Promoción del libro y la lectura
 
 
 
 
 
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Bebés letrados

 
Por Nilton Torres
Domingo, La República, Lima 12/03/06
 

¿Puede un niño aprender a leer antes que a hablar? Una especialista peruana asegura que sí. Para lograrlo, utiliza un método que podría erradicar el analfabetismo en el Perú en un dos por tres.

Cuando Elia Castañeda llevó a su pequeño Sebastián donde la educadora Patricia Lozano, lo primero que esta le dijo fue: Ya está viejo. El niño había cumplido recién los cuatro años. Pese a la "avanzada edad" del pequeño, la educadora se puso a trabajar con él y, en menos de seis meses, Sebastián ya había aprendido a leer.

"Mientras más pequeños, el aprendizaje es más rápido", dice Lozano, quien desde hace algunos años desarrolla un método para que los niños, a partir de los diez meses, puedan empezar a leer. Y no se trata de niños superdotados o extraterrestres, sino de cualquier hijo de vecino pues, según la educadora, todas las criaturas tienen la misma capacidad de aprender a corta edad lo que en nuestro sistema educativo se enseña a partir de los cinco o seis años.

Y parte desterrando la arraigada creencia de que no es posible aprender a leer si antes no se sabe hablar. "Se ha hecho un matrimonio, el único indisoluble, entre la lectura y la escritura. Para que un niño escriba, sí necesita madurar, desarrollar sus brazos y motricidad. Para leer no. La lectura no es la oralización de las palabras".

Para explicar mejor su posición, Patricia coge un papel y en él dibuja una curva que asciende y luego desciende. El pico de esa curva son los dos años de edad. "El desarrollo cerebral de un niño tiene un ritmo decreciente. A los dos años se llega a la cima. Ahí está el pico de su capacidad de aprendizaje. Luego empieza el descenso, hasta los seis años. Por eso se dice que los niños, hasta los seis, adquieren inteligencia. De ahí en adelante, experiencia".

Patricia Lozano es una estudiosa del llamado Método Doman, creado por el médico estadounidense Glenn Doman y su esposa Janet. Originalmente, estos doctores desarrollaron su trabajo en niños con lesiones cerebrales, y viendo que estos, a pesar de sus problemas, aprendían a leer aunque no supieran hablar o escribir, decidieron aplicarlo en niños "normales".

 

Significado y significante

La base de este método descansa en el engranaje entre significado y significante. La educadora explica que se puede empezar, por ejemplo, con la palabra mamá. Entonces, en un papel grande, se escribe MAMÁ, y se acompaña lo escrito con la foto de la madre. Luego se le dice al niño: Aquí está tu mamá. Aquí dice mamá. Yo soy una mamá. Se repite unas cuantas veces, y luego se le deja para que haga otra cosa.

"El método exige la presentación de los estímulos por un máximo de cinco segundos. Luego, hay que jugar con el niño, haciendo que ese aprendizaje sea gratificante. Nos parece increíble que grabe lo que se le ha mostrado, pero lo hace".

Luego de trabajar con los objetos y personas del entorno, se continúa con cuentos en los que las figuras estén separadas del texto. El niño aprende entonces más palabras y, luego, algunas frases cortas. Lo que se está haciendo es darle cada vez más datos para que él saque sus reglas.

"Cuando un niño aprende a hablar dice ponido, no porque hable mal, sino porque está deduciendo. Si de comer es comido, de poner debe ser ponido. Pero si un niño aprende a leer con el método, cuando empieza a hablar su lenguaje es más estructurado, ya que conoce más palabras", dice la educadora, y agrega que muchas veces, a mitad del programa de lectura, ya el niño está apto para aprender otras materias, como las matemáticas.

"Las matemáticas son abstracciones de la realidad. Si el niño tiene mayor vocabulario podrá abstraer con mayor facilidad. Al enseñarle que un árbol es "un" árbol, pero que muchos árboles son un bosque, desarrollará la comprensión de cantidad y empezará a resolver problemas simples de conjuntos, sumas y restas".

Patricia Lozano asegura que, a través del método Doman, un niño estimulado desde los diez meses, puede leer algunas palabras al año. A los dos, lee frases y, a partir de los tres, cualquier cosa.

¿Cómo podemos comprobar que un pequeño que no habla está aprendiendo a leer? Patricia dice que, si bien no habla, sí sabe señalar. "Le ponemos cuatro o cinco tarjetas y preguntamos dónde dice MANO y va a señalar la correcta porque la conoce. La lectura es la capacidad del ser humano para entender un mensaje escrito. No tengo que oralizar para leer y comprender".

 

Sin dejar de ser un niño

La educadora cuenta que alguna vez le han dicho que, al someter a un niño a tan temprana edad a un aprendizaje como este, le está quitando la infancia. Ella no está de acuerdo. "Yo he enseñado a leer a más de 20 niños antes de los tres años. Al crecer, se han mantenido siempre entre los diez primeros puestos de su clase, tienen facilidad para los idiomas y la música. Pasan el colegio con tranquilidad. Entonces, veo que sí disfrutan de su infancia. Además, que un niño aprenda no significa que está sometido a una tortura. El aprendizaje es un juego, hasta que el adulto se encarga de que sea una obligación", dice.

Patricia asegura que muchos piensan, incluidos los educadores, que el niño es un enano mental y por eso le dan estímulos pobres. Pero si se le ofrece una base de datos amplia no quiere decir que va a usar esa información en todo momento. Como una computadora, va a sacar y usar uno de esos datos cuando lo necesite.

"Nuestro sistema educativo gasta horas en enseñar al niño a leer a partir de los cinco años. A esa edad, la plasticidad está decreciendo. El 80% de la capacidad cerebral de un niño se desarrolla más o menos hasta los seis años. Luego se vuelve lenta".

Pero Patricia va más allá y señala que el problema -que saltó a la luz cuando la Unesco, a través de un estudio realizado en 41 países, determinó que el Perú ocupó el último lugar en comprensión de lectura de jóvenes menores de 15 años- tiene su origen precisamente en la falta de estimulación a temprana edad.

"Los educadores del Estado conocen de este método y de otros que buscan estimular a los niños desde muy pequeños, pero prefieren ignorarlos. Recuerdo que una vez conversé con una persona que trabaja en el Ministerio de Educación y me dijo que aplicar un método como este era demasiado para el perfil del niño peruano. Es triste que se piense así".

No solo eso. Hay maestros que no entienden lo que hace la educadora y la han llamado para quejarse de su trabajo. "Una de las niñas que lleva el método conmigo está en el nido. Una vez, su maestra estaba haciendo una clase sobre los líquidos que son buenos y malos para el hombre. La niña levantó la mano y preguntó cómo podía saber cuáles eran líquidos inocuos. La maestra me llamó ofuscada para increparme. Yo le respondí que no era problema de la niña, sino de ella que no sabía cómo afrontar una pregunta como esa".

Patricia ha estado tocando puertas para solicitar a las autoridades educativas que le permitan aplicar su método en alguna zona deprimida de la ciudad, para empezar, y crear en el lugar las condiciones necesarias para que el niño que tenga alguna privación social, económica, nutricional, pueda tener una ventaja pedagógica, pero no ha tenido eco. Por eso, está trabajando en la conformación de una ONG que le permita llevar su trabajo a más gente, y dejar de aplicar su método solo a aquellos que pueden pagarlo.

Volviendo con Sebastián, acaba de cumplir seis años y ya está desarrollando ejercicios matemáticos de cuarto de primaria, hace crucinúmeros, y en su cuaderno de trabajo se puede ver que ya empieza a identificar sílabas átonas y tónicas.

Elia, su madre, está contenta. "Sebastián recién va a empezar el primer grado, pero ya sobresale de su grupo. Lleva clases de violín, no sufre al hacer sus tareas y jamás lo obligo a leer algo que no quiera o delante de la gente", dice la madre.

Patricia agrega, con mucho énfasis, que no se trata de hacer de un niño un monito, o la atracción de las reuniones familiares.

"Hay que respetar el desarrollo emocional del niño. He tenido madres así y lamentablemente tuve que retirar a los chicos del programa. Por eso siempre les digo a las mamás que esto es por el niño y para el niño, y no para tener una criatura que mostrar a las amistades y la familia".

 

Creador

El estadounidense Glenn Doman fundó, en los 50, los Institutos para el Desarrollo del Potencial Humano. Inició así la difusión del llamado Método Doman de aprendizaje precoz. La metodología se basa en aprovechar las posibilidades del individuo, en el momento temprano de la infancia, ya que más adelante no se conseguirán muchas metas. Para esto se requiere del compromiso y presencia de los padres, pues ellos aplicarán el método en el hogar. El método Doman ha sido aceptado por gran parte de la comunidad científica, pero igual existen detractores que cuestionan, entre otras cosas, la excesiva simplificación y generalización de sus propuestas científicas.