La Ley de Democratización del Libro y del Fomento de la Lectura (Ley 28086), dada por el Congreso el 11 de octubre del 2003, tiene como objetivos principales el fomento de la creatividad literaria y el establecimiento de mecanismos para la difusión nacional e internacional de la misma, el fomento de la industria editorial, el acceso del público a los libros, el estímulo al hábito de la lectura y la difusión nacional e internacional de la producción editorial del país.
En la presentación del reglamento de la ley, por el presidente Alejandro Toledo (Decreto Supremo 010-2004, 3 de junio del 2004), la máxima autoridad del país instó al ministro de Educación a hacer los esfuerzos necesarios de coordinación para poner en marcha un plan nacional del libro y la cultura.
El ministerio está haciendo la coordinación con el Consejo Nacional de Promoción del Libro y de Fomento de la Lectura (Promolibro). Esta institución tiene 17 integrantes, entre ellos del Gobierno, el Sistema Nacional de Archivos, Concytec, municipalidades, Ministerio de Relaciones Exteriores, Ministerio de Economía y Finanzas e Indecopi.
El Ministerio de Educación debe concertar y coordinar esfuerzos en torno al fomento de la lectura con otros programas estratégicos del sector, como Emergencia Educativa, Innovación Pedagógica, plan Huascarán. La coordinación se está haciendo también con las direcciones de los distintos niveles educativos y con las instancias de descentralización respectivas.
Para ello se está utilizando un informe de la Cámara Peruana del Libro hecho el 2002, y una encuesta sobre hábitos de lectura en Lima y Callao efectuada por la Biblioteca Nacional del Perú en el 2003.
Los resultados obtenidos por la Cámara Peruana del Libro son alarmantes. Tomando el dólar como base para el cálculo de la cantidad de dinero invertido por las empresas editoriales, se ve lo siguiente: 1996, US$8 millones, más una cantidad bastante pequeña; 1997, US$8'500.000; 1998, US$8 millones; 1999, US$6' 750.000; 2000, US$6'500.000 y en el 2001, US$6'250.000.
Pero hay datos tan o más alarmantes todavía, recopilados el 2003 por la Biblioteca Nacional. Por ejemplo, en Lima y Callao, la cantidad de lectores que visitaron una biblioteca en los últimos tres meses ha sido apenas de un 29%, respecto de su cantidad total. Solo el 45% visitó alguna vez la Biblioteca Nacional. Pensemos que 'alguna vez' pudo ser una sola, dos o tres veces. Y otro, tan deplorable como increíble: en el Perú ¡solo hay 40 librerías! Algunas tienen dos, a lo más, tres sucursales. Queda aún mucho por hacer, y el ministerio está trabajando a todo vapor para concertar con los diferentes sectores del país, como medios de comunicación masiva, con otros ministerios, bancos, empresarios y direcciones de educación.
Después de esta breve e incompleta información sobre Promolibro y la actividad coordinadora del Ministerio de Educación, no queda sino hacer una afirmación rotunda: debemos apoyar el proyecto.
Y es nuestra obligación hacerlo por un motivo evidente: la educación tiene una importancia fundamental en el Perú. Sin una mejora en nuestro sistema educativo, el Perú jamás podrá salir adelante.
Es cierto que estamos comenzando a progresar en la economía y que esto puede ayudar mucho, incluso respecto de la educación.
Pero no basta, pues los colegios nacionales, sobre todo los de primaria, aunque también los de secundaria, no serán favorecidos por el presupuesto de la nación, si es que todos los que estamos convencidos de que los maestros de estos niveles deben salir de una situación económicamente asfixiante y humillante. Por eso, debemos hacer una cruzada nacional a favor de la educación y de los maestros.
Incluso los medios de comunicación social, los bancos, los hombres de empresa y todas aquellas instituciones que, de una manera u otra, puedan contribuir. Debe haber una consigna nacional: luchar a fondo por la mejora de la educación en los colegios nacionales.
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