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N° 2,
agosto 2004 |
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LOS CABALLEROS DEL ZODIACO
Gino Gibrán
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Obra
de Masami Kuramada, presenta los clásicos tópicos
del manga japonés: exhaltación del valor, el
melodrama como sustento de la historia y
violencia gratuita. El manga forma mitos griegos,
escandinavos y japoneses para mezclarlos en una
ficción inverosímil que presenta, como tema único,
el triunfo repetitivo en todas las sagas de un héroe
(Seiya) desarrollado con bastante melodrama en la
mejor de sus manifestaciones. Esto es lo que se
llama una historieta de impacto. Apela básicamente
a códigos primarios de conducta del lector como
son el sentido del valor, el horror al fracaso, la
agresión como respuesta a los problemas y otras
virtudes más de la sociedad japonesa contemporánea.
El elemento reaccionario del autor se revela en
cada una de las páginas. Existe un sentido único
en la vida y ese es luchar por el honor de Atena y
claro está el bien mundial. ¿Cuál es este? Los
personajes no se lo plantean porque están
demasiado ocupados en resolver la situación
melodramática que se les presenta: un villano
demasiado poderoso que los acosa a golpes, una
muerte trágica y valerosa o una reflexión
oportuna sobre la importancia del sacrificio. Las
sagas se ocupan de una búsqueda heroica, como lo
estableciera "El vellocino de Oro" de
Apolonio de Rodas siglos atrás, pero se extraña
la complejidad de las aventuras y los personajes.
Kuramada no está preocupado en ello. Representa a
su sociedad y lo hace con un producto destinado a
mentes jóvenes. La acción, el movimiento
perpetuo de sus personajes tiene su contraparte en
el melodrama de las historias. Todo se apoya en
valores reaccionarios de una sociedad militarista
y chauvinista. Cada historia se presenta como un
espejo de las anteriores. El héroe se enfrenta al
villano que busca destruir el orden establecido y
es derrotado por un héroe empeñoso sólo por el
valor de la lucha y su apego a los valores
tradicionales de su entorno. Está obra explica en
muchas formas porque los japoneses aceptan perder
su vida personal en las fábricas que los
convierten en meros instrumentos de producción.
Un clásico indudable.
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EL BOOM DEL MANGA GAY
Gino Gibrán
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Las entrañables historietas manga han sufrido una revolución en los últimos años gracias a diversos aspectos. Quizás los más celebrados sean la calidad argumental de algunas de sus historias y el lenguaje icono gráfico utilizado en muchos de ellos. Pero no es eso lo que trataré en este breve artículo, me interesa por el contrario un fenómeno evidente en las historias manga que no puede ser ignorado: la homosexualidad explícita de sus principales personajes (y me refiero a personajes ampliamente conocidos)
La cultura japonesa se manifiesta libre de ataduras sociales en la manga. Personajes superheroicos que en la sociedad occidental ocuparían un lugar marginal en las ventas y niveles de lecturas son mega estrellas en el mercado de el manga. Esto no significa por supuesto que los lectores de Manga sean homosexuales reprimidos (y si lo fueran no tendría nada de malo), lo que realmente importa es que los Manga rescatan para la sociedad occidental un hermafroditismo, en sus arquetipos heroicos, perdido desde la época del imperio romano. ¿Nadie recuerda la condición de bisexual de Adriano, Julio César o entre los héroes griegos la legendaria relación entre Aquiles y Patroclo? La misma estética colorida de sus personajes, los colores brillantes y finos remitirían en la sociedad occidental a una historieta juvenil para mujeres, pero el manga rompe los esquemas. Los Caballeros del Zodiaco, Gokú, Ranma y demás son gays estéticamente, pero lo son al estilo Alejandro Magno. La estética del manga japonés tan dada a incorporar animales antropomorfos da un paso adelante al incorporar estéticas gays en géneros muy masculinos como el superheroico. Estamos frente a una liberación de prejuicios que enriquece y esperemos produzca pronto una obra maestra. El siguiente paso es la estética multirracial, un gran problema para los héroes de ojos redondos.
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OSCAR Y LUCHÍN:¿UNA NUEVA ESPERANZA?
Enrique Cáceres
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Flamante nueva tira (comic strip) de EL Comercio, se presume la autoría de Andrés Edlry. En principio el autor muestra su oficio al plantear a dos personajes citadinos y clasemedieros urbanos típicos, uno cercano a la treintena y el otro un niño de edad indefinida, siguiendo una tradición latinoamericana que tuvo sus picos más altos en la producción gráfica-literaria Argentina del siglo pasado. El nudo argumental en sus primeras tiras publicadas gira sobre la interacción de dos generaciones opuestas. El autor los presenta en amenas anécdotas que se centran en los personajes intentando explorar de manera somera sus personalidades. Los personajes están bien construidos y por momentos nos recuerdan a personajes americanos del cuño de Garfield: Neuróticos, irónicos y sedentarios.
Podemos decir que estamos ante una obra que cumple con entretener, pero al
constatar que la tira comparte la página con un clásico como Mafalda no podemos dejar de notar sus carencias. Es claro que el autor no se muestra como especialmente dotado para la reflexión social, algo en lo que descollaba Mafalda, tampoco está interesado en crear anti héroes de vanguardia como la contestaria niña Argentina. De otra manera no se entiende como justifica el "fracaso" del personaje Oscar por ser flojo, no haber estudiado y en consecuencia no conseguir trabajo. ¿En qué país vive el autor? ¿Nunca ha tomado un taxi manejado por un ingeniero o un médico? Esa falta de identificación del autor con la clase media peruana resiente su producción. Recordemos que Mafalda denunciaba con ironía la caducidad de un sistema que proponía la felicidad de un ama de casa y el respeto dogmático a los padres. En la historia de Oscar y Luchín la gente fracasa en el sistema porque no sigue sus reglas. Se olvida el autor que el estudio ha sido desvirtuado como factor para lograr el éxito económico (así se ven muchos casos en los que los "chancones" que dedicaron su vida al estudio nunca consiguen trabajo adecuado). ¿Por qué no muestra el evidente anhelo de la clase media por querer viajar al extranjero al no encontrar futuro en el país? ¿por qué no muestra el fin de la clase media tradicional frente a la nueva clase media emergente de los conos de la ciudad? Una mirada reflexiva a nuestra sociedad le haría mucho bien a una tira cómica que promete y esperamos sea diferente.
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CLÁSICOS
LA ESTÉTICA DEL JOVEN PUEBLO: CHINGOLO
Enrique Cáceres
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A fines de los años setenta, el grupo Radiomar produjo una historieta basada en uno de sus locutores más clásicos: El ronco Gamez. La obra desigual se caracterizó desde sus primeros números por la abierta crítica social y por la glorificación de la pandilla de barrio (tan diferente en ese tiempo a los actuales pandilleros). El trazo básicamente de caricatura publicitaria es poco trabajado y sin mayores pretensiones estéticas. Lo que les importa resaltar son las injusticias de un sistema liderado por canallas ricachones frente a nobles niños pobres. La propuesta peca de gruesa, ingenua y aleccionadora y quizás explique el fracaso comercial de la historieta. Queda como un importante antecedente su caracterización de los barrios populosos de Chorrillos y la eficiente trama de los capítulos, malograda por la propuesta aleccionadora de los autores. Una curiosidad la constituye "La Voz del pueblo", artículos escritos al final de la historieta en los que se habla de los principales logros de los pueblos jóvenes de entonces, además de lanzar una incipiente crítica política. El hecho de que ambos discursos estén en la misma historieta nos da una idea de lo desorientados que estaban los autores acerca de su público objetivo. Sin embargo, una relectura advertida encuentra agradable un texto gráfico literario tan distinto en sus intenciones a las alienadas y cínicas generaciones X e Y, que tanto nos han aburrido con su individualismo y pedantería a ultranza.
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CONAN EL BARBARO
Javier García
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Conan el Bárbaro, un hito de la historieta de Marvel Comics de los 70, es un buen ejemplo de maestría en la calidad de los guiones y la profusión en el trazo.
Barry Smith, dotado de una destreza extraordinaria para la representación de escenas de acción y Robert Howard, guionista excepcional, le dan vida a este héroe-villano en este número 24 de colección al más puro estilo iconoclasta y desenfadado que caracteriza a los hombres que siempre están en contra del status quo.
Lo interesante de esta propuesta es el juego de seducción entre Red-Sonja, un personaje recurrente en el imaginario de este personaje, y el propio Conan, que induce al lector a seguir a trama de principio a fin y que no llega a concretarse, salvo tímidamente en la escena en la piscina.
La maestría en la presentación, tanto física como espiritual de Sonja, es sin duda de lo mejor que se ha visto en la historieta contemporánea, así como el mundo en el que se desenvuelve el Bárbaro, lleno de hombres dispuestos a morir en cada ocasión al interior de ambientes oscuros y casi siempre peligrosos.
Los símbolos recogidos magistralmente, por el guionista: el rey, el poder místico (representado por la serpiente) la fuerza y la valentía (Sonja y Conan) no son más que el reforzamiento de una tradición épica que viene desde los albores de la humanidad.
En este caso, sin embargo, Conan actúa por motivos diversos muchos de los cuales no están inspirados en el bien común ni siquiera en el de las personas de su entorno, lo que lo hace atractivo para los lectores al ser un personaje diferente al típico héroe que se sacrifica por sus protegidos.
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