Desde la otra esquina: Traducciones y comentarios
por Alberto Loza Nehmad
 
Desde el rincón de siempre, a muchos temas se les termina viendo solo una cara, como a la luna. Con la finalidad de enriquecer los puntos de vista cotidianos, "Desde la otra Esquina" presenta traducciones -- de reseñas de libros, artículos, entrevistas -- y comentarios que ofrecen nuevos ángulos de reflexión al visitante de Libros Peruanos
 
 
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Por qué a muchos profesores no les entusiasma la tecnología
 
por Howard Strauss, Coordinador de Capacitación Universitaria - Universidad de Princeton
Publicado en The Chronicle of Higher Education, 24 de junio 2005.
http://chronicle.com/weekly/v51/i42/42b03001.htm
 
Los profesores de la mayoría de universidades tienen la capacidad de afrontar casi todos los retos intelectuales. Dados el tiempo, las herramientas, el presupuesto y la motivación, la mayoría podría desarrollar magníficas páginas web, crear entusiásticas presentaciones multimedia y mejorar la tecnología educativa de maneras apenas imaginadas por la mayoría del personal de las oficinas universitarias de tecnología educativa.
 
Este artículo discute las posibilidades de cooperación entre profesores, administradores educativos e informáticos, para lograr el mejor aprovechamiento de las tecnologías educativas actuales: “Muchos estudiantes obvian todo lo que no está en línea. Si ellos no pueden encontrar información mediante unos cuantos clics de un mouse, se las arreglarán sin ella. Los profesores necesitan poner en línea los materiales de sus cursos, ser capaces de por lo menos defenderse un poco en multimedia y crear páginas web básicas”.
Algunos profesores desarrollan esas actividades, pero muchos -- posiblemente la mayoría -- usa la tecnología educativa (TE) solo para enviar y recibir correo electrónico, para buscar en la web, para ofrecer información básica sobre sus cursos y para procesar textos con software como MS Word. ¿Por qué una mayor cantidad de profesores, quienes por supuesto tienen la habilidad para dominar la TE, no la aprovechan más?

Los profesores no saben qué es posible conseguir con las tecnologías educativas. En 1999, cuando la oficina de servicios académicos de la Universidad de Princeton, donde trabajo, intentó por primera vez conseguir que los profesores usaran películas en línea, éstos pensaron en establecer un horario y un lugar donde los estudiantes vieran la película. Ellos imaginaban que mi oficina tenía rollos de película que pondríamos en línea para que los estudiantes los visualizaran. Nos tomó cierto tiempo demostrar que los
estudiantes podían ver la película cuando quisieran e incluso detenerla o retrocederla sin afectar a otros estudiantes. Podían, además, ver la película en su dormitorio o en Sri Lanka.

La mayoría de los profesores nunca nos habría solicitado esas facilidades puesto que en ese tiempo ellos estaban seguros de que era imposible. A menudo los profesores no tienen una visión clara de qué puede conseguirse con la tecnología educativa, de modo que no lo solicitan; al mismo tiempo, el personal encargado de estas tecnologías a menudo carece de la visión de qué podría ser de utilidad en cada campo académico, de modo que no lo ofrecen. Como resultado de ello, nunca se llega a realizar grandes cosas.

Los profesores no siempre pueden decir qué es fácil y qué es difícil de hacer con la tecnología educativa. Recientemente, cuando ayudé a un profesor a desarrollar una presentación en PowerPoint que mostraba un mapa de los Estados Unidos con una compleja ruta carretera que lo atravesaba de costa a costa, él estaba seguro de que conseguir el mapa iba a tomar horas y que trazar la ruta sería rápido. En pocos minutos encontré un mapa perfecto en la web, lo hice rotar (“no sabía que se podía hacer eso”, dijo el profesor) y cambié su tamaño (¡“Qué facil”!, añadió). Sin embargo, trazar la ruta con la precisión que él esperaba me resultó todo un desafío.

Los encargados de la tecnología parecen magos cuando en un instante hacen lo que el profesor creía que iba a ser muy difícil. Cuando se tiene que algo que el profesor pensaba iba a ser fácil pero resultó finalmente difícil, el personal de tecnología aparece como poco colaborador e incompetente. Una vez más, las oportunidades de realizar grandes cosas se pierden porque los profesores y los encargados de tecnología educativa realmente no entienden el trabajo que el otro realiza.

Los profesores creen que la tecnología les causará un perjuicio. Pregunté a una profesora que tenía magníficas presentaciones en PowerPoint, por qué no las ponía en línea antes de la clase a través de la compañía Blackboard (especializada en ofrecer servicios, productos y consultoría que vinculan Internet y educación). “Porque si ellos pudieran ver las diapositivas antes de la clase, nadie asistiría”, me dijo. “Y tú sabes, en Princeton no registramos la asistencia”, añadió.
Mis colegas y yo argüimos que la profesora añadía un gran valor durante el desarrollo mismo de su clase, mediante la interacción personal, la presentación del material y la capacidad de diagnosticar y resolver al momento las dificultades que los estudiantes pudieran tener con el material de enseñanza. No obstante, esos argumentos cayeron en oídos sordos. Ella estaba segura de que los estudiantes nunca creerían que la clase sería útil si ellos vieran las imágenes con anticipación.

Cuando le preguntamos por qué al menos no “colgaba” las diapositivas en Blackboard después de clase, ella rápidamente respondió “¿Por qué querrían los estudiantes ver las diapositivas después de haberlas visto en clase? La profesora parecía no apreciar la importancia de poder revisar el material en línea.

Otro profesor también se preocupaba de que él -- como profesor contratado -- pudiera ser reemplazado por el software. Aunque Princeton no ofrece ahora cursos en línea o educación a distancia, podría hacerlo en lo futuro, sostenía. Es interesante destacar que según la creencia popular, solo los profesores más viejos se sienten amenazados por la tecnología, sin embargo, el profesor en cuestión había recibido su doctorado en 1992.

Los profesores no están interesados en la tecnología de la información que no sea relevante para sus necesidades de corto plazo. La primera vez que demostré una laptop inalámbrica a un profesor, lo hice con todo el dramatismo de una operación de transplante de corazón. Arranqué el cable y la conexión a la red frente al profesor y los tiré al piso.

“En este momento esta computadora no está físicamente conectada a nada”, dije en tono severo. “Ahora, deme cualquier dirección web”. El profesor sonrió y sugirió http://www.uwa.edu.au. Escribí esa dirección y en segundos la página web de la Universidad de Western Australia apareció en la pantalla. Yo estaba extático. “Esto viene de Australia y no tenemos ningún cable en absoluto. “No es sorprendente?”. “¿Y qué?”, respondió el profesor. “Por supuesto que no tiene ningún cable. Es una computadora portátil. Está funcionando con su batería”.

“Pero la imagen viene por el aire”, respondí.

“Mi televisor hacía eso en 1955 y con su antena de conejo”, me dijo. “¿Qué es lo sorprendente de eso?”.

Yo estaba embelesado por la tecnología, pero el profesor solo quería algo que mejorara sus investigaciones o su enseñanza y no veía nada en la laptop portátil que le ayudara para ello. No pude darle entonces ninguna razón convincente para que adoptara la nueva tecnología: yo había creído que de manera natural todos los profesores querrían usarla. Finalmente, a medida que ambos, el personal de tecnología educativa y los profesores, llegamos a una mejor comprensión de qué podía lograr la tecnología inalámbrica, los profesores empezaron a usarla tanto en las clases como en sus investigaciones de campo.

La moraleja es que a menos que mostremos a los profesores las maneras en que la tecnología puede satisfacer sus necesidades, ellos no pensarán en usarla.

Gran parte de la tecnología dirigida a la educación todavía resulta demasiado difícil para la mayoría de los profesores. Son comúnmente usados el correo electrónico, los buscadores de la web y lo más elemental de los sistemas de manejo de cursos. Más allá de ellos, sin embargo, la empinada curva de aprendizaje es un fuerte disuasivo para que los profesores adopten la tecnología educativa.

Por ejemplo, crear una página web puede incluir una engorrosa codificación. Una solución es desarrollar un programa que automatice el proceso de creación web, como solía hacerlo el programa Courseware de Princeton. Con Courseware era fácil construir páginas web sencillas, aunque era imposible hacer más. Por supuesto, los profesores pedían mucho más, y nos dimos cuenta de que si adaptábamos el software -- lo cual era factible aunque habría costado muchos esfuerzos -- tendríamos que descartar la simple itnerfaz de Courseware. Un grupo de profesores y el grupo central de Tecnología Educativa decidieron abandonar Courseware y utilizar más bien Blackboard. Puesto que Blackboard ofrecía solo herramientas rudimentarias para la creación de páginas web, nuestro departamento de tecnología educativa escogió MS FrontPage para ofrecer esa función.
En todo caso, FrontPage ya estaba en las computadoras de la mayoría de los profesores. Dimos clases sobre ese software y promocionamos su uso; sin embargo, su uso no fue asumido por la mayoría de profesores porque ellos encontraban demasiado difícil desarrollar incluso páginas web simples. Aunque FrontPage parece algo tan bueno como MS Word, es lo suficientemente diferente como para causar confusión. Además, FrontPage carecía de algunas características avanzadas para construir páginas web -- como trabajar con capas y con Flash -- que son comúnmente utilizadas por los diseñadores web.

Aunque continuamos apoyando el uso de FrontPage, ahora recomendamos Dreamweaver, una herramienta que se ajusta a los estándares de los diseñadores web profesionales; no obstante, la mayoría de profesores aún no desarrolla sus propias páginas web.

Si esperamos que los profesores usen la tecnología para esos propósitos, tendrá que desarrollarse mucho más el software dirigido a usuarios novicios, no aquel dirigido al personal de la oficina de tecnología educativa.

La tecnología educativa cambia demasiado rápidamente, y el cambio es desventajoso. Los profesores pueden estar dispuestos a aprender cómo usar algún software nuevo, pero no están dispuestos a aprender las versiones actualizadas de diferentes programas cada cierto número de años. Se aprende a manejar automóvil solo una vez. Cuando se compra un auto nuevo, se descubre que algunos controles están en un lugar diferente, y que otros controles son nuevos, pero eso se aprende en pocos minutos (Una excepción es el muy criticado iDrive de BMW, que tiene una interfaz especialmente mala. La reacción ante iDrive fue tan desfavorable que BMW decidió no incluir esta tecnología en su nueva serie de automóviles).

Además, uno decide cuándo reemplazar su auto. Las nuevas versiones del software son frecuentemente impuestas sobre los profesores siguiendo una programación establecida por la oficina de tecnología educativa. El software, además, no solo contiene nuevas características, muchas de las cuales pueden ser obviadas, sino que las antiguas tareas a menudo tienen que ser realizadas de maneras enteramente diferentes. Los usuarios posponen el conseguir nuevas computadoras y nuevo software para evitar el trauma y los problemas que conllevan las actualizaciones. Yo trabajo con un profesor que por décadas ha usado la misma versión del mismo procesador de textos. Eso molesta a sus editores cuando él les envía sus manuscritos, pero él quiere pasar su tiempo trabajando con ideas y palabras, no con software.

Es cierto que necesitamos el cambio. Estoy feliz de que mi auto tenga bolsas de aire, que pueda poner seguro a las puertas remotamente y que tenga un tocador de CD, pero no quiero aprender un nuevo sistema operativo para ser capaz de manejar mi auto el próximo mes. Debemos hacer que el cambio sea menos desventajoso, incluso si eso significa disminuir un poco la tasa del progreso.

Las Universidades deben dar a las facultades suficiente dinero para la tecnología educativa. El apoyo computacional básico es un servicio básico como lo son el agua y la electricidad. Todos los profesores necesitan conectividad a Inernet allá donde trabajen, enseñen y realicen sus investigaciones. Ellos necesitan que se instale el software actualizado en las computadoras que la universidad les ofrece. Y necesitan apoyo tecnológico educativo.

Cuando en una reunión los profesores de ciencias toman notas en una laptop mientras los profesores de humanidades lo hacen con lápiz y papel, las diferencias pueden deberse más a razones económicas que a preferencias personales. Es imposible conseguir que los profesores usen tecnologías educativas, no importa cuán dispuestos estén a ello, si sus facultades no pueden pagar por el hardware y el software.

Aunque conseguir que los profesores utilicen tecnologías educativas en sus cursos es un reto difícil, es sin embargo algo esencial. Estas tecnologías pueden enriquecer el corto tiempo que los estudiantes pasan en clases, y lo hacen ofreciéndoles ideas y experiencias que los libros y la tiza no pueden lograr (como el Proyecto Dante de Princeton, de Robert Hollander, que añade datos interactivos, imágenes y sonidos a la Divina Comedia, de Dante).

Muchos estudiantes obvian todo lo que no está en línea. Si ellos no pueden encontrar información mediante unos cuantos clics de un mouse, se las arreglarán sin ella. Los profesores necesitan poner en línea los materiales de sus cursos, ser capaces de por lo menos defenderse un poco en multimedia y crear páginas web básicas.

Las oficinas centrales de tecnología educativa nunca tendrán el presupuesto ni el tiempo para satisfacer todas las necesidades tecnológicas de los profesores, ni tendrán jamás las pericias requeridas en todos los campos académicos. Una meta razonable para el personal de tecnología educativa es ayudar a dirigir a los profesores en la dirección correcta con pequeños -- incluso diminutos -- pasos, y ofrecerles el entrenamiento y el software que fácilmente puedan manejar. Es más efectivo hacer que los profesores produzcan páginas web simples con un software que ya conocen que empujarlos a construir extravagancias multimedia. Será más probable entonces que los profesores se sientan cómodos creando su propia tecnología educativa.

Sobre todo, debemos recordar que nuestra meta es ayudar a los profesores a encontrar y utilizar lo que sea apropiado en sus respectivas áreas y cursos. Si queremos que utilicen la tecnología, tenemos que hacer que acepten, como nosotros lo aceptamos, que la tecnología puede ampliar los horizontes del aprendizaje.