[sic] libros
 
 
 
 
Jaime Vargas Luna
 
 
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pgc
Director de [sic] destaca el rol del Estado en la
promoción de la industria editorial peruana
 

Entrevista a Jaime Vargas Luna, director de [sic] libros
Por Virginia Vilchez
Foto: Susana Villavicencio
Lima, diciembre 2007

 

El Director de [sic] libros, Jaime Vargas Luna, confiesa que es optimista respecto al futuro de la industria editorial peruana. Considera que la aparición de una veintena de editoriales en los últimos cinco años, la participación de editores peruanos en diversas ferias internacionales y la importancia que se ha comenzado a dar a la formación de los editores, permite avizorar mejores perspectivas, que los Editores peruanos deberían aprovechar. Vargas Luna considera vital el papel del Estado. “El Estado no debería ni editar ni hacer las barbaridades que ha hecho hasta ahora. El Estado tiene que abrir bibliotecas y hacer que funcionen y que la gente acuda a ellas”, puntualiza. Afirma que la Alianza Peruana de Editores pretende formular –en conjunto con quien corresponda- una propuesta para que la biblioteca sea un lugar que articule la cultura de la comunidad, de la sociedad

¿Cómo se inicia [sic] libros?
Es un proyecto muy personal: yo era el editor de Sarita Cartonera desde el 2004 y, algún tiempo después, comenzamos a publicar autores latinoamericanos. Comenzamos a tener mucho contacto con escritores muy interesantes, pero el formato del libro nos ponía ciertos límites. Había libros demasiado densos que no se podían publicar en Sarita, por ejemplo. Entonces, a partir de allí, empecé a pensar que quería tener –además de Sarita- otra editorial, quizás un poco más convencional, para publicar esos libros de ensayo o narrativa que a mí me interesaban y que en Sarita no encajaban. Hace más o menos año y medio me asocié con César Daniel Rodríguez y lanzamos [sic], con un libro de cuentos, Las Islas de Carlos Yushimito. Luego de eso tuvimos algunos problemas de dinero, porque la idea de [sic] es que funcione como una editorial española, argentina o mexicana, o sea que, desde el principio, el 100% del financiamiento de los libros sea inversión de la editorial, que tenga tirajes que no sean menores a 1000 ejemplares, que exporte casi desde el principio y que no sea una editorial localista, en el sentido de publicar únicamente a autores peruanos para lectores peruanos. Entonces tuvimos problemas de plata y decidimos usar todo un año para planificar. Firmamos contratos y publicamos un par de libros más, pero recién en 2007, [sic] pasó a formar parte de una nueva empresa que hemos creado, llamada Factotum. Factotum ahora agrupa a [sic], a Mundo Ajeno y a Hormiga Editores, como sellos dentro de la empresa. Eso para nosotros –esperamos- va a ser más fácil de manejar, de llevar, y cada línea va a ser distinta también. Entonces ahora ya [sic] tiene un presupuesto para el 2008, tiene 8 contratos firmados de libros que vamos a sacar este año y en sí es mucho más ordenada.

¿Por qué tres empresas? ¿Cuales son las particularidades de cada una de ellas?
Las líneas están bien definidas, Mundo Ajeno funciona un poco como lo hacen la mayoría de editoriales pequeñas peruanas: es el editor quien busca, selecciona, pero no paga la edición, o no la paga entera. La paga un poco el autor, un poco la editorial. Y su línea va cada vez más hacia los libros raros, y de autores peruanos que viven en el extranjero. Hormiga Editores es un sello de autoedición guiada, o sea es un sello en el que, si un autor quiere publicar su libro, nosotros hacemos un trabajo más bien técnico: la corrección, la diagramación, el diseño, y también la distribución y divulgación.

Quiere decir que En Hormiga ustedes no ven si el libro es malo es bueno…
De todos modos hay límites. Hay cosas impublicables, pero en general si alguien quiere publicar algo, nosotros lo hacemos viable y nos paga por hacer eso. Es un trabajo más bien técnico.

¿Qué pasa con [sic]?
La línea de [sic] es muy específica: ensayos, narrativa de cierto corte; el 100% de la inversión la hace la editorial. Si llamamos nosotros a un autor es porque nos interesa. No recibimos manuscritos, los pedimos.

¿Significa que [sic] va a salir sólo con autores conocidos?
No necesariamente. En varios países, incluido el Perú, hay revistas interesantes donde algunos autores publican un artículo, un cuento. A partir de allí los empezamos a seguir. De hecho hay un autor que vamos a publicar pronto, un venezolano que ha publicado ya un libro, que no es tan famoso, pero, sin embargo, nos ha parecido estupendo y lo hemos buscado. O sea, no necesariamente va a ser de autores muy reconocidos, pero si autores a los que nosotros le seguimos la pista.

De las tres editoriales veo que [sic] se dirige más a autores extranjeros
Sí. Hormiga probablemente siempre va a publicar autores peruanos porque son los que seguramente nos van a buscar estando aquí. A pesar de que están en la misma empresa, cada editorial funciona de un modo autónomo. Mundo Ajeno la dirige Carlos Yushimito, Cesar Daniel Rodríguez dirige Hormiga y yo estoy a cargo de [sic], pero cada uno decide su línea. En Mundo Ajeno la idea es publicar autores peruanos que viven en el exterior, que están vinculados a universidades, que se fueron y que forman parte de la intelectualidad emigrante. De hecho, de los 6 ó 7 libros que se han publicado hasta ahora, alrededor de 5 son de escritores que están fuera.

¿Y los tirajes?
Mundo Ajeno tiene tirajes de 500. En el caso de Hormiga, depende un poco del autor y en [sic] la idea es que sean 1000 por lo menos siempre.

¿También están pensando en exportar...?
Sí. Ahora mismo hay libros en Estados Unidos, y un poquito en Bolivia y Argentina. Estamos en conversaciones para distribuir en bloque en Chile y la idea es comenzar a distribuir afuera cada vez más.

Escuché que pensabas crear una línea infantil
Sí. Eso está un poco retrasado, pero básicamente porque ya encontramos los libros que nos interesan y estamos convenciendo a los autores de que los publiquen con nosotros. La colección, que ya está más o menos lista, se llama Capitán Canchita. La idea es sacar libros infantiles apelando a la inteligencia del niño un poco como algunos libros del Fondo de Cultura Económica. Ése es el tipo de libros infantiles que nos gustan. Entonces, hemos buscado autores de Brasil y Francia, con los que estamos ahora mismo conversando para lanzar algunos libros y la intención es que luego estos mismos autores vengan y hagan talleres con autores peruanos, porque también queremos publicar libros de autores peruanos.

En todo este proceso ¿cual es la mayor dificultad para el editor?
Son varias: por un lado, convencer al autor de que uno no se está haciendo millonario, porque normalmente los autores creen que el editor gana mucho dinero y no les paga a los autores, cosa que no suele ser cierta; porque uno normalmente no vende, hay pocos puntos de venta. En verdad es una tarea complicada. Por ejemplo, un tema muy importante es el tema de precios. Yo considero que cuando la gente dice que el libro está caro, habría que preguntarse caro respecto de qué. Un libro cuesta menos que un cuadro siempre. Cuando uno compara un libro con una entrada de cine, por ejemplo, si a mi me gusta una película y quiero volver a verla en el cine vuelvo a pagar la entrada y si voy con 6 amigos pues pagamos todos nuestra entrada y si multiplicas eso es mucho más caro que cualquier libro. En cambio si a mi me gusta un libro, lo releo y lo presto y lo leen varias personas. Entonces el valor de uso de un libro es mucho mayor. Yo sí creo que un libro de 80 soles es caro en Lima, pero no creo que un libro de 30 sea caro. Con esos 30 soles le estoy pagando al escritor, al editor, estoy pagando los impuestos, al distribuidor, a la librería, no es tanta plata. Creo que eso es lo que todavía no se entiende en la cadena.

Claro tal vez se podría abaratar si es que los tirajes fueran mayores, si hubieran más lectores
Exacto. Es toda una cadena porque si se hicieran más, si se tiraran 5000 ejemplares o 3000 ejemplares se podría vender más baratos. Para tirar 3000 ejemplares tendríamos que tener no 20 ó 15 librerías, que es lo que hay, sino 50 ó 100. Para que hayan 100 librerías necesitamos, por un lado, leyes que permitan que eso exista y se pueda importar sin pagar impuestos, y otra serie de beneficios especiales.

¿Cuál es el papel del estado? ¿Crees que debe haber leyes especiales para la industria editorial?
Completamente. Esa es tarea fundamental del Estado, o sea el Estado no debería ni editar ni hacer las barbaridades que ha hecho hasta ahora. El Estado tiene que abrir bibliotecas y hacer que funcionen y que la gente acuda a ellas. Cuando la gente vaya a esas bibliotecas y las quiera usar, vamos a tener lectores y esos lectores van a buscar también comprar libros y las bibliotecas van a comprarlos. Eso es lo fundamental. Mientras el Estado no haga eso, va ser difícil para todos. Yo sí creo que las industrias culturales en general deben funcionar de un modo especial, o sea no deben ajustarse a las mismas reglas del mercado que todos los demás. Es sintomático por ejemplo que en Estados Unidos se les llame industrias de entretenimiento y en Europa industrias culturales. Entonces, mientras en Estados Unidos se trata el cine o a los libros como entretenimiento y se venden en los aeropuertos y existe Hollywood y no existe la categoría editorial independiente como la entendemos nosotros, pero facturan millones y millones de cosas, usualmente de baja calidad. En Europa casi no hay país en la que el Estado no subvencione la cultura desde el cine hasta los libros, pero tienen impuestos especiales y exoneraciones, tienen una protección enorme de la industria porque las industrias culturales forman a la cultura, forman la sociedad. Si no protegemos la formación de nuestras identidades ¿qué protegemos? Yo sí creo que hay que cuidar la cadena, que hay que darle un régimen especial, sin abusar tampoco, sin mentir. No creo que haya que regalar libros -eso me parece una muy mala medida- pero sí hacer bibliotecas.

Y ¿como ves el Plan Lector? ¿Ayuda de alguna forma en la promoción de la lectura?
Sí, sí claro. Pero es complicado porque es coger el rábano por las hojas. Obligar a que en el colegio se lean doce libros al año, pero ¿que libros? Por ejemplo, yo quiero que la gente lea los libros que yo publico, pero si a mi, como papá, me preguntas ¿que quieres que lea tu hijo? Yo quiero que lea la Odisea, o sea, si a mi me dan a elegir, que lean los clásicos.

Pero cual es el criterio, porque no siempre los padres o los docentes están en condiciones de decidir qué deben leer los niños.
Si, exacto. Quiero aclarar que no es que yo proponga que lean los clásicos en el colegio. Lo que quiero es que se defina quién decide y con qué criterios. ¿El profesor? ¿El director? ¿El papá? ¿El editor que llega y está tocando las puertas de los colegios? No me parece bien. Creo que al Estado le corresponde hacer buenas bibliotecas públicas. Entonces ahí sí que va a ir el profesor y que vaya quien quiera que decida y que proponga qué leer, pero que el alumno tenga al costado otros libros que pueda elegir.

Se necesitaría una biblioteca bien implementada para que el alumno pueda elegir.
Es curioso que se quiera inventar la pólvora. No es tan complicado construir una biblioteca pública y no es tan caro equiparla.

El problema es que funcione…
Ja, ja, ja… Uno tiene que aprender de otras experiencias. Recuerdo que existe un plan argentino que se llama “leer es contagioso”. Durante la crisis Argentina se crearon muchos comedores populares e iban señoras bibliotecarias con los libros para leerlos a la gente del comedor popular. Lo que solía pasar es que alguna de esa gente que estaba desempleada, que no tenía clases porque el país estaba parado, después se iba a la biblioteca y leía porque leer es contagioso. Entonces no es tan difícil. Se trata de tener básicamente imaginación.

En nuestro país hay muchas experiencias particulares pero que, por falta de apoyo no pueden continuar y tampoco hay un organismo que recoja esas experiencias
El ejemplo argentino es un buen ejemplo del importante rol que puede jugar el Estado. Si no apoya el Estado, siempre van a ser casos aislados.

¿Ustedes, como editores, cómo pueden colaborar para que esa realidad cambie?
Un grupo de editores, agrupados en la Alianza Peruana de Editores, queremos formular –en conjunto con quien corresponda- una propuesta para que la biblioteca sea un lugar que articule la cultura de la comunidad, de la sociedad, como ocurre en Chile. La biblioteca de Santiago es el lugar donde los historiadores van a hablar de historia, donde el escritor va a presentar su libros, donde Bachelet da conferencias de prensa. Creo que los editores podemos presionar para que eso suceda y para comenzar a hacer nuestras cosas en la biblioteca. Fue interesante, creo, que la Alianza Peruana de Editores se presentara en la Biblioteca Nacional, porque es un poco decir eso: la biblioteca es un espacio, un espacio que hay que usar. La nueva Biblioteca Nacional es además un espacio lindo, donde uno tiene muebles cómodos puede sentarse a leer el periódico a conversar o a tomar un café con un amigo. Es algo que debe empezar a suceder en las bibliotecas y que todavía no conseguimos hacer aquí. Creo que eso nos compete también a los editores: organizar actividades en las bibliotecas y acercarnos un poco más a los bibliotecarios, que es algo que no está pasando. Nosotros tuvimos varias experiencias en colegios que consistían en llevar libros a la clase, al profesor, a los alumnos y juntar al escritor, con el alumno y el profesor. Esto terminó siendo muy productivo, terminó resucitando un poquito la biblioteca escolar, haciendo que después el alumno vaya a la biblioteca. En España, si un colegio quiere hablar con Javier Marías entonces se lo piden a la biblioteca. Esta, a su vez, se lo pide a la Red de Bibliotecas a la que pertenece y a la Editorial y Javier Marías termina en ese colegio. Eso es algo que yo creo que debemos empezar a hacer aquí también, sería súper interesante.

¿Crees que ahora hay mejores condiciones para avanzar?
Sí, yo tengo mucha ilusión porque ahora mismo creo que es un buen contexto. Creo que las ferias del 2004 al 2007, a las que Perú fue invitado, le sirvieron de mucho a la Cámara Peruana del Libro, al Ministerio de Relaciones Exteriores. Creo que es positivo que hayamos aparecido por lo menos una veintena de editoriales en estos seis o cinco últimos años, el que varios de los editores se estén formando, viajen a estudiar a algún otro país, viajen a ferias y el que ahora mismo se haya creado la Alianza Peruana Editores y que exista una congresista como Luciana León que ha decidido asumir la tarea, que acaba de conseguir la exoneración para los eventos no deportivos y la del impuesto a la renta para los autores, por ejemplo. Usualmente el congreso no estaba muy abierto ni dispuesto a colaborar. Entonces, yo creo que es un buen momento y depende de nosotros aprovecharlo.

 
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