Promoción del libro y la lectura
 
 
 
 
 
Índice de artículos:
 

Leer es amar: Danilo Sánchez Lihón

Manifiesto a favor de la lectura: Danilo Sánchez Lihón

Libro e inclusión social: Osmar Gonzales

Los ciudadanos-lectores y el mundo de lo escrito: Osmar Gonzales

Hacia un país de lectores / Sociología de la lectura: Osmar Gonzales

Reflexiones sobre Literatura Infantil: Roberto Rosario Vidal

Leer para crear: Pepi Patrón

Transformaciones de la lectura y la historia. Entrevista a Robert Darnton

Cultura, la última rueda: Jorge Eslava

Elogio a la lectura: Jorge Eslava

Cuánto Leen los Peruanos: Alejandra Veas

¿Lecturas de Cabecera?

La magia de la lectura bajo las carpas: Pedro Escriban

La prioridad es el método: Hugo Neira

Un Perú que lee... : Idel Vexler

Bebés letrados: Nilton Torres

La consigna es no leer: Abelardo Sánchez Leon

De la lectura paporretera a la comprensión lectora: Hernán Becerra Salazar

Lectura: la puerta del universo

Los alumnos no entienden ni leen: Sabino Tinta Ayma

La imaginación es el límite.

La filosofía de las agallas.

Cuando los maestros se convierten en mercaderes.

 
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Reflexiones sobre Literatura Infantil*

 
Lic. Roberto Rosario Vidal**
 

Cuando el año 1492 el navegante Genovés Cristóbal Colón llegó a América creyendo descubrir las Indias occidentales, los hombres que lo acompañaban en dicha empresa participaron en una de las más extraordinarias aventuras de la historia. Luego vendrían descubrimientos fastuosos de cabos, ríos, restos arqueológicos, culturas refundidas en las selvas. Teorías matemáticas, físicas y químicas, hasta que pareció que se acababa de descubrir todo lo que estuviera sobre la tierra, debajo de la tierra, encima y debajo de las aguas de océanos y ríos. Entonces los aventureros, gente con inteligencia divergente, que por buscar nuevos caminos y explicación hasta de lo obvio (a quienes en su tiempo denominaron locos y ahora la humanidad reconoce como los artistas, sabios filósofos, inventores y descubridores de más preclara inteligencia), levantaron los ojos hacia el espacio infinito e imaginaron las más descabelladas máquinas para llegar a la Luna, a Marte y hasta al mismo Sol, aunque se les quemaran las alas, como en los sueños de Icaro.

Me tocó vivir el período en el termina la infancia y comienza el escozor de la adolescencia en los afiebrados años de la guerra fría, etapa de la historia en la que rusos y americanos pretendían encaramarse de la Luna para desde allí controlar el mundo. Por entonces había comenzado a estudiar secundaria y descubrí en el terrado de la casa, un empolvado estante de libros, que posiblemente pertenecieron al abuelo minero, que desaparecía cada vez que le daba la ventolera de buscar minerales, con su picota diamantada.

Recuerdo esos libros que encandilaron mi segunda infancia y que leía con devoción: El capitán Blod de Rafael Sabatini, las aventuras de piratas de Emilio Salgari (El corsario negro, El león de Damasco) y las fantásticas historias de Julio Verne (Viaje al centro de la Tierra, De la Tierra a la Luna, Veinte mil leguas de viaje submarino, La vuelta al mundo en ochenta días, Un capitán de quince años). Después llegarían a mis manos los libros de Mark Twain, seudónimo de Samuel Langhorne Clemens: Tom Sawyer y La vida en el Mississippi, Rip Van Winkle de Washington Irving en la versión inglesa, gracias al profesor de inglés de nuestro colegio provinciano.

Uno de los últimos libros que leí durante el período anterior al ingreso a la adolescencia fue Quo Vadis, de Enrique Sienkiewicz; pero jamás pude pasar del primer capítulo de la novela María de Jorge Isacs, que me parecía demasiado cursi e infantil.

A raíz de esas lecturas que merodeaban en mi cabeza en horas de clase, más de una vez tuve que acompañar a las calaveras del cuarto de castigo, donde mis pálidas y silenciosas compañeras, fueron cómplices de mis primeras lecturas que me permitieron prepararme para la singular aventura de "la conquista del espacio". Debo decir que mis primeras lecturas juveniles dejaron de ser obras literarias, no por ello menos fascinantes: La teoría de la relatividad de Albert Einsten, en dos tomos preparados por el genial Oscar Miroquesada (Racso), obras muy accesibles para el nivel de comprensión de los jóvenes, a quienes las lecturas "nos había sancochado los sesos como al Quijote" y se nos había dado la ventolera de escaparnos del mundo, a como diera lugar. Entonces comenzamos a leer todos los libros referidos al arte de volar, desde las alas de Otto de Lilienthal, los estudios de Leonardo Da Vinci, los globos de Mongolfier, la construcción helicópteros y la vida de su inventor Constantin Tsilkovski, los aeroplanos de Bleriot y los hermanos Write, los trabajos secretos en la granja de Penemunde donde construyeron la V2 alemana y los libros y revistas que solicitaba con tanta vehemencia a las embajadas de Estados Unidos y Alemania, hasta lograr saludable respuesta.

Los días domingos eran de especial satisfacción, porque recogía del correo ingente material de lectura que me llegaba de diversos lugares y que clasificaba y leía con asiduidad. Hasta que por fin accedimos a los libros de física de Jorge Vidal y algunos tratados de química, que nos permitieron construir fabulosos "cohetes espaciales" empleando combustible sólido y líquido, hasta que accidentalmente se incendió la casa de nuestro vecino el juez de paz (que felizmente era de paz). Desde entonces pasamos a experimentar nuestros cohetes en la clandestinidad, en lugares donde no causáramos daño a la población, ni perjuicio económico a nuestros padres, que quedaron empeñados durante varios años por el afán de aventura, probablemente a falta de buenas lecturas.

Y esto que éramos pequeños adolescentes provincianos, atenuados por el bucólico ambiente social de los pueblos, con limitaciones de energía eléctrica y total ausencia de medios de comunicación, cuya importancia es extraordinaria, pero mal administrados, no hacen más que de estupidizar a los jóvenes.

¿Qué hubiera sucedido si en la adolescencia y juventud hubiéramos tenido a nuestro alcance literatura amena e interesante, acorde con las necesidades e intereses de los jóvenes de nuestra edad? Seguro que no hubiera sido necesario pasarnos la vida inventando historias. A éstas alturas del nuevo siglo, no me queda más que decir que si en el siglo XX los adultos descubrieron al niño, en el siglo XXI los jóvenes han organizado su propia aventura de búsqueda y descubrimiento (y no me refiero sólo a Bill Gates), dejando en el camino a sus antepasados, padres y maestros que no alcanzaron a subirse al carro de la informática, que les permita por lo menos compartir sus experiencias y ayudarlos a manejar el futuro que, a diferencia del pasado, está cada vez más cerca del presente.

Apréciese que los intereses de los niños y los jóvenes son distintos a los que tuvieron el común de los jóvenes de épocas pasadas. Si nosotros tuvimos la suerte de escaparnos de las lecturas aburridas que nos alcanzaban los profesores, siguiendo las órdenes del lejano y siempre mal informado ministerio de educación, era por que tuvimos otros intereses y entre ellos, surgió también la magia de lecturas clandestinas de "novelas prohibidas" por su encendido color (temas que ahora son de dominio de los niños del primer grado) o lecturas "subversivas" como la Guerra de Guerrillas, el Foro de Yenán y los libros y revistas de marxismo, que escondíamos en la ropa para leer en grupo en las afueras de la ciudad.

Nuevos paradigmas incitaban a la aventura revolucionaria. Motivados por el Che Guevara, las guerrillas de Mesa Pelada y el poeta Javier Heraud, quien libro en mano, disparando los dardos más letales y las flores más bellas, se embarcó en las luchas por la liberación de regímenes dictatoriales que coparon los gobiernos de América Latina, con la anuencia sonriente del imperialismo norteamericano.

Pienso que solamente excelentes lecturas hubieran podido competir entonces con las circunstancias históricas que remecieron nuestra accidentada juventud. Lo que nos lleva a pensar, poniéndonos en los zapatos de los jóvenes de éstos tiempos convulsos. ¿Qué intereses los animan? ¿Cuál es la literatura juvenil más acorde a sus necesidades, gustos y motivaciones? Nadie más que ellos, lo pueden decir.

Luego de los prolongados debates, que durante un cuarto siglo han ratificado la existencia de la literatura infantil, gestando el movimiento cultural más efectivo y duradero del Perú conocido como la APLIJ (que un grupo de intelectuales brillantes nos acompañaron a fundar a comienzos de los años ochenta), tomando los mismos argumentos y conclusiones, sólo podemos decir ahora que la literatura Juvenil, en primer y último lugar, debe ser literatura. Obras de arte que reúnan el requisito de ser expresión de la belleza a través de la palabra, obras de calidad literaria capaces de tocar las cuerdas más sensibles del ser y transporten al lector joven en las alas de la poesía, la prosa o el drama, al deleite del espíritu. Lo demás, son aspectos pedagógicos o editoriales complementarios.

Queda el reto a los creadores, de esforzarse cada vez más para escribir obras literarias capaces de impresionar, motivar, atraer y arrobar a los jóvenes, para transportarlos en los brazos de la literatura.

Tiempos difíciles en los que, como decíamos antes, muchos adultos se van quedando a la zaga por no tener la decisión de caminar al ritmo del avance de la ciencia y la tecnología, conocimientos a los que de manera natural accede la juventud. Es un reto no imposible de vencer, pero necesario, si es que pretendemos constituirnos en escritores de nuestro tiempo. De lo contrario corremos el riesgo de quedarnos en la galaxia de Gutemberg, hace tiempo superada.

Estamos ingresando a una época en la que los libros virtuales son una realidad y que aunque los escritores y las editoriales se empeñen en jurar, que el libro no desaparecerá, es cada vez más evidente que los árboles de los que se hace el papel, con el tiempo estarán menos amenazados que ahora. Pienso que el libro seguirá existiendo, porque así bautizaremos a los sustitutos que nos traigan los adelantos tecnológicos, para no añorar el pasado que cada vez se aleja, también más rápido que antes.

Amigos que me escuchan, ciudadanos del siglo pasado, porque todos nacimos en el siglo fenecido, recuerden que hoy más que nunca tenemos que dar un tranco al nuevo siglo, so pena de fenecer. Escritores que me acompañan en el largo peregrinaje de la literatura infantil y juvenil, asumamos el difícil reto de convertirnos en escritores de este siglo, pleno de cambios inusitados donde la fantasía es cada vez más real.

Estamos más cerca de Dios, compitiendo de igual a igual en la tarea de desempolvar los secretos más escondidos, rompiendo paradigmas, mitos y vetos, que con tanto celo guardó la historia. Nuestro siglo, el milenio en el transcurre nuestra vida, reta a la imaginación, al arte y la creatividad. Nos ha tocado habitar la era que corona la inteligencia sobre la fuerza. Los educadores y los intelectuales tenemos la más sublime de las tareas, guiar a los niños y jóvenes en la aventura de vivir.

 

**Roberto Rosario Vidal. Lima, 1948. Licenciado en derecho y ciencias políticas. Poeta y narrador. Organizó el Primer Encuentro Nacional de Literatura Infantil (Lima,1982). Presidente Fundador de la APLIJ (Asociación Peruana de Literatura Infantil y Juvenil).

Obras: Con los niños (1971), La barquita de papel UNICEF (1979), Antología Nacional de la Literatura Infantil (1984), Literatura infantil en educación inicial (1984) y La poesía infantil (1984). En narrativa: Los sudacas (1984), El trotamundos, Bs. As. (1985, Lima, 1999), La Villa Carmela, Venezuela (1986), Shica-shica de limón (1987), El tesoro de Kitakaiteri (2002) y Raspadilla de limón (2002). En poesía: La casa de Cleofé (2000). Próximas publicaciones: Volcán de viento (Novela), En nombre del padre (Novela) y Cuentos mineros.

Fue Director General de Defensa del Menor del Instituto Nacional de Bienestar Familiar (INABIF) y Director de Asuntos Jurídicos del Ministerio de Justicia. Representante del Perú ante el Instituto Interamericano del Niño (OEA) en Uruguay y representante en las Asambleas Mundiales de Niños Bandera de la Paz, realizadas en Bulgaria en 1982 y 1988.

En el sector privado ha laborado durante 15 años en la gestión de Recursos Humanos en diversas empresas mineras: SIMSA, Poderosa, Panamerican Silver, Volcan y Casapalca.
Email : rrosario101@hotmail.com y robertorosariovidal@terra.com.pe

 
*Trabajo leido en el XXIV Encuentro Nacional de Literatura Infantil y Juvenil / Huanuco- Perú
del 6 al 9 de julio 2005