrado de alguna manera liberarse de este mísero mundo, no se permitan un mutuo placer.
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Y aquí está él en 1911, nuevamente en cartas citadas por Isaacson, escribiéndole a Marie Curie para expresarle su apoyo durante un escándalo causado por la revelación de sus relaciones con un hombre casado.
No se ría de mí por escribirle sin tener nada razonable que decir, pero estoy tan enfurecido por la bajeza con la que actualmente el público se atreve a interesarse en usted que debo, absolutamente, airear este sentimiento. Me siento impelido a decirle cuánto he venido a admirar su intelecto, su tesón y su honradez, y que me considero afortunado de haberla conocido personalmente en Bruselas. Cualquiera que no se incluya entre esos reptiles está ciertamente feliz, ahora como antes, de que tengamos personajes como usted entre nosotros...
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Una posible pista hacia el carácter de Einstein es una evidente brecha entre cómo lo veían las mujeres y cómo lo vieron los hombres. Los hombres de su vida, sus amigos e hijos se quejaban de su distanciamiento. “A pesar de toda su amabilidad, sociabilidad y amor por la humanidad -- escribió el físico Max Born -- él estaba, sin embargo, totalmente separado de su medio y de los seres humanos incluidos en él”. No obstante, las mujeres veían en él “un atractivo masculino del tipo que causaba estragos a comienzos del siglo... La parte inferior de su rostro podría haber pertenecido a un sensualista que abundantes razones para amar la vida”. Y hay abundantes evidencias, originadas en las historias de encuentros y aventuras que continuaron hasta una edad avanzada, de que las mujeres continuaron hallándolo atractivo.
Ciertamente, a lo largo de su vida vemos cuán importantes fueron para él las mujeres. Su primer matrimonio, con Mileva Maric en 1903, una matemática serbia, comenzó como una relación de compañerismo entre estudiantes y almas gemelas. Él arriesgó mucho, incluyendo la relación con sus propios padres. Cuando el matrimonio empezó a ir mal, podría haber insistido en continuarlo para beneficio de sus hijos pero renunció a todo por un nuevo amor, el de su prima Elsa Einstein. Esto le costó caro en su relación con sus hijos, como le escribió a Elsa:
He cargado a estos niños por todo lado, de día y de noche, los he conducido en sus coches, he jugado, retozado y bromeado con ellos. Solían gritar de alegría cuando llegaba a casa; incluso ahora el más pequeño gritó de alegría, porque es demasiado pequeño para comprender la situación. Ahora se han alejado para siempre, y se ha estropeado la imagen de su padre.
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Lo que ganó con este sacrificio no fue solo una vida con Elsa, sino un hogar de mujeres, comenzando con las dos crecidas hijas de Elsa, a una de las cuales aparentemente también se declaró. Una década después añadió a Helen Dukas, quien se convirtió no solo en su asistente personal sino en un miembro de su familia. En años posteriores este círculo de mujeres vino a incluir también a su amada hermana Maja, quien como una de las hijas de Elsa dejó a su marido para ir a vivir con Einstein. Con todo, este hogar de mujeres no fue suficiente para él porque parece que Elsa no interfirió en sus muchas amistades -- eróticas o no -- con otras mujeres de Berlín.
Quizá las historias de Einstein y de otros apuntan a un tipo de hombre que se siente más cómodo e interesado cuando se encuentra en la compañía de mujeres. Al leer acerca de sus relaciones con ellas, podemos preguntar si existe un componente erótico en algunos tipos de creatividad científica y matemática.
Esta posibilidad desafía el estereotipo de que los científicos y los matemáticos tienden a ser bichos raros, nerds ajenos a su propio cuerpo. Quizá la noción de que los científicos son gente de un alejamiento espiritual es aceptada acríticamente debido a que apoya la antigua idea de que la mente y el cuerpo son entidades separadas. Algunos preferirían el mito de Stephen Hawking, quien puede parecer un hombre sin un cuerpo del cual hablar, en contacto solamente con el universo (con todo el apoyo necesario de un equipo de enfermeras y estudiantes que a las justas se menciona), más que pensar demasiado en Einstein seduciendo en su velero a las mujeres de la sociedad berlinesa, o en Erwin Schrödinger inventando la mecánica cuántica durante un fin de semana erótico con una amante y presentándose luego en Estocolmo para recibir el Premio Nobel acompañado de su esposa y de su amante.
3.
Las discrepancias en el mito de Einstein son importantes, no tanto por el valor que tengan en sí mismas sino porque ellas señalan contradicciones en la percepción de su legado científico por parte tanto de legos como de científicos. Correspondiendo a las aparentes contradicciones entre la personalidad del joven y del viejo Einstein, y entre el distante sabio y el hombre profundamente involucrado con las mujeres, podemos encontrar en muchos de los recientes escritos a dos científicos llamados Einstein. El Einstein temprano, de acuerdo a la leyenda, era atrevido y revolucionario. Su pensamiento estaba cercanamente vinculado con la ciencia experimental y la ingeniería práctica; era intuitivo, estaba concentrado en la búsqueda de principios generales y se ponía en acto con una ligera mano que empleaba lo mínimo necesario de matemáticas.
Además, como convincentemente demuestra Peter Galison en su libro de 2003, Einstein’s Clocks, Poincaré’s Maps: Empires of Time [Los relojes de Einstein, los mapas de Poincaré: Imperios del tiempo], el joven Einstein desarrolló su ciencia muy de cerca a la tecnología de su época. El padre y el tío de Einstein eran empresarios de la alta tecnología, lo que en esos días significaba que tomasen parte en la electrificación de las ciudades. En la oficina de patentes diariamente trataba con la tecnología de avanzada y algo de ésta estaba relacionada con el asunto de la definición del tiempo y el establecimiento de la simultaneidad. El problema de la sincronización de relojes en lugares distantes, que condujo a la definición del tiempo simultáneo, es central en la teoría de la relatividad especial de Einstein de 1905. Por Galison nos enteramos de que el mismo problema era crucial para la coordinación de los horarios ferroviarios y, de manera más general, para el establecimiento de sistemas temporales nacionales y globales, y que Einstein probablemente examinaba las patentes claves para este problema en su trabajo en la oficina suiza de patentes.
El trabajo ulterior de Einstein, a partir de inicios de los años veinte, fue muy diferente. Se trataba de una búsqueda casi al azar en catálogos de inelegantes fórmulas matemáticas, con la vana esperanza de descubrir una unificación de las diferentes fuerzas físicas, incluyendo tanto la gravedad como las partículas fundamentales. Estoy de acuerdo con Neffe en que este trabajo “carecía de algo que anteriormente le había servido bien en dos ocasiones: un principio. También carecía de todo fundamento empírico”. De acuerdo a Banesh Hoffman, uno de sus asistentes, “Esa búsqueda no era tanto una búsqueda sino un andar a tientas en la penumbra de una jungla matemática inadecuadamente iluminada por la intuición física”. El siempre acerbo físico Wolfgang Pauli le escribió en 1929: “Todo lo que queda ... es felicitarte (¿o diría, mejor, expresarte mis condolencias?) por haberte pasado a los matemáticos puros”.
Es verdad que muchos matemáticos y físicos realizan sus mejores trabajos cuando son jóvenes. Sin embargo, en el trabajo tardío de Einstein vemos algo mucho más extremo que el decaimiento usual. Es como si Thelonious Monk o John Coltrane se convirtieran en oscuros compositores dodecafónicos. ¿Cómo así el más grande físico existente desde Newton se convirtió en un fracasado jugador de juegos matemáticos? Todos sus biógrafos se hacen esa pregunta; ninguno da una respuesta que sea remotamente plausible para mí como científico en ejercicio.
El asunto clave al evaluar los últimos años de Einstein es su convicción de que la mecánica cuántica no podía ser correcta. Aunque en 1905 había sido el primero en identificar la necesidad de una nueva física cuántica, disintió fuertemente de la opinión de que nuestro entendimiento de los fenómenos cuánticos recibió su forma final con la invención de la mecánica cuántica en 1926 y 1927. En particular, sostenía que aunque la mecánica cuántica hacía predicciones que estaban de acuerdo con los experimentos, podía ofrecer solo una descripción incompleta y aproximada de los fenómenos a nivel del átomo. Su objeción se basaba parcialmente en el hecho de que para muchos experimentos la mecánica cuántica solo ofrece predicciones estadísticas, y parcialmente en el hecho de que no ofrece ninguna imagen física de qué es lo que precisamente ocurre en los procesos atómicos individuales. Para él, entonces, la mecánica cuántica era en el mejor de los casos un paso provisional en el camino a la teoría correcta de la física atómica. Una más importante motivación para su búsqueda de una teoría del campo unificado fue su creencia de que ésta podría conducir a esa teoría correcta. No estaba solo; entre los inventores de la física cuántica, Louis de Broglie, Erwin Schrödinger y otros, compartían su escepticismo acerca de la teoría.
Como Freeman Dyson ha descrito en estas páginas, Einstein fue el líder de una generación de revolucionarios, cada uno de los cuales “tenía una loca teoría que pensaba sería la clave para entenderlo todo”.[ii] Como algunos de sus compañeros refugiados europeos, como Kurt Goedel, Einstein representaba un enfoque más antiguo y filosófico de la ciencia, basado en intentos de pensar radicalmente acerca de los fundamentos de la realidad, tales como la naturaleza del espacio, el tiempo y la causalidad. En los Estados Unidos, sin embargo, encontró una nueva generación de conservadores, entre los que Dyson se incluye. Como Dyson ve las cosas,
Los viejos revolucionarios... creían que la física necesitaba otra revolución tan profunda como la revolución cuántica... Los jóvenes como yo pensábamos que todos esos famosos viejos estaban haciendo el ridículo, de modo que nos convertimos en conservadores.
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Ellos eran conservadores porque pensaban que la revolución había terminado y que su tarea era desarrollar las aplicaciones de la física cuántica, que ellos tomaron como el principal legado de la revolución. “Las ideas físicas eran básicamente correctas”, escribió Dyson. Sus contemporáneos
No necesitaban iniciar otra revolución. Solo necesitaban tomar las teorías físicas existentes y arreglar los detalles. Yo los ayudé con las etapas finales de la limpieza. El resultado de nuestros esfuerzos fue la moderna teoría de la electrodinámica cuántica, la teoría que describe con precisión la manera en que se comportan los átomos y la radiación.
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Sin embargo, para Einstein y para otros, quienes no aceptaban la mecánica cuántica, la revolución aún no había terminado. Para cuando Einstein se mudó a Princeton, 1933, él ya se había distanciado de la mayoría de sus colegas. Como resultado, aunque todos los subsiguientes avances de la física del siglo XX estuvieron enteramente basados en sus trabajos iniciales, también se puede decir que en Princeton dejó un muy pequeño legado de su trabajo al interior de la comunidad científica. En su mayor parte, sus puntos de vista tardíos no fueron tomados seriamente, y quienes lo siguieron y trabajaron con él durante ese período no florecieron en la física. Por cierto, su más importante contribución de todas, la relatividad general -- que había desarrollado ente 1909 y 1915, después de su trabajo sobre la relatividad especial -- fue por lo general ignorada desde la década de 1930 hasta la de 1960, a medida que la física se dedicaba a la rápidamente creciente esfera de aplicaciones de la teoría de los cuantos.
Para la época en que murió Newton, la Sociedad Real estaba llena de newtonianos. Sin embargo, después de la muerte de Einstein, en 1955, ser einsteniano era estar en una posición decididamente marginal en el mundo de la física, si por einsteniano uno se refiere a quien está de acuerdo con las fuertes convicciones de Einstein y, consecuentemente, se acerca a la física de la misma manera en que él lo hizo. Así, la gran pregunta sobre la que se basa cualquier evaluación de Einstein en su período tardío es si sus opiniones de entonces fueron correctas o no. Lo menos que se puede decir es que ahora existe un entero campo de estudio dedicado a las cuestiones producidas por los aspectos contraintuitivos de la mecánica cuántica, llamados los fundamentos de la mecánica cuántica. La mayoría de los expertos está de acuerdo en que las preguntas hechas por Einstein no han sido resueltas, y una buena fracción de ellos sospecha que al final la opinión de Einstein de que la mecánica cuántica es solo un paso en el camino hacia la correcta teoría, terminará siendo correcta.
Con todo, para la mayoría de los biógrafos de Einstein, quienes han sido ya sea neofísicos o, como Pais, físicos de partículas firmemente posicionados en el dominante campo de la teoría cuántica, la cuestión está cerrada. Para ellos, uno de los más grandes físicos de la historia estaba completamente equivocado acerca de la verdad de una teoría cuyo desarrollo fue iniciado por él mismo. Isaacson pregunta “¿Y qué le hizo a Einstein ceder el paso a jóvenes radicales y retirarse en un recogimiento defensivo? La simple verdad es que Einstein no cedió nada porque él tenía bien pensadas objeciones de principio ante la teoría cuántica.
4.
Paradójicamente, parece que el mito de Einstein puede haber disminuido la influencia que él podría haber llegado a tener. Para entender cómo y por qué sucedió esto, deberíamos preguntar quién se benefició con la reducción del legado de Einstein, quien pasó de ser el gran científico de los últimos dos siglos hasta convertirse en el gentil y sabio payaso de la imaginación popular.
En primer lugar, sus albaceas estaban dispuestos a beneficiarse. Ellos entendieron que su rol era determinar el legado de uno de los más grandes científicos de la historia. Sin embargo, el hombre mismo era embarazoso. Políticamente, había apoyado causas como el socialismo, el pacifismo y la justicia racial, que eran consideradas -- en los Estados Unidos de 1955, cuando murió -- como causas marginales si no peores. Einstein era muy conocido y admirado como sionista, pero la verdad era más complicada. Estaba a favor de una patria para los refugiados judíos pero, en una afirmación a la que muchos sionistas se habrían opuesto, también escribió a Chaim Weizmann en 1929 que “si fuéramos incapaces de encontrar una manera de establecer una cooperación y unos pactos honrados con los árabes, entonces no habremos aprendido absolutamente nada de nuestros 20,000 años de sufrimiento”. Cuando rechazó la presidencia de Israel en 1953, dijo “mi relación con el pueblo judío se ha convertido en mi más grande vínculo humano”, pero también dijo a su hijastra Margot “Si fuera el presidente, tendría que decir al pueblo de Israel cosas que a ellos no les gustaría escuchar”.
Los compromisos políticos de Einstein eran algo embarazoso incluso para el director del Instituto de Estudios Avanzados, quien había hecho grandes esfuerzos para atraer a Princeton al famoso científico. El director llegó a abrir el correo de Einstein y a rechazar invitaciones -- incluida una invitación para visitar a los Roosevelt en la Casa Blanca -- sin siquiera consultar al hombre a quien estaban dirigidas. Einstein tuvo que amenazar con renunciar al instituto para tener acceso a su correo.
La ingobernable vida personal bohemia de Einstein era también un motivo de vergüenza, a lo cual los albaceas han respondido, como anota Neffe, destruyendo documentos o restringiendo el acceso a ellos. Los albaceas fueron incluso al poder judicial para impedir al hijo de Einstein publicar las cartas cursadas entre sus padres, cartas que le había entregado su propia madre. El resultado fue que algunos hechos claves acerca de la desordenada vida personal de Einstein fueron escondidos antes de que esas cartas llegaran en años recientes a manos de los investigadores.
En realidad, lo que hay en esas cartas está lejos de producir el escándalo que los albaceas pueden haber temido. Lo que sobresale es más bien banal; sus dos matrimonios no fueron muy diferentes de los de mucha gente creativa de hoy. ¿Cuántos se casan con sus amores universitarios solo para ver que la relación fracasa ante las diferentes opciones profesionales o bajo las presiones de criar a los hijos? ¿Cuántos han sobrellevado un divorcio difícil sin escribir furiosas cartas que no querrían ver publicadas?
Los colegas científicos de Einstein podían ganar incluso más por el establecimiento de un mito que dejó a Einstein lleno de honores pero desoído. Durante sus años como profesor y director del Instituto Físico Kaiser Guillermo en la Universidad de Berlín, hasta 1933, Einstein fue un formidable obstáculo para quienes buscaban instaurar la mecánica cuántica como el paradigma incuestionable de la nueva física. Esto, debido a que sus argumentos eran los más difíciles de responder y a su incuestionable posición como la figura intelectual dominante de la ciencia del siglo XX, alguien en posesión de un puesto prestigioso en la capital de la ciencia de entonces.
Sin embargo, una vez que se mudó al Instituto de Estudios Avanzados de Princeton, dejó de ser visto como un personaje principal entre los científicos. Su desacuerdo con la mecánica cuántica y en general su enfoque filosófico sobre la investigación científica eran una vergüenza para sus más jóvenes colegas estadounidenses. Aunque ellos podrían haber estado contentos de tener al viejo maestro como un trofeo para el dominio de los Estados Unidos y el de ellos mismos, no estaban muy interesados en lo que Einstein podría tener para enseñarles acerca de cómo hacer ciencia. Además, por cierto, Einstein mostró poco interés en los descubrimientos sobre los que ellos estaban más entusiastas, quizá porque aquellos estaban expresados en el lenguaje de la mecánica cuántica, en la que él no creía. La solución fue elevar a Einstein a la posición de sabio, un Yoda de Princeton, después de lo cual no sería necesario tomarlo muy en serio. En realidad, aparte de dos o tres asistentes y algunos compañeros refugiados, pocos en Princeton -- incluso entre quienes trabajaban en la relatividad o la teoría cuántica -- tuvieron alguna vez una conversación seria con él.
Einstein sabía lo que sucedía. En 1949 le escribió a Max Born
Generalmente soy considerado como un objeto petrificado. No encuentro este rol demasiado desagradable, pues corresponde muy bien con mi temperamento... No me tomo seriamente, ni a mí ni a las acciones de las masas, no estoy avergonzado de mis debilidades ni me mis vicios y, naturalmente, tomo las cosas como vienen, con ecuanimidad y humor.
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Ciertamente, Einstein también tenía algo que ganar por la propagación del mito. Sabiendo que había hecho el trabajo científico más importante de los últimos dos siglos y conciente de ser el bohemio rebelde europeo que siempre fue, ¿podemos imaginarlo descendiendo a la fosa de la política académica norteamericana y compitiendo por un legado medido en términos de las cátedras conseguidas por sus estudiantes y colaboradores? Esta indiferencia, sin embargo, enfurecía a algunos de los seguidores de la teoría de la relatividad. El gran astrofísico Subrahmanyan Chandrasekhar me dijo que toda la vida le guardó rencor a Einstein por haber, según él, abandonado la teoría de la relatividad y a quienes la estudiaban, resultando ello en que el tema y sus estudiosos fueran empujados por décadas hacia los márgenes de la física. Einstein estaba principalmente interesado en que lo dejaran en paz para vivir su propia vida, tener sus aventuras y enredos, y seguir, como siempre en su vida, la búsqueda de la verdad, una búsqueda que comenzó y terminó fuera del establishment académico en el que en realidad nunca terminó de acomodarse.
No obstante, Einstein era famoso como ningún científico lo había sido antes ni lo es ahora, de modo que cada uno de sus movimientos estaba bajo escrutinio y, en vista de las tragedias que lo habían empujado a renunciar a su hogar europeo y mudarse a Estados Unidos, podemos imaginar que se sintió compelido a continuar usando su fama para hablar abiertamente en favor de los principios y las causas en las que creía. Sin embargo, se hallaba en un nuevo país donde su socialismo y su pacifismo eran ampliamente vistos como antiamericanos. Quizá desempeñar el papel de entrañable sabio fue una solución consciente a estos problemas; incluso es posible imaginar que él se prestó algo de su amigo Charlie Claplin, quien también tenía impopulares ideas izquierdistas detrás de la famosa imagen de payaso. Esto no solo protegía su privacidad y excusaba su aparente irresponsabilidad, sino que le daba una inexpugnable posición desde la cual podía continuar apoyando las causas entonces impopulares en Estados Unidos.
El mito describe a Einstein como políticamente ingenuo, aunque hay poca evidencia de ello en dos libros recientes acerca de sus actividades políticas: Einstein on Politics, una colección de sus escritos, y Einstein on Race and Racism, una narración de su amistad con Paul Robeson y los miembros de la comunidad afroamericana de Princeton. Él fue siempre anticomunista al tiempo que era socialista, y no cayó en la frecuente trampa de dejar que su apoyo a las causas justas fuera explotado por otros. Era flexible y comprometido. Comprendió la amenaza nazi más temprano que muchos y apenas lo hizo, dejó de apoyar a los pacifistas. Sus escritos muestran que en la política como en la ciencia, tenía la habilidad de hablar directamente sobre el núcleo del asunto. En 1946 Einstein visitó Lincoln University, una institución históricamente negra de Pennsylvannia, y se le cita diciendo
Hay una separación entre la gente de color y la gente blanca en este país. Esta separación no es una enfermedad de la gente de color. Es una enfermedad de la gente blanca. No intento callarme esto.
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5.
En política, parece que Einstein hubiera sido ingenuo debido a pensamientos que ahora comprendemos estaban adelantados para su tiempo. ¿Podría ser igualmente verdad lo referente a la ciencia que desarrolló al final de su vida?
Para la ciencia, la pregunta a ser respondida es la paradoja de los últimos años fallidos de Einstein. Yo sugeriría que la solución a esta paradoja es que el desacuerdo de Einstein con la mecánica cuántica y su inmersión en la búsqueda de una teoría del campo unificado no fueron un fracaso sino una anticipación. Después de todo, pese a que muchos propugnadores de la teoría de las cuerdas estarían en desacuerdo con Einstein acerca de lo incompleto de la mecánica cuántica, parte importante de lo que viene sucediendo en estos días con la teoría de las cuerdas se parece bastante a lo que Einstein estaba haciendo durante sus años en Princeton, que era intentar encontrar una nueva matemática que pudiera extender la relatividad general hacia una unificación de todas las fuerzas y partículas de la naturaleza.
Muchos de los caminos que Einstein y sus colaboradores exploraron entre los años veinte y cincuenta, por ejemplo, como la posibilidad de un número mayor de dimensiones, son ahora parte integral de la teoría de las cuerdas. Quizá el desvió de Einstein del análisis de los principios físicos hacia las especulaciones matemáticas no era solo una debilidad, quizá en ausencia de experimentos físicos pertinentes, fue solo una manera de avanzar; o quizá la meta de Einstein de la completa unificación pueda ser solamente lograda por alguien con la audacia y el coraje para desdeñar las corrientes mayoritarias y retornar a la metodología física, intuitiva y matemáticamente sencilla del joven Einstein. Las respuestas a estas preguntas están aún por verse.
Es también desalentador que ninguno de los biógrafos mencione los escritos que llevaron a John Stachel, el editor fundador del Proyecto para los Documentos de Einstein, a hablar de “el otro Einstein”. Estos escritos miran más allá de sus luchas con la teoría del campo unificado, hacia “la otra posibilidad, que en mi opinión conduce a una renunciación del continuum espacio-tiempo, y hacia una física puramente algebraica”. Lo que Einstein está diciendo es que la continuidad del espacio es una ilusión y la descripción fundamental del espacio se dará en términos de álgebra y no de geometría. Como Einstein escribió en una carta al físico F.S. Joachim:
Una teoría algebraica de la física está afectada precisamente de las ventajas y debilidades invertidas [de las ideas prevalecientes], aparte del hecho de que nadie ha sido capaz de proponer un posible esquema lógico para tal teoría. Sería especialmente difícil derivar algo así como un cuasiorden espaciotemporal para tal esquema. No puedo imaginar cómo luciría el armazón esquemático de tal física, y no me gusta cuando alguien habla de esto apostrofando oscuramente. Sostengo que es, sin embargo, enteramente posible que los avances nos conduzcan hacia allá...
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Notablemente, a esto es a donde la mayor parte de los trabajos sobre la unificación de la mecánica cuántica con la relatividad general, aparte de la teoría de las cuerdas, ha conducido. La geometría no conmutativa, modelos de espuma, gravedad cuántica de lazos [LQG], historias causales cuánticas y otras están cada una basada en tal esquema algebraico para el espaciotiempo. Entre la teoría de las cuerdas y tales enfoques, el Einstein tardío parece haber anticipado gran parte de las investigaciones contemporáneas dirigidas a reunir y cerrar la gran revolución que inició.
Sin embargo, también debe admitirse que, después de grandes esfuerzos, ninguno de estos enfoques ha tenido éxito en conducir a experimentos físicos ni a completar teorías que suenen tan convincentes como las primeras que propuso Einstein. Un creciente número entre nosotros, comprometidos en estos trabajos, creemos que Dyson y sus contemporáneos demasiado pronto declararon terminada la revolución, y que para terminar el trabajo que Einstein empezó tendremos que volver a sus preocupaciones con los fundamentos de nuestro entendimiento del espacio, el tiempo, la materia y el cuanto.
Y con respecto a que Einstein disintiera de la mecánica cuántica, persiste el terco hecho de que una significativa proporción de quienes han pensado en este asunto se encuentra de acuerdo con Einstein en que la mecánica cuántica debe ser entendida como una aproximación incompleta a una teoría muy diferente. Aquí también, no se puede hacer ningún juicio final hasta que se resuelvan los problemas científicos. Sin embargo, es notable que el último artículo científico de Einstein acerca de la mecánica cuántica, escrito con Boris Podolsky y Nathatn Rosen en 1935 -- ya bien avanzado su supuesto deterioro -- resulta cada vez más central para nuestro entendimiento de la mecánica cuántica. Ese artículo está construido alrededor de un argumento crítico de la incompletitud de la mecánica cuántica; no obstante, su significado duradero se origina en que es el primer artículo que claramente identifica un aspecto de la física cuántica que ahora llamamos enredo cuántico.
De acuerdo a la mecánica cuántica, una vez que dos sistemas han interactuado, a partir de ese punto ellos deben ser considerados uno solo, con propiedades conjuntas, incluso si ellos se alejan volando el uno del otro y permanecen ampliamente separados. Este destacable aspecto de la física cuántica -- inapreciado antes de ese artículo -- se ha convertido en la base de la búsqueda de nuevas tecnologías llamadas comunicación cuántica, computación cuántica y criptografía cuántica, las que, durante las siguientes décadas, podrán transformar nuestro mundo tanto como las tecnologías eléctricas de las que fueron pioneros el padre y el tío de Einstein.[iii] Si esto llegara a suceder, uno podría imaginarse que Einstein -- cuya revolución en la ciencia fue de la mano con su trabajo en la oficina de patentes, observando la transformación de la ciencia en tecnología -- podría estar orgulloso.
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[i] “China Needs An Einstein. So Do We.” [China necesita un Enistein. Nosotros también] The New York Times, April 27, 2007.
[ii] “The World on a String,” [El mundo en una cuerda] The New York Review, May 13, 2004.
[iii] Véase David Deutsch, The Fabric of Reality (Viking, 1997), y George Johnson, A Shortcut Through Time: The Path to the Quantum Computer (Knopf, 2003). |
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