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Desde la otra esquina: Traducciones y comentarios |
por Alberto Loza Nehmad |
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Desde el rincón de siempre, a muchos temas se les termina viendo solo una cara, como a la luna. Con la finalidad de enriquecer los puntos de vista cotidianos, "Desde la otra Esquina" presenta traducciones -- de reseñas de libros, artículos, entrevistas -- y comentarios que ofrecen nuevos ángulos de reflexión al visitante de Libros Peruanos
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Financiando el subdesarrollo:
la nueva y no deseada cooperación internacional |
| Por Moisés Naím, director de la revista Foreign Policy. |
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Artículo publicado originalmente como “Help not Wanted”, sección de opinión de The New York Times, 15/Feb/2007.
Traducción de Alberto Loza Nehmad
http://www.nytimes.com/2007/02/15/opinion/15naim.html |
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| Mi amigo estaba visiblemente agitado. Se acababa de enterar de que había perdido a uno de sus clientes a manos de competidores chinos. “Es sorprendente”, me dijo. “Los chinos nos han sacado por completo del mercado a punta de precios. No podemos competir con lo que ellos son capaces de ofrecer”. |
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| En las últimas décadas la cooperación internacional fue mejorando de calidad. Los estados y organismos donantes tuvieron que tomar en cuenta elementos como la sostenibilidad de los proyectos, la lucha contra la corrupción y la defensa del medio ambiente. Pese a que son discutibles, las metas del milenio establecidas por la ONU significan un avance. Desafortunadamente, en el nuevo escenario global, algunos países no democráticos, con abundante dinero y necesidad de materias primas o ansiosos de afianzar su influencia regional, vienen ofreciendo programas de cooperación que “buscan hacer avanzar sus propios intereses nacionales, avanzar una agenda ideológica o incluso llenarse los bolsillos. A los estados parias que ofrecen ayuda no les puede importar menos el bienestar a largo plazo de las poblaciones que reciben su ayuda.” |
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No hay nada sorpresivo en ello, por supuesto; cada día se pierden trabajos manufactureros por la competencia china, pero mi amigo no está en el negocio de manufacturas. Él trabaja en la cooperación internacional.
Su historia se relaciona con trenes en Nigeria. El gobierno nigeriano opera tres ferrocarriles, donde son notorias la corrupción y la ineficiencia. También se están cayendo a pedazos. El Banco Mundial, donde trabaja mi amigo, propuso un proyecto basado en la observación, de sentido común, de que no había razón en prestar dinero a los nigerianos sin al mismo tiempo atacar la corrupción que había paralizado los ferrocarriles. Después de meses de negociaciones, el banco y el gobierno de Nigeria acordaron desarrollar un proyecto de US$ 5 millones que permitiría que llegaran compañías privadas y ayudaran a sanear los ferrocarriles.
Sin embargo, justo cuando se iba a firmar el acuerdo, el gobierno chino ofreció a Nigeria $US 9,000 millones para reconstruir toda la red ferroviaria: sin ninguna licitación, ningunas condiciones y nada de reformas. En ese momento mi amigo hizo las maletas y se dirigió al aeropuerto.
No se trata de un caso aislado. En años recientes, algunos ricos regímenes no democráticos han comenzado a socavar las políticas de desarrollo mediante sus propios programas activistas de ayuda. Puede llamársele “ayuda paria”. Es una asistencia para el desarrollo que no tiene un origen democrático y que en la práctica no es transparente, cuyo efecto es impedir el verdadero progreso al tiempo que se causa un daño a los ciudadanos comunes y corrientes.
De manera activa China está apoyando esos tratos en toda África; su financiamiento de carreteras, plantas eléctricas, puertos y similares se multiplicó de US$ 700 millones en 2003 a cerca de US$ 3,000 millones en cada uno de los pasados dos años. En realidad, se trata de una estrategia desconcertante. Beijing ha convenido en expandir la red eléctrica de Indonesia en cuestión de meses. Es una pena que el acuerdo incluya construir varias plantas que usan una tecnología china altamente
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contaminante y basada en carbón. Ninguna agencia internacional habría firmado un acuerdo tan ambientalmente hostil.
En Filipinas, el Banco de Desarrollo del Asia, que presta dinero a un bajo interés a los países pobres, ha acordado financiar un nuevo acueducto para Manila. Hace poco, también, se le dijo que su dinero ya no era necesario. China estaba ofreciendo tasas de interés más baratas, una aprobación más rápida y menos preguntas.
¿Qué hay detrás de este repentino impulso chino de hacer el bien en todo el mundo? Las tres respuestas cortas son dinero, política internacional y acceso a materias primas. El banco central chino tiene las más grandes reservas de divisas, un total de US$ 1.06 billones. Beijing ha venido usando cada vez más este efectivo como una palanca para asegurar su acceso a las materias primas y para hacer avanzar la creciente influencia china global. ¿Qué mejor que un generoso programa de ayuda exterior para asegurarse la buena voluntad de un poder petrolero como Nigeria o de la vecina Indonesia, rica en recursos naturales?
China no es el primer país que hace de la ayuda una herramienta para defender sus intereses en el extranjero. La Unión Soviética y los Estados Unidos pasaron décadas entregando ayuda para el desarrollo a dictadores, a cambio de su lealtad. Incluso hoy, la prodigalidad estadounidense hacia Egipto y Pakistán está enraizada en el cálculo político.
Sin embargo, a partir de los años noventa, la ayuda financiera lentamente había comenzado a mejorar. El escrutinio de los medios hizo que muchos países desarrollados, avergonzados, impidieran las malas prácticas. Hoy, los proyectos de organizaciones como el Banco Mundial son meticulosamente inspeccionados por grupos observadores. Aunque el sistema está lejos de ser perfecto, ciertamente es más transparente de lo que era cuando la ayuda extranjera rutinariamente ayudaba a que brutales dictadores se mantuviesen en el poder.
China no es el único régimen que ofrece ayuda financiera paria. El presidente Hugo Chávez no se ha mostrado tímido para usar dinero del petróleo para reclutar aliados en el extranjero. En realidad, el embajador de Venezuela en Nicaragua, al explicar los grandes paquetes de ayuda de su país para la ayuda en la región, anunció sin rodeos: “Queremos infectar a América Latina con nuestro modelo”.
La ayuda financiera del señor Chávez a Cuba excede de lejos lo que la isla solía recibir de Leonid Brezhnev durante el apogeo del comunismo soviético, y ha roto las esperanzas de una reapertura cubana como resultado del fallecimiento de Fidel Castro y de la bancarrota de la isla. Debido a esta artificial línea de salvamento del Sr. Chávez, los cubanos tendrán que esperar aún más por las indispensables reformas que traerían a su isla la oportunidad de unas verdaderas prosperidad y libertad.
La ayuda iraní a Hamas en Palestina y a Hezbollá en Líbano puede haber aumentado la influencia de Irán en la región, pero está causando daños en esos países por la misma razón por la que la ayuda venezolana causa daño a los cubanos. Lo mismo puede decirse del auspicio por parte de Arabia Saudita de escuelas religiosas en países como Pakistán, lugares que no equipan a los estudiantes con las habilidades que necesitan para conseguir trabajos.
Se podría argumentar que los estudiantes están con seguridad mejor cuando van a cualquier escuela que cuando se quedan en las calles, pero ¿por qué deberían ser esas las únicas opciones? ¿Por qué no pueden los sauditas financiar la educación, los chinos pagar por ferrocarriles y tendidos eléctricos, y los venezolanos ayudar a la economía de Cuba sin causar daños a los paquistaníes, nigerianos y cubanos pobres? Porque la meta de esos donantes no es ayudar a desarrollarse a otros países. Más bien, buscan hacer avanzar sus propios intereses nacionales, avanzar una agenda ideológica o incluso llenarse los bolsillos. A los estados parias que ofrecen ayuda no les puede importar menos el bienestar a largo plazo de las poblaciones que reciben su ayuda.
Los estados como China, Irán, Arabia Saudita y Venezuela, tienen el dinero en efectivo y la voluntad de cambiar el mundo y convertirlo en algo diferente a lo que queremos. Al presionar buscando imponer su modelo alternativo de desarrollo, esos estados efectivamente logran sacar del mercado, vía precios, a los programas de ayuda en los lugares donde esos programas son más necesarios. En lugar de esos programas, los donantes parias ofrecen dar su aval a un mundo más corrupto, más caótico y autoritario. Ese tipo de ayuda no es de interés para nadie, sino para los parias.
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