|
Desde el rincón de siempre, a muchos temas se les termina viendo solo una cara, como a la luna. Con la finalidad de refrescar nuestra visión, "Desde la otra Esquina" presenta traducciones -de reseñas de libros, artículos, entrevistas- que ofrecen nuevos ángulos de reflexión al visitante de Libros Peruanos.
|
|
|
|
|
Y los traidores serán héroes
por Guy G. Stroumsa*
Publicado originalmente en Haaretz (Tel Aviv), 17 de abril de 2006, como "And the Traitors Will Become Heros".
Trad. por Alberto Loza Nehmad.
[http://www.haaretz.com/hasen/spages/706388.html].
|
|
El últimamente publicitado "descubrimiento" del
Evangelio de Judas Iscariote no fue una novedad para los especialistas en la historia del cristianismo primitivo. El Dr. Guy Stroumsa explica ese antiguo texto en el contexto de la variedad de sectas y creencias que constituyeron los cimientos del cristiananismo. El Profesor Stroumsa ha trabajado en las Universidades de Pennsylvania, Montreal, Ginebra, Frankfurt, Madrid y el Colegio de Francia. Actualmente enseña en la Universidad Hebrea de Jerusalén.
|
La bien calculada publicación -- justo antes del feriado de Pascua -- de los Evangelios según Judas Iscariote es un acontecimiento de mucho interés, no solo en el mundo de los investigadores sino también en las mentes de los cientos de millones de personas que fueron educadas para creer que Judas Iscariote es el arquetipo del traidor. Judas, uno de los discípulos de Jesús y quien lo entregó a los sacerdotes y a los ancianos, de acuerdo a los Evangelios canónicos, es percibido como quien traicionó al Mesías, y también es llamado hijo de Satán. En consecuencia, él es identificado con los judíos y, por tanto, por supuesto, ha desempeñado un rol simbólico en el antisemitismo cristiano a lo largo de muchas generaciones.
Se acaba de publicar el espectacular descubrimiento, aunque el texto fue descubierto en Fayum, Egipto, en los años setenta, y desde entonces ha pasado por varias aventuras. El entusiasmo que el descubrimiento está despertando es comparable con el que despierta el descubrimiento de una nueva estrella mediante un poderoso telescopio, cuando una nueva tecnología (o la suerte) confirma las conclusiones a las que los astrónomos habían llegado anteriormente basados solamente en cálculos y estimaciones. Después de todo, por largo tiempo hemos tenido conocimiento de la existencia de este evangelio perdido y, por tanto, era posible adivinar su contenido, más o menos.
El bien es el mal
Ireneo, el obispo de Lyon, estuvo en capacidad de confirmar en su mayor obra, "Contra todas las herejías", alrededor del año 180 de la Era Común, la existencia de un Evangelio según Judas Iscariote, en una de las sectas gnósticas que él denominaba los "cainitas". Los miembros de esta secta interpretaban a los personajes bíblicos de manera opuesta a la usual: consideraban que los protagonistas (como Noé y Moisés) eran malignos, y que los antagonistas (como Koraj y Caín) eran buenos. Además, el Dios de la Biblia, el Creador del universo, a quienes ellos llamaban Histeria (de la palabra griega para "útero", siendo quizá ésta derivada del adjetivo hebreo rajman, "clemente", "compasivo", que a su vez está etimológicamente relacionado con la palabra para útero), era percibido por ellos como maligno.
Según Ireneo, este enfoque antinómico de los gnósticos los condujo a predicar un desenfrenado comportamiento sexual dirigido a desobedecer a Dios. Al momento de practicar relaciones sexuales prohibidas, los cainitas supuestamente declaraban: "¡Oh, Ángel, estoy usando tu creación. Oh, Gobernante, estoy llevando a cabo tu acción!". El hecho de que Judas Iscariote, el traidor que entregó a Jesús, conduciéndolo a su muerte, fuera el héroe de esta secta, no mejoró la reputación de ésta entre las varias iglesias cristianas.
Además de los cuatro evangelios canónicos, durante los primeros siglos del cristianismo, docenas de otros textos recibieron el título de evangelio, y fueron atribuidos a varios discípulos o asociados de Jesús, incluidos Tomás, María, Santiago y Felipe. También se escribieron evangelios de acuerdo a los egipcios, los hebreos, al Evangelista de la Verdad y otros más. Antes de finales del siglo II, estos libros evangélicos fueron definidos como apócrifos en relación con el canon del Nuevo Testamento, que estaba cristalizándose, y sus autores fueron etiquetados como herejes. Por tanto, la mayoría de ellos no supervivieron, o lo han hecho solo como traducciones y no en sus originales griegos. El descubrimiento de cada uno de tales textos, nos ayuda a delinear el retrato del cristianismo primitivo de manera más precisa (o menos vaga).
El texto bajo discusión describe una conversación entre Jesús y Judas tres días antes de la Pascua judía y de la muerte de Jesús. Jesús revela a su discípulo más cercano los secretos del reino celestial y le pide a Judas que lo entregue a las autoridades para así "sacrificar al hombre que me recubre". Solo así, con la ayuda de Judas, era posible realizar el plan divino. La verdadera esencia de Jesús es enteramente espiritual: es su alma, y ésta está aprisionada, supuestamente, en su cuerpo material.
Este dualismo antropológico ya estaba presente en el movimiento órfico [religión de misterios vinculada a Orfeo. N. del t.] en Grecia durante la primera mitad del siglo I antes de la actual era ("somo sema", "el cuerpo es una tumba", dijo Platón), y es uno de los elementos constitutivos de la radical interpretación dualista del cristianismo primitivo. Este tipo de interpretación del cristianismo fue desarrollado por la corriente llamada gnosis ("conocimiento", en griego); es decir, conocimiento de los secretos de la redención, que está oculto de la mayoría de la gente. Esta corriente, en diferentes formas y sectas, fue el principal reto para la cristalización del cristianismo en el siglo II.
Jesús ríe
Una resaltante característica del nuevo texto es el hecho de que describe a Jesús riendo en muchas ocasiones. Esta es una risa de superioridad y de burla por la ceguera de los otros, incluyendo la de sus discípulos, quienes no comprenden la esencia de las cosas ni la significación de los actos de ellos mismos. Esta risa es típica del personaje del Jesús gnóstico, y nos resulta familiar a partir de otros textos gnósticos, especialmente aquellos encontrados hacia finales de la segunda guerra mundial en Nag Hammadi, al sur de Fayum. La "biblioteca" de Nag Hammadi está compuesta de aproximadamente 50 textos gnósticos en 13 códices en idioma copto (al que esos libros habían sido traducidos desde el original griego). Esos textos no habían sido conocidos antes.
El descubrimiento de Nag Hammadi, que es similar en importancia al descubrimiento de los rollos de Qumran [antiguo asentamiento ubicado al noroeste del Mar Muerto; en unas cuevas cercanas se encontraron los ahora conocidos como "rollos del mar muerto". N. del t.], nos permitieron entender de forma bastante precisa el proceso de surgimiento de la gnosis y los detalles de su extensa mitología. El nuevo texto, junto con otros tres textos que se encontraron en el mismo códice, es un importante añadido al descubrimiento de Nag Hammadi.
Jesús ríe ante la tontería de los "gobernantes" (Arcontes), los ángeles del mal. Estos actúan bajo el comando del dios Saklas (El tonto, relacionado con la palabra hebrea ksil), quien es el Dios de Israel, el creador de nuestro material y malvado mundo. Saklas y sus cohortes intentan crucificar a Jesús pero solo logran matar al cuerpo material, una cáscara vacía de la que el redentor logró salir antes de la calamidad. Por tanto, Jesús ríe.
Paralelos con Isaac
Hace algún tiempo sugerí la hipótesis de que en los textos gnósticos la risa de Jesús insinúa la construcción del personaje de Jesús como un paralelo al personaje del Isaac bíblico (cuyo nombre proviene de la raíz hebrea de la palabra risa), quien también es salvado en el último instante del intento de sacrificarlo. El nuevo texto apoya esta hipótesis, tanto debido a la centralidad de la risa, como debido a que el texto incluye una tentativa discusión acerca del sacrificio en general, y del sacrificio humano en particular. La posibilidad de ver a Jesús como un avatar de Isaac deja entrever que los primeros gnósticos fueron judíos, y que en la base de su interpretación subyacía la dificultad de reconocer que el Mesías muere (y de manera tan humillante). El nuevo descubrimiento nos ayuda a tener un cuadro más preciso de la compleja situación religiosa que existía al momento en que se inicia el cristianismo.
No obstante, y por supuesto, no hay nada en el Evangelio Según Judas Iscariote que nos acerque a los personajes históricos de Judas o Jesús. Tampoco hay algo que apoye la afirmación de que si este texto no hubiese desaparecido hace 1,700 años, el antisemitismo cristiano no se habría desarrollado como lo hizo. Judas es una figura positiva solo para una secta marginal que fue definida como herética, y cuyas opiniones eran consideradas falsas y chocantes para los principales teólogos cristianos desde época tan temprana como el siglo II. Además, la actitud gnóstica hacia el Dios de Israel y sus Profetas, que veía al primero como una deidad inferior y a los segundos como los lacayos de ésta, es un claro ejemplo de lo que podemos llamar antisemitismo metafísico.
Traidor o héroe, malvado o justo: aunque son pocas, estas opciones producen cierto vértigo en las relaciones entre el Demonio y Dios. La literatura es quizá capaz de absorber actualmente algunos de los ecos de las primeras herejías, y así Marcel Pagnol en su pieza teatral "Judas" y Jorge Luis Borges en su cuento "Tres versiones de Judas", lograron en nuestra época reconstruir la teología del Evangelio según Judas: El Mesías solo parece estar sufriendo, pero en secreto se está riendo y anunciando: "En el Reino de los Cielos, los traidores serán héroes"
|
*
Guy G. Stroumsa dicta la cátedra "Martin Bubber" de Religión Comparativa en el Centro para el Estudio del Cristianismo de la Universidad Hebrea de Jerusalén.
|
|
|
|
| |
|